Innovadora, arriesgada y totalmente implacable en su deseo de superar todos los obstáculos, Clicquot fue una mujer que no solo igualó, sino que venció a sus competidores en la industria del champán dominada por los hombres para establecer la marca con la inimitable etiqueta naranja. Madame Barbe-Nicole Clicquot-Ponsardin (1777-1866), más conocida en el mundo por el nombre de su champán, Veuve Clicquot («Viuda Clicquot»), fue una de las mayores empresarias no solo de su propia época, sino de la historia.
La herencia de una viuda
La invención del vino espumoso o champán se le atribuye a Dom Pérignon (1638-1715), un monje y maestro de bodega de la abadía benedictina de Hautvillers, cerca de Reims, en Francia. Dom Pérignon era un experto en la mezcla de vino, el misterioso arte del que depende el sabor único del champán. El largo proceso de producción de champán lo hace caro, pero nunca ha habido escasez de clientes dispuestos a pagar más por sus finas burbujas y su sabor. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que los fabricantes de champán empezaron a utilizar ingeniosos trucos de publicidad para crear un aura de lujo en torno a su vino que lo diferenciase de otros vinos espumosos. Y nadie conocía mejor el mercado que la «Viuda Clicquot».
La casa de champán Clicquot se fundó en 1772, un poco más tarde que algunas de las otras grandes casas como Ruinart (1729) y Moët (1743). Para poder establecerse a la vanguardia de la miríada de productores de champán, Clicquot tenía que ponerse al día. Gracias a las ferias comerciales y los barones de los textiles de la ciudad de Champagne, el vino espumoso de la región ya había adquirido admiradores internacionales, pero todavía se podía hacer mucho más para que el champán fuese la bebida que hoy siempre se asocia con el estilo, la celebración y, sobre todo, la victoria.
En 1805, Madame Clicquot-Ponsardin (Ponsardin de soltera), hija de un fabricante textil de Reims, perdió a su marido François a causa de la fiebre tifoidea cuando tenía solo 27 años. Era su suegro, Phillipe Clicquot Muiron, quien había fundado la casa de champán Clicquot. Barbe-Nicole decidió hacerse cargo del negocio ella misma, a pesar de que , encima de su dolor personal, 1805 fue un año decididamente malo para la cosecha de uva. Madame Clicquot contaba con la ayuda del asistente de su difunto marido, Monsieur Bohn, entre otros, pero era la viuda la que estaba a punto de darle un vuelco al mundo del champán.
Innovaciones
Madame Clicquot se benefició de la mayor tolerancia que tenía la sociedad por las mujeres viudas y los derechos que les confería el Código Napoleónico. Una viuda podía dirigir su propio negocio de una manera que una mujer casada o soltera simplemente no podía hacerlo. Pero Clicquot no se limitó a llevar el negocio; lo expandió en gran medida, literalmente desde las raíces. Una de sus estrategias más astutas consistió en comprar diez parcelas nuevas de viñedos, diez de las mejores. Prefirió las parcelas de uva Pinot Noir, su favorita, aunque no era la uva elegida por la mayoría de fabricantes de champán.
Madame Clicquot se interesó profundamente por todos los aspectos de la producción, tal y como demuestra su invención del pupitre o mesa de removido. Este invento era una mesa de madera dispuesta en ángulo y con agujeros. Con esto se podían insertar las botellas por el cuello en un ángulo adecuado para que el sedimento del vino se fuera posando en la parte superior de la botella (para después eliminarlo). El proceso, que se conoce como remuage o removido, consiste en ir girando las botellas un poco de vez en cuando. El resultado de este largo proceso de removido es un vino mucho más claro y atractivo. Todos los productores de champán y otros enólogos adoptaron este nuevo método en cuanto descubrieron el secreto.
Un problema específico de llegar a nuevos consumidores de todo el mundo radicaba en la dificultad de que el vino llegara en la condición en que se iba a beber. Por consiguiente, Madame Clicquot insistió en que sus proveedores de vidrio le proporcionaran botellas más resistentes, más altas y más elegantes. Entre las demás innovaciones que introdujo estaban la creación del primer champán de cosecha (con uvas de un único año) y el primer champán rosé mezclado.
Incluso cuando el vino estaba embotellado y listo para beber, Madame Clicquot seguía pensando en más innovaciones que asegurasen que su néctar en particular dominase el mercado. A menudo trabajaba de 7 de la mañana a 10 de la noche y, como perfeccionista impenitente que era, supervisaba personalmente todos y cada uno de los aspectos de la producción y las ventas. En aquella época, la única característica que identificaba a una casa de champán en la botella era el color de la cera que cubría el corcho, o el propio corcho; los de Clicquot utilizaban un logo de un ancla, un símbolo tradicional de esperanza. Madame Clicquot tuvo la idea de añadir etiquetas a sus mejores botellas, que le garantizaban al consumidor que estaba bebiendo el artículo genuino.
La gran apuesta
Para la década de 1810, a pesar de todo el esfuerzo realizado en los últimos cinco o seis años, el negocio se estaba hundiendo. El capital para la expansión seguía siendo un problema. Madame Clicquot vendió las joyas de su familia, incluidos un enorme diamante y varios collares de perlas rosas. El mercado del champán en general estaba en grave decadencia porque Europa se regodeaba en la agitación de la guerra y la revolución. Pero Madame Clicquot sabía arriesgarse. En 1814, las guerras napoleónicas por fin se estaban terminando. La paz todavía no se había declarado formalmente, y todavía había un bloqueo aliado que impedía que las mercancías llegaran a Rusia. Madame Clicquot ignoró la prohibición de las exportaciones y, con gran riesgo, envió no uno sino dos cargamentos de su fabulosa cosecha de 1811 a Rusia, unas 23.000 botellas. El riesgo estaba claro: si las autoridades descubrían el cargamento de contrabando, el mejor champán de Clicquot se perdería y con él el futuro de la compañía. El vino llegó a salvo y la valentía de Madame Clicquot hizo que dominara uno de los mercados más importantes del mundo. Los comerciantes de vino lucharon por pagar precios ridículos por el primer cargamento de champán en Rusia en años. Lo que es aún mejor para alguien que presumía de fabricar el mejor vino, los clientes estaban encantados con el sabor de la dulce cosecha de 1811 con una alta graduación alcohólica. El champán de la Viuda Clicquot llegó a ser incluso el favorito del zar Alejandro I, que declaró que nunca bebería otra marca.
La Grande Dame
El triunfo en Rusia garantizó que Madame Clicquot se hiciera famosa como «la grande dame de la Champagne», la gran dama del champán. Y empleó bien su riqueza. Su hija recibió el château como regalo de bodas. Madame Clicquot aportaba ayuda a la caridad para los trabajadores en tiempos de malas cosechas, financió la restauración del arco del triunfo romano en Reims y fundó un hogar para huérfanos. También pagó por una fuente pública en Épernay y bromeó diciendo que al menos ahora sus rivales podían lavar sus botellas vacías correctamente.
Madame Clicquot murió en su casa, Château Boursault, en julio de 1866 a los 88 años. En una de sus últimas cartas, la «gran dama» alentó a su nieta a vivir su vida como había hecho su abuela: siempre con invención, valentía y audacia.
Hoy en día, la compañía sigue siendo robusta, por supuesto, con su etiqueta amarilla anaranjada tan distintiva como siempre que lleva una reproducción de la firma de Madame Clicquot. Cada año se producen millones de botellas de Veuve Clicquot; las más caras son las mejores cosechas de champán que llevan la etiqueta «Gran Dama», un tributo duradero a una mujer que revolucionó el champán. Estas cosechas particulares se fabrican exclusivamente con uvas cultivadas en los viñedos que la propia Madame Clicquot compró al principio de su aventura hasta la cima del mundo del champán. Veuve Clicquot mantiene lazos fuertes con empresarias propietarias a través de su Bold Woman Award, un premio anual para empresarias destacadas.
