Batalla de El Álamo

Héroes derrotados
Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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The Fall of the Alamo (by Robert Jenkins Onderdonk, Public Domain)
La caída de El Álamo Robert Jenkins Onderdonk (Public Domain)

De todas las batallas de la Revolución de Texas, la batalla de El Álamo el 6 de marzo de 1836 es la más famosa. No solo se cuenta entre las más conocidas y más estudiadas de la historia de Estados Unidos, sino del mundo entero. Esta batalla fue la culminación del asedio de El Álamo de 13 días entre el 23 de febrero y el 6 de marzo de 1836, durante la cual las fuerzas mexicanas dirigidas por el presidente y general Antonio López de Santa Anna (1794-1876) rodearon con un número muy superior a la guarnición texana de El Álamo.

La mañana del 6 de marzo, Santa Anna ordenó un ataque a gran escala del fuerte. Los defensores murieron en la batalla, a excepción de 5-7 que se rindieron. Como Santa Anna había designado de pirata terrestre a cualquiera que tomara armas contra México, y como a los piratas se los ejecutaba sin previo juicio, los que se rindieron, incluido David «Davy» Crockett (1786 a 1836) fueron asesinados inmediatamente después de la batalla.

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Santa Anna creía que su trato brutal de los defensores de El Álamo mandaría un mensaje claro a los rebeldes texanos, que podían esperar el mismo trato, y así podría poner fin a la rebelión de Texas. Pero en realidad tuvo el efecto contrario: animó a más hombres a unirse al ejército del general Sam Houston para vengar a los caídos en El Álamo y, más tarde, en la masacre de Goliad el 27 de marzo.

El 21 de abril de 1836 Sam Houston (1793 a 1863) derrotó a Santa Anna en la batalla de San Jacinto, donde inspiraría a sus hombres al grito de «¡Acordaos de El Álamo!» «¡Acordaos de Goliad!» y después forzó al presidente mexicano a firmar los Tratados de Velasco, que le concedían la independencia a Texas.

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Contexto

El Álamo se estableció como una misión católica en 1718 en el virreinato de Nueva España (el México actual) en el norte, en la región que se conoció como Coahuila y Tejas (Texas). La famosa capilla que hoy se conoce como «El Álamo» se construyó en 1758 y, para entonces, la misión abarcaba 1,2 hectáreas (3 acres), con muros que rodeaban un patio interior, residencias y barracones. Los muros se construyeron para disuadir a los nativos americanos de atacar y nunca se concibieron para resistir un asedio o cañonazos.

Travis y Bowie acordaron cocomandar la guarnición.

Después de que México consiguiera la independencia de España en 1821, el Gobierno invitó a los angloamericanos a asentarse en Texas para proporcionar un espacio de amortiguación entre el resto de México y los nativos americanos. La revolución de Texas empezó realmente cuando los angloamericanos empezaron a resistirse a la ley mexicana durante los disturbios de Anáhuac en 1832 y 1835, pero «oficialmente» empezó el 2 de octubre de 1835 con la batalla de González.

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Los texanos ganaron todas las batallas entre octubre y diciembre de 1835. El último enfrentamiento fue el asedio de Béjar, otra victoria texana, que forzó al general mexicano Martín Perfecto de Cos (1800-1854) a rendir El Álamo y abandonar la región con sus tropas. Luego los texanos se guarnieron en El Álamo bajo las órdenes del coronel James C. Neill (en torno a 1788-1848). Para muchos que habían luchado por la causa texana en el asedio de Béjar, la rendición de Cos y la retirada de Texas fue el final de la guerra, así que regresaron a casa. Sin embargo, Neill creía que Santa Anna volvería para retomar Texas.

En enero de 1836 el general Sam Houston, que coincidía con Neill, envió a James «Jim» Bowie (1796-1836) a San Antonio a retirar toda la artillería abandonada por Cos, y cualquier cosa útil, y destruir El Álamo porque no quería que Santa Anna lo retomara y lo usara para lanzar campañas a Texas desde allí. Sin embargo, ambos Bowie y Neill sentían que El Álamo podía servirle bien a la causa texana como primera línea de defensa así que querían que se fortificase y mantuviese. Pasaron por encima de la autoridad de Houston y apelaron al recién elegido gobernador Henry Smith, que dio su aprobación, de manera que El Álamo se fortificó y empezaron a llegar tanto voluntarios como soldados regulares. Entre estos, en febrero de 1836 estaban William Barret Travis (1809-1836), David «Davy» Crockett (1786-1836) y Juan Seguín (1806-1890), que llegó con una compañía de texanos bajo su mando. El 11 de febrero, Neill se marchó por asuntos familiares y le entregó el mando a Travis. Después, Travis y Bowie acordaron co-comandar la guarnición.

James 'Jim' Bowie, c. 1820
James «Jim» Bowie, hacia 1820 William Edward West (Public Domain)

El asedio

Travis estaba seguro de que Santa Anna no se dirigiría al norte hasta la primavera, cuando sus caballos y sus bueyes tuvieran algo que comer, pero se equivocaba. El general Cos era cuñado de Santa Anna y había que vengar la humillación y la derrota de Cos en diciembre en El Álamo para restaurar el honor de la familia. Santa Anna ya estaba en Texas el 12 de febrero, y Travis recibió informes al respecto, pero los descartó diciendo que no eran más que rumores.

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Santa Anna entró en San Antonio de Béjar el 23 de febrero e izó la bandera roja, que significa «sin cuartel», sobre la catedral de San Fernando. Travis respondió a esta amenaza con un disparo del cañón de 18 libras de El Álamo. Los intentos de parlamentar fueron rechazados y a la guarnición de El Álamo le dijeron que tenía que rendirse sin condiciones y ponerse a merced de Santa Anna. En ese momento, Travis y Bowie decidieron disparar de nuevo el cañón y así dio comienzo el asedio.

Durante los siguientes 12 días Santa Anna bombardeó el fuerte. El 24 de febrero Bowie cayó enfermo y Travis se convirtió así en el único comandante de la guarnición. Ese mismo día, Travis envió su famosa carta «A la gente de Texas y todos los americanos del mundo», en la que pedía refuerzos. También envió un llamamiento urgente al coronel James W. Fannin (1804 a 1836) en Goliad para que acudiera a El Álamo con los 350-400 hombres que tenía a su mando.

Plaque of William Barret Travis's Letter from the Alamo
Placa de la carta de William Barret Travis desde El Álamo Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

Mientras Santa Anna continuaba el bombardeo, el ingeniero Green B. Jameson intentó reforzar los muros a la vez que el oficial de artillería Almaron Dickinson (1800-1836) devolvía el fuego. Dickinson había llevado consigo a su esposa Susanna Dickinson (en torno a 1814-1883) y su hija pequeña, Angelina, a El Álamo desde Béjar el día 23; Susanna y Angelina se contarían entre los 15 supervivientes de la batalla.

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En 25 o 26 de febrero, Fannin salió de Fort Defiance en Goliad en dirección a El Álamo, pero sus carros se rompieron, los bueyes se marcharon y la compañía se dio cuenta de que se le había olvidado llevar comida, además de tener pocas municiones. Fannin se planteó seguir hasta El Álamo, pero, temiendo que no conseguiría romper las líneas mexicanas, y consciente de que el general mexicano José de Urrea (1797-1849) estaba en el área y que podía atacar Goliad y tomarlo, decidió regresar a Fort Defiance.

El 1 de marzo, 32 voluntarios de González consiguieron sobrepasar las líneas mexicanas para unirse a la guarnición y el 3 de marzo James Butler Bonham (1807-1836), a quien habían enviado a reunir refuerzos, regresó para informar de que Fannin estaba de camino con 320 hombres y que se habían reunido más en San Felipe para venir a ayudar. Por desgracia, la información de Bonham era incorrecta en lo respectivo a Fannin y el contingente de San Felipe se dirigió a González, donde esperó a Fannin, que nunca llegó.

Para el 4 de marzo, a Santa Anna se le había agotado la paciencia y quería tomar El Álamo por la fuerza en un asalto total. Sus subordinados superiores intentaron convencerlo de no proceder de esta manera, señalando que los dos cañones de 12 libras que estaban de camino llegarían en los próximos días. Le dijeron que con esos cañones sin duda El Álamo caería y la guarnición se vería obligada a rendirse sin tener que sacrificar las vidas de los soldados mexicanos. Santa Anna hizo caso omiso a sus objeciones, alegando que una victoria sin derramamiento de sangre no tendría honor alguno. Habría que tomar El Álamo por la fuerza y todos los defensores morirían.

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The Alamo at Night
El Álamo por la noche A. Michael Uhlmann (CC BY-SA)

Según un informe posterior, que se ha convertido en una parte esencial de la mitología de El Álamo, la noche del 5 de marzo Travis reunió una guarnición en el patio, le dijo que pronto se produciría un ataque y que probablemente no sobrevivirían y, desenvainando su sable, dibujó una línea en la arena a la vez que decía que aquellos que quisiesen quedarse a defender El Álamo que cruzaran la línea. Todos cruzaron excepto por uno, Moses Rose, que saltó el muro aquella noche y más tarde le contó la historia a la familia Zuber, que publicaría el relato en 1873.

En torno a las 10 de la noche del 5 de marzo, los cañones mexicanos se callaron tras 12 días de bombardeos. Travis apostó tres centinelas fuera del fuerte y la guarnición se fue a dormir.

La batalla

Santa Anna ordenó que el asalto a El Álamo comenzara antes del amanecer del día 6. Dividió a su ejército en cuatro columnas bajo el mando del general Cos, el coronel Francisco Duque, el coronel Juan Morales y el coronel José María Romero. El general Sesma, con su compañía de lanceros, se colocó detrás de estas cuatro columnas para derribar a cualquier defensor que intentara escapar o cualquier soldado mexicano que rompiera filas para huir. Santa Anna mantuvo a 400 hombres en reserva.

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El muro norte de El Álamo se había debilitado con los bombardeos de los últimos 12 días, así que lo eligieron como foco del asalto. Cos y Duque atacarían desde el noroeste mientras Morales se acercaba desde el sur y Romero golpeaba el muro este. El estudioso Jeff Long escribe:

A medianoche, los oficiales mexicanos empezaron a circular entre las tropas, levantando a todo aquel que hubiese conseguido dormirse. Escuadrón tras escuadrón, las compañías y los batallones se reunieron con su equipo y fueron formando las columnas. Organizar a los hombres fríos y nerviosos en los grupos asignados, en gran parte sin ayuda de antorchas, llevó una o dos horas. Por fin, alrededor de la una o las dos, los combatientes se pusieron en marcha y cruzaron el río San Antonio en fila por puentes de madera. Al mismo tiempo, las tropas de caballería del general Ramírez y Sesma empezaron a montar en la Alameda; su misión consistía en explorar el campo durante la batalla para cortar cualquier intento de huida. Junto al río, las ranas se mantenían inmóviles bajo el rocío. Los caballos exhalaban vapor plateado y la fría luna texana colgaba de una celda de nubes. A esa hora, las palomas todavía dormían.
(239)

El ejército mexicano se colocó en posición en torno a El Álamo a las 5:30. Los tres centinelas fuera del fuerte habían sido asesinados mientras dormían y toda la guarnición, cansada tras doce días de asedio, dormía profundamente. Long escribe:

El primer hombre en percibir la carga mexicana fue el capitán John J. Baugh. Maniático de las formalidades militares, Baugh era el oficial de aquel día. Acababa de comenzar sus rondas a las cinco cuando oyó la trompeta mexicana seguida de los distantes gritos de «¡Viva!». Se dio la vuelta hacia la plaza de El Álamo, respiró profundamente y gritó: «¡Vienen los mexicanos!». Las columnas mexicanas se apresuraron hacia los muros designados... A medida que los soldados corrían, ordenaron a las bandas militares de Santa Anna que empezaran a tocar a «degüello», una melodía de caballería... [que indicaba que no harían prisioneros].
(241-242)

Según otras fuentes, Baugh y los demás en El Álamo se enteraron del asalto mexicano cuando oyeron gritar «¡Viva Santa Anna!» fuera de los muros justo antes de que llegara el ataque. Travis y su esclavo, Joe, se pusieron en marcha al instante. Travis agarró su escopeta y, seguido de Joe, corrió a su puesto en el muro norte. Crockett y sus hombres tomaron posición rápidamente en la empalizada entre los barracones bajos y la capilla. Bowie, que para entonces estaba demasiado enfermo como para moverse, se quedó en su cama en una habitación en los barracones bajos. Susanna Dickinson y otros no combatientes se refugiaron en la capilla.

The Chapel of the Alamo
La capilla de El Álamo Betsy Mark (CC BY-NC-SA)

El primer asalto

La formación de columna de las tropas mexicanas suponía que solo los que estaban en el frente podían disparar. Sin embargo, eso no impidió que los de detrás dispararan también, así que muchos murieron a causa de «fuego amigo» mientras avanzaban hacia los muros. Mientras corrían, las columnas se fueron apretando, lo que las convirtió en un objetivo fácil para el cañón de El Álamo. Las tropas mexicanas que no cayeron por su propio fuego, o por el fuego de armas pequeñas desde los muros de El Álamo, murieron a causa de la metralla de los cañones. Como los defensores de El Álamo no tenían demasiadas balas de cañón, empezaron a disparar todo lo que pudieron recolectar durante el asedio: trozos de herraduras, clavos, trozos de ollas y sartenes, de manera que eran como escopetas gigantes.

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Travis fue uno de los primeros en caer en el asalto al muro norte.

Los defensores consiguieron repeler el primer asalto. Tenían escaleras para ascender por los muros, pero no sirvieron de nada porque los defensores las empujaron o dispararon a los soldados según ascendían. Muchas de las escaleras también se perdieron o se rompieron durante el asalto. Travis fue uno de los primeros en caer en el asalto al muro norte. Disparó su escopeta y después lo alcanzó una bola de plomo en la frente, con lo que se cayó hacia atrás, dentro del complejo. Joe salió corriendo para esconderse en uno de los edificios.

Segundo y tercer asalto

El ejército mexicano se reagrupó y volvió a atacar, pero volvieron a repelerlo. Cuando las tropas se volvieron a reagrupar, se dirigieron al norte para alejarse del alcance del cañón, de manera que las tropas de Cos, Duque y Romero se amasaron en el muro norte. En ese momento, Santa Anna envió a las 400 reservas a hacer presión en la zona. El muro norte cayó cuando el general Juan Amador lo escaló y abrió la poterna. Las tropas mexicanas entraron en tromba en el recinto por esta puerta, mientras otras seguían trepando por el muro. Poco después, Morales logró abrir brecha en el muro sur. Los texanos se retiraron a los barracones, algunos a la capilla y otros intentaron huir de El Álamo, pero la caballería de Sesma acabó con ellos. Los defensores no tuvieron tiempo de estropear el cañón antes de abandonar sus puestos, así que las tropas mexicanas lo apuntaron hacia los barracones y reventaron las puertas y las paredes; después, entraron para pasar a cuchillo a los defensores. El peor combate cuerpo a cuerpo de la batalla tuvo lugar en los barracones.

Durante el primer y el segundo asalto, los defensores de El Álamo tuvieron tiempo para recargar tanto el cañón como las armas pequeñas, pero en el tercer asalto ya no. La mayoría murió luchando con los rifles, las escopetas y los mosquetes a modo de garrotes o con cuchillos y hachas. Jim Bowie murió luchando desde la cama o, según algunos estudiosos, puede que estuviera inconsciente para cuando se produjo la batalla y lo apuñalaron con una bayoneta. Existen varios relatos sobre la muerte de Bowie, pero la mayoría de los estudiosos coincide en que murió luchando. El puesto de Crockett en la empalizada se vio invadido y él y los hombres que le quedaban se retiraron a la capilla. Según algunos relatos, también murió luchando. Una de las imágenes más famosas de la batalla de El Álamo es la defensa final de David Crockett, blandiendo su rifle a modo de garrote antes de que lo venzan. Sin embargo, hoy en día muchos estudiosos aceptan el informe del coronel José Enrique de la Peña (1807-1840), que luchó en El Álamo y afirmó que Crockett y otros cinco o seis se rindieron y fueron ejecutados por orden de Santa Anna tras la batalla.

Davy Crockett
Davy Crockett Chester Harding (Public Domain)

En la capilla, James Butler Bonham, Almaron Dickinson y Gregorio Esparza dispararon su cañón y las armas pequeñas cuando entraron las tropas mexicanas, pero no tardaron en morir también. Estos se contaban entre los últimos defensores en caer. A los no combatientes se les perdonó la vida; eran principalmente mujeres y niños, a excepción del esclavo de Travis, Joe. Para las 6:30 de la mañana, la batalla había terminado. El Álamo era una pila humeante de ruinas, los defensores, entre 185 y 250 personas, estaban muertos o moribundos y el ejército mexicano había perdido entre 400 y 600 soldados, aunque la mayoría de estudiosos se inclina por la cifra más elevada.

Goliad y San Jacinto

Después de la batalla, Santa Anna entrevistó personalmente a los no combatientes que sobrevivieron y envió a Susanna Dickinson, a Angelina y a Joe con González para que le contaran a todo el mundo lo que habían presenciado y dejaran claro que ese era el mismo destino que le esperaba a cualquiera que hubiese tomado armas contra México.

Antonio López de Santa Anna
Antonio López de Santa Anna Manuel Paris (Public Domain)

Durante el asedio de 13 días, y posteriormente, el general José de Urrea había ganado una serie de victorias y derrotó a los texanos en San Patricio (el 27 de febrero), en Agua Dulce (el 2 de marzo), en Refugio (el 14 de marzo) y en Coleto (el 19-20 de marzo), pero, aunque tenía órdenes de no hacer prisioneros, Urrea los había perdonado y enviado a la prisión de Matamoros. No obstante, siete días después de la batalla de Coleto, con unos 400 prisioneros en Goliad en Fort Defiance, Urrea se marchó y dejó a sus oficiales superiores lidiar con los prisioneros. Los sacaron a todos y fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento el Domingo de Ramos, 27 de marzo de 1836.

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La caída de El Álamo y la masacre de Goliad condujeron a la Runaway Scrape («huida precipitada»), la evacuación de Texas de los texanos que se dirigieron al este en busca de santuario en los Estados Unidos. El general Sam Houston recogió a los hombres en González y se retiró, con Santa Anna pisándole los talones. Como ya se ha dicho, Santa Anna estaba seguro de que el ejemplo que había dado en El Álamo disuadiría de resistirse, pero en realidad lo que ocurrió fue que más voluntarios se unieron a las filas de Houston para vengar a los caídos en El Álamo y Goliad. El 21 de abril, Houston derrotó a Santa Anna en la batalla de San Jacinto, donde inspiraría a sus hombres al grito de «¡Acordaos de El Álamo!» «¡Acordaos de Goliad!» Santa Anna se rindió y Texas consiguió la independencia.

Conclusión

En los últimos años muchos estudiosos han señalado que los mitos que se han creado en torno a El Álamo han enturbiado la historia real y que los defensores no eran realmente héroes, ya que no luchaban por la libertad sino por mantener su forma de vida, que incluía la esclavitud, una práctica prohibida en México ya en 1829. Se ha señalado que el Gobierno mexicano no hizo ninguna demanda de los inmigrantes angloamericanos y que, de hecho, hizo ciertas concesiones, especialmente en lo concerniente a la esclavitud.

Aun así, esto no le resta nada al estatus de los defensores de El Álamo. El estudioso William C. Davis comenta:

La mejor valentía, el verdadero coraje, residía en el hecho de que durante casi dos semanas Travis, Crockett, Bowie y los demás se pusieron, y mantuvieron, en peligro a sabiendas de que, cada día, los mexicanos podían vencerlos al día siguiente y aun así se quedaron. Independientemente de los motivos para sumarse a la revolución y acudir a El Álamo, eso solo ya los convirtió en héroes.
(559)

Independientemente de cómo elija cada uno recordar hoy en día El Álamo, el argumento presentado por Davis debería ser un elemento central de cualquier reflexión.

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Preguntas y respuestas

¿Cuánto duró la batalla de El Álamo?

La batalla de El Álamo empezó en torno a las 5:30 de la mañana de 6 de marzo de 1836 y había terminado para las 6:30, de modo que una hora, aunque algunos estudiosos afirman que duró 90 minutos desde el principio hasta la «limpieza» posterior.

¿Cuántos defensores murieron en El Álamo?

El número de defensores se establece entre 185/187 y 250, todos los cuales murieron en batalla o fueron ejecutados después.

¿Por qué ordenó Santa Anna no tomar prisioneros?

El cuñado de Santa Anna, el general Cos, había rendido El Álamo a los texanos en diciembre de 1835. Para vengar el honor de la familia, Santa Anna quería que muriera toda la guarnición de El Álamo. Además, consideraba «piratas terrestres» a los defensores de El Álamo, y a los piratas se los ejecutaba sin piedad. Por último, también quería enviarles un mensaje claro a los demás rebeldes, que podían esperarse el mismo destino si no dejaban las armas.

¿Qué significa la expresión «Acordaos de El Álamo»?

«Acordaos de El Álamo» fue el grito de guerra de Sam Houston en la batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836, cuando derrotó a Santa Anna y consiguió la libertad de Texas. Este grito era una llamada a sus hombres a recordar, y vengar, a los caídos en El Álamo.

Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, enero 08). Batalla de El Álamo: Héroes derrotados. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-25095/batalla-de-el-alamo/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Batalla de El Álamo: Héroes derrotados." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, enero 08, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-25095/batalla-de-el-alamo/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Batalla de El Álamo: Héroes derrotados." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 08 ene 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-25095/batalla-de-el-alamo/.

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