Juana I de Navarra (1273-1305) fue reina de Navarra y condesa de Champaña y Brie entre 1274 y 1305. En 1285, también se convirtió en reina consorte de Francia tras casarse con Felipe IV de Francia (que reinó de 1285 a 1314). Entre 1289 y 1297, tuvo cuatro hijos, tres de los cuales se convertirían en reyes de Francia y una que sería la reina consorte de Inglaterra. En el último año de su vida, Juana fundó el colegio de Navarra en la Universidad de París.
La vida de Juana I también se destaca por ser la primera de una larga serie de reinas regentes de Navarra. Entre 1274 y 1517, cinco mujeres fueron reinas de Navarra, más que en ninguna otra parte de Europa. Además, Juana I estableció un precedente para la manera en que Navarra sería gobernada por sus descendientes femeninas.
Juana, también conocida como Joan o Jeanne, nació en enero de 1273; era la hija del rey Enrique I de Navarra (hacia 1244-1274) y Blanca de Artois (1248-1302). Pertenecía a la casa de Champaña y, más tarde, heredó los condados de Champaña y Brie. Debido a una serie de sucesos desafortunados, terminó ascendiendo al trono como reina de Navarra y condesa de Champaña y Brie. En 1270, Enrique I se convirtió en el rey de Navarra tras la muerte de su hermano mayor, Teobaldo II de Navarra (1238-1270), mientras estaba en la octava cruzada. Poco después, el hermano mayor de Juana, un bebé llamado Teobaldo, murió tras caerse de una ventana del castillo en 1273. Dado que Navarra nunca había tenido herederas femeninas, se nombró a Juana como heredera solo hasta que naciera un varón. Sin embargo, antes de que Enrique I y Blanca de Artois pudieran concebir otro hijo, el rey murió el 22 de julio de 1274. Esta serie de muertes inoportunas concluyó con el ascenso de Juana al trono de niña en 1274.
Al ser menor de edad, la posición de Juana era incierta, y los reinos vecinos vieron la oportunidad de expandir sus dominios a través del matrimonio o la fuerza. De forma notable, los reyes de Castilla, Francia e Inglaterra buscaron intervenir en Navarra. En 1273-74, mientras se encontraba en Gascuña, el rey Eduardo I de Inglaterra (que reinó de 1272 a 1307) intentó negociar el casamiento de Juana con su hijo. Sin embargo, Blanca de Artois, que temía que le usurparan el poder, buscó refugio en la corte de su primo hermano, el rey Felipe III de Francia (que reinó de 1270 a 1285). Como resultado de esto, se firmó el tratado de Orleans de 1275, según el cual Juana fue prometida en matrimonio con el hijo menor de Felipe III, Felipe (el futuro Felipe IV de Francia).
El matrimonio de Juana representó una unión política formal entre Navarra y Francia.
Juana pasó el resto de su niñez en Francia. De hecho, después de que Blanca de Artois huyera con Juana a Francia, esta jamás regresó a Navarra. En su lugar, Navarra pasó a estar bajo la protección de Felipe III. Blanca de Artois actuó como regente de Navarra, Champaña y Brie junto a su nuevo esposo, el hermano viudo de Eduardo I de Inglaterra, Edmundo de Lancaster (1245-1296). Cuando Juana alcanzó la mayoría de edad y, por lo tanto, podía gobernar sus tierras, Blanca de Artois y Edmundo de Lancaster se vieron obligados a cederle el gobierno. En su lugar, una serie de gobernadores franceses reinó sobre Navarra. Champaña y Brie tuvieron la suerte de recibir un gobierno más activo de parte de Juana, pero, no obstante, se encontraban bajo el dominio francés.
En 1284, cuando Juana cumplió once años, Felipe III consideró que había alcanzado la mayoría de edad y se casaron el 16 de agosto. Su matrimonio representó una unión política formal entre Navarra y Francia, y afianzó a Champaña y Brie bajo el dominio francés. Se cree que el matrimonio de Juana y Felipe IV (como pasaría a ser conocido al año siguiente) fue en gran parte exitoso, y tuvieron siete hijos, cuatro de los cuales sobrevivirían hasta la edad adulta: Luis, Felipe, Carlos e Isabel. Juana alcanzó la posición única de ser la madre de cuatro monarcas. Cada uno de sus hijos se convertiría en rey de Francia, e Isabel se casaría con el rey Eduardo II de Inglaterra (que reinó de 1307 a 1327) y se convertiría en reina consorte.
Juana nunca se interesó mucho en gobernar Navarra a pesar de ser su reina regente. Nunca la coronaron formalmente allí y tampoco lo visitó, a pesar de haber ido a Champaña y Brie. Los navarros nunca criticaron su ausencia, pero sí la de Felipe IV, ya que desconfiaban de sus motivos. Como rey de Francia, los navarros sospechaban que estaba intentando intervenir en otra nación soberana y conectar a Navarra con Francia a perpetuidad. Sin embargo, Juana dejó un legado duradero en la Navarra medieval de otra manera. Como la primera reina regente de Navarra, estableció un precedente de gobierno absentista para las monarcas. Fue la primera de cinco reinas regentes navarras, todas las cuales gobernaron a distancia como las esposas de otros monarcas y nobles europeos. Por lo tanto, su legado fue unir a Navarra con Francia en una relación abatida y poco popular para la era medieval. Elena Woodacre, una erudita de las reinas navarras, describe el impacto de Juana de la siguiente manera:
El reinado de Juana I sirvió como un modelo tanto negativo como positivo para las reinas posteriores de Navarra y sus consortes, y está claro que los acuerdos posteriores siguieron el modelo del reinado de la primera reina y las acciones de su consorte.
Como reina consorte (no regente) de Francia, la autoridad política de Juana I era limitada, y Felipe IV era el que tenía el poder político. Los intentos de Juana de influir en la política de Francia no fueron apreciados por Felipe. Cuando los habitantes de Languedoc empezaron a resentir la presencia de la inquisición francesa en la década de 1290, Juana se solidarizó con ellos y aceptó muchos regalos costosos como muestra de gratitud. Sin embargo, Felipe IV ordenó que regresara esos regalos de inmediato y, así, puso fin a su capacidad de actuar con autoridad política. En 1293, cuando se estaba gestando una guerra entre Inglaterra y Francia, el rey Eduardo I esperaba que Juana pudiera calmar a Felipe, pero, de nuevo, no tuvo éxito.
Sin embargo, Juana igual se enorgullecía de su posición. Durante los primeros años de su reinado, el sello de Juana I contenía con orgullo los escudos de Navarra y Champaña. Tras la muerte de Felipe III y su casamiento con Felipe IV, se alteró el sello para que reflejara su posición como reina de Francia. En Navarra, las monedas de su reino reflejaban solo su nombre para mostrar su lealtad hacia ella como reina y, tal vez, la resistencia navarra a la intrusión francesa.
Juana lideró Champaña durante el siglo XIII, un período particularmente complicado en el que la prosperidad económica y la paz de Champaña y el país bajo flamenco terminaron destrozados. Durante el siglo XIII, la posición geográfica de Champaña en relación con el sur y el norte de Europa se había establecido como un punto de parada para las caravanas meridionales. Las ferias de Champaña, en las que se vendían mayormente telas, convirtieron al condado fronterizo entre Francia y Flandes en una fuente de ingresos lucrativa y vital. Sin embargo, la conexión de Champaña con el monarca francés mediante una unión personal asustaba a sus vecinos. Debido a la tensión creciente entre Inglaterra y Francia en la década de 1290, Enrique III de Bar (un condado que lindaba con Champaña) se casó con Leonor Plantagenet, la hija de Eduardo I de Inglaterra. Esta alianza empeoró la relación entre Inglaterra y Francia y consiguió la protección flamenca del avance francés.
Juana I se destaca como la mecenas de la literatura y la educación.
A medida que la tensión continuaba aumentando, algunos recurrieron a Juana para apaciguar la atmósfera. En mayo de 1293, el padrastro de Juana, Edmundo de Lancaster, junto al conde de Lincoln, fueron enviados a París para suavizar la situación. Juana intentó aplacar a Felipe IV e, inicialmente, tuvo éxito. Sin embargo, tras el casamiento de Enrique III de Bar con Leonor Plantagenet, así como la negativa de Eduardo I de rendir tributo a Felipe IV, estalló la guerra. Para 1294, tanto Eduardo como Felipe IV se habían negado a firmar la paz.
Las guerras que le siguieron devastaron las tierras champañesas de Juana. La guerra franco-flamenca, la guerra anglo-francesa y otras guerras en el sur no relacionadas eliminaron el atractivo de Champaña como punto de parada para el comercio. Las ferias, en las que se vendían telas francesas, flamencas, inglesas y de otros lugares, sufrieron de forma significativa. Debido a las demandas económicas de la guerra, Felipe IV tomó la decisión de cobrarle impuestos al clero, lo que obviamente atrajo la atención e indignación del papado. En 1299, tras una bula papal, Francia e Inglaterra firmaron el tratado de Montreuil, en el cual la única hija de Juana, Isabel, fue prometida en matrimonio con el príncipe de Gales. Sin embargo, el tratado de Montreuil no cumplió su objetivo, y la guerra continuó entre Francia e Inglaterra. Estos conflictos habían sido perjudiciales para las tierras de Juana. Con las guerras posteriores, como la guerra angevino-aragonesa, su destino quedó sellado. Esto, combinado con el descubrimiento de nuevas rutas navales que rodeaban Francia, provocó el fracaso serio y definitivo de las ferias de Champaña. Lo que a principios del siglo XIII había sido una industria próspera ahora estaba arruinada y, para principios del siglo siguiente, se había abandonado. Durante sus últimos años de vida, no hubo nada que Juana pudiera hacer para estimular la economía tradicional de Champaña.
En definitiva, el gobierno de Juana de Champaña estuvo más marcado por la mano dura de su esposo. Si bien Juana era la condesa y podía opinar en su gobierno, en verdad era Felipe IV el que gobernaba Champaña.
Tal vez el acto de mecenazgo más famoso de Juana es el establecimiento del colegio de Navarra en la Universidad de París. Juana era la mecenas principal del colegio, el cual ofrecía un subsidio semanal a los estudiantes. El objetivo inicial del colegio era brindar una educación secular a cada nueva generación del clero. Tras el redescubrimiento del pensamiento clásico en las cruzadas, el colegio de Navarra fue el primero en cultivar la innovación en la educación. Aquí, se enseñaban los métodos combinados del humanismo y la teología escolástica a sus estudiantes. El colegio de Navarra existió hasta 1793, cuando se rebautizó como L’École Polytechnique. En su testamento, Juana estipuló que Felipe IV debía continuar ofreciendo becas a los estudiantes más pobres. Sin embargo, Felipe IV no cumplió su deseo. Durante los años posteriores a su muerte, las becas se centraron en estudiantes más avanzados que, a veces, ya tenían diplomas.
El mecenazgo de Juana también se extendió a la literatura, donde se destaca como la mecenas de Durand de Champaña, su confesor franciscano. En 1300, Durand de Champaña completó el Speculum Dominarum, generalmente considerado un libro parcial que representa a Juana bajo una luz muy positiva. Poco antes de su muerte, Juana también le encargó a Jean de Joinville que escribiera una biografía de Luis IX de Francia.La Vie de Saint Louis (La vida de san Luis), que se completó tras la muerte de Juana en 1309, contiene relatos de primera mano de Joinville, una confidente del rey. Esta obra estaba dedicada al hijo de Juana I, el príncipe Luis (más tarde, Luis X de Francia), y se considera importante en la literatura francesa medieval, ya que contribuyó a la comprensión histórica de Luis IX.
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Juana I también fue una benefactora constante de la Iglesia. Junto a Felipe IV, fundó y financió muchas instituciones religiosas, y ayudó a establecer el monasterio de Santa Clara de Tudela, una capilla en el castillo de Tafalla y el monasterio de La Oliva. En su testamento, también se detallaban fondos para un hospital en Château-Thierry. Las futuras reinas regentes de Navarra continuarían el legado de Juana de mecenazgo religioso.
Juana I murió el 2 de abril de 1305. Las circunstancias de su muerte son inciertas; según algunos informes, murió durante el parto. En 1308, se acusó de su muerte al obispo de Troyes, Guichard, quien fue arrestado por supuestamente utilizar brujería para asesinarla, así como por crear venenos para matar a sus hijos. Sin embargo, las acusaciones nunca derivaron en una condena, y, en 1314, Guichard fue transferido a la diócesis de Bosnia.
Se sabe que la reina Juana había redactado al menos dos testamentos en su vida. En su último testamento, fechado el 25 de marzo de 1305, nombraba a Felipe IV como su albacea. Este contenía una condición de que Felipe y su hijo mayor, Luis, prometían solemnemente cumplir sus últimos deseos al pie de la letra. Sin embargo, en líneas generales, ambos rompieron estas promesas. La académica Elizabeth Brown describe las acciones de Felipe IV respecto del testamento de Juana:
Algunos legados se cumplieron, pero poco se hizo para promover el hospital en Château-Thierry y el colegio de París que Juana había establecido. (…) Durante los años posteriores a su muerte, Felipe se entregó a un desenfreno de fundaciones y donaciones devotas. Sin duda, el nombre de Juana se mencionaba con frecuencia en los actos, pero su naturaleza sugiere que Felipe, al establecer fundaciones similares a las de ella mientras hacía a un lado aquellas que figuraban en su testamento, estaba compitiendo intensamente con su difunta esposa.
Sin embargo, sí cumplió el deseo de Juana sobre su entierro. En 1304, Felipe había solicitado al papa una exención para que Juana tuviera un entierro dividido (es decir, cuando se dividen los restos mortales de una persona en muchas partes diferentes para ser enterrados en distintos lotes). Juana rechazó esto. En cambio, eligió ser enterrada entera en una iglesia franciscana en París. Su funeral fue pequeño y breve, pero estableció el precedente para que las futuras reinas navarras fueran enterradas fuera de Navarra.
Elena Crislyn Woodacre. "The Queen and her Consort: Succession, Politics and Partnership in the Kingdom of Navarre, 1274-1512." Bath Spa University , July 2011, pp. 1-351.
Elena Woodacre. "Absent in (life and) death? Examining the tombs of Navarre’sregnant queens and the shaping of their memory." Journal of Medieval Iberian Studies, VOL. 16, NO. 1, 2024, pp. 83-102.
Elena Woodacre. "RULING & RELATIONSHIPS: THE FUNDAMENTAL BASIS OF THE EXERCISE OF POWER? THE IMPACT OF MARITAL & FAMILY RELATIONSHIPS ON THE REIGNS OF THE QUEENS REGNANT OF NAVARRE (1274-1517)." ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES, January-June 2016, pp. 167-201.
Elizabeth A. R. Brown. "Moral Imperatives and Conundrums of Conscience: Reflections on Philip the Fair of France." Brooklyn College, 2015, pp. 1-36.
Graduada de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad Tecnológica de Louisiana, con pasión por la enseñanza, la investigación histórica y la escritura.
Escrito por Caroline Masson, publicado el 28 julio 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.