Antonio López de Santa Anna (1794-1876) fue general, político y seis veces presidente de México. Aunque en Estados Unidos es más conocido por el papel que desempeñó en la revolución de Texas, la batalla del Álamo, la masacre de Goliad y su derrota en la batalla de San Jacinto, su figura tuvo un peso mucho mayor en la historia de su país. Hasta tal punto que el periodo comprendido entre 1821 y 1855 es conocido como la «era de Santa Anna». El historiador Will Fowler señala:
Fue celebrado con más fiestas que cualquier otro héroe mexicano entre 1821 y 1855. Su popularidad entre los sectores sociales, especialmente en Veracruz, fue significativa. (xxii)
Esto sucedió pese a que, en su carrera, Santa Anna abandonó repetidas veces la presidencia, ordenó la matanza de habitantes de Zacatecas y permitió que su ejército saqueara la ciudad durante dos días en 1835. También perdió Texas ante Estados Unidos en 1836 y, después, la mitad del país tras la guerra mexicano-estadounidense de 1846-1848.
Su carisma, valentía, audacia y habilidad para anticipar cambios políticos y adaptarse a ellos compensaron en parte sus defectos. Estas cualidades le permitieron seguir siendo una figura central en la historia de México durante más de treinta años.
Santa Anna permanece como una figura polémica tanto en la historiografía como en el imaginario popular contemporáneo. El historiador David A. Clary lo describe como «el mayor canalla de la historia del hemisferio occidental» (20), en contraste con la caracterización de Forbes, quien lo considera un «líder inteligente y contradictorio» (xxxvi), lo cual refleja la diversidad de enfoques historiográficos aplicados a su figura.
Santa Anna nació como Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón el 21 de febrero de 1794 en Xalapa, Veracruz, en la entonces Nueva España. Su padre era español y trabajaba como escribiente y su madre era criolla. Se llamaba criollo a quienes tenían ascendencia española pero nacían en Nueva España, y los peninsulares, nacidos en la península ibérica, solían menospreciarlos.
El general José Joaquín de Arredondo causaría una impresión duradera en el joven Santa Anna con su política de no tomar prisioneros.
Cuando era joven, el tío paterno de Santa Anna no consiguió ascensos por ser criollo. Esto probablemente influyó en Santa Anna, quien rechazó la profesión de su padre y optó por el ejército, donde pensó que su origen importaría menos. Se unió al ejército a los 16 años, en 1810, al inicio de la guerra de Independencia de México (1810-1821). Luchó del lado realista, defendiendo el dominio español, contra los insurgentes. Estos últimos incluían angloamericanos, criollos, tejanos y soldados republicanos que habían pasado al bando enemigo.
Santa Anna ascendió rápidamente y ya era teniente primero cuando participó en la batalla de Medina, al sur de San Antonio de Béjar, en 1813. Sirvió bajo el mando del general José Joaquín de Arredondo, quien marcó al joven oficial con su política de no hacer prisioneros, una táctica que resultó muy eficaz para sofocar la revuelta de 1813.
Arredondo tenía unos 1.800 hombres. Los republicanos eran 1.400 y se dispersaron ante su avance. Todos los capturados fueron ejecutados y hubo unos 1.300 muertos republicanos y 55 realistas. Santa Anna aplicaría esa política en 1836, al regresar a San Antonio y al atacar El Álamo. Sin embargo, con los rebeldes tejanos, la estrategia dio un resultado muy diferente.
Ascenso al poder
En 1821, Agustín de Iturbide, un oficial realista, se unió a los insurgentes. Santa Anna lo siguió. Los rebeldes ganaron; Iturbide se proclamó emperador y premió a Santa Anna con el mando de Veracruz. Allí, Santa Anna tenía dos ventajas: era su tierra natal y ya estaba inmune a la fiebre amarilla, a diferencia de sus rivales. Además, podía reclutar tropas fácilmente como el exitoso «hijo del lugar».
Iturbide no sentía especial simpatía por Santa Anna y, en 1822, lo relevó del mando del puerto. Santa Anna respondió rebelándose. Su levantamiento animó a otros que también habían retirado su apoyo a Iturbide y este se vio obligado a abdicar en 1823. El primer presidente de la República Mexicana fue Guadalupe Victoria, quien gobernó sin grandes incidentes entre 1824 y 1828 y promulgó la Constitución de 1824.
En 1825, Santa Anna se casó con Inés García, una joven adinerada mucho menor que él. Su dote le permitió pagar su hacienda en Veracruz. Tuvieron cuatro hijos. Cuando Inés murió en 1844, Santa Anna volvió a casarse, de nuevo con una joven mucho menor. Según algunas fuentes, durante el asedio de El Álamo engañó a una joven haciéndole creer que se «casaba» para acostarse con ella y lo hizo mediante un oficial disfrazado de sacerdote.
En 1828, Santa Anna apoyó al antiguo líder insurgente Vicente Guerrero como candidato a la presidencia, pero los votos favorecieron a Manuel Gómez Pedraza. Santa Anna se negó a reconocer el resultado, reunió un ejército y se levantó en armas, forzando a Pedraza al exilio e instalando a Guerrero como presidente.
Como venció a una fuerza mucho mayor con menos hombres, Santa Anna se autodenominó «Napoleón del Oeste».
Al año siguiente, en 1829, derrotó el intento español de reconquistar México en la batalla de Tampico y se convirtió en héroe nacional. Esta victoria se debió en gran medida a un brote de fiebre amarilla entre las tropas españolas. Sin embargo, como había vencido a una fuerza numerosa con muy pocos hombres, se autoproclamó «Napoleón del Oeste», epíteto que seguiría utilizando durante las décadas siguientes.
En 1829, Anastasio Bustamante derrocó a Guerrero y asumió la presidencia. Santa Anna se levantó entonces contra Bustamante, forzó su dimisión y convocó nuevas elecciones en 1833, que ganó ese mismo año como Héroe de Tampico, convirtiéndose en presidente.
República Centralista de México
Santa Anna era ahora el hombre más poderoso de México, pero en realidad no le interesaba gobernar. Clary señala:
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Santa Anna quería ser un líder, o al menos ser aclamado como tal, pero carecía de la paciencia, la tenacidad, el propósito e incluso de la voluntad de gobernar que exige el liderazgo. Dedicó sus energías al juego, a las mujeres, a las peleas de gallos, a los discursos e incluso a la falsificación de documentos comerciales.
(20)
Santa Anna delegó el gobierno en su vicepresidente, Valentín Gómez Farías, y se retiró a su hacienda en Veracruz, Manga de Clavo. Desde la independencia, México era una república federal en la que cada distrito tenía voz política. El Gobierno también abrió la frontera norte a colonos angloamericanos, esperando que generaran más ingresos y sirvieran de barrera entre los mexicanos y los nativos de Norteamérica, especialmente apaches y comanches, que solían atacar en Coahuila y Texas.
Muchos angloamericanos llegaron con personas esclavizadas y prosperaron en Texas, pero en 1829 México abolió la esclavitud. En 1830, Bustamante aprobó las leyes del 6 de abril que revocaban concesiones sobre la esclavitud, aumentaban los impuestos en Texas y prohibían la inmigración estadounidense. Gómez Farías anuló estas políticas e introdujo otras reformas, que fueron rechazadas por los políticos conservadores.
Ante esta situación, Gómez Farías fue obligado a renunciar y Santa Anna, que al principio apoyaba la causa federalista, asumió la presidencia en 1834. Sin embargo, en contraste con su postura previa, pronto abandonó el federalismo, abrogó la Constitución de 1824 y estableció la República Centralista de México.
En 1835, el país enfrentó rebeliones por lo que muchos consideraban violaciones de sus derechos civiles, impuestos injustos y la pérdida de autonomía política. Si bien estas razones eran reales, México estaba inmerso en el caos y era necesario restablecer el orden. Santa Anna pensó que un Gobierno centralista era la mejor solución, por lo que ordenó sofocar las revueltas y decidió castigar al distrito de Zacatecas, derrotando a la milicia local y permitiendo que sus tropas saquearan la ciudad durante dos días. Luego, envió a su cuñado, el general Martín Perfecto de Cos, a Coahuila y Texas para enfrentar la rebelión en esas regiones.
Aunque el conflicto entre angloamericanos y funcionarios mexicanos había comenzado en realidad en 1832 con los disturbios de Anáhuac, la Revolución de Texas dio inicio el 2 de octubre de 1835 con la batalla de González. Los rebeldes tejanos ganaron todos los enfrentamientos contra las fuerzas de Cos entre octubre y diciembre y, finalmente, lo obligaron a rendir su posición en El Álamo y abandonar la región con sus tropas el 11 de diciembre de 1835.
El Gobierno mexicano invitó a angloamericanos a Texas con dos requisitos: aprender español y convertirse al catolicismo para ser ciudadanos mexicanos. Los inmigrantes no cumplieron ninguno de los requisitos ni aceptaron la abolición de la esclavitud en 1829. La insurrección armada de 1835 y la derrota de Cos marcaron un punto sin retorno.
Santa Anna marchó con sus tropas a la región y llegó a San Antonio de Béjar el 23 de febrero de 1836. Comenzó el asedio de El Álamo. El 6 de marzo ordenó tomar el fuerte por la fuerza, aunque sus oficiales recomendaron esperar a los cañones para evitar bajas entre los mexicanos. Santa Anna no los escuchó. Dijo que la victoria debía tener sangre y honor, y también debía vengar la rendición de Cos. Ordenó que no se hicieran prisioneros, invocando el decreto Tornel de 1835, que definía a los rebeldes como «piratas de tierra», y siguiendo también el ejemplo de Arredondo años atrás. Todos los defensores de El Álamo murieron en combate o fueron ejecutados posteriormente. Las bajas mexicanas se cifran entre 400 y 600 soldados, frente a unas pérdidas tejanas que se calculan entre 185, 187 y 250 hombres.
El 27 de marzo de 1836, otra vez usando el decreto de Tornel, ordenó la ejecución de entre 350 y 400 prisioneros tejanos durante la masacre de Goliad. Las tácticas brutales que funcionaron para Arredondo no sirvieron para Santa Anna, ya que el ejército del general Sam Houston creció rápidamente con hombres que querían vengar a los caídos en El Álamo y en Goliad. Santa Anna persiguió al ejército tejano de Houston hasta que se enfrentaron en la batalla de San Jacinto, donde fue derrotado en solo 18 minutos por soldados que gritaban «¡Recuerden El Álamo! ¡Recuerden Goliad!» Luego, tuvo que firmar los Tratados de Velasco, retirar las tropas mexicanas y aceptar la independencia de Texas.
Mientras estaba en Texas, Santa Anna fue depuesto y Bustamante volvió al poder. El Gobierno mexicano no reconoció la República de Texas y, aunque Santa Anna aún tenía algunos seguidores, perdió influencia y se retiró a su hacienda en Veracruz. Recuperó su reputación al liderar a las fuerzas mexicanas en la victoria sobre los franceses en la llamada Guerra de los Pasteles de 1838-1839, cuando Francia intentó invadir por el puerto de Veracruz.
Durante la batalla, Santa Anna sufrió una herida grave en la pierna izquierda que obligó a amputarla y pidió que la enterraran con honores militares. Así volvió a ser un héroe nacional. Bustamante fue derrocado y Santa Anna asumió la presidencia. No todos recibieron con agrado este giro de los acontecimientos y varios distritos se sublevaron de nuevo. El general José de Urrea, que había cosechado victorias constantes durante la Revolución de Texas, se unió a la rebelión, pues consideraba que Santa Anna, al perder en San Jacinto por su propia arrogancia, había entregado Texas innecesariamente.
Santa Anna sofocó estas revueltas y luego impuso políticas más estrictas, encarcelando a disidentes y prohibiendo las críticas a su Gobierno. Esto provocó una revuelta general, incluso una turba que desenterró su pierna y la arrastró por las calles. Santa Anna huyó de la Ciudad de México, fue capturado y exiliado en Cuba en 1845.
Guerra mexicano-estadounidense y exilio
En 1846 comenzó la guerra mexicano-estadounidense y el presidente de Estados Unidos, James K. Polk, pensó que Santa Anna podía serle útil. Llegaron a un acuerdo: Estados Unidos apoyaría su regreso a la presidencia si Santa Anna ponía fin rápidamente a la guerra y vendía tierras mexicanas a Estados Unidos. Santa Anna aceptó, pero al regresar a México tomó el control del ejército y luchó contra Estados Unidos.
Las victorias de Santa Anna en la guerra mexicano-estadounidense fueron tan limitadas como las de la Revolución de Texas. En la batalla de La Angostura, pudo haber derrotado al general Winfield Scott, pero decidió retirarse y presentó la acción como una victoria. En la batalla de Cerro Gordo perdió más de mil hombres y volvió a retirarse. Igual que en la Revolución de Texas, sus generales fueron más eficaces que él.
Después de la batalla de Cerro Gordo, en la que las fuerzas estadounidenses tomaron su campamento y lo obligaron a huir, la pierna protésica de Santa Anna fue capturada y llevada a Estados Unidos como trofeo de guerra. Todavía se encuentra en Illinois. El ejército mexicano perdió la guerra en 1848 y Santa Anna fue exiliado en Jamaica. En 1853, un Gobierno conservador invitó a Santa Anna a regresar y este se convirtió en presidente por última vez.
Entre 1853 y 1854, aprobó la compra de Gadsden, cediendo más territorio mexicano a Estados Unidos a cambio de 10 millones de dólares, una decisión muy criticada. El Gobierno mexicano estaba en bancarrota y parece que Santa Anna prefirió aceptar el dinero antes que reanudar el conflicto con Estados Unidos. Muchos, como Benito Juárez, no estuvieron de acuerdo y Santa Anna fue depuesto y exiliado de nuevo en Cuba en 1855, lo que puso fin a la «Era de Santa Anna» en México.
Conclusión
El resto de la vida de Santa Anna estuvo marcado por intentos fallidos. Siempre aficionado a las peleas de gallos, trató de ganar grandes sumas apostando, con la esperanza de financiar un ejército para recuperar la presidencia, pero nunca lo logró. En otro intento de «hacerse rico rápidamente», aceptó un negocio que lo llevó a Staten Island, Nueva York, con una cantidad de chicle, la savia del árbol del zapote, con la que sus socios pretendían impulsar un lucrativo negocio de fabricación de goma. Este proyecto también fracasó, aunque un empresario local, Thomas Adams, vio el potencial del chicle y lo transformó en goma de mascar. De este modo, una curiosidad poco conocida sobre Santa Anna es que, de forma indirecta, introdujo el chicle en Estados Unidos.
En 1874, casi sin dinero y casi ciego por cataratas, Santa Anna regresó a México. Murió el 21 de junio de 1876 a los 82 años. Fue enterrado con honores militares. Muchos lamentaron su muerte, pero otros no, y esa división ha marcado su legado desde entonces. En general, desde el siglo XIX se ha visto a Santa Anna como un general ineficaz y un político corrupto, guiado por sus deseos, su ego y su arrogancia. Sin embargo, en la época moderna, la visión de Will Fowler ha cobrado fuerza. Fowler señala:
Lo que se hace evidente es que hubo, claramente, algo más en el fenómeno de Santa Anna de lo que se ha reconocido en general… Si Santa Anna no fue más que un despreciable traidor, veleta y tirano, ¿cómo podemos entender sus repetidas vueltas al poder, así como la popularidad y la influencia de las que gozó?
(xxiii)
Este es un argumento válido, pero también lo son las afirmaciones que coinciden con Clary, quien escribe:
A Santa Anna se le amó y se le odió, a veces por las mismas personas al mismo tiempo, y fue recibido de vuelta en México tantas veces como fue exiliado. Proyectó una sombra sobre la historia de su país que aún oscurece el panorama. Fue, a la vez, liberal y conservador, federalista y centralista, libertador y dictador, cambios que deberían haber alienado a todo el mundo. Y, sin embargo, Santa Anna dominó México durante más de una generación porque un bando u otro encontraba útil su energía.
(21-22)
Esto no significa que haya una división clara entre las ideas de Clary y Fowler; más bien, sus opiniones suelen respaldar distintas visiones de Santa Anna. Es probable que el debate sobre quién fue y qué logró siga abierto y que, como en vida, sea criticado y reivindicado muchas veces antes de que se resuelva la cuestión. En realidad, la controversia sobre Santa Anna suele ser una cuestión de perspectiva, ya que ambas partes tienen razón: se lo puede considerar tanto un canalla como un gran líder.
Santa Anna fue un general, político y seis veces presidente de México. Fue tan influyente que el período comprendido entre 1821 y 1855 se conoce como la «Era de Santa Anna».
¿Por qué es famoso Santa Anna?
Santa Anna es más conocido como el general que asaltó El Álamo el 6 de marzo de 1836, masacrando a todos sus defensores. También es conocido como el general que perdió la batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836, lo que, en la práctica, le otorgó a Texas su independencia.
¿Qué le pasó a Santa Anna después de El Álamo?
Después de El Álamo, Santa Anna perdió la batalla de San Jacinto y regresó a México en desgracia, pero se redimió durante la guerra de los Pasteles contra los franceses y volvió al poder.
¿Santa Anna realmente introdujo el chicle en Estados Unidos?
Indirectamente, sí. Santa Anna llevó a Nueva York una gran cantidad de chicle, la savia del árbol del zapote, con la esperanza de hacerse rico al utilizarlo en la industria del caucho. Ese proyecto fracasó, pero un socio estadounidense, Thomas Adams, vio el potencial del chicle y lo utilizó para fabricar goma de mascar, en particular el dulce que aún se conoce como «chiclets».
José es gestor de proyectos y entusiasta independiente de la historia, especializado en la historia y la genealogía de América Latina y Europa. Actualmente traduce textos históricos y educativos del inglés al español para hacer la historia más accesible.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 14 octubre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.