El Domingo Sangriento del 22 de enero de 1905 fue una masacre de protestantes pacíficos y desarmados en las afueras del palacio de Invierno en San Petersburgo, Rusia. La multitud de trabajadores y sus familias estaban liderados por el padre Gueorgui Gapón (1870-1906), quien quería presentarle al zar Nicolás II (reinó de 1894 a 1917) una petición de reformas. Más de 1.000 personas fueron asesinadas, y muchas más resultaron heridas en el incidente.
Como parte de la Revolución rusa de 1905, el domingo sangriento derivó directamente en una huelga general y otras formas de protesta contra el régimen zarista. En las protestas participaron campesinos, trabajadores industriales, la clase media urbana y algunos componentes del ejército. Finalmente, no se produjo un cambio de régimen, el zar se mantuvo en el poder tras prometer reformas y un nuevo parlamento representativo, la Duma. En la práctica, las reformas resultaron decepcionantes, y a raíz del desastroso desempeño de Rusia en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), otras dos revoluciones en 1917 terminaron por derrocar al zar y la instauración de un gobierno comunista.
El zar Nicolás II había reinado sobre el imperio ruso desde 1894, pero su reinado absolutista enfrentó un gran desafío con la revolución de enero de 1905, cuando trabajadores, campesinos y elementos militares exigieron cambios políticos, sociales y económicos, además de un sistema de gobierno más representativo. La clase trabajadora, compuesta por obreros de las fábricas, se había consolidado desde la industrialización, mientras muchos campesinos ganaron el derecho a trabajar su propia tierra. La clase estudiantil también había crecido significativamente. Ninguno de estos grupos tenía una representación directa en la clasificación legal de la sociedad rusa, que se componía de cuatro estamentos: nobleza, alta burguesía, ciudadanos y campesinos. Los problemas en contra del gobierno autoritario del zar se habían estado condensando desde hacía un tiempo, con diversos disturbios públicos contra la autoridad del Estado. Como señala el historiador C. Read, «el Ejército se enfrentó a 19 disturbios en 1893, 33 en 1900, 271 en 1901 y 522 en 1902». (74). Los asesinatos con motivaciones políticas no eran infrecuentes y se cobraron víctimas entre las fuerzas policíacas, gobierno local y a nivel ministerial.
Gapón tomó la precaución de informar a las autoridades sobre su intención de liderar su marcha pacífica con dirección al Palacio de Invierno.
El descontento general aumentó hasta su punto de quiebre debido a diversos factores nuevos a partir de 1901. La formación de una unión de trabajadores liderada por fuerzas policiales (idea nacida del socialismo policial, creado por Serguéi Zubátov, el administrador de la policía de Moscú) fue contraproducente, ya que estas asociaciones ocultaban a radicales en plena vista. La crisis económica de 1901 a 1905, la cual aumentó enormemente el desempleo y las pérdidas rusas en la guerra ruso-japonesa (1904-5) deterioraron aún más el prestigio del zar y acrecentaron los males de quienes pedían cambios políticos y económicos. Las acciones de protesta se volvieron cada vez más violentas; Viacheslav von Pleve, el conservador ministro del Interior, fue asesinado por un miembro de la Unión de Socialrevolucionarios en Julio de 1904. Justo cuando los manifestantes planeaban marchar hacia el palacio de Invierno, la residencia oficial del zar en San Petersburgo, llegaron las noticias sobre la caída de Port Arthur (en Manchuria) ante los japoneses, una de las principales fortalezas en Rusia y una importante base naval. Esto mostró al zar como un incompetente administrador tanto de la economía como de la guerra.
El domingo 22 de enero (calendario juliano: 9 de enero) de 1905, se organizó una demostración en el palacio de Invierno, en la cual se presentaría una petición a un representante del zar para pedir una nueva forma de gobierno representativo. Los protestantes estaban liderados por un sacerdote radical ortodoxo, el padre Gueorgui Gapón (1870-1906), quien había formado (con permiso del Estado) un sindicato de trabajadores industriales en San Petersburgo llamado Asamblea de Obreros Industriales y del Molino Rusos. Gapón les aseguró a las autoridades que era mejor que los trabajadores se unieran abiertamente en asambleas a, como él mismo dijo, «dejarlos organizarse (como seguramente lo harán) y manifestar su independencia en secreto y con ardid, dañándose a sí mismos y quizás a la nación entera» (citado en Hosking, 406).
En un borrador de la propuesta para el gobierno, Gapón pedía mayor libertad para los trabajadores, quienes estaban «privados de libertad de expresión, conciencia, prensa y de asamblea… los trabajadores deben esforzarse para adquirir derechos civiles y participación en la administración del Estado» (ibidem). La asamblea de Gapón quería que se restringieran las horas de trabajo excesivas para los obreros de las fábricas (en aquella época trabajar más de 12 horas era la norma), mejoras salariales, seguros estatales, y mayor libertad para la formación de sindicatos. Además, también quería que los campesinos recibieran la tierra que ellos mismos trabajaban y que obtuvieran créditos baratos. Los intereses de los trabajadores y campesinos debían de ser representados en una nueva asamblea constituyente. Otras peticiones incluían un sistema fiscal más justo, libertad de asociación, expresión, prensa, y religión, asimismo, educación gratuita (pero obligatoria) para niños pequeños, y una amnistía para los prisioneros políticos. Gapón decidió poner todas estas demandas por escrito y presentarlas, junto con 150.000 firmas de apoyo, ante el zar después de la marcha pacífica.
El problema de los revolucionarios era que carecían de unificación, de organización centralizada y de un líder indiscutible.
Muerte en el palacio de Invierno
Gapón tomó la precaución de informar a las autoridades sobre su intención de liderar su marcha pacífica con dirección al palacio de Invierno. El gobierno intentó detener la marcha, pero fue una respuesta demasiado tardía. El zar pasó prudentemente la noche lejos del palacio. La multitud pacífica de trabajadores, mujeres y niños estaba vestida con sus trajes domingueros y armados con nada más siniestro que iconos religiosos e imágenes del zar. Se acercaron al palacio, ignorando los gritos que les ordenaban dispersarse al pasar por varios puestos de control. Mientras avanzaban, las tropas de infantería situadas fuera del palacio les dispararon. Tal vez los soldados tenían órdenes previas de disparar contra la multitud, dictadas por nerviosos agentes de seguridad locales, o quizá simplemente sucumbieron al pánico. La situación empeoró cuando la caballería cosaca arremetió contra la multitud. Más tarde, cuando transeúntes inocentes se detuvieron a observar la carnicería a las afueras del palacio, ellos también se convirtieron en blanco de los disparos. Más de 1.000 personas fueron asesinadas y otras 2.000 heridas (Montefiore, 521). De inmediato, esta masacre se conoció como el «Domingo Sangriento».
Después del incidente, se produjo una huelga general en San Petersburgo. La imagen ideal de un zar justo y correcto se hizo añicos, al menos en las ciudades. Como relató uno de los trabajadores presente en la marcha:
En este día, nací por segunda vez, pero ahora no como un niño que todo perdona y olvida, sino como un hombre resentido, preparado para combatir y para triunfar.
La situación se agravó con rapidez. El 17 de febrero, el tío del zar, el gran duque Sergio Aleksándrovich de Rusia (1857-1905), gobernador general de Moscú, fue asesinado cuando arrojaron una bomba dentro de su carruaje. A esto le siguieron levantamientos campesinos, así como huelgas y protestas por parte de estudiantes e intelectuales, no solo en Rusia, sino por todo el imperio. En junio, marineros del acorazado Potemkin se amotinaron en Odesa. En octubre siguieron más huelgas generales y locales, incluida una huelga ferroviaria enormemente disruptiva, y se formó el Sóviet de Diputados Obreros de San Petersburgo. Este Sóviet (que significa «Asamblea»), liderado por Georgy Stepanovich Khurstalev-Nosar (1877-1919) como presidente, y León Trotski (1879-1940) como diputado, exigía un límite de ocho horas para la jornada laboral. Pero, el problema de los revolucionarios era que carecían de unificación y de una organización centralizada, además de no contar con un líder indiscutible.
El zar, quien vivía en su propio mundo, aún creía que debía usar la fuerza contra cualquiera que protestara contra su derecho divino a reinar a su antojo. Afortunadamente, figuras como el estadista Serguéi Witte (1849-1915), convencieron al zar de que aquel enfoque era una insensatez y Nicolás se vio obligado a ofrecer concesiones a los protestantes y proporcionar una forma de gobierno más constitucional. Las primeras, y poco sustanciales, propuestas del zar, enumeradas en el Manifiesto de Agosto, fueron rechazadas por la mayoría de liberales. Luego de esto, el 17 de octubre el zar anunció una amnistía y medidas de reforma más profundas, en lo que se conoció como el Manifiesto de Octubre. Esta maniobra dividió a los opositores del zar, ya que el manifiesto contentó en gran medida a los liberales más moderados y a aquellos en la sociedad que no eran ni campesinos ni obreros. Los últimos dos grupos y algunos radicales estaban dispuestos a seguir luchando, pero Nicolás contaba entonces con el apoyo del Ejército tras regresar de la guerra ruso-japonesa. El Ejército, que seguía leal al zar, se usó como una herramienta para oprimir brutalmente a la oposición. Como señala Read: «La autocracia estaba bajo asalto desde todos los frentes, y solo escapó por los pelos» (75).
Nicolás garantizó algunos derechos civiles para sus súbditos; hubo mayor libertad de prensa, y los sindicatos, huelgas y reuniones políticas estudiantiles ahora estaban permitidos. Estos cambios tuvieron efectos a largo plazo en la politización de la gente común en los años venideros. La policía y otras autoridades vigilaban de cerca cualquier tipo de actividad política, y los periodistas recibían multas o eran encarcelados por cualquier actividad considerada demasiado radical. Nicolás también creó un nuevo parlamento, que consistía en el Consejo de Estado (la cámara alta) y la Duma (la cámara baja). La mitad de los miembros de la cámara alta se nominaban, mientras que el resto provenía de las clases acomodadas. Los miembros de la Duma eran elegidos por la población, aunque la mayoría de las votaciones eran de carácter indirecto.
En verdad, el Parlamento de Nicolás, cuya primera reunión tuvo lugar en abril de 1906, no ofrecía mucho margen de acción como institución política independiente, ya que los ministros respondían directamente ante el zar, y su poder respecto al ámbito financiero era limitado. Piotr Stolypin (1862-1911), primer ministro de 1906 a 1911, instigó diversas reformas económicas y agrarias importantes. Muchas de las Reformas de Stolypin fueron razonablemente exitosas, pero el zar estaba determinado a atenuar, o incluso evitar, la mayor cantidad de puntos del Manifiesto de Octubre como fuera posible. Nicolás empeoró aún más su relación con el pueblo al apoyar organizaciones nacionalistas ultra-reaccionarias, tales como la Unión del Pueblo Ruso, que «fomentaba el desorden con sus pogromos en las zonas fronterizas occidentales… Las Uniones fueron las precursoras del fascismo de mediados de siglo» (Service, 9).
La izquierda radical, que contaba entre sus filas a los bolcheviques marxistas liderados por Vladímir Lenin (1870-1924), parecía haber perdido su oportunidad de derrocar el régimen zarista. Lenin, autoexiliado en Suiza durante aquella época, lamentaba la falta de unidad de la izquierda; el título de su obra de 1904, Un paso adelante, dos pasos atrás parecía una acertada síntesis del fracaso a la hora de sacar provecho de la revolución de 1905. Más tarde Lenin escribiría que los eventos de 1905 no fueron los de una verdadera revolución, sino más bien un "ensayo general de la revolución" (Wood, 34).
Sin embargo, el tiempo estaba del lado de los comunistas porque la falta de reformas más contundentes unida a la desastrosa entrada de Rusia a la Primera Guerra Mundial (1914-18), desencadenó la violenta Revolución rusa de 1917 (que en verdad fueron dos revoluciones, una en marzo y la segunda en noviembre), donde el zar fue derrocado y la Rusia soviética se instauró con Lenin como su líder. Todos estos acontecimientos trascendentales se remontan a un domingo de 1905, cuando los rusos comunes «intentaron salir del gueto semirural y entrar al sistema urbano moderno de la ciudadanía y la representación de intereses» (Hosking, 408).
Estudiante de idiomas amante de la historia, que desea aportar a la difusión de conocimientos históricos, respetando las culturas y sociedades a las que hacen referencia.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 23 mayo 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.