Ana María Weems

La muchacha que se hizo pasar por hombre para escapar de la esclavitud
Joshua J. Mark
por , traducido por Milagros Bastianello
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Anna Maria Weems as Joe Wright (by William Still, Public Domain)
Ana María Weems haciéndose pasar por Joe Wright William Still (Public Domain)

Ana María Weems (hacia 1840-hacia 1863) fue una esclava afroamericana de Rockville, Maryland, que escapó haciéndose pasar por un joven lacayo y cochero negro, con la ayuda del ferrocarril subterráneo en septiembre de 1855. Más tarde se estableció en Canadá junto con otros miembros de su familia que también habían escapado de la esclavitud.

Weems viajó bajo el alias de «Joe Wright» y, más tarde, «Ellen Capron». La Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 hacía cada vez más difícil para los esclavos fugitivos (buscadores de la libertad) permanecer en los estados libres, ya que, por ley, cualquier persona que tuviera conocimiento de su paradero estaba obligada a entregarlos a las autoridades y a ayudar a los cazadores de esclavos a capturarlos y devolverlos a sus antiguos amos.

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Una vez que Weems llegó a Filadelfia, William Still (1819-1902) la envió a Nueva York y, desde allí, viajó a Canadá, cruzando por el puente colgante de las cataratas del Niágara, la ruta principal que tomaban muchos buscadores de libertad desde Estados Unidos hasta Canadá.

Weems no es la única mujer que escapó de la esclavitud disfrazada de hombre. La fugitiva más famosa de este tipo es Ellen Craft (1826-1891), quien, junto con su marido William Craft (1824-1900), escapó de Georgia en 1848, haciéndose pasar Ellen por un caballero sureño y William por su esclavo. En 1854, Clarissa Davis (más tarde conocida como Mary D. Armstead) escapó de Virginia haciéndose pasar por hombre y, escondida en una caja a bordo de un barco, llegó sana y salva a la casa de William Still en Filadelfia.

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La historia de Weems no es tan conocida como Mil millas hacia la libertad de Ellen y William Craft o, en algunos círculos, como el escape de David, pero recalca todo lo que debieron hacer los esclavos para ganar su libertad.

Primeros años de vida

Ana María nació alrededor de 1840; su padre era libre, pero su madre era esclava y propiedad de un tal Adam Robb, del condado de Montgomery, en Maryland. John y Arabella Talbot Weems tuvieron seis hijos y cuatro hijas, todos nacidos en la esclavitud excepto la menor, Mary, que vino al mundo después de que Arabella fuera liberada; todos los demás eran propiedad de Robb debido a que su madre era esclava. Cuando Robb murió en 1847, sus esclavos pasaron a manos de sus hijas.

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Price había ofrecido una recompensa de 500 dólares por la captura y devolución de Weems.

Una de las hijas, Catherine Robb Harding, agobiada por las deudas, vendió a los Weems a unos traficantes de esclavos que separaron a la familia. Ana María y su hermana Catherine fueron vendidas a un tal Charles M. Price. La situación de la familia Weems llamó la atención del abolicionista William L. Chaplin (1796-1871), agente del ferrocarril subterráneo, quien ayudó a las dos hermanas a escapar hacia el norte. Con la ayuda económica de abolicionistas de Inglaterra, Chaplin y otros crearon el Fondo de Rescate de la Familia Weems para liberar al resto de la familia y reunirlos a todos en Canadá.

Escape

El abolicionista y abogado Jacob Bigelow, de Washington, D.C., negoció con los distintos propietarios de los Weems para comprar su libertad, pero Charles Price se negó a vender a Ana María. Siendo consciente de que el ferrocarril subterráneo estaba intentando liberarla y de que ella podría escapar fácilmente con su ayuda, Price la obligó a dormir en el dormitorio principal con él y su esposa todas las noches por dos años.

Tras agotar todos los medios legales para liberar a Ana María, Bigelow y William Still hicieron los arreglos necesarios para que el Dr. Ellwood Harvey viajara a Washington, D.C., y, al mismo tiempo, le hicieron saber a Ana María que tendría que ir por sus propios medios desde Rockville, Maryland, hasta Washington el 23 de septiembre de 1855. Weems escapó de la casa de Price, recorrió los 24 kilómetros (15 millas) hasta Washington y fue acogida por Bigelow, quien la escondió en su casa durante seis semanas hasta que el Dr. Harvey llegó a la ciudad.

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Price & Birch Slave Traders, Virginia
Price & Birch, comerciantes de esclavos, Virginia Andrew J. Russell (Public Domain)

Bigelow, con Weems vestida de cochero, se reunió con Harvey frente a la Casa Blanca. Weems fue presentada a Harvey como «Joe Wright» y rápidamente se subió al carruaje y tomó las riendas. Aunque no había nada sospechoso en que un hombre blanco llevara a un cochero negro, la pareja fue detenida al menos en dos ocasiones, porque Price había ofrecido una recompensa de 500 dólares por la captura y devolución de Weems (alrededor de 17.000 dólares actuales), y había muchos interesados en reclamarla.

Weems había recibido instrucciones de Bigelow, y luego del Dr. Harvey, sobre cómo «actuar como un chico» y se hizo pasar con éxito por «Joe Wright» cuando Harvey se detuvo para pasar la noche en la casa de unos viejos amigos suyos, que eran propietarios de esclavos, en Maryland. El 22 de noviembre de 1855, la pareja llegó a la casa de William Still en Filadelfia, y Weems quedó libre. Still dejó constancia del suceso en su obra Registros del ferrocarril subterráneo (1872), del que se incluye un extracto a continuación.

Como se ha señalado, dado que la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 establecía que cualquier persona que buscara la libertad en un estado libre podía ser capturada legalmente y devuelta a la esclavitud, la libertad de Weems no estaba en absoluto asegurada, por lo que fue enviada a Nueva York y, desde allí, a Canadá, donde se reunió con su familia en diciembre de 1855. No hay registros que indiquen qué fue de ella después de que se inscribiera en la Misión de Buxton en Ontario, Canadá. Se supone que vivió al menos hasta 1863, pero esta fecha es incierta.

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Niagara Suspension Bridge, 1859
Puente colgante de las cataratas del Niágara, 1859 William England (Public Domain)

Texto

El siguiente texto está tomado de la obra de William Still Registros del ferrocarril subterráneo, reeditado por Modern Library Nueva York, 2019. La narración comienza cuando el Dr. Harvey decide pasar la noche con sus viejos amigos en Maryland antes de continuar su viaje hacia Pensilvania. El extracto concluye con las notas de Still sobre Weems cuando llegó como «Joe Wright» el Día de Acción de Gracias de 1855.

Al reflexionar sobre el asunto, al doctor se le pasó por la cabeza que, en tiempos pasados, había tenido una relación bastante estrecha con un granjero y su familia (que eran propietarios de esclavos) en Maryland y que llegaría a su casa al final del primer día de viaje. Llegó a la conclusión de que lo mejor que podía hacer en esta ocasión era renovar su amistad con sus viejos amigos.

Después de un día de viaje muy satisfactorio, al caer la noche, el doctor se encontraba a salvo a las puertas de la casa del granjero con su carruaje y su lacayo. El granjero y su familia lo reconocieron de inmediato y parecían contentos de verlo. De hecho, le hicieron todo un «alboroto». Como estrategia, el doctor también les hizo un buen «alboroto». Sin embargo, no dejó de adoptar aires de importancia, especialmente calculados para hacerles creer que se había vuelto más viejo y más sabio que cuando lo conocieron en su juventud.

Al referirse de manera casual a la forma en que viajaba, aludió al hecho de que no se encontraba muy bien y, como había pasado bastante tiempo desde la última vez que había estado por esa zona del país, pensó que el viaje le haría bien, especialmente el ver viejos lugares y personas conocidas. El granjero y su familia se sintieron sumamente honrados por la visita del distinguido doctor y manifestaron una marcada disposición a no escatimar esfuerzos para que su alojamiento nocturno fuera cómodo en todos los sentidos.

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El Dr., al ser un caballero culto e inteligente, bien informado sobre otros temas además de la medicina, podía hablar con soltura sobre la agricultura en todas sus ramas y también sobre los «negros», en caso de emergencia, por lo que la velada transcurrió agradablemente con el Dr. en la sala y «Joe» en la cocina. El Dr., no obstante, le había dado a «Joe» precepto tras precepto, «un poco por aquí y un poco por allá», sobre cómo debía comportarse en presencia de los amos blancos o de los esclavos de color, por lo que se encontraba preparado para desempeñar su papel con la exactitud debida.

Antes de que se hiciera más tarde, el Dr., temiendo algún percance, insinuó que se sentía «un poco lánguido» y que, por lo tanto, creía que sería mejor «retirarse». Además, añadió que era «propenso a sufrir vértigo» cuando no se encontraba del todo bien y que, por esta razón, debía hacer que su muchacho «Joe» durmiera en la habitación con él.

―Basta con darle una colcha y se las arreglará bien en un rincón de la habitación ―dijo el doctor.

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El anfitrión, siempre tan servicial, aceptó inmediatamente la propuesta y la llevó a cabo. Al cabo de unos minutos, el Dr. ya se encontraba en la cama durmiendo profundamente y «Joe», con su abrigo y sus pantalones nuevos, acurrucado bajo la colcha en un rincón de la habitación, bastante cómodo.

A la mañana siguiente, el Dr. se levantó a una hora tan temprana como era prudente para un caballero de su posición y, sintiéndose renovado, compartió un buen desayuno y se dispuso, junto con su muchacho «Joe», a proseguir su viaje. El rostro, los ojos, la esperanza y los pasos se mantuvieron firmes como el pedernal, en dirección a Pensilvania.

A qué hora del día o de la noche siguientes cruzaron la línea Mason-Dixon no está documentado en los Registros del ferrocarril subterráneo, pero a las cuatro en punto del Día de Acción de Gracias, el Dr. dejó a salvo a «la joven fugitiva de quince años» en la residencia del escritor en Filadelfia. Al entregar a su protegida, el Dr. se limitó a comentar a la esposa del escritor:

―Deseo dejar a este joven con usted por un rato y llamaré para ver cómo está. ―Sin más explicaciones, subió a su carruaje y se alejó apresuradamente, evidentemente ansioso por presentarse ante su esposa a fin de aliviarla de la gran carga de ansiedad que sentía por él.

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El escritor, que casualmente se encontraba fuera de casa cuando el Dr. llamó, regresó poco después.

―El Dr. ha estado aquí ―era el médico de la familia― y ha dejado a este «joven» y ha dicho que volvería a llamar para ver cómo estaba ―dijo la Sra. S.

El «joven» estaba sentado muy tranquilo en el comedor con la gorra puesta. El escritor se dirigió hacia él y le preguntó:

―Supongo que tú eres la persona a la que el doctor fue a buscar a Washington, ¿no es así?

―No, ―respondió Joe.

―¿De dónde eres entonces?

―De York, señor.

―¿De York? ¿Y por qué te trajo aquí entonces el Dr.? El Dr. fue expresamente a Washington a buscar a una joven, a la que iban a llevarse disfrazada de chico y pensé que eras tú.

Sin responder, «el muchacho» se levantó y salió de la casa. El interrogador, algo desconcertado, lo siguió y, cuando estaban solos, «el muchacho» dijo:

―Yo soy la persona a la que fue a buscar el doctor.

Tras felicitarla, el escritor le preguntó por qué había dicho que no era de Washington, sino de York. Ella explicó que el Dr. le había ordenado estrictamente que no confesara a nadie, excepto al escritor, que era de Washington. Como había otras personas presentes (su esposa, una criada y una mujer fugitiva) cuando le hicieron las preguntas, sintió que responder afirmativamente sería una violación de su promesa.

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Antes de este interrogatorio, había interpretado tan bien su papel en todo detalle que ninguna de las personas presentes albergaba ni por un momento la más mínima duda de que fuera un muchacho. Tenía puesto un traje nuevo que le quedaba muy bien y gracias a su inusual sentido común, no parecía carecer de nada en absoluto.

Despedir a una persona tan excepcional y extraordinaria como ella sin brindar a algunos de los accionistas y directivos de la línea el placer de verla era algo impensable. Además del Comité de Vigilancia, se invitó a un buen número de personas a verla, y todas quedaron muy asombradas. De hecho, era difícil darse cuenta de que no era un chico, incluso después de conocer los hechos del caso. Lo que sigue es un relato exacto de este caso, extraído de los Registros del ferrocarril subterráneo:

DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS, noviembre de 1855:

Llegó Ana María Weems, también conocida como «Joe Wright» y «Ellen Capron», procedente de Washington, gracias a la ayuda del Dr. H. Tiene unos quince años, es una mulata de piel clara, bien desarrollada, inteligente y de buen aspecto. Durante los últimos tres años, o aproximadamente ese tiempo, ha sido propiedad de Charles M. Price, un comerciante de esclavos de Rockville, Maryland.

El Sr. P. era muy dado a la «intemperancia» y a una «blasfemia» grosera. Compra y vende muchos esclavos a lo largo del año. Su esposa es malhumorada y cascarrabias. Solía disfrutar enormemente «torturando» a un «pequeño esclavo». Era el hijo de su amo (y era propiedad de este); esta era la causa principal del rencor de la señora.

Ana María siempre había deseado su libertad desde la infancia y, aunque no había cumplido los trece años cuando le aconsejaron por primera vez que huyera, aceptó la sugerencia sin dudarlo y, desde entonces, esperó casi a diario, durante más de dos años, la oportunidad de huir. Sus amigos, por supuesto, debían ayudarla y organizar su huida. Su dueño, temiendo que pudiera escapar, la obligó durante mucho tiempo a dormir en la habitación con «su amo y su señora»; de hecho, la mantuvieron así hasta unas tres semanas antes de que huyera.

Dejó a sus padres viviendo en Washington. Tres de sus hermanos habían sido vendidos al sur, separados de sus padres. Su madre había sido comprada por 1.000 dólares y una de sus hermanas por 1.600 dólares a cambio de su libertad. Antes de que Ana María cumpliera los trece años, un amigo ofreció 700 dólares por ella con el deseo de comprarle la libertad, pero la oferta fue rechazada de inmediato, al igual que las posteriores que se hicieron en repetidas ocasiones.

La única posibilidad de conseguir su libertad dependía de sacarla de allí a través del ferrocarril subterráneo. Se vistió cuidadosamente con ropa de hombre y de esa manera recorrió todo el camino desde Washington. Luego de pasar dos o tres días con sus nuevos amigos en Filadelfia, fue enviada (vestida de hombre) a casa de Lewis Tappan, de Nueva York, quien también se había interesado profundamente por su caso desde el principio y quien, según se entendía, estaba dispuesto a cobrar un cheque por 300 dólares para compensar al hombre que pudiera arriesgar su propia libertad al traerla desde Washington.

Tras llegar sana y salva a Nueva York, encontró un hogar y amigos bondadosos en la familia del reverendo A. N. Freeman y recibió una ovación propia del ferrocarril subterráneo. Posterior a recibir numerosas muestras de estima y amabilidad por parte de los amigos de la esclava en Nueva York y Brooklyn, fue trasladada con cuidado a Canadá, para recibir educación en el asentamiento de Buxton.

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Preguntas y respuestas

¿Quién es Ana María Weems?

Ana María Weems fue una esclava afroamericana de Maryland que escapó en 1855 haciéndose pasar por un joven lacayo y cochero negro.

¿Cómo hizo Ana María Weems para escapar de la esclavitud?

Ana María Weems escapó de la esclavitud gracias a la ayuda del ferrocarril subterráneo, que la ayudó a viajar y a hacerse pasar por un joven lacayo y cochero negro.

¿Cuánto tiempo le llevó a Ana María obtener tu libertad?

Ana María Weems escapó de la esclavitud en septiembre de 1855, llegó a Filadelfia, donde se puso a salvo en noviembre, y finalmente encontró la libertad en Canadá en diciembre de 1855, tres meses después de haber huido de sus captores.

¿Cómo murió Ana María Weems?

No hay constancia de cómo falleció Ana María Weems. Se cree que vivió hasta 1863, pero ni siquiera esa fecha es segura. En 1855 se reunió con su familia y se matriculó en un colegio en Canadá, y esa es la última información fiable que se tiene sobre ella.

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Estilo APA

Mark, J. J. (2026, julio 26). Ana María Weems: La muchacha que se hizo pasar por hombre para escapar de la esclavitud. (M. Bastianello, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24454/ana-maria-weems/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Ana María Weems: La muchacha que se hizo pasar por hombre para escapar de la esclavitud." Traducido por Milagros Bastianello. World History Encyclopedia, julio 26, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24454/ana-maria-weems/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Ana María Weems: La muchacha que se hizo pasar por hombre para escapar de la esclavitud." Traducido por Milagros Bastianello. World History Encyclopedia, 26 jul 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24454/ana-maria-weems/.

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