El ferrocarril subterráneo era una red descentralizada formada por abolicionistas blancos, negros libres, antiguos esclavos, mexicanos y nativos americanos, entre otros, que se oponían a la esclavitud en los Estados Unidos y que establecieron rutas secretas y refugios para ayudar a los esclavos a escapar de la esclavitud. El sistema funcionó aproximadamente entre 1780 y 1865, cuando la esclavitud se abolió con la Decimotercera Enmienda.
El ferrocarril subterráneo ni era subterráneo ni era un ferrocarril, por lo que el origen del nombre es objeto de debate. Por lo general se entiende que apareció por primera vez en un artículo de un periódico en 1839. El abolicionista afroamericano William M. Mitchell (en torno a 18226 a alrededor de 1879) definiría y explicaría el término en su obra The Underground Railroad from Slavery to Freedom (El ferrocarril subterráneo de la esclavitud a la libertad, 1860):
Un esclavo, en el estado de Kentucky, llegó a la conclusión de que no era una mera cosa, como lo calificaba la ley, sino un hombre con un destino inmortal en común con otros hombres… En consecuencia, se fugó, y su amo lo persiguió sin descanso hasta el río Ohio, que separa los estados esclavistas de los libres; allí perdió el rastro de su propiedad fugitiva… Decepcionado, habiendo perdido mil dólares y sin ningún objeto en el que descargar su sucia ira, se volvió contra los pobres abolicionistas y dijo: «Esos malditos abolicionistas deben de tener un ferrocarril subterráneo por el que se llevan a los negros». El significativo término «subterráneo» surgió de esta circunstancia… Y al medio por el que los esclavos siguen desapareciendo, como el que acabamos de mencionar, sin posibilidad de recuperación, de forma tan repentina y con tan rápido avance, lo llamamos muy acertadamente un ferrocarril. Esta es la derivación del término «ferrocarril subterráneo». (12-13)
Aunque por lo general se entiende que el ferrocarril subterráneo discurría desde los estados esclavistas del sur hacia los estados libres del norte y Canadá, también se extendía hacia el sur, hasta la Florida española y México, y hacia el oeste, hasta el llamado Territorio Indio. Los esclavos también huían por mar hacia islas del Caribe. Las rutas hacia el norte son las más conocidas, debido principalmente a la labor de la conductora más famosa del ferrocarril, Harriet Tubman (hacia 1822-1913), del «padre del ferrocarril subterráneo»,William Still (1819-1902) y del gran abolicionista Frederick Douglass (1818-1895), quien dirigía una «estación» en el ferrocarril.
No se sabe cuántos esclavos utilizaron el «ferrocarril» para escapar de la esclavitud, pero las estimaciones, basadas en las llegadas documentadas en Canadá, los registros abolicionistas,The Underground Railroad Records (Los registros del ferrocarril subterráneo, 1872) de William Still y otros documentos similares, sitúan la cifra en torno a los 500.000 en 1865. Esta cifra resulta aún más impresionante si tenemos en cuenta los riesgos que asumieron todos aquellos que se negaron a obedecer leyes injustas, como la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850, poniendo en peligro sus vidas y las de sus familias por el bien de personas que no conocían y a las que, en la mayoría de los casos, nunca volverían a ver.
Aunque la esclavitud en la América colonial suele datarse en 1619, que es cuando unos 20 africanos esclavizados llegaron a la colonia de Jamestown, en Virginia, donde los iban a vender como esclavos, al final se los entregaron al gobernador Yeardley (1587-1627) a cambio de provisiones y se los consideró sirvientes contratados, que trabajaban entre 4 y 7 años antes de recibir la libertad y tierras. Más adelante, uno de ellos, Anthony Johnson, llegó a tener un esclavo propio.
Los esclavos decidían escapar de la esclavitud por su cuenta o en pequeños grupos, y para ello a veces contaban con la ayuda del ferrocarril subterráneo.
Los primeros esclavos en la América colonial fueron los nativos americanos tras la guerra pequot (1636-1638), cuando vendieron a los pequot como esclavos en Bermudas, las Indias Occidentales o a granjeros de la colonia de Massachusetts. La esclavitud institucionalizada de africanos no comenzó hasta 1640 en la colonia de Jamestown y quedó plenamente institucionalizada en la década de 1660. Para 1700, todas las Trece Colonias tenían esclavos, principalmente africanos, y la única objeción a esta práctica de la que se tiene constancia proviene de los cuáqueros de Pensilvania en 1688, quienes condenaron la esclavitud por considerarla inmoral y anticristiana. Más tarde, los cuáqueros constituirían la mayoría de quienes prestaron servicio en las rutas del norte del ferrocarril subterráneo.
Tras la guerra de Independencia de EE. UU., el comercio de esclavos continuó y, de hecho, aumentó a medida que les arrebataban más tierras a los pueblos indígenas de América del Norte y hacía falta más mano de obra gratuita para trabajarlas. Hubo rebeliones de esclavos antes del nacimiento de los Estados Unidos, en particular la rebelión de Stono de 1739, y otras posteriores, como la rebelión de Gabriel (1800), la rebelión de la Costa Alemana de 1811, la conspiración de Denmark Vesey (1822) y la rebelión de Nat Turner (1831), pero, por lo general, los esclavos optaban por escapar de la esclavitud por su cuenta o en pequeños grupos y, para ello contaban con la ayuda del ferrocarril subterráneo, aunque no siempre.
El ferrocarril, la terminología y los buscadores de libertad
No todos los esclavos fugitivos (entonces conocidos como fugitivos aunque hoy se los denomina buscadores de libertad) buscaban la ayuda del ferrocarril subterráneo o sabían siquiera que existía. Utilizaban diversos métodos para escapar de la esclavitud, incluida documentación falsificada que los designaba como negros libres o sencillamente huyendo a pantanos y montañas o a comunidades de nativos americanos hacia el oeste. Para poder hacer uso del ferrocarril subterráneo, había que saber que existía tal organización, y difundir la información era tarea de algunos de los miembros conocidos como agentes.
El «ferrocarril» utilizaba diversos términos para definir las responsabilidades de los miembros, entre los que se incluían:
agentes: los que alertaban a las personas esclavizadas de la existencia del ferrocarril;
conductores: los que guiaban a los buscadores de libertad desde su lugar de esclavitud hasta refugios seguros y, en última instancia, hasta la libertad;
jefes de estación: los que gestionaban los refugios y ocultaban a quienes buscaban la libertad en sus hogares o lugares de trabajo;
accionistas: los que proporcionaban apoyo financiero al ferrocarril, pero no participaban directamente.
A quienes buscaban la libertad se les llamaba «carga» o «pasajeros»; el río Ohio, que separaba los estados esclavistas de los libres, se denominaba «río Jordán»; y Canadá, donde quienes buscaban la libertad estaban a salvo de los cazadores de esclavos, era «la Tierra Prometida» o «el Cielo». No se sabe cómo, cuándo o quién acuñó estos términos.
Para minimizar el riesgo de traición y evitar ser descubiertos, todo el mundo estaba al tanto únicamente de sus responsabilidades específicas y ni siquiera sabían los nombres los unos de los otros.
Un agente, a veces un antiguo esclavo, a veces un negro libre y a veces una persona blanca solidaria, informaba a los esclavos sobre el ferrocarril subterráneo y los dirigía a un lugar de encuentro donde el conductor los guiaba hasta la siguiente parada. Para minimizar el riesgo de traición y evitar que los descubrieran, todos los involucrados estaban al tanto únicamente de sus responsabilidades específicas y ni siquiera sabían los nombres los unos de los otros, ya que utilizaban alias.
El conductor llevaba a los «pasajeros» ante el jefe de estación, quien les proporcionaba comida y otros suministros necesarios antes de enviarlos a la siguiente «estación» del ferrocarril y, en el caso de las rutas del norte, finalmente a Canadá.
Rutas del norte
A menudo se suele describir las rutas del norte del ferrocarril subterráneo como si fueran caminos fijos que todos utilizaban los conductores para transportar a sus pasajeros hacia la libertad, pero en realidad no era así, tal y como explica el estudioso Andrew Delbanco:
A pesar de lo que sugiere la metáfora, el «ferrocarril», o «línea de la libertad», como se llamaba a veces, no tenía rutas fijas, ni horarios, ni una coordinación estrecha entre sus diversas ramificaciones. Discurría entre Kentucky y Ohio, o cruzaba la frontera de Maryland a Pensilvania, o a lo largo de la costa este, donde algunos fugitivos, el más famoso Frederick Douglass, realmente viajaban en tren, así como a pie, a caballo, en carruaje o en barco. Era una confederación informal de células independientes en las que, a veces, el único miembro era una sola persona que tomaba la decisión espontánea de ocultar a un fugitivo en lugar de entregarlo. Era algo improvisado. Atravesaba ciudades y pueblos agrícolas, localidades industriales y ciudades universitarias como Carlisle, Pensilvania (donde se encuentra el Dickinson College), Lafayette y Gettysburg, donde se sabía que los estudiantes que se hacían llamar los «Black Ducks» (Patos negros) creaban distracciones para despistar a las autoridades locales cuando se rumoreaba que había fugitivos en el vecindario. (36)
Puede que los conductores solo conociesen una ruta o, como en el caso de Harriet Tubman, muchas diferentes. No había una autoridad central, ni un órgano rector, ni un comité que dictara cuándo debía liberarse a un esclavo o a un grupo de esclavos, ni adónde había que llevarlos. Tras alertar a los esclavos de la posibilidad de escapar a lo largo del «ferrocarril», el agente se los enviaba al conductor, quien elegía la ruta que le pareciera mejor. Algunos conductores, como Tubman, conocían a muchos jefes de estación y recorrían todo el trayecto desde los estados del sur hasta Canadá. Otros, como John Berry Meachum y su esposa, Mary Meachum, preferían trasladar a sus pasajeros de una manera muy diferente.
John y Mary Meachum compraban gente esclavizada y la ponían a trabajar en su fábrica de barriles. Los antiguos esclavos recibían formación en el puesto de trabajo y cobraban un salario, parte del cual se esperaba que ahorraran y que, con el tiempo, se lo devolvieran a los Meachum; después, utilizaban ese dinero para comprar más esclavos. Una vez que un antiguo esclavo había adquirido las habilidades prácticas necesarias para encontrar un empleo en el futuro, John lo transportaba en barco a través del río desde Kentucky hasta Illinois, donde era libre y podía ir a donde quisiera.
John Brown (1800-1859), que era jefe de estación, dirigía un refugio (una estación) en Pensilvania y también estuvo activo en Nueva York y Ohio antes de trasladarse a Kansas. Brown acabaría llegando a la conclusión de que tan solo la violencia acabaría con la esclavitud y lideró la masacre de Pottawatomie del 25 de mayo de 1856, en la que fueron masacrados ciudadanos proesclavistas y cazadores de esclavos. Es famoso por haber liderado el asalto al arsenal de Harper's Ferry, Virginia, en 1859, con el objetivo de iniciar una insurrección de esclavos, pero fue capturado por la milicia local y ahorcado. Ninguna de estas personas actuaba bajo la autoridad del «ferrocarril subterráneo»; simplemente hacían lo que creían que podían hacer.
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El único aspecto del ferrocarril subterráneo que podría definirse como un «órgano rector» eran los comités de vigilancia, y los más famosos de ellos eran el Comité de Vigilancia de Nueva York y la Asociación de Vigilantes de Filadelfia (de la que formaba parte William Still). Estos grupos coordinaban fugas desde el Sur tan a menudo como podían. Los pasajeros de este «ferrocarril» llegaban primero a Filadelfia y luego los enviaban a Nueva York o Boston, y desde allí, si lo deseaban, a Canadá. La abolicionista, exesclava y escritora Harriet Jacobs (en torno a 1813-1897) se encuentra entre las muchas personas a las que los abolicionistas de Filadelfia ayudaron en su huida hacia la libertad.
Entre los demás «pasajeros» más conocidos a los que ayudó directamente la Asociación de Vigilantes de Filadelfia se encontraban Henry Box Brown (en torno a 1815-1897), que se envió a sí mismo por correo desde Richmond, Virginia, a Filadelfia dentro de una caja, y Lear Green (en torno a 1839-1860), que viajó desde Baltimore, Maryland, a Filadelfia dentro de un baúl. En ambos casos, la Asociación proporcionó una dirección a la que enviar a los que buscaban la libertad, recogió la caja o el baúl y le ofreció al esclavo liberado un lugar donde descansar y orientarse antes de comenzar su nueva vida como persona libre.
Rutas del sur y del oeste
Obviamente, los esclavos que se encontraban más cerca de los estados libres del norte tenían más posibilidades de escapar con éxito en esa dirección que los que se encontraban más al sur. Aun así, muchos esclavos que se encontraban incluso en el sur de Georgia seguían intentando huir hacia el norte. Otros intentaban huir a México, donde la esclavitud se había abolido en 1829, o hacia el oeste, al Territorio Indio, donde esperaban ser acogidos por bandas de nativos americanos solidarios, fuera del alcance de las autoridades estadounidenses.
La huida hacia el sur no era nada nuevo en el siglo XIX, ya que la Florida española se había convertido en un refugio para quienes buscaban la libertad a mediados del siglo XVIII. En 1738, se fundó Fort Mose cerca de la actual San Agustín, guarnecido por esclavos fugitivos de las colonias británicas de América del Norte y se convirtió en el primer asentamiento negro libre reconocido legalmente en el continente. Las autoridades españolas solo exigían que los esclavos liberados se convirtieran al catolicismo y sirvieran en la milicia para considerarlos libres.
El 9 de septiembre de 1739, el esclavo culto Cato (también conocido como Jemmy) lideró la rebelión de Stono en Carolina del Sur, con el objetivo de alcanzar la libertad en la Florida española, probablemente con la esperanza de unirse a la comunidad de Fort Mose. La milicia local acabó con la rebelión y ejecutó a los rebeldes, aunque no se sabe qué fue de Cato, pero eso no impidió que otros buscadores de libertad siguieran esa misma ruta.
En ocasiones, los esclavos que huían a México a través de Texas recibían ayuda de un comité de vigilancia local, de mexicanos, de nativos americanos o de blancos solidarios. Los abolicionistas del Territorio de Kansas también ayudaban a los esclavos a escapar (normalmente hacia el norte); un ejemplo notable es el del Dr. John Doy, que fue arrestado en 1859 como «ladrón de esclavos», llevado a Misuri y condenado a cinco años de prisión antes de ser rescatado por sus amigos, que pasaron a ser conocidos como «los Diez Inmortales». Muchos esclavos de Carolina del Sur y Georgia huyeron a Florida, donde fueron acogidos por la nación seminola, se casaron entre ellos y formaron su propia tribu, los seminolas negros.
Los nativos americanos podían ser especialmente serviciales con quienes buscaban la libertad, ya que en el siglo XIX muchos de ellos tenían antepasados a los que que habían vendido como esclavos a los colonos británicos que habían logrado escapar y regresar a su tribu o nación, tal y como señala Delbanco:
«A diferencia de un esclavo o sirviente importado», como señala un historiador, «el indio se sentía como en casa en el bosque americano y podía sobrevivir en él. En consecuencia, tenía más probabilidades de escapar y más posibilidades de salir adelante». En comparación, los africanos y sus descendientes resultaron ser más abundantes, más fáciles de obtener y, una vez distribuidos entre los compradores, una forma más segura de propiedad humana. (45)
Aun así, los nativos americanos, una vez contactados por alguien que buscaba la libertad, podían hacer desaparecer a esa persona a lo largo del «ferrocarril» hacia el sur o el oeste con la misma facilidad con la que lo hacían los conductores en los estados del norte. Sin embargo, lograr la libertad o no dependía de llegar a una tribu comprensiva, ya que algunos nativos americanos podían esclavizar de la misma manera a alguien que buscaba la libertad o devolvérselo a su dueño a cambio de una recompensa, tal y como podría hacer un mexicano o un blanco que no estuviera de acuerdo.
Sin embargo, si un fugitivo lograba conectar con una tribu solidaria de una nación indígena americana, o si conseguía seguir a un conductor a través de la frontera hacia México, quedaría libre. Tras la aprobación de la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 por el Congreso de los Estados Unidos, ningún esclavo fugitivo estaba a salvo dentro de las fronteras de los Estados Unidos, e incluso los negros libres podían ser capturados, acusados de ser fugitivos y esclavizados. Por lo tanto, el destino más seguro para cualquier persona que buscara la libertad era cualquier lugar más allá de las fronteras reconocidas de los Estados Unidos, ya fuera al norte, al sur, al oeste o al este por mar hacia las islas del Caribe.
Conclusión
Tal y como ya hemos dicho, el ferrocarril subterráneo estuvo en funcionamiento entre 1780 y 1865 aproximadamente, cuando la aprobación de la Decimotercera Enmienda, que abolía la esclavitud, hizo que esta iniciativa fuera innecesaria. En ese momento, muchos que nunca habían tenido nada que ver con el ferrocarril subterráneo afirmaron haber sido sus partidarios y defensores secretos, como señala Delbanco:
Tras la guerra de Secesión, la compleja realidad del ferrocarril subterráneo se desvaneció en un resplandor envolvente de mito. Al leer los relatos de posguerra sobre los años previos a la guerra, uno podría pensar que cada granja del Norte había sido una estación, que el padre o el abuelo de todos había sido un conductor, que cada hogar había tenido una despensa o un ático secreto donde se refugiaban los fugitivos mientras los cazarrecompensas golpeaban la puerta. Afirmar haber prestado servicio en el ferrocarril subterráneo se convirtió en una forma de reclamar lo que el historiador David Blight denomina una «veteranía alternativa»: una forma de satisfacer el «anhelo de disfrutar de la gloria de la antigua generación abolicionista». (36-37)
En realidad, probablemente nunca se sabrá quiénes ni cuántas personas sirvieron a la causa del ferrocarril subterráneo. Dado que sus acciones eran ilegales según las leyes de los Estados Unidos, desde luego no estaban dispuestos a hacer pública su participación. Ya fueran negros, mexicanos, nativos americanos o blancos, hombres o mujeres, todos los que decidieron ayudar a un esclavo a alcanzar la libertad asumieron enormes riesgos, incluidas multas, encarcelamiento, ostracismo social o incluso la muerte.
La historia de estos héroes y heroínas anónimos se cuenta hoy a través de las exposiciones del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, el Parque Histórico Nacional del ferrocarril subterráneo Harriet Tubman y el Parque Histórico Nacional Harriet Tubman de Auburn, Nueva York, así como en muchos otros museos y lugares históricos, que rinden homenaje a los esfuerzos realizados por la gente que buscaba la libertad y a quienes los ayudaron.
El ferrocarril subterráneo ni era ferrocarril ni era subterráneo. Era una red de gente opuesta a la esclavitud en Estados Unidos que ayudaba a los esclavos a escapar del cautiverio.
¿Por qué se llamaba ferrocarril subterráneo?
Según el abolicionista W. M. Mitchell, en 1860 el ferrocarril subterráneo se llamaba así porque hacía desaparecer a los esclavos como si se los hubiera tragado la tierra y los conducía a la libertad tan rápido como el ferrocarril.
¿Quién fue el «conductor» más famoso del ferrocarril subterráneo?
La conductora más famosa del ferrocarril subterráneo fue Harriet Tubman.
¿Cuántos esclavos llegaron a la libertad a través del ferrocarril subterráneo?
No se sabe con certeza la cantidad de personas liberadas a través del ferrocarril subterráneo, pero las estimaciones sitúan la cifra en torno a 500.000.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 29 abril 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.