La guerra germano-soviética, conocida en la URSS y en la Rusia actual como la gran guerra patria o en Europa occidental como el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), comenzó en junio de 1941 con la Operación Barbarroja y concluyó con la derrota total de Alemania en mayo de 1945. La campaña germano-soviética incluyó batallas clave como las de Kiev, Moscú, Leningrado (San Petersburgo), Stalingrado (Volgogrado) y Kursk. Este frente, particularmente brutal, fue testigo de los mayores movimientos de tropas, asedios y batallas de la historia, así como de decenas de millones de muertes, tanto de combatientes como de civiles.
Hitler contra Stalin
Adolf Hitler (1889-1945), líder de la Alemania nazi, atacó la URSS el 22 de junio de 1941 con el ejército más grande jamás reunido. A pesar de que ambos Estados habían firmado el Pacto nazi-soviético en 1939, un acuerdo de no agresión, Hitler estaba listo en 1941, tras haber conquistado la mayor parte de Europa occidental, para volcar su atención hacia el Este. Hitler esperaba aniquilar al Ejército Rojo soviético y apoderarse de vastísimos territorios, lo que él llamaba Lebensraum («espacio vital») para el pueblo alemán; es decir, nuevas tierras en el este donde pudieran encontrar recursos y prosperar. Le interesaban especialmente las regiones ricas en recursos de Ucrania y los campos petrolíferos del Cáucaso. Otras razones para el ataque incluían la creencia de que el líder de la URSS, Iósif Stalin (1878-1953), pretendía atacar la vital fuente de petróleo de Alemania en los campos de Ploiești, en Rumanía, y el deseo de Hitler de destruir el bolchevismo, el enemigo ideológico del nazismo. También se esperaba que eliminar a la URSS de la guerra obligara a Gran Bretaña a pedir la paz. Por último, la conquista representaría nuevas oportunidades para imponer aún más la teoría racial nazi, ya que los judíos y los pueblos eslavos eran considerados por los nazis y los pueblos germánicos como inferiores política o racialmente.
EN 1941, PARECÍA QUE HITLER HABÍA TENIDO RAZÓN AL PENSAR QUE LA URSS SE DERRUMBARÍA PRONTO.
Hitler estaba seguro de la victoria y prometió a sus generales: «Patearemos la puerta y la casa entera se vendrá abajo» (Stone, 138) en cuestión de semanas. La falta de un plan B por si esto no ocurría fue un grave error en toda la operación. No era la primera vez que un ejército de Europa occidental se adentraría en las vastas profundidades de Rusia sin ser consciente de que se enfrentaba no a uno, sino a tres enemigos: el ejército contrario, el problema de la logística y las duras condiciones invernales. Stalin denominó a los combates en el frente oriental (su frente occidental) «guerra patria» y exigió una resistencia total a los invasores. El pueblo soviético, militares y civiles, hombres y mujeres, ciertamente estuvo a la altura.
La ofensiva de Hitler de junio a diciembre de 1941 recibió el nombre en clave de Operación Barbarroja en honor a Federico Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (que reinó de 1155-1190), de quien cuenta la leyenda que un día regresará para asegurar que Alemania vuelva a ser grande. Los ejércitos atacantes eran mayoritariamente alemanes, pero incluían unidades significativas de los aliados del Eje de Hitler: Italia, Rumanía, Eslovaquia, Hungría y Finlandia, entre otros. El ejército más grande jamás reunido en la historia era experimentado, estaba bien organizado y tenía una gran confianza. La fuerza invasora se dividió en tres grupos de ejércitos: Norte, Centro y Sur. La Fuerza Aérea del Eje, al igual que lo estaría la Fuerza Aérea Roja soviética, se limitó en gran medida a brindar apoyo terrestre a lo largo de la guerra germano-soviética. Del mismo modo, la Marina soviética desempeñó un papel limitado, notablemente en los mares Negro y Báltico. En resumen, «la guerra germano-soviética se libró predominantemente en tierra» (Dear, 341).
Los invasores avanzaron en un amplio frente que se extendía desde el Báltico hasta el Mar Negro. El avance del Eje fue muy bien durante los primeros meses. Más de dos millones de soldados enemigos fueron capturados en enormes movimientos de pinza en batallas en ciudades y sus alrededores, como Minsk, Smolensk y Kiev. Se abrió la ruta a Moscú y parecía que Hitler había tenido razón en su promesa de que la URSS se derrumbaría más temprano que tarde.
En el verano de 1941, el Ejército Rojo, purgado por Stalin en la década de 1930, era débil y estaba desorganizado. El Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial estaba compuesto por reclutas de toda la URSS que a menudo tenían poca voluntad para combatir. También existían batallones penales formados por convictos (incluidos presos políticos), que en total sumaban alrededor de 440.000 hombres. Además, «al menos 800.000 mujeres sirvieron en las fuerzas soviéticas durante la guerra» (Rees, 162) tanto en funciones combatientes como no combatientes.
La mayoría de los tanques y aviones soviéticos estaban obsoletos en 1941, había una falta crónica de vehículos de transporte y las comunicaciones eran deficientes. Las tácticas de Blitzkrieg («guerra relámpago») del Eje, que utilizaban armas combinadas de rápido movimiento (tanques, artillería, aviones e infantería), dieron grandes dividendos contra un enemigo lento y centrado en la infantería. Sin embargo, la Blitzkrieg no estaba diseñada para tomar ciudades, y aquí los invasores comenzaron a estancarse. El sitio de Leningrado (San Petersburgo), que comenzó en septiembre de 1941, y la tenaz defensa de Moscú a finales de 1941, le dieron a Stalin y al Ejército Rojo la esperanza de que no todo estaba perdido. También fue significativo que los civiles estuvieran dispuestos a defender la dictadura de Stalin incluso si no la apoyaban. Derrotar a los invasores se convirtió en la prioridad. En Leningrado, 40.000 hombres y mujeres civiles formaron unidades de milicia para ayudar a defender la ciudad, y en Moscú, 600.000 civiles ayudaron a construir las defensas de la capital.
Cuando el invierno se instaló a finales de 1941, la insuficiencia logística del Eje para abastecer tropas a lo largo de cientos de kilómetros de territorio con malas carreteras comenzaron a convertirse en un serio problema, al igual que una carencia general de reservas. Hitler no había planeado una campaña larga, pero eso era exactamente lo que había hecho Stalin. Una gran parte de la industria pesada ya había sido trasladada a las zonas seguras de Rusia central y oriental, por lo que Stalin pudo reabastecer a sus ejércitos mucho mejor. La logística del Eje también se vio severamente desafiada por las órdenes de Stalin de que los partisanos saboteasen los suministros del Eje siempre y donde fuera posible. Las condiciones invernales, cuando las temperaturas se desplomaron hasta los -35 C° (-29 F°), tomaron desprevenidos a los invasores cuando los lubricantes y el combustible se congelaron (los equivalentes soviéticos contaban con anticongelante para evitar esos problemas debilitantes). Incluso cavar trincheras y refugios en el suelo helado resultó difícil, e innumerables soldados del Eje murieron congelados.
Las ambiciones de Hitler en el Este se vieron muy afectadas por los acontecimientos en otros frentes de la guerra. El ataque japonés a Pearl Harbour, la base naval estadounidense en Hawái, en diciembre de 1941, tuvo ciertos efectos colaterales además de la entrada en la guerra de Estados Unidos. Al concentrarse Japón en el Pacífico, ya no era una amenaza directa para la URSS, por lo que Stalin pudo trasladar tropas frescas desde Siberia y Rusia oriental al conflicto germano-soviético.
LA GUERRA GERMANO-SOVIÉTICA SE TRANSFORMÓ EN UNA GUERRA DE DESGASTE LARGA Y ENCONADA.
Otro impulso para el Ejército Rojo a partir de 1942 fue la mejora en su armamento. Los tanques medios T-34 de 26 toneladas, por ejemplo, se producían en mayores cantidades. Estos tanques eran superiores en potencia de fuego, blindaje y movilidad a cualquier otro que desplegaran los ejércitos del Eje, y podían resistir la mayoría de los cañones antitanque. Otra arma soviética muy efectiva fue el lanzacohetes BM-13 Katyusha, conocido como el «Órgano de Stalin». Montado sobre un camión, este arma podía disparar rápidamente 16 cohetes de combustible sólido de 132 mm. El problema era fabricar suficientes de estas armas y entregarlas donde más se necesitaban.
La contraofensiva soviética comenzó en enero de 1942 cuando el mejor general de Stalin, Gueorgui Zhúkov (1896-1974), organizó una ofensiva para empujar a los invasores lejos de Moscú. El Ejército Rojo se endureció con castigos impuestos a aquellos que no combatían según lo requerido. Stalin incluso ordenó que los desertores fueran ejecutados sumariamente. Los soviéticos también estaban aprendiendo del enemigo; por ejemplo, comenzaron a utilizar mejor sus tanques en grupos más grandes y efectivos. El Ejército Rojo empujó a las fuerzas del Eje a unos 280 km (175 millas) de Moscú.
La guerra germano-soviética se había convertido en una guerra de desgaste. Los ejércitos del Eje sufrían pérdidas de hombres y material que no podían sostenerse a largo plazo. Incluso cuando ganaban batallas, como hicieron los ejércitos del Eje en Crimea en el verano de 1942, las pérdidas eran irreemplazables. La URSS, por otro lado, podía recurrir a muchos más recursos que los invasores. En 1942, Alemania produjo 15.409 aviones y 9.200 tanques, frente a los 25.436 y 24.446 de la URSS, respectivamente (Stahel, 442). Además, la URSS recibió ayuda del programa de Préstamo y Arrendamiento de EE. UU., que brindó una ayuda equivalente a alrededor del 7% de la producción industrial soviética. A finales de 1942, la decisión de Hitler de invadir la URSS parecía una auténtica locura. Puede que el Ejército Rojo fuera un cachorro en 1941, pero se había convertido en un tigre temible un año después.
Ninguna guerra está libre de brutalidad, pero el conflicto germano-soviético fue peor que la mayoría. A los soldados alemanes se les había dado libertad para fusilar a los oficiales políticos (commissars) capturados del Ejército Rojo y cometer atrocidades contra civiles soviéticos. Los escuadrones de la muerte, los Einsatzgruppen, ejecutaban a judíos y eslavos a medida que la línea del frente del Eje avanzaba. Algunos historiadores han sugerido que si Hitler hubiera desarrollado una actitud más compasiva hacia los pueblos que conquistó, estos podrían haberlo ayudado en su lucha contra Stalin. Tal como fueron las cosas, la brutalidad no trajo más que odio.
Las áreas ocupadas por los nazis fueron sometidas a los mismos terrores que se habían visto en otras zonas ocupadas. La Gestapo, la policía secreta nazi, se instaló pronto. A veces, pueblos enteros eran destruidos y sus residentes fusilados si los nazis creían que habían apoyado a los partisanos. A los judíos que no ejecutaban inmediatamente los concentraban en guetos para transportarlos después, junto con otros como el pueblo romaní, a campos de concentración y exterminio como Auschwitz, donde asesinaron a millones en las cámaras de gas. El plan de Hitler para los territorios ocupados era «Primero, dominarlo; segundo, administrarlo; tercero, explotarlo» (Shirer, 941).
El Ejército Rojo fue igualmente culpable de crímenes de guerra, ya que los fundamentos de los Convenios de Ginebra a menudo se ignoraron por completo y los prisioneros de guerra fueron maltratados: menos de uno de cada diez prisioneros del Eje regresó a su hogar después de la guerra. Un círculo vicioso de actos de venganza marcó el conflicto. Incluso la liberación no acabó con el potencial de atrocidades. Muchos civiles soviéticos fueron ahorcados públicamente por sus libertadores, acusados de colaborar con el enemigo.
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La enorme batalla de Stalingrado, librada entre julio de 1942 y febrero de 1943, se convirtió en un símbolo del frente oriental, con sus horrores, su escala gigantesca y su futilidad. La pérdida de Stalingrado resultó en la destrucción de todo el Sexto Ejército alemán y la rendición de 91.000 tropas, incluido el mariscal de campo Friedrich Paulus (1890-1957). Los ejércitos no alemanes del Eje también sufrieron grandes pérdidas. Italia perdió 110.000 hombres (muertos o heridos), Hungría 143.000 y Rumanía 160.000. Estos países aliados no podían reemplazar tales pérdidas. Esta fue una de las mayores victorias de la URSS en la Segunda Guerra Mundial y los ejércitos de Hitler nunca se recuperaron ni psicológica ni materialmente; a partir de entonces libraron una guerra defensiva en retirada. Dos millones de civiles murieron en Stalingrado, y Stalin otorgó oficialmente a la ciudad el estatus de «Heroica». La marea de la guerra germano-soviética había cambiado definitivamente.
Más victorias del Ejército Rojo
El desastre en Stalingrado, y la campaña del Eje en general, no se vieron favorecidos por la negativa de Hitler a permitir cualquier retirada, por lo que los generales en el campo terminaron obligados a rendirse en lugar de retirarse y reagruparse. Hitler se vio obligado, además, a desviar millones de tropas del Eje para enfrentar la invasión de Italia por los Aliados occidentales desde julio de 1943 y el Desembarco de Normandía en junio de 1944. Luchar en dos frentes era algo para lo que Alemania simplemente no tenía capacidad para llevar a cabo con éxito a largo plazo.
En 1943, Hitler todavía podía desplegar 3 millones de tropas en el Frente Oriental, pero Stalin tenía 6,6 millones a su disposición (Dear, 347). El Ejército Rojo ganó la batalla de Kursk en el verano de 1943. Con más de 6.000 tanques, esta fue la mayor batalla de tanques de la historia y otro drenaje masivo para los recursos cada vez más escasos de Hitler. Los soviéticos ahora avanzaban a lo largo de un enorme frente, expulsando a los invasores del territorio soviético. Smolensk fue liberada en septiembre. En los meses de invierno de 1943-44, las fuerzas del Eje fueron expulsadas de Ucrania. En enero de 1944, Leningrado fue finalmente liberada. En el verano de 1944 y durante la Operación Bagratión, donde el Ejército Rojo desplegó alrededor de 2,4 millones de tropas, 5.200 tanques y 5.300 aviones, el Grupo de Ejércitos Centro del Eje fue destruido. La propia Rusia habia sido liberada de invasores. El Ejército Rojo pronto se estableció en el este de Polonia y avanzaba hacia Lituania, amenazando a la propia Alemania. En agosto de 1944, Rumanía, aliada del Eje, se rindió. En diciembre, el Ejército Rojo asedió Budapest. Los defensores se habían convertido en invasores.
Los ejércitos de Hitler habían avanzado más de 2.000 km (1.240 millas) dentro de la URSS desde el inicio de la guerra, pero finalmente fueron empujados de vuelta a la propia Alemania. En enero de 1945, los soviéticos lanzaron la mayor ofensiva concentrada en un solo lugar de toda la guerra. El objetivo era Berlín. El Ejército Rojo tenía una ventaja de aproximadamente 10:1 en tropas para este empuje final. Llegaron a Viena en abril. En el otro frente occidental, los ejércitos británico y estadounidense habían cruzado el Rin el mes anterior. Mientras la atención comenzaba a centrarse en quién controlaría qué en la Europa de la posguerra, los Aliados competían entre sí para ver quién capturaría Berlín primero.
Berlín tenía varios círculos concéntricos de defensas, el exterior a unos 32 km (20 millas) del centro de la ciudad. La defensa de la capital alemana, que involucró a alrededor de 400.000 tropas, incluso incorporó a las Juventudes Hitlerianas, ya que el führer pidió defender Berlín hasta el último hombre (o niño) y la última bala, pero todo fue en vano. Se formaron tres frentes soviéticos, un total de 2,5 millones de soldados, 6.250 vehículos blindados, 10.400 cañones y 7.500 aviones, para aplastar el corazón del Tercer Reich. Berlín ya había sufrido graves daños durante una campaña sostenida de bombardeos aliados. En tierra, los suburbios de la capital fueron alcanzados el 25 de abril. Los combates continuaron calle por calle, siendo las tropas que ocupaban las estaciones de metro y los canales las que más resistieron, pero la caída de Berlín era solo cuestión de tiempo. La bandera de la URSS fue izada sobre el Reichstag, el edificio del Parlamento alemán, el 30 de abril. Hitler se suicidó en su búnker de Berlín ese mismo día. El 2 de mayo, la guarnición de Berlín se rindió. Innumerables civiles sufrieron entonces el saqueo de sus propiedades, violaciones y asesinatos, ya que los soldados del Ejército Rojo recibieron tres días para hacer lo que quisieran con el conquistado y odiado enemigo. Alemania se rindió formalmente el 7 de mayo.
La URSS había ganado la guerra germano-soviética, pero el costo pagado fue terrible. El conflicto representó al menos 25 millones de muertes, militares y civiles, quizás la mitad del total de muertos de la Segunda Guerra Mundial. Más de 8 millones de soldados del Ejército Rojo murieron durante la Segunda Guerra Mundial. Otros 5,7 millones de soldados del Ejército Rojo fueron capturados durante la guerra, y 3,3 millones de ellos murieron en cautiverio (Rees, 57). «1.710 ciudades y 70.000 pueblos fueron borrados parcial o completamente» (Fowler, 215). Stalin supervisó un enorme desfile de la victoria en la Plaza Roja de Moscú el 24 de junio de 1945.
El legado de la guerra germano-soviética ha perdurado. La URSS estaba decidida a no permitir que una invasión así desde Occidente volviera a ocurrir, por lo que remodeló Europa central y oriental con ese fin. Se levantó un «telón de acero» entre Este y Oeste, con Alemania dividida en el medio. Puede que el telón de la división se retirara en la década de 1990, pero, incluso hoy, la sospecha mutua sobre futuras motivaciones y ambiciones continúa influyendo en la geopolítica del continente.
Profesor y traductor de inglés y ruso. Me encanta la historia, el arte y la filosofía. Al traducir artículos puedo ayudar a acceder al conocimiento para entender mejor el mundo y tomar buenas decisiones.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 30 abril 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.