El Boeing B-29 Superfortress (superfortaleza) fue un bombardero cuatrimotor de largo alcance de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Clasificada como la más grande de las aeronaves de este tipo empleadas en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), a partir del verano de 1944 se utilizó para atacar objetivos japoneses. En agosto de 1945 los B-29 nombrados Enola Gay y Bockscar dejaron caer sendas bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, acción que precipitó el desenlace del conflicto.
Desarrollo
Durante el decenio de 1930, el Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos, USAAC (United States Army Air Corps), necesitaba un bombardero estratégico de largo alcance capaz de golpear objetivos enemigos ubicados a miles de kilómetros de su base. Uno de los obstáculos a vencer para materializar una aeronave así era contar con motores de suficiente potencia para alcanzar ese propósito. El proyecto de diseño y construcción de un bombardero de precisión de largo alcance y alto techo de vuelo, conocido como VLR (Very Long Range), cobró impulso tras la invasión de Polonia en 1939 y el subsiguiente estallido de la Segunda Guerra Mundial. En enero de 1940 se encomendó el diseño del bombardero VLR a cinco fabricantes de naves aéreas. Cuatro compañías presentaron propuestas de diseño: Consolidated, Douglas, Lockheed y Boeing. Tras el posterior retiro de dos de ellas, Consolidated y Boeing firmaron contratos en septiembre de 1940 y por último, cada empresa fabricó tres prototipos del avión. Los planes de construcción de Boeing estaban más avanzados debido a que con anterioridad ya había trabajado en la introducción de modificaciones al diseño original del B-17 Flying Fortress (fortaleza volante). Boeing recibió un pedido de 1.500 VLR y prometió que las aeronaves estarían listas en un plazo de tres años.
El B-29 Superfortress fue la aeronave más grande construida durante la Segunda Guerra Mundial.
El ataque efectuado por Japón a la base de la flota naval de los Estados Unidos en el Pacífico, ubicada en Pearl Harbor, Hawaii, el 7 de diciembre de 1941, elevó a una prioridad inmediata la necesidad de disponer de aviones VLR en el vasto escenario del Océano Pacífico. El prototipo inicial de VLR construido por Boeing, designado XB-29, voló el 21 de septiembre de 1942. La nave se diseñó con unas alas enormes para facilitar su aterrizaje a baja velocidad y un tren de aterrizaje tipo triciclo capaz de sostener su colosal peso. A partir de junio de 1943 comenzaron a volar 14 aviones de prueba, construidos en cuatro plantas principales: Renton, Wichita, Marietta y Omaha. Boeing, Bell y Martin, eran apenas tres de los varios miles de empresas importantes involucradas en la provisión de componentes y el ensamblaje de secciones. La construcción del B-29 «fue el mayor proyecto de fabricación de aeronaves emprendido por los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial» (Mondey, 29). Además, fue el más costoso. Los bombarderos B-29 comenzaron a entregarse a las bases aéreas estadounidenses a partir del otoño de 1943.
El tamaño del B-29 Superfortress exigía que se operara por una dotación de 11 tripulantes, cantidad que podía reducirse en caso de considerarse innecesaria la participación de artilleros en determinadas misiones. La nave contaba con cuatro motores radiales Wright Cyclone, cada uno con dos turbocargadores General Electric y capaces de generar 2.200-2.800 HP. Los enormes motores proporcionaban al avión una potencia superior a la de cualquier otro avión de la época. Esta potencia era la necesaria para posibilitar el despegue del B-29 con su carga máxima, que alcanzaba un total de 60 toneladas. La extensión de las alas era de más de 43 metros (141 pies), y la longitud del fuselaje era de 30,18 metros (99 pies). El diámetro de cada una de las gigantescas hélices medía 5,05 metros (16 pies y 7 pulgadas).
Las innovaciones incorporadas al avión comprendían compartimentos presurizados para la tripulación, entre ellos la cabina del piloto, la unidad de alojamiento, el túnel de comunicación entre ambas áreas y la torreta de la ametralladora trasera. Otra novedad era el control centralizado de la artillería del avión. El B-29 contaba con asientos confortables, literas para descansar e incluso una pequeña cocina, dada la prolongada duración de los vuelos que se esperaba que la tripulación realizara.
El diseño del B-29 se concibió con la característica de poder operar en el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, donde había vastas distancias que separaban los frentes de batalla y sus objetivos. La aeronave podía volar a una altura de más de 10.058 metros (33.000 pies), y según el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, alcanzaba una velocidad máxima de 574 km/h (357 mph), libre de carga. Era capaz de transportar un máximo de 9.072 kg (20.000 libras) de artefactos explosivos en forma de bombas de 227 kg (500 libras), distribuidas, por ejemplo, en dos compartimentos. El alcance del avión era de 8.046 km (5.000 millas) cargado con una modesta cantidad de bombas de peso equivalente a 907 kg (2.000 libras), aunque en vuelos a gran altura la coincidencia u oposición de la dirección de los vientos respecto al rumbo de la nave afectaba de manera significativa la autonomía.
El B-29 contaba con un formidable arsenal de armas defensivas. Disponía de dos torretas de ametralladora en el fuselaje superior y dos en el inferior, cada una con ametralladoras gemelas de 12,7 mm (0,5 pulgadas), aunque algunas versiones contaban con cuatro ametralladoras en la torreta superior delantera. En línea con cada una de las dos torretas superiores y separadas de ellas sobresalía una cúpula transparente de observación destinada a facilitar la calibración de la puntería. En la cola se encontraba otro puesto de artillería, con una ametralladora de dos cañones de 12,7 mm, a la que en ocasiones se añadía un cañón de 20 milímetros. Cada ametralladora podía disparar 1.000 cartuchos. El modelo especial B-29A también contaba con una torreta frontal con espacio para instalar cuatro ametralladoras. Este armamento se controlaba de manera remota por un solo tripulante, el responsable del control de tiro, desde un asiento elevado apodado «el sillón del barbero».
el grupo de las Marianas albergó a los escuadrones de B-29 Tras su captura por las fuerzas estadounidenses en agosto de 1944.
Muchas tripulaciones personalizaban sus B-29 con grandes y coloridos nombres e imágenes pintadas justo detrás de las ventanillas laterales del piloto. Las versiones más populares exhibían nombres de muchachas y dibujos de modelos de estilo similar a los de ilustraciones tipo póster. Algunos ejemplos de estos nombres son Supine Sue (Sue supina), Horizontal Dream (Sueño horizontal), Dauntless Dotty (Dotty la intrépida), Battlin Betty III (Betty III la combatiente) y Overexposed (Sobreexpuesta).
Operaciones
Los primeros B-29 Superfortress que entraron en operación se asignaron a la recién creada 20.° Fuerza Aérea. Estos bombarderos se enviaron al teatro de operaciones del Pacífico en abril de 1944, en específico a bases ubicadas en China, desde donde podían atacar el Japón continental. La construcción de los extensos campos de aterrizaje que necesitaban las gigantescas naves aéreas se llevó a cabo con la ayuda de obreros chinos reclutados para esa tarea. Al final, se construyeron cuatro pistas en la región de Chengtu, en la provincia de Sichuan. Los suministros tuvieron que trasladarse por aire desde la India, ruta que obligaba a sobrevolar las cumbres del Himalaya. Durante el verano de 1944 los B-29 con base en China bombardearon objetivos como la Fábrica Imperial de Hierro y Acero de Yawata, en Kyushu. Sin embargo, las dificultades logísticas asociadas a la recepción de material desde la India y las grandes distancias involucradas impidieron que estas incursiones debilitaran con eficacia la maquinaria bélica nipona, como se explica en el Diccionario Oxford de la Segunda Guerra Mundial (The Oxford Companion to World War II):
Las incursiones con base en China… demostraron tener un valor limitado. De casi 50 ataques con B-29 lanzados desde China en 1944 y principios de 1945, solo nueve impactaron Japón; estas y otras misiones contra objetivos en Manchukuo, Corea, China y Formosa, así como en el sureste de Asia, causaron escasos daños estratégicos. Proporcionaron una valiosa experiencia a las tripulaciones de los bombarderos, pero, por lo demás, apenas justificaron su costo y esfuerzo. (840)
Se necesitaban bases más cercanas al propio Japón. A medida que la guerra del Pacífico evolucionaba a favor de los Estados Unidos, la captura de islas ubicadas en posiciones estratégicas permitió utilizarlas como aeródromos. El archipiélago de las Marianas, que incluía las islas de Saipán, Tinián y Guam, albergó escuadrones de B-29 a partir de 1944, año en que fueron capturadas por las fuerzas estadounidenses. Saipán, la isla más cercana a Japón, localizada a unos 1.930 kilómetros (1.200 millas) de Tokio, pasó a ser la base principal de los bombarderos estratégicos estadounidenses desde octubre de 1944. El 24 de noviembre de ese mismo año despegó por primera vez de las Marianas un grupo de 80 B-29 Superfortress para atacar una planta de fabricación de aeronaves en Tokio.
A diferencia del propósito original para el que fueron diseñados, el de efectuar bombardeos de precisión a gran altura, la mayoría de los B-29 desplegados a partir de febrero de 1945 se emplearon en incursiones que volaban a baja altura para lanzar explosivos incendiarios sobre las ciudades japonesas. Los bombardeos realizados desde gran altura confrontaban problemas de precisión por causa de los fuertes vientos de las corrientes en chorro, y además, los operadores de las miras de bombardeo necesitaban luz diurna para apuntar; en consecuencia, las naves quedaban expuestas a los ataques de los cazas japoneses. El análisis de los efectos de los bombardeos incendiarios de Alemania realizados por los aliados como los de la Operación Gomorra contra Hamburgo en agosto de 1943, impulsó a la Fuerza Aérea de los Estados a adoptar tácticas idénticas en Japón. El empleo de bombas incendiarias provocó una enorme devastación en la arquitectura de madera de gran combustibilidad predominante en las ciudades japonesas. Estas misiones eran nocturnas y se realizaban desde alturas consideradas bajas, de alrededor de 1.830 metros (6.000 pies), a menudo con dispositivos de napalm que esparcían fuego al explotar. Las misiones a baja altura, junto con la decisión de suprimir las dotaciones artilleras, permitieron incrementar la carga de explosivos portados por los B-29.
En horas de la noche del 9 de marzo de 1945 se llevó a cabo un asalto de gran envergadura contra Tokio: 334 bombarderos alzaron vuelo desde Guam, Saipán y Tinián y destruyeron más de un millón de hogares en la capital de Japón. El ataque y la resultante tormenta de fuego ocasionaron más de 87.000 muertes y alrededor de 41.000 heridos (Neillands, 378). Nagoya, Kobe, Kawasaki, Osaka y Yokohama también sufrieron bombardeos incendiarios indiscriminados. En varias ocasiones 500 B-29 participaron en ataques simultáneos a estas ciudades. El hostigamiento comprendió otras 60 ciudades menores, que de manera alternada fueron objeto de bombardeos incendiarios indiscriminados y de ataques de precisión contra blancos industriales y militares específicos.
En total, los B-29 «arrojaron unas 160.000 toneladas de bombas sobre objetivos japoneses» (Mondey, 32) durante la Segunda Guerra Mundial. Los bombardeos estadounidenses causaron al menos 800.000 bajas civiles, de ellas 300.000 muertos, y dejaron sin hogar a 8.5 millones de personas. Empero, el Gobierno japonés, dominado por los militares, continuó luchando con la esperanza de que Japón, ante la perspectiva de una inminente invasión estadounidense, infligiera al enemigo una cantidad tan elevada de bajas que le permitiera negociar un armisticio en condiciones más ventajosas.
Los B-29 desempeñaron otras funciones además del bombardeo de ciudades, entre ellas el apoyo a asaltos anfibios como el de Okinawa, en abril de 1945. Con el aumento del número de islas del Pacífico capturadas por los Estados Unidos, entre ellas Iwo Jima en marzo de 1945, se hizo posible que aviones caza P-51 Mustang (potro)y otros escoltaran a los bombarderos pesados, lo cual redujo la tasa de bajas de los B-29 a menos del 5%, considerada aceptable por el mando militar. En adición a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, la Real Fuerza Aérea británica (RAF) y la Real Fuerza Aérea de Australia también utilizaron estos aparatos. De todas estas aeronaves, dos bombarderos, en particular, cobrarían notoriedad por lanzar una nueva y devastadora arma y por lograr lo que ninguna de las incursiones anteriores había podido hacer: poner fin a la Segunda Guerra Mundial.
Las bombas atómicas
Los aliados habían logrado la victoria en Europa tras la rendición de la Alemania nazi en mayo de 1945, pero Japón seguía luchando. En específico, los Estados Unidos estaban ansiosos por terminar la campaña del Pacífico lo antes posible y minimizar las bajas ocasionadas durante la retirada isla por isla de las fuerzas japonesas, cuestión que con frecuencia iba acompañada de combates a muerte que infligían grandes pérdidas al vencedor. Además de estas razones «oficiales», el lanzamiento de una nueva y terrible arma atómica sería en extremo útil en relación con la inevitable reconfiguración geopolítica que se produciría en Europa, Asia Oriental y otras regiones al concluir la guerra. Asimismo, demostraría, en particular a la Unión Soviética, la magnitud del poderío militar de Estados Unidos.
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Dos bombarderos B-29 del 393.° Escuadrón de Bombardeo se seleccionaron para que portaran sendas bombas atómicas destinadas a atacar dos importantes ciudades japonesas con golpes tan devastadores que el Gobierno militar se vería obligado a rendirse. El Enola Gay dejaría caer una bomba atómica sobre Hiroshima, mientras el Bockscar lo haría sobre Nagasaki. Ambos aviones despegaron de Tinián y lanzarían sus bombas en paracaídas con el objetivo de que detonaran a una altura de unos 500 metros del suelo (1.625 pies).
El Enola Gay, bautizado con el nombre de la madre del comandante de grupo y piloto, el coronel Paul Tibbets, llevaba una bomba de uranio 235 apodada Little Boy, en honor al Presidente Franklin D. Roosevelt (1882-1945). La bomba medía tres metros de largo (9 pies 9 pulgadas), pesaba casi 3.600 kg (8.000 libras), y su poder destructivo equivalía al de una explosión de 12.500 toneladas de TNT. El ataque a Hiroshima se llevó a cabo el 6 de agosto de 1945. El observador oficial británico Geoffrey Leonard Cheshire, que viajaba en otra aeronave que volaba junto al Enola Gay, recuerda:
El destello iluminó la cabina en el momento en que lo vi por primera vez; parecía una bola de fuego, pero la llamarada se apagó con rapidez y se convirtió en una nube turbulenta, hirviente y burbujeante que crecía sin cesar y se disparaba hacia arriba; creo que en dos o tres minutos se encontraba a 18.000 metros de altura (60.000 pies). (IWM)
Aunque los cálculos varían, se estima que unas 140.000 personas podrían haber muerto en el ataque, dado que más de 13 kilómetros cuadrados (5 millas cuadradas) de la ciudad habían quedado reducidos a cenizas.
Bockscar, llamado así por el nombre de su piloto comandante, el capitán Frederick Bock, transportaba una bomba mucho más potente de uranio 239 apodada Fat Man, en honor al corpulento primer ministro británico Winston Churchill (1874-1965). La longitud del dispositivo era de 3,5 metros (11 pies 4 pulgadas), pesaba más de 4.000 kg (9.000 libras), y su potencia equivalía a la de una explosión de 22 kilotoneladas de TNT. El ataque a Nagasaki se efectuó el 9 de agosto. La bomba mató a alrededor de 74.000 personas, lesionó a otras 75.000 y redujo a cenizas cerca de 6,7 kilómetros cuadrados (2,6 millas cuadradas) de la ciudad. Los sobrevivientes de ambos ataques atómicos sufrieron durante el resto de sus vidas los efectos negativos de las radiaciones a las que fueron expuestos. El emperador Hirohito (1901-1989), declaró la capitulación de Japón el 15 de agosto de 1945.
Fin del servicio
Los bombarderos B-29 continuaron en servicio, en particular durante la guerra de Corea (1950-1953); además, otros fueron convertidos en aviones cisterna y se utilizaron en misiones de transporte de combustible para otras aeronaves. En total, se fabricaron 3.930 B-29 (Dear, 114), hasta que a finales de 1960 se retiró de servicio activo la última aeronave. Sin duda, el bombardero había impresionado por igual a amigos y enemigos. Durante el verano de 1944, tres B-29 se vieron obligados a realizar aterrizajes de emergencia en territorio soviético; este hecho permitió que ingenieros de la URSS aplicaran ingeniería inversa a los aparatos y crearan el Tupolev Tu-4, una copia casi idéntica del modelo estadounidense.
Con posterioridad, el B-29 fue reemplazado por otros bombarderos más grandes y avanzados, como el Boeing B-50 Superfortress, el Convair B-36 Pacifier (pacificador), y el Boeing B-47 Stratojet (reactor estratosférico). Dos B-29, el Fifi y el Doc aún se mantienen en condiciones de vuelo, y en ocasiones participan en exhibiciones aéreas. El Bockscar se exhibe en la actualidad en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en Dayton, Ohio, mientras que el Enola Gay se muestra en el Centro Steven F. Udvar-Hazy Center del Museo Nacional del Aire y del Espacio en Chantilly, Virginia.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 03 marzo 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.