Edmond Halley (1656-1742) fue un astrónomo, matemático y cartógrafo inglés. El cometa Halley lleva su nombre porque fue él quien predijo con precisión su regreso en 1758. Halley, uno de los primeros científicos trotamundos, dirigió varias expediciones marítimas a lugares remotos para recopilar datos fiables sobre el campo magnético terrestre. También inventó un traje de buceo y fue pionero en la creación de una campana de buceo funcional.
Primeros años
Edmond Halley (también escrito Edmund) nació cerca de Londres el 8 de noviembre de 1656. La familia Halley obtuvo su riqueza gracias a sus intereses comerciales en la capital. Edmond asistió al Queen's College de Oxford a partir de 1673, pero nunca llegó a completar la carrera, ya que, a finales de 1676, decidió dedicarse a viajar por el mundo. Había estado interesado en la ciencia desde muy joven y mantenía una correspondencia regular con el astrónomo real John Flamsteed (fallecido en 1719). Halley tenía solo 19 años cuando envió su primer trabajo de investigación a la Royal Society, un trabajo que examinaba cómo calcular las órbitas de los planetas. Fue su enfoque práctico para obtener datos de lugares remotos lo que le consolidó como uno de los científicos más destacados de la Revolución Científica.
Para estudiar los cuerpos celestes hacían falta observatorios. El Observatorio de Greenwich se fundó en 1675 y Halley trabajó allí durante un tiempo, pero se necesitaban muchos más puestos de observación, preferiblemente en lugares muy diferentes, para poder comparar las lecturas y hacerlas más precisas. Además, las estrellas del sur eran mucho menos conocidas que las del norte, observadas por los astrónomos de Greenwich. En consecuencia, Halley se marchó a la isla de Santa Elena, en el sur del Atlántico, a donde llegó en 1677. La expedición estaba financiada por la tesorería inglesa y la Compañía de las Indias Orientales (EIC) proporcionó un barco. La pequeña isla volcánica de Santa Elena, entonces propiedad de la EIC, era el único territorio británico en el hemisferio sur. En una época de imperio y comercio global en crecimiento, tanto la tesorería como la EIC estaban muy interesadas en mejorar la precisión de la navegación. Además, la expedición contó con el apoyo de Carlos II de Inglaterra (que reinó de 1660-1685).
Halley publicó su obra sobre Santa Elena en 1678 y, gracias a ella, fue nombrado miembro de la Royal Society.
Halley estableció un observatorio en Santa Elena y procedió a realizar observaciones durante un período de dos meses. La infame capacidad de la isla para atraer nubes no ayudó, pero se tomaron suficientes lecturas como para poder elaborar el primer mapa de las estrellas del hemisferio sur basado en observaciones realizadas con telescopio. El mapa estableció la posición de 341 estrellas. Otros trabajos destacados en Santa Elena fueron las lecturas de Halley de la presión atmosférica utilizando un barómetro de mercurio, una observación detallada de un eclipse lunar total y una rara observación del tránsito de Mercurio por delante del Sol. En un ejemplo de la cooperación cada vez más frecuente entre científicos internacionales, estas últimas lecturas se compararon posteriormente con las realizadas por astrónomos franceses que observaron el mismo fenómeno desde Aviñón. Halley publicó su obra sobre Santa Elena en 1678 y, gracias a ella, fue nombrado miembro de la Royal Society a la temprana edad de 22 años. La carrera científica de Halley había despegado e, igual que una supernova, brillaría durante mucho tiempo.
El ateísmo declarado de Halley no pareció ser un obstáculo para su progreso en la sociedad, ya que más tarde se convirtió en miembro de su consejo y fue nombrado secretario en 1686. Otra área de indiferencia para Halley era la política, y en estos dos aspectos se parecía mucho a un científico moderno: dispuesto a continuar su investigación en cualquier parte del mundo donde se considerara necesario, sin lealtad particular a nada excepto a la verdad científica.
Cuando llegó 1758 y con él el cometa de 1682, Halley vio confirmada su atrevida predicción.
Halley en Danzig
En 1679, Halley visitó el observatorio de Danzig (Gdańsk) e intercambió notas con el célebre astrónomo Johannes Hevelius (1611-1687). La Royal Society lo había enviado allí, perotenía pocas expectativas, ya que Hevelius era uno de los últimos dinosaurios de la astronomía, que aún no utilizaba miras telescópicas en sus instrumentos a pesar de que Galileo Galilei (1564-1642) había perfeccionado el telescopio ya en 1608 y luego lo había mejorado con dispositivos de medición de la vista. Aun así, Hevelius había hecho varios descubrimientos importantes en su larga carrera y tenía el honor de ser el primer miembro extranjero de la Royal Society. La sociedad había enviado a Halley a Danzig para intentar convencer a Hevelius de que usara los instrumentos más modernos, pero Halley se llevó una grata sorpresa cuando, sirviéndose de su propio telescopio, comprobó que las lecturas de Hevelius eran muy precisas. Halley regresó a casa, pero se detuvo en París para comparar aún más observaciones astronómicas, esta vez con Giovanni Domenico Cassini (1625-1712), famoso por haber identificado los espacios en los anillos de Saturno unos años antes.
Halley estaba muy interesado en los cometas, que en el pasado se consideraban presagios de desastres inminentes. En 1682 se observó un cometa brillante. Halley, al investigar el asunto unos 13 años más tarde, se dio cuenta de que, dada la similitud de las descripciones de los astrónomos del pasado, se trataba del mismo cometa que se había observado en 1607 y 1531. Esta era una idea nueva para Europa, pero los astrónomos chinos sabían desde hacía mucho tiempo que los cometas siguen una órbita fija y, por lo tanto, regresan periódicamente. El astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) había presentado en 1609 la teoría de que los planetas se mueven alrededor del Sol en una órbita elíptica. Halley sugirió que los cometas hacían lo mismo. Con esto, predijo la trayectoria de este cometa de 1682, lo que significaba que volvería a ser visible en el cielo nocturno en 1758 y, a partir de entonces, cada 75 años aproximadamente. Publicó esta predicción en su obra de 1705 Synopsis of the Astronomy of Comets (Sinopsis de la astronomía de los cometas), que abarcaba muchos otros cometas con registros observacionales. Halley revisó entonces su predicción en 1717 para finales de 1758 o principios de 1759. Cuando llegó 1758 y con él el cometa (precisamente el día de Navidad), se confirmó la audaz predicción de Halley, que para entonces ya había fallecido. El cometa recibió el nombre de Halley en reconocimiento a sus logros matemáticos. El cometa Halley se vio por última vez en 1986 y volverá a aparecer en nuestros cielos nocturnos en 2061.
Halley y sus contemporáneos de la Royal Society habían reflexionado durante mucho tiempo sobre lo que podría suceder si un cometa chocara contra la Tierra. Se especuló que historias como el Gran Diluvio de la Biblia podrían haber sido causadas por el impacto de un cometa. En esta categoría, había otro cometa que preocupaba a Halley, el avistado en 1680, que era mucho más brillante y, por lo tanto, más grande que el «cometa Halley». Tanto Isaac Newton (1642-1727) como Halley coincidían en que este cometa, cuya órbita era mucho más grande que la del cometa de Halley, volvería a pasar cerca de la Tierra en 575 años (en 2255). Además, ambos científicos creían que el cometa se dirigía hacia una colisión con el Sol. Newton escribió: «Quizás tenga primero cinco o seis revoluciones más, pero cuando lo haga, aumentará tanto el calor del sol que la Tierra se quemará y ningún animal podrá vivir en ella» (Jardine, 40). Galileo había observado con atención las manchas solares, y lo que estos astrónomos temían era la creación de una grande por parte de este cometa.
Otros trabajos: Newton, la navegación y la estadística
En 1684, Halley ayudó a Newton en su investigación sobre la gravedad. Animó a su buen amigo a publicar sus hallazgos, editando el texto y proporcionando el dinero para imprimir los Principios matemáticos de la filosofía natural (Philosophiae Naturalis Principia Mathematica) de Newton en 1687. También se dedicó a otras áreas, compilando tablas estadísticas que registraban las tasas de mortalidad en la ciudad de Beslavia (Wrocław en polaco) en 1693, un precursor útil para el análisis de la población, en particular para las compañías de seguros de vida. Diseñó el primer traje de buceo en aguas profundas (que él mismo probó) y diseñó una campana de buceo para ayudar a recuperar los tesoros hundidos de los naufragios (especialmente los españoles). El naufragio del que el propio Halley intentó rescatar mercancías fue el Guynie, que había pertenecido a la Royal African Company. El Guynie transportaba una gran cantidad de oro y marfil, pero se hundió frente a la costa de Sussex, Inglaterra, en 1691. Halley dedicó cinco años al proyecto de rescate, que tuvo resultados financieros indiferentes, pero al menos supuso un avance en la tecnología de buceo. Describió su campana de buceo en una reunión de la Royal Society, resumida aquí por L. Jardine:
La campana tenía cinco pies de diámetro en la parte inferior (donde estaba abierta), tres pies en la parte superior, con una ventana de cristal grueso y una pequeña válvula para dejar salir el aire viciado, y cinco pies de profundidad. Había un banco para que los buzos se sentaran, y dijo que había mantunido a tres hombres bajo el agua a 18 metros durante una hora y tres cuartos... Halley llevó aire a la campana en barriles reforzados.
(221)
Halley también ejerció durante un tiempo como subdirector de la Casa de la Moneda de Chester. Por último, Halley sentía curiosidad por los efectos del opio en la mente y llegó a convencerse de que le proporcionaba una mayor claridad de pensamiento. En 1690 presentó un artículo sobre su investigación sobre el opio a la Royal Society. Evidentemente, era una mezcla de científico clínico y marinero curtido ya que, entre sus otros vicios, señalados por su colega astrónomo John Flamsteed (1646-1719), se contaban el consumo excesivo de brandy, el tabaquismo y la tendencia a utilizar en la mesa un lenguaje tan soez como el que podría emplear un humilde marinero después de una circunnavegación particularmente difícil.
Halley siempre estuvo tratando de resolver el antiguo problema de la longitud, es decir, cómo determinar la longitud en un viaje largo antes de que se inventara un cronómetro fiable. Pensó que podría resolver el problema cartografiando las variaciones del campo magnético de la Tierra, con la idea de que, con esta información, un navegante podría controlar la brújula de su barco (su desviación del norte verdadero) y saber dónde se encontraba. Para compilar su carta magnética, necesitaba lecturas de lugares lejanos. Con el respaldo de la Royal Society y la Marina Real, el propio Halley escribió el ambicioso objetivo de la expedición: «esforzarse por obtener información completa sobre la naturaleza y la variación de la brújula en toda la Tierra, así como experimentar lo que se puede esperar de los diversos métodos propuestos para descubrir la longitud en el mar» (Jardine, 30).
En 1698, Halley cruzó el océano Atlántico en el barco Paramore, del que él mismo era capitán (sorprendentemente, no tenía ninguna cualificación para desempeñar esta función marítima). Este sería el primero de tres viajes transatlánticos que constituyeron el primero ejemplo de este tipo, ya que nunca antes la ciencia había sido el objetivo principal, sino que, por lo general, se trataba de comercio o descubrimiento territorial. Tomó cientos de lecturas a lo largo de la costa atlántica de América, a menudo en condiciones meteorológicas espantosas.
En 1700, reunió toda su investigación y finalmente publicó su mapa magnético del mundo, que abarcaba el océano Atlántico y parte del océano Pacífico, en el que las líneas «isogónicas» mostraban los lugares con la misma variación magnética. El mapa se exhibió con orgullo en la sala de reuniones de la Royal Society. Halley, siempre cartógrafo en ciernes, también elaboró mapas que representaban los vientos alisios y las mareas del canal de la Mancha. Por desgracia, el mapa magnético no borró el único defecto del sistema de navegación de Halley, que era la extrema dificultad para medir la declinación de una brújula. Peor aún, el campo magnético no es estable, por lo que la declinación de la brújula en un lugar concreto puede variar, incluso de un año a otro. Aun así, Halley tuvo el consuelo de que su trabajo sobre el magnetismo y la cartografía le valió una cátedra de geografía en la Universidad de Oxford en 1704 (en 1691 no logró la cátedra de astronomía, probablemente debido a su ateísmo).
Los viajes por el Atlántico también le valieron a Halley la distinción de haber «viajado más extensamente en busca de conocimientos científicos que cualquier otro científico importante de la Edad Moderna» (Burns, 127). En el transcurso de su incansable búsqueda de datos a lo largo de su carrera, Halley había cruzado el canal de la Mancha desde Cornualles hasta Kent y desde Bretaña hasta Calais. Había recorrido Francia, Italia y varias islas del Mediterráneo. Había visitado Europa Central desde La Haya hasta Bakar, en Croacia, y había visitado puertos atlánticos en América, desde Río de Janeiro hasta Terranova. Sin duda, se trataba de un nuevo tipo de científico.
En 1712, se produjo una gran conmoción en el mundo de la astronomía. Halley publicó los datos meticulosamente recopilados por John Flamsteed en forma de carta estelar. Flamsteed no se sentía preparado para publicar los datos y consideraba que se trataba de su propio trabajo, derivado de instrumentos que había financiado personalmente. Halley estaba impaciente por publicar los datos, ya que serían muy valiosos para los últimos estudios sobre la gravedad, y consideraba que Flamsteed era un funcionario público, por lo que, en este sentido, sus datos le pertenecían a todo el mundo. Halley publicó los hallazgos de Flamsteed. Newton se puso del lado de Halley en lo que se convirtió en una disputa amarga y sin resolver.
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En 1714, Halley se convirtió en editor de Philosophical Transactions, una revista estrechamente relacionada con la Royal Society. Bajo el control de Halley, la revista cambió su enfoque hacia las matemáticas y la astronomía. Como parte de su función en Oxford, Halley trabajó en el tema de los conos y en una edición de Cónicas del antiguo matemático griego Apolonio de Perga (en torno a 262 a alrededor de 190 a.C.). En 1715, predijo la proyección de una sombra sobre el sur de Inglaterra tras un eclipse solar; publicó un práctico mapa de este fenómeno y se apresuró a tranquilizar a la población asegurando que no se trataba de un presagio contra la nueva monarquía gobernante en Gran Bretaña, la Casa de Hannover, liderada por el rey Jorge I de Gran Bretaña (que reinó de 1714-1727).
Halley fue nombrado astrónomo real en 1720, irónicamente, en sustitución de su antiguo rival Flamsteed, que había fallecido a principios de ese año. En ese momento, reacondicionó el Observatorio de Greenwich con los equipos telescópicos más modernos y potentes. En su cargo, se esperaba que perfeccionara los mapas estelares existentes, tan vitales para el éxito de la navegación de la Marina Real.
Legado y muerte
Al final de su carrera, Halley había acumulado una serie de importantes descubrimientos, además de la órbita de su cometa. Descubrió la aceleración de la Luna, demostró que el trabajo del astrónomo árabe Al-Battani (en torno a 850-929 d.C.) era exacto, demostró que era posible medir la distancia entre la Tierra y el Sol observando y midiendo los tránsitos de Venus a través de este último cuerpo, observó el movimiento de las estrellas en relación entre sí (movimiento propio), además del fenómeno más conocido de su relación cambiante con la Tierra y, por último, apoyó la investigación en curso sobre el problema de la longitud, que finalmente se resolvió con el cronómetro marino de Harrison, inventado y construido por John Harrison (1693-1776). En 1729, recibió una invitación para convertirse en miembro de la prestigiosa Real Academia de Ciencias de Francia. Este nombramiento ilustra que Halley era quizás el más respetado de todos los científicos británicos fuera de Gran Bretaña.
Edmond Halley, una de las figuras más destacadas de la Revolución Científica, falleció el 14 de enero de 1742. Por supuesto, cada generación posterior recuerda su nombre y sus hazañas al servicio de la ciencia cuando su cometa pasa volando una vez en la vida (o dos si se tiene suerte) como un símbolo de cómo los cuerpos celestes avanzan implacablemente como péndulos que se rigen por una medida del tiempo diferente a la que concierne a la humanidad.
Edmond Halley es famoso por predecir de manera acertada que el cometa de 1682 regresaría en 1758, y que hoy en día lleva su nombre. Halley también viajó mucho haciendo mediciones astronómicas y magnéticas por todo el globo.
¿Qué inventó Edmond Halley?
Edmond Halley inventó el traje de buceo, un tipo de campana de buceo y un mapa que abarcaba las variaciones globales en el magnetismo.
¿Cuándo se podrá ver de nuevo el cometa Halley?
El cometa Halley, que lleva el nombre del astrónomo y cartógrafo inglés Edmond Halley, volverá a aparecer en 2061.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 29 septiembre 2023. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.