Homo habilis («hombre habilidoso») es una especie extinta de humano que vivió en África oriental y meridional entre hace 2,3 y 1,5 millones de años y desempeña un papel interesante en el debate sobre el origen del género Homo, que se cree que apareció por primera vez hace unos 2,5 millones de años.
A menudo se considera a Homo habilis como uno de los primeros miembros de nuestro género y, durante mucho tiempo, se lo solía representar como el ancestro de Homo erectus (y, por tanto, como un ancestro directo de nuestra propia especie). En la actualidad, esto está en discusión, y ha surgido un panorama mucho más complejo de los primeros días de Homo.Aún existe un gran debate sobre el lugar de Homo habilis dentro de este panorama.
En lo que respecta a Homo habilis (y a muchas otras especies en este período antiguo), el registro fósil fragmentario no ayuda; aunque contamos con una colección de cráneos y fragmentos de cráneos, solo se han desenterrado tres supuestos esqueletos poscraneales (debajo del cráneo), y están incompletos. Los restos exhiben una mezcolanza de características que en algunas partes se asemejan a Homo y, en otras, se parecen a las halladas en Australopithecus.
Lo que sí sabemos es que Homo habilis era totalmente bípedo, así como también un buen trepador y probablemente frecuente, con manos fuertes que moldeaban herramientas de piedra pertenecientes a la industria olduvayense.
Si bien la comunidad científica validó oficialmente el taxón Homohabilis, se ha cuestionado y criticado con frecuencia, una batalla que sigue en curso.
En 1964, el paleoantropólogo británico-keniano Louis Leakey y sus colegas describieron por primera vez a Homo habilis en un artículo que sacudió a la comunidad científica. Junto con su esposa Mary, Leakey había estado explorando la Garganta de Olduvai, en Tanzania, desde principios de la década de 1950 en busca de rastros de los primeros pasos de Homo, y ya había descubierto herramientas líticas antiguas de la industria que él denominó «olduvayense». A principios de los 60, su hijo Jonathan encontró varios fragmentos de cráneo y de mandíbula inferior, junto con algunos huesos de la mano, en el mismo lecho de fósiles donde se habían hallado las herramientas. Pronto descubrieron más restos, incluido un pie de adulto, un cráneo con la mandíbula inferior y superior, y un cráneo muy fragmentado con dientes.
Su veredicto fue que estos restos tenían un aspecto bastante «moderno»: parecían más cercanos al género Homo que a los otros homininos antiguos, como los australopitecinos. Argumentaron que, claramente, eran características de su fabricante de herramientas. Siguiendo la definición de Homo generalmente aceptada en esa época, el equipo sintió que los nuevos fósiles cumplían satisfactoriamente tres de los criterios principales: esta especie tenía una postura erguida, podía caminar de forma bípeda y contaba con la habilidad necesaria para crear herramientas líticas. Sin embargo, como el volumen de su cerebro era más pequeño que el de los miembros establecidos de Homo en ese momento, el equipo propuso relajar un poco el último criterio.
En su artículo de 1964, Leakey argumentó que se agregara la nueva especie al género Homo bajo el nombre Homo habilis (del latín, «habilidoso, hábil, capaz»). El anuncio marcó un punto decisivo en la paleoantropología, como lo describe Bernard Wood: «El lugar de búsqueda de los primeros humanos cambió de Asia a África, y empezó una controversia que perdura hasta el día de hoy» (2014).
Si bien la comunidad científica validó oficialmente el taxón Homo habilis, se ha cuestionado y criticado con frecuencia, una batalla que sigue en curso.
Los huesos de Homo habilis se han datado a entre 2,3 y 1,5 millones de años. De hecho, como se cree que el género Homo apareció por primera vez hace alrededor de 2,5 millones de años, Homo habilis está justo en esa cúspide interesante donde aborda directamente las preguntas acerca de lo que significa ser humano. Sin embargo, un factor que complica la comprensión de Homo habilis es que la evidencia es escasa: no se han descubierto todas las partes de su esqueleto. Su fémur, por ejemplo, es un misterio total.
Homo Habilis habría sido un excelente trepador, pero su esqueleto muestra que también habría sido capaz de caminar erguido.
Empezando desde arriba, el cráneo de Homo habilis, con una capacidad media de 640 cm³, es notablemente más grande que el de su primo Australopithecus (o tal vez su hermano, dependiendo de qué lado del debate de la clasificación se encuentren, como se verá a continuación). Sin embargo, el cerebro de Homo habilis es más pequeño que el de Homo erectus, el trotamundos exitoso que caminaba totalmente erguido y que se superponía parcialmente con Homo habilis, pero a quien sobrevivió por bastante tiempo. La frente de Homo habilis es más vertical que la de los australopitecinos y tiene arcos superciliares leves. Su mandíbula y sus dientes eran más delgados, o sutiles, que los de su contemporáneo, Homo rudolfensis, y más pequeños que los de la mayoría de los australopitecinos, pero en verdad tenían proporciones similares a los de Australopithecus africanus.
En el pasado, se utilizó el volumen cerebral como una especie de marcador de inteligencia, y fue una parte integral de la definición del género Homo. El hecho de que Homo habilis no alcance esa marca se volvió una crítica frecuente sobre su inclusión en Homo. Sin embargo, en la actualidad, se acepta ampliamente que el tamaño del cerebro es solo parte de la historia; la organización del cerebro, así como la dinámica grupal y el uso de herramientas, desempeñan todos una función importante para establecer de qué es capaz una especie. El descubrimiento en 2003 del Homo floresiensis de cuerpo pequeño (y, por tanto, de cerebro pequeño), apodado «el hobbit», y, en 2013, el de Homo naledi, también de cerebro pequeño, ilustran este argumento de forma eficiente.
Lamentablemente, no tenemos mucho material para desarrollar adecuadamente la forma del cuerpo o las manos y los pies de Homo habilis. Lo que sí tenemos exhibe una mezcolanza de características, donde algunas cosas nos recuerdan a Australopithecus, mientras que una gran cantidad se parece más a la observada en la especie Homo. Las manos de Homo habilis muestran que habría sido un excelente trepador, y es posible que lo hiciera con frecuencia (a diferencia de Homo erectus, por ejemplo), pero su esqueleto muestra que también habría sido capaz de caminar erguido, probablemente con más eficacia que Australopithecus afarensis o Australopithecus africanus pero no al mismo nivel que Homo erectus. Es evidente que la historia de Homo habilis está lejos de ser clara, y eso se refleja en la comunidad científica.
Esencialmente, el debate se centra en qué características se consideran como pertenecientes a Homo habilis. El segundo jugador y un factor que complica la situación es Homo rudolfensis, otra especie de antigüedad similar (entre hace 2,5 y 1,8 millones de años), que tenía dientes más grandes y robustos que Homo habilis, pero también podía caminar erguido. Algunos científicos argumentan que todos los primeros especímenes de Homo deberían combinarse en una sola especie y que las características que de otra manera los separarían en Homo habilis y Homo rudolfensis son simplemente parte de la variabilidad dentro de una especie. Otros (en esta época, la mayoría de los investigadores) sostienen la división entre Homo habilis y Homo rudolfensis, y algunos siguen indecisos sobre qué especímenes incluir en cada especie. Aun otros creen que Homo habilis y Homo rudolfensis deberían agregarse a Homo erectus.
Es difícil saber de qué especie puede haber evolucionado Homo habilis y hacia qué especie (si la hubo) evolucionó.
Cualquiera que sean sus preferencias, aquí la cuestión sigue siendo dónde encajan mejor estas especies en el árbol evolutivo.Homo es una opción que muchos científicos todavía parecen respaldar. Los científicos que no concuerdan con esto han sugerido agregar a Homo habilis y Homo rudolfensis a Australopithecus, pero eso acarrea su propio problema de ampliar la categoría de Australopithecus, lo que también la haría menos claramente definida. En las palabras del paleoantropólogo John Hawks: «¡Qué desastre es el Homo antiguo!» (2014).
El paleoantropólogo Ian Tattersall escribe en su artículo de 2019 que solo podremos darle sentido a la situación una vez que aceptemos que la diversidad de los homininos antiguos es mucho mayor que la que permite Homo o Australopithecus. Siguiendo esta idea, tampoco hace falta decir que es difícil saber de qué especie puede haber evolucionado Homo habilis y hacia qué especie (si la hubo) evolucionó. Aunque el candidato más «obvio» sería Homo erectus, muchos paleoantropólogos no creen que esto tenga sentido. Wood, por ejemplo, lo explica de la siguiente manera: «(…) la especie es muy distinta de Homo erectus como para ser su ancestro inmediato, de modo que un simple modelo lineal que explique esta etapa de la evolución humana es cada vez menos probable» (Wood 2014).
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Homo habilis, el fabricante de herramientas
Un recorrido por territorio más tangible, donde podemos enfocarnos en lo que sí sabemos sobre Homo habilis, nos lleva a sus herramientas. Desde el descubrimiento de los Leakey en la década de 1960, se ha hallado más evidencia que efectivamente conecta a Homo habilis con la industria olduvayense de herramientas (entre hace aproximadamente 2,6 y 1 millón de años). Las herramientas olduvayenses se superponen no solo con Homo habilis, sino también con Homo rudolfensis y Homo erectus, así como con los australopitecinos posteriores, y es posible que todos ellos utilizaran herramientas de piedra en mayor o menor medida. Sin embargo, la mayoría de los científicos concuerdan en que Homo, incluido habilis, probablemente elaboró y utilizó herramientas de forma más habitual porque sus dientes se volvieron más pequeños y sus cerebros casi duplicaron su tamaño durante el primer millón de años del Olduvayense (cortar la comida significa que no necesitaban dientes robustos).
Las herramientas líticas de la industria olduvayense se fabricaban extrayendo lascas de un núcleo de piedra con otra piedra (percusión con percutor duro) o apoyando el núcleo del cual se extraerían las lascas sobre un yunque de piedra y golpeándolo con un martillo de piedra (técnica bipolar). Los materiales que solían utilizar eran lava volcánica, cuarzo y cuarcita. Las lascas se podían utilizar para tareas como descuartizar animales, tallar madera y cortar plantas, mientras que los martillos de piedra servían para romper los huesos y extraer la médula o para romper un cráneo y sacar el cerebro. Es posible que las hachuelas se usaran como palos de cavar o para cortar ramas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que es difícil asignarles un significado o uso directo a las herramientas. No obstante, las marcas de corte en los huesos de animales evidencian que utilizaban herramientas para procesar animales muertos, desde mamíferos pequeños hasta muy grandes (del tamaño de un elefante). Se desconoce si cazaban esos animales o los encontraban ya muertos. De cualquier manera, las actividades mencionadas antes podrían haber sido todas parte de la vida de Homo habilis.
Notablemente, durante mucho tiempo se pensó que el Olduvayense había sido la industria lítica más antigua (la que lo empezó todo), pero ese ya no es el caso. En 2010, se realizó un trabajo de campo en Dikika, Etiopía, que reveló huesos con marcas de corte claramente hechas por herramientas de piedra hace 3,39 millones de años, y, en 2015, el yacimiento de Lomekwi en Turkana occidental, Kenia, produjo artefactos líticos datados hace 3,3 millones de años. Esto fue claramente antes del surgimiento del género Homo, así que ahora, más que nunca, está excesivamente claro que la fabricación de herramientas nunca ha sido un esfuerzo únicamente humano.
Sabemos que Homo habilis no se limitó a la Garganta de Olduvai, en Tanzania, donde Leakey encontró el primer espécimen; sus restos se han hallado no solo en otros yacimientos de África oriental, como Koobi Fora en Kenia y Etiopía, sino también en Sudáfrica, en Sterkfontein y, en potencia, en Swartkrans (donde se hallaron restos del Homo antiguo difíciles de clasificar). A partir de hace unos 2,5 millones de años, el clima en el sur de África se enfrió y estuvo sometido a estaciones más extremas, lo que probablemente llevó a muchas especies (incluido, tal vez, el Homo habilis antiguo o su ancestro) a migrar al norte, hacia el valle del rift de África oriental. Más específicamente, sabemos que hace alrededor de 1,8 millones de años, la Garganta de Olduvai se parecía a la actual Serengeti, de modo que, en ese lugar,Homo habilis habría vivido en un pastizal de sabana cubierto de matorrales y arbustos y alguna cubierta de plantas de bosque.
Cómo podría haber interactuado exactamente Homo habilis con su entorno es difícil de responder sin entrar en especulaciones. Por ejemplo, como no tenemos pruebas de ningún tipo de estructuras habitables en los yacimientos olduvayenses, una explicación posible pero especulativa podría ser que los ocupantes, que, en el caso de Homo habilis, se sabe que probablemente eran excelentes trepadores, podrían haber dormido en los árboles (lo que les habría ayudado a evitar despertarse con depredadores nocturnos mordisqueando sus tobillos tras hallar una presa fácil en el suelo).
Ciertamente, los animales depredadores habrían abundado: en Olduvai, se encontró el pie izquierdo de un Homo habilis que aparentemente le amputó un cocodrilo, mientras que una pierna hallada en la misma zona (perteneciente a Homo habilis o a Paranthropus boisei) estaba masticada por un leopardo. Otros peligros que compartían sus hábitats eran, por ejemplo, los gatos dientes de sable, como Dinofelis y Meganthereon, y la hiena cazadora Chasmaporthetes. Además, Homo habilis compartía su mundo con otras especies, como Australopithecus africanus, Homo rudolfensis, Paranthropus boisei y Homo erectus. Es imposible saber si los encuentros entre ellos fueron amistosos, lo opuesto o algo intermedio.
Dieta y cultura
Claro que el ambiente también habría tenido un impacto directo en la dieta de Homo habilis. Tres especímenes de Olduvai revelaron que sus dietas probablemente incluían insectos o animales herbívoros, una tendencia que también se observa entre los homininos antiguos de Sudáfrica. Otro espécimen de Homo habilis de Olduvai presentaba cierta erosión de los molares, que se podría atribuir a que masticaban frutas inmaduras. Gracias a los huesos con marcas de corte, sabemos que su menú también incluía carne. Sus dientes también nos indican que, debido al microdesgaste de baja complejidad de los molares, Homo habilis probablemente comía alimentos duros y fibrosos. En general, los científicos piensan que sus dietas habrían sido bastante versátiles y flexibles.
Curiosamente, hay pistas que indican que los creadores de la industria olduvayense (así que, tal vez, Homo habilis) estaban generando concentraciones de materiales de piedra y huesos de animales en ciertos lugares específicos. Sin embargo, es difícil desentrañar qué tipo de comportamiento causó estas concentraciones. Algunas especulaciones son que podrían haber sido centros o lugares de forrajeo centrales, depósitos de piedras, acumulaciones de carnívoros hallados muertos, o tal vez lugares que favorecían por su acceso a la sombra, agua o buenos recursos alimenticios. En general, el uso de herramientas líticas habría ayudado a Homo habilis a ser más independiente de su entorno y, a su vez, habría llevado a que dependiera más de la cultura.
Un tema que sigue envuelto en misterio es si Homo habilis utilizó o no el fuego de forma deliberada: aunque se han hallado algunos sedimentos enrojecidos, huesos quemados y piedras agrietadas por el fuego en unos pocos yacimientos olduvayenses, lo que indica la presencia del fuego, estos pueden haber sido el resultado de rayos o incendios forestales. También podríamos preguntarnos cómo se comunicaban y si tenían alguna forma de (proto) lenguaje. Todavía no hay señales que apunten a esto, pero quién sabe lo que nos depara el futuro.
Conclusión
En definitiva, Homo habilis nos ofrece una mezcla interesante de lo que sí sabemos frente a una información tan escasa que alimenta debates eternos.Homo habilis caminaba erguido y a la vez trepaba con eficiencia, creó y utilizó herramientas líticas, y sobrevivió en diversos ambientes de África oriental y meridional, donde no solo empleaba estrategias alimenticias bastante flexibles, sino que también tenía que protegerse de los animales depredadores. Compartió su mundo con varias otras especies de homininos, que existieron todas en ese vago período que aún no ha producido suficiente material para resolver ningún debate en curso.
Si Homo habilis fue nuestro ancestro directo o una rama separada es una pregunta que tal vez un día tenga respuesta. Se podría argumentar que la conclusión principal en este caso es reconocer cuánta diversidad existía entre los primeros homininos. Durante las últimas dos décadas, se han descubierto varias especies nuevas que complican la historia de la evolución hominina, y el ADN antiguo ha revelado que el entrecruzamiento parece haber sido una actividad básica, como mínimo para las especies más recientes, como los neandertales y denisovanos, de los cuales los científicos han logrado recuperar el ADN. Así, la idea de que la evolución hominina se puede visualizar como una especie de árbol se está abandonando cada vez más a favor de un modelo más fluido: como un arroyo trenzado (excepto con callejones sin salida agregados para las poblaciones que se extinguieron), las especies parecen haber entrado y salido de contacto unas con otras y estar interconectadas en términos de su desarrollo. El mundo distante en el que Homo habilis vivió y compartió su espacio con otras especies similares bien puede encajar en ese modelo.
Homo habilis («hombre habilidoso») es conocido por fabricar herramientas; a menudo se lo considera nuestro ancestro Homo más antiguo y, tradicionalmente, se cree que evolucionó directamente en Homo erectus. Sin embargo, en la actualidad, esto está en debate.
¿Es Homo habilis el primer humano?
Tradicionalmente, se consideraba a Homo habilis como la primera especie del género Homo y, así, el primer humano, pero hoy en día esto está en debate. Homo habilis exhibe una mezcolanza de características que nos recuerdan en parte a Homo y en parte a Australopithecus, y existe un gran debate sobre si se debería mantener a Homo habilis dentro del género Homo o se debería agregarlo a Australopithecus (o incluso a un género nuevo).
¿Cuándo y dónde vivió Homo habilis?
Homo habilis vivió entre hace 2,3 y 1,5 millones de años en África oriental, en lugares como el yacimiento de Koobi Fora en Kenia, y Etiopía, pero también en Sudáfrica, en Sterkfontein y, en potencia, en Swartkrans (donde se hallaron restos del Homo antiguo difíciles de clasificar).
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Escrito por Emma Groeneveld, publicado el 08 marzo 2023. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.