Los sellos cilíndricos eran sellos de impresión que utilizaban las gentes de la antigua Mesopotamia. En sumerio se conocían como kishib y en acadio eran kunukku; todo el mundo los usaba, desde la realeza hasta los esclavos, como una manera de autenticar la identidad en la correspondencia. Con el tiempo, se acabarían reconociendo como la identificación personal de cada uno.
Surgieron en el Neolítico Tardío en torno a 7600-6000 a.C. en la región que hoy se corresponde con Siria, aunque según algunas afirmaciones, surgieron más tarde en Sumeria, el actual Irak. Estaban hechos de piedras semipreciosas como mármol, obsidiana, amatista o lapislázuli, o de metales como oro o plata. La gente los llevaba colgados al cuello o la muñeca con tiras de cuero o algún otro material o fijados a una prenda.
El propósito de estos sellos era servir como firma personal en un documento o paquete para garantizar la autenticidad o legitimar un acuerdo comercial, de la misma manera que hoy en día firmamos cartas o documentos o escribimos el remitente en un paquete para enviarlo por correo. Lo que hacían era pasar el sello por la arcilla húmeda del documento a modo de firma oficial. Los sellos cilíndricos también se usaban en Egipto y se desarrollaron de manera completamente independiente en Mesoamérica, tal y como demuestran los descubrimientos arqueológicos de sellos cilíndricos olmecas que datan de alrededor de 650 a.C. Sin embargo, los sellos cilíndricos mesopotámicos son los más conocidos y también los que más se usaban.
Sellos cilíndricos y de estampa
Al mismo tiempo que los sellos cilíndricos también había sellos de estampa o cuño, que eran más pequeños y con diseños menos ornamentados. El sello de cilindro típico tenía entre 7-10 cm (3-4 pulgadas) de largo, mientras que los sellos de estampa eran de menos de 2 cm (1 pulgada) en total y se parecían más a los anillos de sello posteriores. Tendría sentido que los de estampa fueran anteriores a los cilíndricos, ya que los primeros son más rudimentarios, pero la evidencia sugiere que ambos sellos se usaban al mismo tiempo y que existía una preferencia por uno u otro en diferentes regiones. El erudito Clemens Reichel, cuyo ensayo está incluido en la obra de Englehardt, Agency in Ancient Writing (El escritor en la escritura de la Antigüedad), sugiere que la razón era sencillamente la necesidad.
Las zonas que preferían usar el sello de estampa, que se corresponden con las actuales Siria y Turquía, no necesitaban los diseños elaborados de los sellos cilíndricos, mientras que las regiones del sur, que tenían una burocracia más desarrollada, necesitaban información más detallada en el sello.
La ciudad de Uruk, por ejemplo, tenía una burocracia muy compleja de diferentes organismos que requerían información detallada sobre quién firmaba qué documento y, además, de qué oficina procedía. Los sellos de estampa, más simples y pequeños, no disponían del espacio necesario para tallar dicha información, mientras que los sellos cilíndricos, más largos, se ajustaban perfectamente a esa necesidad.
Por tanto, en estos sellos cilíndricos más largos constaría el nombre del organismo y el nombre y el título del individuo dentro del organismo que estaba firmando el documento. A fin de representar e identificar al dueño del sello de manera precisa, hacía falta un artista experto que tallara la historia del individuo en el cilindro de piedra con gran detalle.
La fabricación de los sellos
Los sellos cilíndricos los hacía un tallista de sellos, al que los sumerios llamaban burgul y los acadios purkullu. Los jóvenes tallistas de sellos, probablemente hombres, aprendían con un maestro tallista durante al menos cuatro años antes de establecer su propio taller profesional.
Los tallistas contaban con herramientas como cinceles y escoplos de cobre, una piedra de afilar, una barrena y sierras para piedra. El académico Stephen Bertman afirma que «en lugar de cortar cilindros toscos de piedra, puede que los tallistas compraran cilindros sin tallar para luego añadir los toques finales en sus talleres» (233). Una vez tallado el sello, o puede que antes de empezar a trabajar en el cilindro en blanco, le hacían agujeros para que el portador pudiera llevarlo colgado de una cuerda o sujeto a la ropa.
Los sellos se hacían mediante la técnica de talla dulce, es decir, que se tallaban por debajo de la superficie de la piedra de manera que al imprimirlos la talla dejara una imagen en relieve (como si fuese un negativo de una foto actual). Para lograr este efecto, el artista habría tenido que darle la vuelta a la imagen que quería crear mientras trabajaba. Esto requería una habilidad enorme, por lo que la talla de sellos era una artesanía muy respetada y los tallistas estaban bien pagados.
Estilos y usos de los sellos
Los dos estilos de sellos que hay son el de estilo Uruk y el de estilo Jemdet Nasr, que hace referencia a los motivos utilizados y la manera en que se tallaban los sellos. Las escritoras Megan Lewis y Marian Feldman señalan las diferencias:
Los sellos de estilo Uruk muestran animales y figuras representadas de una manera extremadamente naturalista, lo que sugiere que los tallistas buscaban la claridad expresiva. Entre los motivos se pueden encontrar narrativas rituales con templos, barcos y ofrendas a los dioses, así como representaciones del mundo natural en arreglos jerárquicos. Están tallados y decorados con gran habilidad y su composición tiende a ser equilibrada y con una estética agradable. Los sellos de estilo Jemdet Nasr son menos detallados que los sellos de estilo Uruk y se caracterizan por el uso intenso de taladros y discos de corte, que producen marcas redondas y lineales respectivamente. En el estilo Jemdet Nasr entre los motivos comunes se pueden encontrar mujeres con trenzas haciendo trabajos domésticos y pastoreando rebaños frente a templos. (4)
Los sellos tenían un uso tanto práctico como espiritual. Lewis y Feldman señalan los usos prácticos de firmar el propio nombre, restringir el acceso a los que tenían permitido romperlo y como modo de identificación personal. El uso espiritual era a modo de amuleto, que hace referencia a la creencia mesopotámica de que el sello era un amuleto, una especie de encantamiento que podía alejar a los malos espíritus y proteger al portador del peligro o traerle suerte.
Por supuesto, el sello de un gobernante demostraba la fuerza y capacidad de la persona para gobernar. Los mesopotámicos concebían su existencia como una empresa cooperativa con los dioses para mantener el orden y mantener a raya a las fuerzas primordiales del caos. El rey, como intermediario entre los dioses y el pueblo, tenía que ser un experto en este tipo de equilibrio.
En un sello famoso de la región de Persia, un rey desconocido controla el caos simbolizado por las dos criaturas tipo grifos que se sitúan a cada lado de él. El monarca se encuentra en el centro de la historia de este sello, se muestra señorial y tiene el control de la situación al sujetar a las dos criaturas de la melena; el caos está bajo control y él mantiene el orden. La identidad del rey viene dada por los símbolos a la izquierda de la imagen central. Este sello específico lo habría usado un gobernante para firmar todos sus decretos y pronunciamientos y, cada vez que alguien lo veía, este le recordaba la grandeza del rey.
Independientemente de para lo que se usara, el sello era una posesión preciada y perderlo era un problema serio, como podría ser hoy perder un pasaporte o las tarjetas de crédito. Bertman escribe que, si alguien perdía su sello, «el antiguo dueño dejaba constancia de la fecha y la hora de la pérdida con un funcionario para asegurarse de que las transacciones realizadas tras la pérdida no eran válidas» (235). Dado que los sellos transmitían la ocupación, la posición oficial e incluso el nombre de la persona, perderlos era un verdadero problema.
La identidad de la persona estaba clara en el sello, ya fuera por la imagen grabada o por los símbolos en torno a la imagen. Por ejemplo, un tejedor tendría como símbolo de su ocupación una araña (que teje una telaraña) y los símbolos alrededor de la araña representarían el nombre de la persona. Esta pérdida habría sido tan grave para la gente de Mesopotamia como lo es hoy en día el «robo de identidad», porque ese sello no era solo una identificación personal, sino que también servía como símbolo de la autoridad y posición de la persona dentro de la sociedad.
Conclusión
Los sellos cilíndricos se usaban para toda la correspondencia y las transacciones comerciales que requerían una firma oficial para que se consideraran válidas. Acuerdos de tierras, contratos matrimoniales, ventas de bienes, decretos reales, declaraciones religiosas... Todos ellos requerían la firma personal del funcionario que presidía el proceso o de los participantes.
Los historiadores y los académicos, especialmente los historiadores del arte, han apreciado durante mucho tiempo la importancia de los sellos por su belleza y artesanía, pero también por la historia que cuentan del pasado. Un sello cilíndrico es una instantánea del periodo en que se hizo y del individuo que lo utilizó y, como tal, nos brinda un atisbo de la vida cotidiana de los antiguos mesopotámicos.
