Belisario

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
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Belisarius (by Eloquence, CC BY-SA)
Belisario Eloquence (CC BY-SA)

Flavio Belisario (505-565 d.C.) nació en Iliria (la parte occidental de la península de los Balcanes) de padres pobres y se convirtió en uno de los mayores generales del Imperio bizantino si no el más grande. Belisario se cuenta entre los candidatos destacados para el título de «Último de los romanos», un título que se utiliza para denominar a la persona que mejor encarna los mejores valores del Imperio romano. Sirvió como comandante del Ejército bajo el emperador bizantino Justiniano I (que reinó de 527-565), con quien tuvo una célebre difícil relación.

Se alistó por primera vez en el Ejército en la época del emperador bizantino Justino I (que reinó de 518-527) y, tras la muerte de Justino, su sucesor Justiniano I le otorgó a Belisario el mando total del Ejército. Sofocó los disturbios de Niká en Constantinopla en 532, que fueron el resultado del resentimiento contra el emperador y que se cobraron entre 20-30.000 personas. Después, dirigió los ejércitos bizantinos contra los persas, los vándalos, los godos y los búlgaros y sirvió al imperio con nobleza y fidelidad hasta su muerte.

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Primeros años y los disturbios de Niká

El idioma materno de Belisario era el tracio; el latín era su segundo idioma. Como recluta adolescente en el Ejército bizantino demostró ser un soldado hábil y obviamente causó buena impresión entre sus superiores porque fue subiendo de rango durante el reinado de Justino I y poco después estaría al mando de la guardia personal del emperador. Justino I estaba tan impresionado con el joven que lo nombró oficial y luego lo ascendió al mando.

Belisario sufrió varias derrotas antes de que por lo visto entendiera mejor los enfrentamientos a gran escala y el mando de ejércitos grandes.

Sin embargo, la promesa que Justino I vio en Belisario no se materializó en sus primeros enfrentamientos. El militar sufrió varias derrotas antes de que por lo visto entendiera mejor los enfrentamientos a gran escala y el mando de ejércitos grandes. Cuando Justino I murió, a pesar de las derrotas de Belisario, Justiniano I lo ascendió a comandante de las fuerzas orientales contra el Imperio sasánida, y ganó una gran victoria en la batalla de Dara en 530 durante la guerra de Iberia. Sin embargo, en su siguiente enfrentamiento, la batalla de Calinico en 531 no salió tan bien porque lo derrotaron y sufrió muchas bajas. Tras la derrota le ordenaron regresar a Constantinopla y enfrentarse a cargos por incompetencia, pero al final los retiraron todos y reanudó sus funciones.

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Las políticas de Justiniano I, especialmente en cuanto a impuestos y métodos de recaudación, no fueron nada populares entre la población de la capital, Constantinopla, y en 532 la situación estalló en los llamados disturbios de Niká. La causa inmediata del conflicto fue el arresto y encarcelamiento de dos atletas de dos equipos rivales de carreras de carros, los Azules y los Verdes. Varios de los atletas habían sido arrestados por asesinato tras una pelea después de una carrera, y la mayoría fueron ejecutados. Justiniano I conmutó las sentencias de los dos últimos, de ejecución a encarcelamiento, cuando se hizo evidente el descontento de la población por sus decisiones anteriores.

Las multitudes del Hipódromo en enero de 532 estaban tan descontentas con el veredicto de cárcel como habían estado con el de ejecución y, durante las carreras de aquel día, estalló la revuelta al grito de «¡Niká!» («victoria»), tras lo cual asaltaron el palacio de Justiniano I. La multitud contaba con el respaldo de los senadores que también estaban cansados de las políticas de Justiniano I y de su tendencia a ignorarlos en favor de su prefecto, Juan de Capadocia (que sirvió de alrededor de 532-541), un oficial corrupto encargado de los impuestos.

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Roman Emperor at the Hippodrome
Emperador romano en el Hipódromo Radomil talk (CC BY-SA)

La turba eligió al cónsul Hipatio como nuevo emperador y este los animó a seguir la revuelta al dirigirse a las multitudes que llenaban el Hipódromo. En privado, Justiniano I se rindió sin oponer resistencia e iba a huir de la ciudad con sus partidarios, pero lo detuvo su esposa Teodora (500-548) que le aconsejó con vehemencia en contra de esta opción, ya que, puede que desertar le salvara el cuello en ese momento, pero después descubriría que tenía una vida que no merecía la pena vivir, carente de honor y dignidad.

Justiniano I siguió su consejo y le ordenó a Belisario que lidiara con los disturbios. Este, tras conseguir entrar en el Hipódromo, aplastó la rebelión matando a entre 20.000 y 30.000 ciudadanos (aunque los estudiosos modernos establecen una cifra mucho más alta). Hipatio fue capturado y ejecutado.

Campaña de África del Norte

Una vez aplastada la rebelión, Justiniano I envió a Belisario contra los vándalos en 533 para recuperar las provincias africanas del imperio y «liberar» a los cristianos trinitarios (nicenos) de la tiranía percibida de los vándalos que practicaban el cristianismo arriano. Los vándalos habían conquistado las provincias africanas del antiguo Imperio romano bajo el liderazgo de su rey Gaiserico (que reinó de 428-478). Los vándalos arrianos, una vez establecidos, persiguieron de manera sistemática a los cristianos nicenos, a los que consideraban seguidores de la rama «romana» del cristianismo.

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Hoy en día se sigue debatiendo si Justiniano I realmente ordenó la invasión del norte de África para detener estas persecuciones, de la misma manera que se sigue debatiendo si ordenó siquiera la invasión o no, ya que algunos eruditos que citan las obras de Procopio señalan que la invasión fue en realidad idea de Belisario. Parece que el único objetivo inicial de Justiniano I era recuperar los puertos lucrativos de Tripolitania, entre los que se contaban Oea, Sabratha y Leptis Magna. Como estos puertos y las tierras circundantes ya no estaban gobernados por el imperio, no le generaban ningún ingreso a Justiniano I, cuya popularidad estaba por los suelos tras la revuelta de Niká y otros reveses y necesitaba una gran victoria (y más dinero) para recuperar su prestigio.

Emperor Justinian & His Court
El emperador Justiniano y su corte Carole Raddato (CC BY-SA)

En 533, Belisario se embarcó con 5.000 unidades de caballería, 10.000 de infantería y 20.000 marineros en una flota de 500 barcos de guerra, además de otros 92 barcos más pequeños tripulados por 2.000 esclavos. Esta descomunal fuerza invasora zarpó de Constantinopla y desembarcó en Sicilia para reabastecerse. Según el historiador J. F. C. Fuller, no fue hasta ese momento que Belisario se decidió por una invasión a gran escala de África del Norte tras enterarse de que el rey vándalo Gelimer (que reinó de 530-534) no tenía ni idea de que se acercaban.

Belisario desembarcó con sus fuerzas en el norte de África y marchó hacia Cartago, la capital del reino vándalo. Por el camino mantuvo una disciplina estricta entre sus tropas para que ninguna de las poblaciones por las que pasaban sufriera daño alguno. Su conducta caballerosa hacia la gente de la zona le valió su confianza y le proporcionó suministros e información. Gelimer, cuando por fin se enteró de que el ejército bizantino se aproximaba a su capital puso en marcha un plan con el que atraparía al enemigo en el valle de Ad Decimum y, en un ataque sorpresa a tres bandas, destruiría a los bizantinos.

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El plan de Gelimer dependía de un ataque coordinado preciso liderado por él, su hermano Amato y su sobrino Gibamundo. Para que el plan funcionara, todos tenían que movilizarse en el momento exacto. Tal y como apunta Fuller, «como el momento correcto era un requisito para lograr la victoria, en una época carente de relojes habría sido pura suerte que las tres columnas atacaran al mismo tiempo» (312). Amato atacó primero antes de que Gelimer y Gibamundo estuvieran en posición y lo mataron rápidamente mientras sus hombres se dispersaban. Luego cargó Gibamundo sin esperar a Gelimer y fue derrotado por la caballería bizantina. Para cuando llegó Gelimer, lo único que se encontró fueron los cuerpos de su ejército derrotado y el de su hermano muerto. Tanto lo afectó la muerte de Amato que detuvo al ejército para enterrarlo con los ritos adecuados, lo que le permitió a Belisario llegar a Cartago y tomarla sin problemas.

Gelimer marchó sobre Cartago, pero fue derrotado en la batalla de Tricamerón en diciembre de 533. Gelimer huyó del campo de batalla frente a la embestida bizantina y sus tropas entraron en pánico y rompieron filas. Después Gelimer fue capturado y llevado de vuelta a Constantinopla en cadenas como parte del triunfo de Belisario.

Guerras góticas

En 535 enviaron a Belisario contra los ostrogodos de Italia. El país se había mantenido estable y próspero bajo el rey ostrogodo Teodorico el Grande (que reinó de 493-526), que le proporcionaba ingresos al Imperio bizantino, pero, desde su muerte, se había sumido en el caos bajo el gobierno de monarcas débiles y egoístas. Cuando Justiniano I decidió tomar cartas en el asunto, la hija de Teodorico, Amalasunta (en torno a 495-535), la reina, había sido asesinada por su primo Teodato, que se había hecho con el trono.

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Belisario tomó Sicilia primero en 535 y después Nápoles y Roma en 536. Teodato no estaba a la altura de defender sus ciudades y, además, había demostrado ser un rey pésimo en todos los aspectos. Murió en 536 asesinado por el yerno de Amalasunta, Witigis (también dado como Vitiges, que reinó de 536-540) quien organizó la defensa de su reino, pero no lo hizo mejor que Teodato. En 540 Belisario tomó la ciudad de Rávena e hizo prisionero a Witigis. Entonces, Justiniano I les ofreció términos a los godos, que, en opinión de Belisario, eran demasiado generosos: podían mantener un reino independiente y, a pesar de los problemas que habían causado, solo tendrían que entregarle la mitad de su tesoro a Justiniano I. Parece que el emperador no tenía intención alguna de honrar este trato y, incluso de haberlo hecho, Belisario lo consideró innecesariamente indulgente.

Map of the Gothic War
Mapa de las guerras góticas Cplakidas (CC BY-SA)

Los godos no se fiaron ni de Justiniano ni de sus términos, pero sí que se fiaron de Belisario, que se había comportado de manera honorable con los conquistados a lo largo de la guerra. Su respuesta fue que aceptarían los términos de rendición si Belisario respaldaba el tratado. Sin embargo, Belisario no pudo hacerlo como hombre honorable y soldado. Una facción de la nobleza ostrogoda sugirió una manera de superar este punto muerto, nombrando al propio Belisario su nuevo rey.

Este fingió aceptar la propuesta, pero, leal a Justiniano I y consciente de que era mejor soldado que estadista, dejó que hicieran todos los preparativos para coronarlo en Rávena para luego hacer arrestar a los líderes del complot y reclamar todo el Imperio ostrogodo, y todo su tesoro, en nombre de Justiniano I. El estudioso David L. Bongard comenta:

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Belisario, un soldado valiente y hábil, también tenía talento como estratega, era atrevido, artero y flexible; a pesar del trato pobre que recibió a manos de Justiniano, siempre se comportó de manera leal [incluso hasta el punto de rechazar] la oferta de su propia corona en Rávena. (Enciclopedia Harper de biografía militar, 76)

Regreso a Constantinopla y guerras con Persia

De vuelta en Constantinopla, Belisario seguía siendo tan popular como siempre, mucho más que Justiniano I.

Aunque Belisario nunca le dio motivos a Justiniano I, el emperador empezó a sospechar de su lealtad. Era increíblemente popular entre sus hombres así como entre los pueblos que conquistó, de manera que, en la mente de Justiniano I, no había razón para que su general no se alzara contra él. Le pareció que lo mejor sería mantenerlo cerca donde pudiera controlarlo mejor y por eso lo hizo regresar a Constantinopla y lo sustituyó en Italia por funcionarios bizantinos. Esto resultó ser un grave error porque los funcionarios eran corruptos y la gente de Italia, en especial los ostrogodos, sufrió bajo esta administración.

De vuelta en Constantinopla, Belisario seguía siendo tan popular como siempre, mucho más que Justiniano I. El historiador Will Durant cita a Procopio al informar de la consideración de la población urbana por el general:

Los bizantinos se deleitaban en ver salir a Belisario de su casa cada día... Porque su avance se asemejaba a una procesión festiva de gente, ya que siempre iba rodeado de un gran número de vándalos, godos y moros. Además, tenía una buena figura y era alto e increíblemente guapo. Pero su conducta era tan dócil, y sus modales tan afables, que parecía un hombre muy pobre, inconsecuente. (110)

En aquella época, llevaba una vida relativamente tranquila con su esposa Antonia (en torno a 495 - alrededor de 565) a la que adoraba a pesar de que ella le era infiel. Antonia había seguido a Belisario en sus campañas y parecía una esposa leal y de confianza, pero, según Procopio, en realidad estaba al servicio de la emperatriz Teodora para espiarlo.

Theodora I
Teodora I The Yorck Project (Public Domain)

Sin embargo, no pasó demasiado tiempo en casa antes de que Justiniano I lo enviara a luchar contra los persas. El general ganó estas batallas gracias a sus tácticas cuidadosas habituales y al uso del engaño. En cierto momento que sabía que el enemigo le superaba en número y el general persa estaba intentando recopilar información sobre la fuerza de sus ejércitos, Belisario llegó a un encuentro con los embajadores con un gran contingente (según Procopio, 6.000 hombres) vestidos como si fueran una expedición de caza. La impresión fue que, si una simple partida de caza contaba con tantos hombres, su ejército debía de superar con creces al persa. En vez de atacar, los persas se retiraron y Belisario salió victorioso.

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La guerra de Totila

Mientras estaba luchando contra los persas, la situación en Italia empeoró. Los funcionarios bizantinos, a quienes Justiniano había entregado la gobernación, habían abusado tanto de sus poderes que un levantamiento gótico, dirigido por un ostrogodo carismático y nacionalista llamado Totila (nombre de nacimiento Baduila-Badua, que reinó de 541-552), había sumido la región en el caos. Totila fue elegido rey ostrogodo y procedió a expulsar a los bizantinos y reclamar Italia como reino propio.

Él era un general carismático y efectivo mientras que los comandantes bizantinos que envió Justiniano I contra él estaban más preocupados por sacar beneficio propio de la situación que por ganar la campaña. En consecuencia, Totila los derrotó con facilidad y para 542 tenía a más de 20.000 a su mando y las filas iban en aumento cada día. Cuando derrotó al Ejército bizantino ofreció clemencia y muchos que fueron hechos prisioneros se cambiaron de bando para luchar con él.

Totila, King of the Ostrogoths
Totila, rey de los ostrogodos The Walters Art Museum (CC BY-SA)

En 545 Justiniano envió a Belisario de vuelta a Italia a lidiar con Totila y, en diciembre de ese mismo año, Totila tomó la ciudad de Roma. Aunque Roma ya no era la sede de poder que fuera antaño, seguía teniendo una importancia simbólica para los bizantinos. Totila envió un mensaje a Constantinopla de que estaba dispuesto a negociar, pero Justiniano I le respondió que debería tratar con Belisario. Totila, frustrado, le escribió a Belisario que si los bizantinos no se retiraban de Italia y lo dejaban en paz, destruiría Roma y ejecutaría a los senadores que había hecho prisioneros.

Belisario le respondió en una carta cuidadosamente redactada en la que le explicaba que sus exigencias eran imposibles porque Italia pertenecía al Imperio bizantino y Justiniano I no estaba dispuesto a cederla a la ligera. Resaltó la reputación de Totila de ser un general honorable y piadoso que no arrasaba ciudades ni masacraba a los vencidos y le advirtió de que, si seguía adelante con su plan de destruir Roma y ejecutar a sus prisioneros, su buen nombre se vería mancillado para siempre. Roma era una ciudad famosa, señaló Belisario, y si Totila la dejaba intacta, sería recordado con amabilidad; si la destruía, la historia lo vería siempre con desdén.

Incluso después de todo el servicio prestado a Justiniano I, Belisario fue acusado de corrupción y encarcelado en 562 d.C.

Totila accedió en una decisión que el estudioso Herwig Wolfram (en una expresión de consenso académico) considera «el error trascendental de renunciar a Roma» (356). Necesitaba a todos los hombres a su mando para seguir adelante con su guerra, así que no podía dejar Roma fortificada; en consecuencia, decidió abandonarla. Después Belisario retomó la ciudad, reparó y fortificó las murallas y la guarnió en un esfuerzo por negarle a Totila un recurso importante en cualquier negociación futura.

Totila siguió adelante con sus exitosas campañas, siendo más astuto incluso que Belisario, y entre 547 y 548 su ejército seguía aumentando, en gran medida con reclutas de las fuerzas imperiales derrotadas, hasta que en 550 regresó y volvió a tomar Roma. Luego envió emisarios a Constantinopla para negociar la paz, pero a sus mensajeros se les negó una audiencia y fueron arrestados. Justiniano mandó regresar de Italia a Belisario y lo sustituyó por el general Germano, el segundo esposo de la difunta Amalasunta, pero Germano se murió antes de llegar a Italia y lo sustituyeron por Narsés (en torno a 480-573), que derrotó a Totila en la batalla de Taginas en 552, lo mató y volvió a restaurar Italia dentro del Imperio bizantino.

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Conclusión

De vuelta en Constantinopla, y a pesar del mal trato recibido a manos de Justiniano I, Belisario volvió a aceptar el mando de las tropas y aplastó a los búlgaros cuando intentaron invadir el Imperio bizantino en 559 d.C. Volvió a expulsar al enemigo más allá de las fronteras y aseguró los límites del Imperio. Incluso después de todo el servicio prestado a Justiniano I, Belisario fue acusado de corrupción y encarcelado en 562 d.C., con cargos que en general hoy en día se entiende que eran inventados.

Sin embargo, Justiniano I lo perdonó y le devolvió su posición anterior y su honor en la corte bizantina. Más tarde surgiría un mito en torno a este evento, según el cual Justiniano I habría cegado a Belisario y el gran general habría acabado convertido en un mendigo en las calles de Constantinopla. No obstante, este mito no tiene ningún fundamento, aunque muchas obras de arte, tales como la pintura Belisario de Jacque-Louis David, lo han presentado como una verdad histórica. Belisario murió de causas naturales en 565 d.C. con tan solo unas pocas semanas de diferencia con Justiniano I en su finca en las afueras de Constantinopla. Will Durant expresa la opinión mayoritaria sobre la reputación de Belisario:

Ningún general desde César ganó nunca tantas victorias con recursos tan limitados en cuanto a hombres y fondos; pocos lo han superado en estrategia o tácticas, en popularidad entre sus hombres y en piedad para con los enemigos; puede que merezca la pena destacar que los generales más grandes, Alejandro, César, Belisario, Saladino, Napoleón, encontraron que la clemencia era un poderoso motor de guerra. (108)

Hoy en día se lo recuerda como uno de los mejores comandantes militares de la historia y, tal y como apunta Durant, regularmente se lo compara con los generales más célebres de todos los tiempos. Sin embargo, a diferencia de muchos de ellos, Belisario valoraba la humildad, consultaba regularmente con su personal antes de tomar decisiones que afectarían a todos y siguió de manera consistente su propio código de honor, manteniendo la integridad en circunstancias que habrían corrompido a hombres inferiores.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2025, noviembre 15). Belisario. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10466/belisario/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Belisario." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, noviembre 15, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10466/belisario/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Belisario." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 15 nov 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10466/belisario/.

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