Critias (en torno a 460-403 a.C.) fue un político, poeta y dramaturgo ateniense, uno de los seguidores de Sócrates, primo segundo de Platón, miembro de los Treinta Tiranos de Atenas y líder de la oligarquía que establecieron. Otros escritores hablan de él como un poeta y filósofo de talento, pero por lo que es más conocido es por ser un oligarca despiadado de Atenas.
La participación clave que tuvo en muchos de los abusos de poder perpetrados por los Treinta Tiranos eclipsó sus logros anteriores a través de su influencia creativa y filosófica en la sociedad ateniense. Aparte de su papel como uno de los Treinta Tiranos, también se lo suele citar frecuentemente como un ateo temprano que desafió las convenciones religiosas de su época. Afirmaba que el concepto de divinidad lo habían inventado hombres que querían tener poder sobre los demás; decía que se habían inventado una fábula sobre seres sobrenaturales que recompensarían o castigarían ciertos comportamientos de acuerdo con lo que la élite quería conseguir. El profesor Thomas Mautner señala que «la afirmación de Critias de que la religión es un invento de los políticos para controlar a la gente es la primera de esta clase de la que se tiene constancia» (116). Para Critias, no existen ni los dioses ni un único Dios; la religión no es más que un medio a través del cual los fuertes y los poderosos controlan a los débiles.
Aun así, esta acusación de ateísmo se basa en un único fragmento de una de sus obras, pronunciado por uno de los personajes y, dado que no ha sobrevivido nada del resto de la obra, resulta imposible saber si este personaje estaba diciendo lo que pensaba el autor o no. Los escritores posteriores, siguiendo el paradigma de Jenofonte, que conoció a Critias, repitieron la afirmación de que era inmoral y ateo, pero no es algo que se pueda establecer más allá de toda duda. No obstante, parecería lógico pensar que la baja opinión que tenía la gente de él estaba justificada por su comportamiento durante el gobierno de los Treinta Tiranos. Esta asociación con la oligarquía acabaría conduciendo a su muerte, cuando pereció en batalla en 403 a.C. en El Pireo en el conflicto que puso fin al gobierno tiránico.
Primeros años y ascenso al poder
Critias nació en Atenas, hijo de Calescro, un filósofo, poeta y político. No se sabe nada sobre sus primeros años de vida, pero parece que siguió los pasos de su padre y logró un éxito importante. Critias aparece en el registro histórico en 415 a.C. en un incidente relacionado con cargos de profanación de las estatuas de Hermes en Atenas, pero es una referencia escasa que no proporciona demasiada información sobre el motivo por el que se presentaron los cargos o lo que estaba haciendo Critias en aquella época. Lo único que se sabe sobre este incidente es que lo absolvieron de todos los cargos gracias al testimonio de un tal Andocines.
Para 411 a.C. puede que ya fuera parte de la oligarquía política conocida como el Consejo de los Cuatrocientos, una facción antidemocrática que estuvo brevemente en el poder en Atenas. Su participación en los esfuerzos de este grupo se cuestiona porque se sabe que procesó a uno de sus líderes, Frínico, de manera póstuma en 410 a.C. Aunque este hecho se suele interpretar como una oposición a los Cuatrocientos, resulta igual de probable que, una vez que cayeron en desgracia, Critias se pusiera de parte de la facción prodemocracia cuando estuvo claro que estaban ganando poder.
Era amigo y partidario del general y estadista Alcibíades (en torno a 451 a alrededor de 403 a.C.), quien jugó un papel importante a la par que controvertido en la segunda guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). Cuando acusaron a Alcibíades de profanar las estatuas de Hermes, así como los misterios eleusinos al beber del ciceón sagrado en una fiesta, Critias se fue con él al exilio en torno a 406 a.C. Luego regresó a Atenas en 404 a.C. para volver a asumir un cargo político, esta vez como parte de los Cinco éforos (magistrados) que lideraban las facciones políticas de la oligarquía emergente, que se acabaría conociendo como los Treinta Tiranos.
Los Treinta Tiranos y Sócrates
Los Treinta Tiranos (o el Consejo de los Treinta) eran una oligarquía proespartana instalada en el poder por el general espartano Lisandro tras derrotar a Atenas en la segunda guerra del Peloponeso en 404 a.C. Esta oligarquía limitó de manera severa los derechos y las libertades de los ciudadanos de Atenas y, lo que es más importante, su derecho a votar; tampoco tuvo demasiados escrúpulos a la hora de hacer ejecutar o exiliar a sus oponentes por el más mínimo capricho. De los treinta hombres que componían este consejo, Critias fue el más despiadado. La gente tenía una opinión especialmente mala de él a causa de su costumbre de confiscar las propiedades de los ciudadanos haciendo un uso indebido del poder y ejecutando a los que se oponían o lo cuestionaban.
Una de sus primeras víctimas fue su antiguo amigo Alcibíades, que todavía se encontraba en el exilio. Critias dio la orden de asesinarlo, y lo mataron en su casa en 403 a.C. Alcibíades y Critias habían sido socios, y en algún tiempo ambos estudiaron con Sócrates. La asociación de Critias con Sócrates no ayudó demasiado a este último en su juicio en 399 a.C., cuando los ciudadanos atenienses Meleto, Ánito y Licón lo acusaron de impiedad y de corromper a la juventud de la ciudad.
Sin embargo, antes de esta historia sombría como político, como ya se ha señalado, Critias escribió tragedias y elegías, y recibió muchos elogios por sus obras en prosa. El profesor William Morison escribe:
Critias produjo una amplia gama de obras y fue un poeta y profesor destacado en su época. En la obra de autores posteriores se han conservado fragmentos de tres tragedias y una obra de sátiros, de una colección de elegías, de libros de homilías y aforismos, de una colección de discursos epidícticos y varias constituciones de las ciudades-Estado, tanto en verso como en prosa.
(IEP: Critias, 1)
El hecho de que descendiera de artista a tirano sin duda fomentó la sospecha de los atenienses de que tenía que haber habido alguna influencia corruptora en el joven para empujarlo a tales excesos de crueldad y villanía, y les pareció que esa «influencia» fue Sócrates. El profesor Forrest E. Baird señala que «los acusadores de Sócrates en su juicio establecieron gran parte de la conexión. Lo que implicaba era que las enseñanzas de Sócrates habían llevado a los excesos de Critias» (46). Como Meleto, Ánito y Licón estaban intentando persuadir al jurado de que Sócrates estaba corrompiendo a la juventud, naturalmente necesitaban un ejemplo que respaldara sus afirmaciones y se cree que encontraron (o se inventaron) ese ejemplo en Critias quien, para entonces, llevaba muerto cuatro años.
Que Sócrates tuviera realmente algo que ver con el cambio de Critias de poeta-filósofo a político brutal o no era prácticamente irrelevante para los acusadores porque, tras la caída de los Treinta Tiranos, cualquiera que estuviese asociado con ellos era sospechoso y se sabía que Critias había protegido a Sócrates de los Treinta Tiranos mientras estuvo en el poder. Además, el ateísmo de Critias se podía atribuir a Sócrates, que animaba a la gente a cuestionar la versión aceptada de la religión griega. En el diálogo Eutifrón de Platón se puede ver un ejemplo de cómo lo hacía y el efecto que tenía en el típico joven ateniense; aquí, el joven y altivo Eutifrón, que afirma que lo sabe todo sobre los dioses y sus deseos, se encuentra con Sócrates, que entabla una conversación con él y lo obliga a cuestionarse todo lo que decía saber.
Aunque hay muchos otros estudiosos que hablan de la conexión entre la corrupción de Critias y Sócrates aparte de Baird, ni la Apología de Platón ni en la Defensa de Sócrates de Jenofonte, los dos relatos que se conservan sobre el juicio, mencionan que los acusadores citen específicamente el caso de Critias en el proceso. Parece que esta afirmación surge de la probabilidad de que se podría argumentar que Sócrates tuvo el mismo efecto en Critias que había tenido en Eutifrón y que, al animar a la gente joven a cuestionar la autoridad aceptada, Sócrates estaba menoscabando a la clase dirigente y permitía la clase de caos que se había producido durante el reinado de los Treinta. Independientemente de cómo se desarrollara el ateísmo de Critias, tanto si lo inspiró Sócrates como si surgió de sus propias observaciones, no se avergonzaba de ello y era severo.
El fragmento de Sísifo y el ateísmo
A diferencia del filósofo Protágoras, que afirmaba que el ser humano no podía saber realmente si los dioses existían o no, Critias afirmó que no había dioses y que, además, los dioses no eran más que una construcción creada por los hombres para controlar a otros hombres. Resulta interesante señalar que la afirmación más modesta de Protágoras desembocó en una acusación de blasfemia y una sentencia de muerte que obligó al filósofo a exiliarse (al final se ahogó mientras intentaba huir de la sentencia), mientras que el ateísmo de Critias, que era mucho más descarado, no se menciona nunca en ningún caso judicial. También es curioso que, hasta donde podemos saber, Critias habría escrito las obras que expresaban sus dudas sobre la divinidad cuando era más joven y tenía mucho menos poder que en la época de los Treinta.
En su opinión, «hubo un tiempo en el que la anarquía gobernaba / las vidas de los hombres» y las leyes que había creado el hombre para controlar la sociedad sencillamente no eran efectivas. Así que «algún hombre taimado primero, un hombre de sabio consejo / Le descubrió a la humanidad el temor a los Dioses / Y así asustar a los pecadores si pecaban», de manera que los dioses se convirtieron en la autoridad superior que recompensaba o castigaba a la gente por lo que hacía «de manera secreta en obra, palabra o pensamiento» (Baird, 47). Para Critias no hay ningún dios, ninguna voluntad divina, ningún plan universal; tan solo existen los fuertes que controlan a los débiles y la religión es la herramienta más efectiva que puede usar la clase gobernante para mantener el poder y llevar sus planes a cabo.
El siguiente fragmento procede de la obra Sísifo de Critias, una de las pocas piezas de sus obras que se han conservado. Si se tratase de una carta suya o de un ensayo, sería fácil concluir que era ateo, pero parece que este fragmento es un discurso de uno de sus personajes en la obra y por tanto no está tan claro cuál era la verdadera opinión de Critias. Esta acusación de ateísmo proviene de escritores posteriores que todavía tenían acceso a sus escritos o de contemporáneos (como Jenofonte, otro de los estudiantes de Sócrates) que escribieron sobre él. La siguiente traducción proviene del Ancilla to the Pre-Socratic Philosophers (Texto auxiliar a los filósofos presocráticos) de Kathleen Freeman:
Hubo un tiempo en el que la vida de los hombres era desordenada, bestial y esclava de la fuerza, cuando no había recompensa alguna para el virtuoso ni castigo para el malvado. Luego, creo, los hombres crearon leyes retributivas para que la Justicia pudiese ser dictadora y tener a la arrogancia por esclava y que, si alguien pecaba, pagase por ello.
Después, cuando las leyes les prohibieron cometer crímenes descarados de violencia, y empezaron a cometerlos en secreto, un hombre sabio y astuto inventó el temor a los dioses para los mortales, para que hubiese una manera de atemorizar a los malvados, incluso si hacían, decían o pensaban algo en secreto. En consecuencia, introdujo la Divinidad, diciendo que hay un Dios que rebosa de vida inmortal, que oye y ve con su mente, que piensa en todo y se preocupa por estas cosas, que tiene naturaleza divina, que oirá todo lo que se diga entre los mortales y que podrá ver todo lo que se hace. E incluso si planeas algo malvado en secreto, no habrá escapatoria de los dioses, porque tienen una inteligencia superior.
Al decir estas palabras, presentó la más agradable de las enseñanzas, encubriendo la verdad con una teoría falsa; y dijo que los dioses habitaban allá donde más podía atemorizar a los hombres al decirlo, donde sabía que existían el miedo para los mortales y las recompensas para la vida dura; en la periferia superior, donde veían los relámpagos y oía el temible estruendo del trueno, y el cuerpo estrellado de los cielos, el hermoso bordado del Tiempo, el hábil artesano, de donde provienen la brillante masa del sol y la lluvia húmeda sobre la tierra.
Con tales temores rodeó a la humanidad, a través de los cuales estableció bien la deidad con su argumento, y en un lugar adecuado, y así aplacó la anarquía entre los hombres. Y fue así como creo que alguien persuadió a los demás mortales por primera vez de creer en una raza de deidades.
(165)
Como no hay ningún poder superior, los seres humanos tienen que afirmar ser ese poder y, sin un control universal ni un significado definitivo de la vida, tienen que encontrar la manera de proporcionarlo, y ese es el único propósito de la religión. Sin embargo, las masas no deben controlar, o entender siquiera, la religión; el control pertenece a la clase superior y a los poderosos que manipulan a las clases bajas por beneficio propio.
El profesor Baird señala que, al hacer estas afirmaciones, Critias estaba «anticipándose a la obra de Thomas Hobbes en unos 2.000 años. Critias postuló un "estado natural" primordial en el que todo el mundo está en guerra con todo el mundo. Las leyes penales no son adecuadas para controlar esta anarquía; de ahí la necesidad de inventar a los dioses» (47). Como ningún poder humano puede esperar controlar todos los impulsos humanos en todo momento, se inventó la religión para cumplir este propósito. Este punto de vista estaba completamente en desacuerdo con la comprensión de las prácticas religiosas y los dioses en aquella época (igual que en el presente) y no hizo sino aumentar la reputación de Critias como un hombre egoísta, egocéntrico y malvado.
Critias en Platón y su reputación posterior
En la obra de Platón, Critias se presenta de una manera muy diferente. Los diálogos de Platón sobre Protágoras, Cármides, Timeo y Critias presentan a un historiador filosófico culto, que habla bien y es reflexivo. La historia de la Atlántida se conoce gracias a los diálogos Timeo y Critias de Platón; esta es una historia que no aparece en ningún otro sitio y no está corroborada en ningún otro texto de la Antigüedad, y el personaje que cuenta la historia es Critias.
Claramente, la intención de Platón con el mito de la Atlántida era presentar una advertencia, pero, por desgracia, las generaciones posteriores lo han interpretado como una historia literal merecedora de innumerables libros y expediciones exhaustivas para encontrar una civilización que nunca existió más allá de la imaginación de Platón. Independientemente de esto, el hecho de que eligiera a Critias como el personaje que cuenta la historia que destaca la Atlántida y su caída en desgracia sugiere que Platón vio otro aspecto de su primo que otros escritores de la época o bien desconocían o lo ignoraron.
Jenofonte siempre presenta a Critias como un político vil y sin escrúpulos cuya asociación con Sócrates acabó por condenar a este último a muerte. Otros escritores de la época y posteriores repitieron la opinión de Jenofonte sin reservas. A pesar de todo, parece que el hombre era mucho más complicado que el villano ateniense unidimensional que presentan estas obras. El profesor William Morison escribe:
La amplitud del trabajo de Critias en filosofía, drama, poesía, escritura histórica, retórica y política es impresionante. No era un pensador especialmente original, pero los generalistas rara vez lo son. Su liderazgo de los Treinta, uno de los momentos más oscuros y sangrientos de Atenas, ha tendido a eclipsar su trabajo literario y filosófico, pero Critias no era un simple matón despótico. Hijo de una de las familias más nobles de Atenas, altamente educado, culto, escritor de poesía y prosa, poderoso orador y valiente, Critias fue quizás la mayor tragedia que produjo nunca la ciudad. (IEP Critias, 9-10)
La reputación consolidada de Critias como ateo, tirano y asesino es como mejor se lo recuerda, pero habría que tener en cuenta que esta imagen se vio impulsada por escritores posteriores y que el fragmento en el que se basa la acusación de ateísmo era parte de una obra dramática y estaba pensada como parte del diálogo de un personaje. Si el propio Critias opinaba lo que escribió en esas líneas o no es un tema abierto al debate y los estudiosos lo han cuestionado una y otra vez a lo largo de los años. Al final, lo único que se puede concluir es que Critias fue un hombre de muchos talentos que parece que dejó que el poder lo corrompiera y lo pagaría para siempre con su reputación.
