La mancomunidad de Polonia-Lituania o la República de las Dos Naciones (1569-1795) fue uno de los Estados más grandes y poblados en la temprana Europa Moderna; no obstante, en 1795, sus últimos vestigios fueron repartidos entre Austria, Prusia y Rusia. Aquí damos un vistazo a las razones por las que esta poderosa potencia terminó siendo tan débil que sus vecinos que antes le temían ahora podían carcomerla.
La razón por la que Polonia-Lituania fue llamada una República, aun cuando tenía un rey, fue porque el monarca compartía el poder con los nobles que eran ferozmente independientes y casi siempre lo trataban como su igual. Durante uno de los interminables feudos de sangre entre las familias nobles, el rey convocó a un infractor al Sejm (parlamento) para que se explicara, pero recibió un rechazo seco: «Yo no soy un esclavo, sino un caballero polaco». Durante mucho tiempo, los escritores han culpado al sistema político descentralizado de Polonia-Lituania (esto es, la manera en que el poder estaba disperso a través de muchas personas e instituciones) por su debilidad.
LOS NOBLES TENÍAN AUTONOMÍA SIN DEPENDER DE LA CORONA, PERO UN ENORME PODER SOBRE EL PUEBLO.
Aun antes de la unión de Polonia y Lituania en 1569, ambos países tenían nobles poderosos e independientes. Polonia ya tenía el principio legal neminem captivabimus, la regla de que jamás ningún noble podría ser arrestado por el rey sin un veredicto de la corte. Por otro lado, las cortes reales no podían intervenir en los casos entre los nobles y sus siervos. Estas dos leyes ilustran cómo los nobles tenían autonomía sin depender de la corona, pero un enorme poder sobre el pueblo. Una vez que Polonia y Lituania se unieron, los derechos de la nobleza no hicieron más que aumentar.
Una de las características mejor conocidas de Polonia-Lituania era que la nobleza elegía a su rey. Todos los nobles podían votar y ellos se ceñían al principio de unanimidad, es decir, un rey era elegido solamente cuando todos los nobles presentes estaban de acuerdo. Para ganárselos, los reyes prometían mantener o expandir la independencia de los nobles. El primerísimo rey electo firmó un acuerdo llamado Artículi Henriciani (el nombre viene de Enrique de Valois), que garantizaba los privilegios de los nobles y renunció a la mayor parte de su poder a favor del Sejm. Después de esto, todos los reyes, hasta el fin de la República, tenían que firmar los Artículos de Enrique.
El Sejm, en vez del rey, era la verdadera cúspide del Estado. Como sucedía con las elecciones reales, la legislación era adoptada por unanimidad en vez de por mayoría. Todos los nobles presentes tenían que estar de acuerdo para que la legislación fuera aprobada. Por supuesto, esto significaba que un solo noble podía impedir la aprobación de una nueva ley y de hecho, ellos podían disolver la sesión, anulando cualquier legislación que hubiese sido aprobada en esa sesión plenaria del Sejm. Este es el famoso Liberum Veto; veto solo significa «Yo no lo permito» en latín (los nobles polacos estaban excepcionalmente bien educados en latín). Cuando todos estaban actuando de buena fe, aprobar una legislación era, por lo tanto, un acto delicado, con capas de compromiso y negociación. Sin embargo, esto significaba que cualquiera que actuara de mala fe podía fácilmente impedir que el Estado ejecutara una política, como sucedió en el año 1652, cuando un veto hizo volar por los aires cualquier esperanza de una respuesta unificada contra la rebelión de los cosacos. Los agentes de nobles poderosos o de potencias extranjeras podían abusar de esto y lo hicieron. Entre 1582 y 1762, 53 sesiones del Sejm (casi el 60%) fueron disueltas o desarticuladas. Menos conocido, pero podría decirse que es todavía peor, era que la mayoría de los nobles veían a su Sejmik (pequeño Sejm) local como algo más importante que el Sejm central y se sentían con la mayor libertad de ignorar cualquier legislación que el Sejm hubiese aprobado si su Sejmik no estaba de acuerdo. Era un círculo vicioso: como el gobierno central se debilitaba, los Sejmiki (plural de Sejmik) tuvieron que asumir más responsabilidad, así que el gobierno central perdió más responsabilidad y así el gobierno central se debilitó.
LOS NOBLES CREÍAN EN LA IDEA DE LA «LIBERTAD DORADA»: INDEPENDENCIA PERSONAL, IMPUNIDAD Y UN TIPO DE CABALLEROSIDAD.
La obsesión de la nobleza polaca-lituana con la unanimidad se debía a su obsesión por la igualdad. No era la igualdad entre todas las personas, sino entre los nobles. Mientras que los nobles de Inglaterra constituían aproximadamente el 2% de la población, en Polonia-Lituania era hasta el 9%. El resultado de esto fue que muchos solo tenían una pequeña porción de tierra o absolutamente nada (en 1670, había más de 400.000 nobles sin tierras). Aunque estos nobles sin tierras no solían estar en mejores condiciones que un siervo, ellos insistían en su igualdad legal con todos los nobles, sin importar cuán ricos y poderosos fueran, e inventaron la extraña ideología del sarmatismo. El significado exacto es confuso, pero ellos reivindicaban la descendencia especial de los sármatas, que supuestamente ocuparon Polonia en tiempos antiguos, para distinguir a la nobleza de la gente común, y asociaron a los sármatas con sus ideas de la «Libertad Dorada»: independencia personal, impunidad y un tipo de caballerosidad. Esto no era una ideología que pudiera apoyar la reforma a favor de un estado central más poderoso.
Quizás la expresión más trágica de la «Libertad Dorada» fue el rokosz. Un rokosz era una especie de confederación, que en la ley polaca-lituana significaba una agrupación temporal de nobles para lograr algún objetivo específico. En un país donde el poder estaba tan disperso tenía sentido que los nobles tomaran cartas en los asuntos. Por ejemplo, en 1655 se formó una confederación con el objetivo de expulsar a los invasores suecos. Sin embargo, una confederación podía formarse para resistir al gobierno real con la fuerza de las armas. Esto no solo significaba rebelión, esto significaba que era una rebelión legal. En el caso de un rokosz, donde en 1606 y 1662 la rebelión de los confederados se desbocó, fue una guerra civil legalizada. Estas fueron guerras terribles que destruyeron la República, pero todo era perfectamente legal y por eso no llevó a ningún cambio en la constitución.
Todo estaba firmemente en contra de la reforma. Los reyes no solo lidiaron con el Liberum Veto, las confederaciones y la «Libertad Dorada», sino que ellos ni siquiera podían aliarse con la baja nobleza para bajarle los humos a la alta nobleza. Esto es lo que pasó en Estados como Prusia, donde los nobles de la baja nobleza se convirtieron en oficiales militares y servidores públicos. En Polonia-Lituania, la alta nobleza se adueñó de la baja, especialmente después de las guerras devastadoras con los cosacos, Moscovia y Suecia a finales del siglo XVII y principios del XVIII. Los nobles de la alta nobleza tenían reservas de dinero en efectivo y las usaron para acaparar las tierras arruinadas de los que ahora eran nobles de la baja nobleza sin un céntimo. Nobles de la nobleza inferior servían en los séquitos privados y en los ejércitos de la alta nobleza, en vez del gobierno.
Había otro argumento contra la reforma. Esto es, cuando las cosas iban bien, Polonia-Lituania parecía un mejor lugar para vivir que en el de sus vecinos. A finales del siglo XVI y a principios del siglo XVII, la República evitó las horribles guerras civiles que asolaron a sus vecinos, tales como la guerra de los Treinta Años en el Sacro Imperio romano (1618-1648), las guerras civiles inglesas (1642-1651), las guerras de religión francesas (1562-1598) o el «Período Tumultuoso» de Moscovia (1598-1613). Polonia-Lituania tuvo su parte de glorias también, tales como el reinado de Esteban Báthory (reinó de 1576 a 1586) y la victoria de Juan Sobieski contra el Imperio otomano en las puertas de Viena (1683). La República evitó la tiranía real y los extremos de conflictos religiosos. Aun así, para el siglo XVIII, el mismo sistema decaía precipitadamente y era el objeto de burlas de escritores famosos tales como Voltaire y Montesquieu, mientras tanto sus vecinos se recobraban y prosperaban (especialmente Moscovia, que se convirtió en el vasto Imperio ruso).
El problema era que el sistema solo era adecuado para los buenos tiempos. Los reyes con personalidades poderosas, tales como Esteban Báthory y Juan Sobieski, podían tapar sus debilidades internas por un tiempo, pero no era un sistema que pudiera sobrevivir a una presión seria. ¿Cuáles fueron esas presiones?
El comercio de grano
El comercio de grano de Dánzig financiaba los magníficos estilos de vida y los palacios de la nobleza polaca-lituana, pero también sembró las semillas de la debilidad del Estado. Polonia-Lituania exportaba grandes cantidades de grano en los siglos XVI y XVII. Los nobles se organizaron para que su grano fuera cargado en barcaza río abajo desde el interior polaco hasta Dánzig (Gdansk), un puerto principal donde el río Vístula se encuentra con el mar Báltico. Apareció un género completo de literatura romántica sobre navegación a bordo de balsas hechas de troncos, atravesando el campo, evitando los rápidos, los bajíos y las trampas subacuáticas, para ser recibidos por mercaderes en el famoso Puente Verde. Pero había dinero, al igual que poesía, en el comercio de grano de Dánzig. Los precios en Europa Occidental eran mucho más altos que en Polonia (en la Holanda de la década de 1650 eran el doble), así que los mercaderes extranjeros tenían todas la razones para ir a Dánzig. En un día normal durante el apogeo del comercio pudo haber 500 barcos esperando en el muelle. Muchos de estos mercaderes eran holandeses, pero luego exportarían a lugares tan lejanos como Portugal o incluso el norte de África.
El comercio de granos sí que enriqueció a Polonia-Lituania. La arquitectura más distintiva de la mancomunidad pertenece a este período: lujosas casas señoriales que combinaban los estilos autóctonos polacos con las modas renacentistas. Muchas se han perdido porque estaban construidas principalmente de madera, así que ya se quemaron, pero ejemplares extraordinarios todavía salpican el campo, tal como el castillo (de ladrillo) Leszczyński en Baranów Sandomierski. Las casas señoriales son famosas por su lujoso mobiliario interno, como alfombras persas, trofeos de caza, pinturas al óleo y paños de oro.Isabel I de Inglaterra estaba sumamente interesada en el comercio y la diplomacia con Polonia, con razón; en su época, Polonia era una potencia económica.
El problema era que un solo producto de exportación nunca es sostenible. Cuando un país depende de un producto, su economía se derrumba cuando sus clientes extranjeros ya no están dispuestos a pagar tanto por eso. A medida que pasaba el siglo XVII, los precios no se mantuvieron tan altos; mientras tanto la mancomunidad era devastada por guerras e inestabilidad, sobre todo por la guerra de 1648-1660, en la que quizás murió un cuarto de la población en Polonia-Lituania. Los precios de los granos se recuperaron, así como también lo hizo la campiña polaca, pero fue difícil reconstruir la vieja relación entre los barcos extranjeros, los mercaderes de Dánzig y los nobles polacos. Los nobles no enviarían sus barcazas si no tenían un comprador garantizado en el otro extremo, pero los barcos tampoco vendrían si no había granos a la venta. La cadena estaba rota y nunca se recompuso completamente.
Los años de bonanza de la exportación de granos disfrazaron los problemas de la economía polaca-lituana y hasta los agravaron. Primero, la mayor parte del dinero ganado fue a parar a los bolsillos de los mercaderes y los nobles preferían utilizar su parte de ganancias para comprar artículos de lujo en vez de invertirlas en infraestructura o en industria doméstica; así el dinero volvió a salir poco a poco. Polonia-Lituania permaneció completamente dependiente de su agricultura.
Para cosechar aún más de esta única fuente de ingresos, la nobleza intensificó su explotación de los siervos. Aunque Polonia y Lituania tenían economías feudales en la Edad Media, en el Período Moderno temprano (siglos XV y XVI), ambas naciones legalizaron los derechos draconianos de los nobles sobre sus siervos. Les ordenaron a sus siervos que trabajaran por más y más días, sin remuneración, en la parcela de tierra del noble. Extendieron el control sobre el matrimonio y la educación de sus siervos. Lo que es más importante es que ellos no dejaban que sus siervos se fueran sin su consentimiento (en algunos lugares, durante el año solo a un siervo se le permitía dejar el pueblo). Los historiadores llaman a este endurecimiento «la Segunda Servidumbre». La Segunda Servidumbre no solo era mala para los siervos, sino que a largo plazo también era mala para el propio país. A diferencia de Europa Occidental, la gente común no podía investir en sus propiedades ni migrar a otros pueblos ni educar a sus hijos. Esta es una razón importante por la que Polonia-Lituania no podía diversificar su economía ni en comercio ni en manufactura. Los nobles empujaron a sus siervos con más dureza al tiempo que el comercio de grano bajaba, en un intento fútil por compensar el decrecimiento de sus ingresos; así la subida y bajada del comercio de granos contribuyeron a mantener a la población activa de Polonia-Lituania atada a la tierra (por no hablar de miserable).
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La falta de inversiones y los rigores de la servidumbre significaron que la economía de la mancomunidad no era flexible, no tenía más alternativa que continuar exportando grano y así su destino estaba atado al precio de los productos agrícolas en el exterior. En el siglo XVIII, los vecinos de Polonia-Lituania se volvieron más ricos de lo que esta República nunca lo fue.
Interferencia y partición
El 10 de octubre de 1794, Tadeo Kościuszko yacía sangrando a causa de dos heridas de pica, mientras tanto las fuerzas rusas arrasaban con lo que quedaba de sus fuerzas militares. A Kościuszko lo llamaron el «Héroe de dos continentes» por sus acciones valerosas en la guerra de Independencia de los Estados Unidos y en los últimos intentos de Polonia-Lituania para retener su independencia. La primera fue exitosa, la segunda no. Una historia cuenta que herido, Kościuszko dijo: «Finis Poloniae» (el fin de Polonia), cuando lo capturaron. Probablemente él no dijo eso, pero así fue. Al año siguiente, la República polaca-lituana fue formalmente borrada de los mapas; sus antiguas tierras ahora aparecían dentro de las fronteras de Austria, Prusia y Rusia. Las potencias vencedoras hasta acordaron no mencionar a Polonia en los nombres de sus nuevos territorios. Oficialmente, la República ya no existía.
Esta fue «la Tercera Partición», así llamada porque esos mismos Estados vencedores ya habían carcomido la mayor parte de Polonia-Lituania, en la primera partición (1772) y la segunda (1793). En el transcurso del siglo precedente más o menos, todos los Estados circundantes, es decir, Rusia, Prusia y Austria, habían desarrollado economías y ejércitos que superaban con creces a los de Polonia-Lituania. ¿Cómo llegaron a ponerse de acuerdo con respecto a las tres particiones? Es una historia diplomática complicada, pero la lógica esencial es simple: una Polonia-Lituania débil los beneficiaba a todos, así que se vieron obligados a tomar más y más control cada vez que esta mostraba un ápice de independencia. Con tales vecinos, un país no podía permitirse ser débil.
Es cierto que Polonia-Lituania sufrió problemas serios a finales del siglo XVII y a principios del XVIII contra los que luchó para superarse y hemos visto cómo su economía e instituciones tuvieron dificultades para desarrollarse. Sin embargo, todos sus vecinos tuvieron problemas graves a través de su historia y las guerras en la década de 1700 casi redujeron a Austria (1740-1748) y a Prusia (1756-1763) a la insignificancia. Tenemos que responder, ¿por qué Polonia tuvo dificultades para recuperarse y hacer reformas?
Además de sus dificultades económicas y arreglos políticos peculiares, los líderes polaco-lituanos también lidiaron con las feroces políticas del Báltico temprano Moderno. En 1587, la nobleza eligió a un príncipe sueco para ocupar el trono con la esperanza de unir a estas dos grandes potencias del Báltico, tal como la unión entre Polonia y Lituania. Sin embargo, el resultado final fue que estas dos potencias se enredaron entre sí en las políticas de uno y otro, causando muchas guerras y hostilidad duradera. El resultado fue que nunca se unieron, mientras tanto Moscovia y Prusia se hacían más fuertes. En 1647, Moscovia se aprovechó de la rebelión cosaca contra la República para tragarse a los cosacos y sus tierras (para 1654, Polonia-Lituania había perdido efectivamente a los cosacos y a Kyiv a favor de Moscovia). Entonces, los suecos temieron que Moscovia se apropiaría de mucha más tierra, así que invadieron Polonia-Lituania para cogerla primero (1655). Estas fueron las guerras que mataron a por lo menos la mitad de la población de Polonia y provocaron el segundo rokosz. Con Polonia-Lituania débil, el ducado de Prusia (un vasallo polaco) se separó. Ahora Prusia, unida a Brandeburgo (Alemania del norte), era todo menos un Estado independiente y amenazaba el norte de Polonia.
No todo estaba perdido; Polonia-Lituania todavía era un país grande y poderoso y sus gentes vieron muchos de sus reveses como temporales. Aun así, el famoso rey Juan III Sobieski (mejor conocido como Jan Sobieski, reinó de 1674 a 1696) no se enfocó en reclamar aquellas tierras ni en reformar el Estado. Es cierto que trató de alinearse con Suecia y Francia para recuperar a Prusia, pero cuando eso falló, recurrió a una alianza con la dinastía de los Habsburgo (Austria). Rescató espectacularmente a sus aliados austríacos cuando venció al Ejército otomano en las afueras de Viena en 1683 y entonces continúo destinando tropas polaco-lituanas a la causa para hacer retroceder a los otomanos. Esto ayudó notablemente a Austria y a Moscovia: el tratado de paz final con los otomanos (1699) los convirtió a ambos en grandes potencias y confirmó la transformación de Moscovia en el Imperio ruso. Pero las ganancias de Polonia-Lituania eran pequeñas. Sobieski ni siquiera le exigió a Moscovia la restitución de sus tierras como una condición por la ayuda, cuando Moscovia estaba en grave peligro. Entretanto, mientras el rey estaba concentrándose en los otomanos en retirada, el Estado necesitaba reformas más que nunca. El clan Sapieha había más o menos separado a Lituania de cualquier control central. El reinado de Sobieski fue quizás la última oportunidad para restaurar las tierras de Polonia-Lituania o de reformar sus políticas y él no hizo ni lo uno ni lo otro.
Después de su reinado, los vecinos de la República eran obviamente dominantes y utilizaron su dominio para aplastar los esfuerzos de reforma de Polonia-Lituania. En el «Sejm Silencioso» de 1717, los nobles aprobaron una serie de leyes que limitaron los poderes del Estado y el tamaño de su ejército, lo mismo que aprobaron la legalización de la intervención rusa, todo bajo la amenaza de los cañones de mosquetes rusos. Los rusos también forzaron varias veces (por ejemplo, en 1733 y en 1764) la elección de su candidato escogido para ser rey. Aunque la interferencia rusa era la más excesiva, los prusianos construyeron fortalezas sobre los ríos para bombardear a los barcos polacos hasta que el gobierno cancelara la política. Claramente, Polonia-Lituania estaba a la merced de sus vecinos.
Sin embargo, estos ejemplos muestran que hay otra cara de la historia. La gente de aquel entonces, como la de ahora, culpó a la gente de Polonia-Lituania por los fracasos de su Estado, pero podemos verlos tratando de hacer reformas una y otra vez y siendo impedidos por las potencias extranjeras. Hasta las particiones se realizaron precisamente porque la gente en Polonia-Lituania reaccionó a esta injerencia flagrante. En 1768, cuando el embajador ruso arrestó unilateralmente a los líderes reformistas, una rebelión estalló en Polonia y con el tiempo, Rusia respondió forzando a Polonia a la primera partición (1773). La partición solo atizó el fuego, así que entre 1788-1793, mientras Rusia estaba ocupada luchando contra el Imperio otomano, el Sejm aprobaba un programa de reforma masiva, uno que dio término al Liberum Veto, abolió la restricción del tamaño del ejército e incluso terminó con la tiranía de los nobles sobre los campesinos. Este programa está incorporado en la constitución del 3 de mayo (la segunda constitución codificada en el mundo, después de la de los Estados Unidos de América). A propósito, el 3 de mayo continúa celebrándose en Polonia como un día feriado nacional. El Ejército polaco-lituano opuso una fuerte resistencia contra las represalias inevitables, pero fueron vencidos por las fuerzas rusas que eran más grandes y los rusos lideraron la segunda partición (1793). El mismo patrón se reprodujo nuevamente, un año después, con el levantamiento de Tadeo Kościuszko que inicialmente fue exitoso, antes de ser aplastado con fuerza abrumadora. Después de la Tercera Partición (1795), ya no quedaba nada que reformar en Polonia-Lituania.
Lo que quiere decir todo esto es que la mancomunidad de Polonia-Lituania no estaba condenada a fracasar. Polonia-Lituania enfrentó una lucha cuesta arriba, aparejada con instituciones difíciles y una economía desbalanceada, pero pudo haber hecho reformas. De hecho, las hizo, pero era muy tarde. Sus vecinos habían impedido exitosamente el cambio por tanto tiempo que, cuando la República aprovechó su oportunidad, era muy tarde.
Nicholas Wheeler. "The Noble Enterprise of State Building: Reconsidering the Rise and Fall of the Modern State in Prussia and Poland." Comparative Politics, 1 / 44 / 2011, pp. 21-38.
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Isaac es doctor en Relaciones Internacionales y trabaja como funcionario público en el Reino Unido. Su pasatiempo favorito es aprender y lo que más le gusta aprender es historia.
Escrito por Isaac Toman Grief, publicado el 24 July 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.