Príncipe Enrique el Navegante

Definición

Mark Cartwright
por , traducido por Antonio Elduque
Publicado el
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Texto original en inglés: Prince Henry the Navigator

Prince Henry the Navigator (by Nuno Gonçalves, Public Domain)
Príncipe Enrique el Navegante
Nuno Gonçalves (Public Domain)

El príncipe Enrique el Navegante (alias infante Dom Henrique, 1394-1460) fue un príncipe portugués conocido por conquistar la ciudad norteafricana de Ceuta, patrocinar viajes de exploración con el objetivo de fundar colonias en el Atlántico septentrional y África occidental, e iniciar la implicación portuguesa en el tráfico de esclavos en África.

El príncipe Enrique consiguió su título de “el navegante” porque formó un grupo de diseñadores y expertos marítimos para desarrollar nuevos barcos, mapas e instrumentos de navegación. Posteriormente financió expediciones para aprovechar sus conocimientos y navegar por alta mar explorando la costa occidental de África. Con cada expedición se fue conformando un importante corpus de conocimientos sobre navegación marítima. Enrique fue testigo de los primeros pasos del proceso que proporcionaría a Portugal su imperio global.

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Primeros años y Ceuta

El príncipe Enrique nació en 1394, tercer hijo de Juan I de Portugal (alias dom João I, r. 1385-1433) y la reina Felipa, que era inglesa. Sin ser quizás tan ilustrado y buen estudiante como explica su leyenda renacentista, Enrique era sin duda un cristiano devoto. Vistiéndose con un cilicio y manteniendo el celibato, Enrique no contrajo matrimonio ni tuvo descendencia. Dedicó su vida a la exploración, al imperio y a derrotar a los musulmanes allí donde los encontrara. Le gustaba la pompa y la ceremonia, el código de cortesía de los caballeros, y era conocido por sus fiestas extravagantes.

El príncipe Enrique el Navegante encargó a su equipo de expertos marítimos el diseño de un nuevo tipo de barco que pudiera navegar tanto a favor como en contra del viento.

En 1415, los portugueses atacaron la rica ciudad musulmana de Ceuta, en el norte de África (actual Marruecos), reanudando las hostilidades entre cristianos y musulmanes. La ciudad estaba bien fortificada, pero los portugueses habían dado a entender que su flota tenía la intención de atacar a los holandeses por una disputa comercial, por lo que Ceuta no estaba preparada. La fuerza expedicionaria contaba con casi 20.000 hombres, incluyendo más de 5.000 caballeros. El rey, el príncipe Enrique y sus hermanos comandaban conjuntamente esta fuerza extraordinaria que trataba de revivir el fuego de las antiguas cruzadas. Las cosas no empezaron bien. Primero, una espesa niebla inmóvil y después unos vientos impredecibles dispersaron la armada antes de que alcanzara su destino. Cuando finalmente llegaron a tierra, los portugueses fueron capaces de penetrar en la fortaleza gracias a su gran superioridad numérica, con Enrique en el centro de la acción. La ciudad cayó en un solo día, el 22 de agosto, y siguió una masacre y un saqueo caótico.

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Portuguese Caravel with Lateen Sails
Carabela portuguesa con velas latinas
PHGCOM (CC BY-SA)

Enrique fue nombrado caballero por su papel clave en la conquista de Ceuta, y posteriormente su padre le hizo responsable de su defensa. En 1419-20, logró resistir un contraataque masivo contra la ciudad. Enrique utilizó Ceuta como base desde donde lanzar ataques periódicos contra los asentamientos musulmanes de la costa – quizás ese fue el objetivo real de la captura de la ciudad. Los barcos enemigos que navegaban por el Mediterráneo eran hundidos sin compasión. En 1415 Enrique fue nombrado duque de Viseu y, en 1420, mediante una bula papal, administrador de la Orden de Cristo, una filial de los ya extinguidos Caballeros Templarios. Inmensamente rico gracias a sus conexiones reales y sus propiedades, Enrique amasó riquezas de múltiples proyectos, incluyendo un monopolio sobre la fabricación de jabón. Todo eso estaba bien y satisfacía el celo religioso del príncipe y su gusto por el compromiso caballeresco, pero él quería más. Quería el mundo.

La carabela y la vela latina

Enrique el Navegante quería sobre todo que Portugal estuviera a la cabeza de la exploración territorial europea, para desafiar a los califatos islámicos del Norte de África y Oriente Medio y quizás encontrar el legendario reino cristiano de oriente gobernado por el preste Juan, probablemente en algún punto de Etiopía, al este de África. En 1419 en Sagres, en el extremo sur de Portugal, Enrique reunió un grupo de expertos en cartografía, navegación, astronomía, matemáticas y diseño de naves. El equipo incluía tanto cristianos como judíos, y no tenían reparos en utilizar fuentes de información árabes. En contra de la leyenda, allí no había ninguna escuela de navegación. Hasta ese momento, las naves europeas dependían para su propulsión de equipos de remeros, velas fijas, o ambas cosas; la más común era la barca de velas cuadras. El problema de ese tipo de barcos es que solamente podían navegar con viento directo de popa.

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El príncipe Enrique encargó a su equipo el diseño de un nuevo tipo de barco, que pudiera navegar tanto a favor como en contra del viento y que fuera capaz de explorar costas rocosas peligrosas, canales interiores y el océano abierto. Su respuesta, basada en un tipo de nave pesquera portuguesa, fue la carabela.

Bust of Henry the Navigator
Busto de Enrique el Navegante
Benoît Prieur (CC BY-SA)

La carabela era un tipo de barco de mediano tamaño y poco calado, con velas latinas o triangulares. Era rápida, maniobrable y necesitaba poca tripulación para navegar. Las primeras carabelas eran pequeñas, de un peso inferior a 80 toneladas, aunque versiones posteriores llegaron a 100-150 toneladas. Llevaban timón de popa, dos o tres mástiles y unos castillos de proa y de popa elevados muy distintivos. La relación típica de eslora – manga de una carabela era de 3,5:1.

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La vela latina era un componente crucial del diseño y de los planes de exploración de Enrique. Aunque esa vela triangular llevaba el nombre de ‘latina’, en realidad estaba inspirada en las velas de las naves árabes, en particular el dhow, con su única vela latina. Este tipo de velas flexibles permitían navegar en un rango de cinco ángulos del viento e incluso hacerlo contra el viento, en zigzag.

Para ganar espacio de carga, se modificó el diseño, creando la carabela redonda. Más grande y ancha que una carabela normal, podía llegar a pesar 300 toneladas. Normalmente llevaba mástiles de velas cuadradas, para ganar velocidad, y un bauprés con vela de abanico. Una tercera variante era una carabela de cuatro mástiles diseñada como nave de guerra. Típicamente, tres mástiles llevaban velas latinas y uno vela cuadrada.

Map Showing the Location of the Madeira Archipelago
Mapa mostrando la ubicación del archipiélago de Madeira
TUBS (CC BY-SA)

La primera colonia: Madeira

Enrique el Navegante se dedicó entonces a financiar expediciones utilizando su nuevo diseño de naves, lo que le reportó beneficios, aunque él personalmente pasara muy poco tiempo en el mar y no hiciera ningún viaje en absoluto a través del océano. En 1418, dos capitanes de barcos patrocinados por el príncipe Enrique, que debían hacer una incursión por la costa marroquí, fueron a parar durante una tormenta a Porto Santo, en el archipiélago deshabitado de Madeira. Los exploradores accidentales se dieron cuenta rápidamente del potencial del lugar – un marino, más adelante, lo describió como “un gran jardín” (Cliff, 71) – e informaron a Enrique. En 1419, la Corona portuguesa declaró formalmente la posesión del archipiélago del Atlántico Norte, situado a unos 800 km (500 millas) de la costa africana. El príncipe Enrique fue nombrado gobernador de Madeira. La orden militar portuguesa Orden de Cristo, a cuyo frente estaba Enrique, recibió los derechos exclusivos. A partir de 1420, las islas fueron colonizadas y Enrique fue responsable directo de la idea de cultivar caña de azúcar, creando un sistema de plantación que sería copiado en otras colonias, especialmente en el Brasil portugués.

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Los europeos llevaban tiempo dando vueltas a la idea de que en el corazón de África había minas de oro fabulosamente ricas.

El ocaso de Ceuta

Para compensar ese éxito, el príncipe Enrique tuvo que sufrir dos fracasos repetidos. El primero fue su intento de controlar las Islas Canarias. Los ejércitos castellanos y los indígenas guanches rechazaron por tres veces a los portugueses y Enrique tuvo que dedicarse a buscar otras islas. Mientras tanto, Ceuta resultó ser también una decepción porque, tras la ocupación, la ciudad perdió todo su comercio. Los mercaderes musulmanes y las naves comerciales simplemente se desviaron por la costa hasta Tánger. Enrique logró persuadir al rey de financiar una nueva campaña, pero Tánger era mucho más grande y mejor defendido que Ceuta, y sin máquinas de asedio apropiadas, la expedición resultó ser un fracaso decepcionante, en 1437. Enrique se vio obligado a entregar a su hermano Fernando como rehén, para permitir la retirada portuguesa. Parte del acuerdo era ceder Ceuta, pero Enrique no lo cumplió y su hermano murió en una prisión musulmana. Al continuar los ataques sobre los puertos del norte de África, las ambiciones territoriales del príncipe empezaron a sentirse atraídas por el encanto del África occidental. Portugal se concentraba ahora en el Atlántico.

Doblando el cabo Bojador

África occidental ofrecía grandes oportunidades, quizás recursos por sí misma, pero muy probablemente también el acceso a redes comerciales en el interior del continente evitando a los musulmanes del norte de África. Desde que Mansa Musa I (r. 1312-1337), gobernante del Imperio de Malí, visitó El Cairo en 1324 y sorprendió a todos con la cantidad de oro que llevaba su séquito, los europeos daban vueltas a la idea de que el corazón de África contenía minas de oro fabulosamente ricas. Pero un gran obstáculo para el acceso a la región era geográfico: cómo doblar el cabo Bojador y ser capaz de regresar a Europa, contra los vientos dominantes del norte y las corrientes desfavorables. También era una creencia generalizada entre muchos marinos portugueses y otros que las aguas más allá del cabo estaban atacadas por tormentas, nieblas terribles y monstruos marinos inimaginables.

1584 Map of the Azores
Mapa de las Azores de 1584
Abraham Ortelius (Public Domain)

Durante 12 años, Enrique había financiado 14 expediciones con el apoyo de banqueros italianos, con el objetivo de doblar el cabo. Las naves de Enrique llevaban velas blancas blasonadas con la cruz roja de los templarios, pero el emblema no les fue de utilidad y las 14 flotas fracasaron en su objetivo. La carabela con velas latinas fue la respuesta a esos problemas, junto con una buena dosis de audacia. Con una ruta atrevida, lejos de la línea de costa africana, y utilizando vientos, corrientes y áreas de alta presión, los portugueses vieron que podían regresar felizmente a puerto. Así, en 1434, el explorador portugués Gil Eanes fue capaz de navegar más allá del cabo Bojador.

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El príncipe Enrique dio instrucciones a las siguientes expediciones de que registraran minuciosamente sus experiencias. Con ello, se construyó un registro científico, de valor incalculable, sobre vientos, mareas, corrientes y líneas de costa, y se trazaron mapas cada vez más precisos sobre África, conservados en Lisboa. Los portugueses eran muy reticentes a compartir sus hallazgos con nadie más, y esa información náutica se convirtió en secreto de estado. También hubo aportaciones al conocimiento zoológico. Por primera vez, los europeos entendieron a dónde volaban las aves migratorias cuando marchaban de Europa, se identificó un número incalculable de nuevas especies y se hallaron nuevos pueblos.

Las Azores y más allá

El siguiente objetivo en la lista de colonización de Enrique fue el archipiélago de las Azores, más alejado en el Océano Atlántico. El proceso de colonización comenzó en 1439, con el mando supremo compartido por el príncipe Enrique y el príncipe regente Pedro, aunque tras la muerte de este en 1449, Enrique asumió el gobierno de todo el archipiélago. Tanto Madeira como Azores fueron parceladas en capitanías, para su desarrollo agrícola y comercial, un modelo que sería copiado en futuras colonias portuguesas, al irse expandiendo el imperio, desde América hasta Extremo Oriente. Las islas del Atlántico se convirtieron en trampolines para viajes que llegaron mucho más lejos, finalmente doblando el cabo de Buena Esperanza en el sur de África y hasta Asia. El príncipe Enrique sacó gran provecho de los recursos y oportunidades comerciales que esa colonización brindó a la Corona portuguesa y a él personalmente.

La explotación de África

Enrique el Navegante siguió enviando expediciones para explorar la costa occidental de África y extraer de ella cualquier cosa de valor. Oro, pieles, y algunos productos alimenticios se intercambiaban por fardos de tela. Las cantidades no fueron muy grandes, pero suficientes como para que la Corona portuguesa comenzara la acuñación de su famosa moneda de oro, el cruzado, a partir de 1457. En 1444 tuvo lugar la primera expedición portuguesa que capturó esclavos de África – hombres, mujeres y niños – tras un ataque a los asentamientos de la isla Arguin (en la actual Mauritania). Allí se ubicó la primera feitoria portuguesa (enclave comercial fortificado) de ultramar. 240 esclavos capturados en ese primer ataque fueron exhibidos desnudos en los muelles de Lisboa. Otros países se había dedicado desde hacía mucho tiempo al comercio de esclavos en África, pero ese espectáculo en los muelles fue un presagio siniestro de la tragedia humana que tendría lugar en los siglos siguientes. Al año siguiente se lanzó una nueva expedición de caza de esclavos, más importante, y siguieron otras, de forma que aproximadamente 20.000 esclavos fueron llevados a Lisboa durante los siguientes 15 años. Rápidamente, los pueblos africanos empezaron a ver la amenaza que se cernía sobre ellos por parte de esos extraños visitantes de piel blanca, armaduras relucientes y armas de fuego.

Tomb of Henry the Navigator
Tumba de Enrique el Navegante
Ray Swi-hymn (CC BY-SA)

El comercio de esclavos reportó a Enrique riquezas y gloria. Por raro que nos pueda parecer hoy en día, Enrique no fue criticado por dicho comercio, sino por el contrario felicitado y aplaudido por haber encontrado una nueva fuente de riqueza, dañando a las redes comerciales islámicas y dando a los paganos la oportunidad de conocer la fe cristiana. Esos argumentos se utilizaron para justificar el colonialismo en las mentes de quienes lo llevaron a cabo en los siguientes 400 años. Es significativo que el papa, en una bula, mencionaba a Enrique como “nuestro querido hijo” y un “verdadero soldado de Cristo” (Cliff, 99). El ‘Navegante’ estaba en la cúspide de su fama y su poder, pero era mortal, por supuesto.

El príncipe Enrique murió en 1460, siendo enterrado en una tumba grandiosa en el Monasterio de Batalha, en el centro de Portugal. No vivió, por tanto, para ser testigo de la increíble expansión del imperio que comenzó a forjar. Siguieron más exploraciones portuguesas, y muchas más colonias se unieron a las islas del Atlántico al ir tejiendo, la pequeña Portugal, una red de puertos comerciales a lo largo y ancho del globo terráqueo, desde Brasil hasta Japón. La capilla que Enrique fundó en Belém, en las afueras de Lisboa, quedó como el último lugar de Portugal que los marinos visitaban antes de salir hacia esas colonias remotas. Se creó la tradición de que las tripulaciones rezaban en esa capilla la víspera de su marcha, pidiendo a Dios un viaje exitoso y un regreso sano y salvo a casa. Mientras tanto, Enrique el Navegante se convirtió en una figura legendaria gracias a sus logros y a crónicas sobre su vida escritas en la Edad Media tardía, como la de Zurara (ca. 1410 – ca. 1474). Incluso en el siglo XV, algunos críticos apuntan que el príncipe tenía demasiado interés en las riquezas y en remontarse a los viejos días pasados de las cruzadas, pero fue, sin embargo, ampliamente reconocido durante siglos como el padre fundador del imperio marítimo portugués.

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Sobre el traductor

Antonio Elduque
Soy doctor en Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades, especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado de las palabras.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es un escritor de historia radicado en Italia. Sus intereses especiales incluyen la cerámica, la arquitectura, la mitología mundial y el descubrir las ideas que todas las civilizaciones tienen en común. Tiene un máster en Filosofía Política y es el director de publicaciones de la AHE.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2021, agosto 04). Príncipe Enrique el Navegante [Prince Henry the Navigator]. (A. Elduque, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19825/principe-enrique-el-navegante/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Príncipe Enrique el Navegante." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. Última modificación agosto 04, 2021. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-19825/principe-enrique-el-navegante/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Príncipe Enrique el Navegante." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 04 ago 2021. Web. 28 oct 2021.