El «Intercambio Colombino» (a partir de 1492) hace referencia a la transferencia a gran escala de plantas, animales, enfermedades, pueblos y tecnologías entre América y Afro-Eurasia tras los viajes transatlánticos de Cristóbal Colón (1451-1506). Este término acuñado por el historiador Alfred W. Crosby (1972) describe un proceso transformador que reconfiguró ecosistemas y sociedades a escala mundial. Cultivos como el maíz, la papa o patata y el tomate se extendieron por Europa, África y Asia, mientras que el trigo, la caña de azúcar y algunos animales domesticados se introdujeron en América. Estos intercambios contribuyeron al crecimiento demográfico, a la aparición de nuevos sistemas agrícolas y a la integración de regiones distantes en las redes globales emergentes de comercio e imperio.
Al mismo tiempo, este intercambio tuvo consecuencias profundas y, a menudo, devastadoras. La introducción de enfermedades del Viejo Mundo, en particular la viruela, el sarampión y la gripe, provocó declives catastróficos de la población entre las sociedades indígenas de América. El desplazamiento de pueblos, incluida la migración forzosa de millones de africanos a través del comercio transatlántico de esclavos, transformó aún más los paisajes demográficos y culturales. Por lo tanto, el Intercambio Colombino representa un momento fundamental en la historia de la Edad Moderna, que vincula el cambio medioambiental, la expansión imperial y la interconexión global de formas que siguen configurando el mundo moderno.

