Día de los Muertos

Jordy Samuels
por , traducido por Waldo Reboredo Arroyo
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El Día de los Muertos es una festividad que celebra la vida y honra a los muertos a través de tradiciones, comida, adornos, y actividades dirigidas a mantener las conexiones entre los vivos y los difuntos. El Día de los Muertos se originó en México, y al contrario de lo que implica el singular «día», se conmemora en todo el mundo desde finales de octubre hasta su conclusión a principios de noviembre. Aunque para algunos la celebración evoca un período en que aparecen esqueletos juguetones, colorido «papel picado» (papel calado), y cementerios iluminados por velas, la fiesta se ha observado de distintas maneras en México desde hace más de 3.000 años, y sus formas de expresión son tan variadas como las gentes que la celebran.

Grave Decorations for Day of the Dead
Adornos de las tumbas en el Día de los Muertos Eneas De Troya (CC BY)

La celebración del Día de los Muertos

los días 30 y 31 de octubre señalan el momento en que las comunidades conmemoran y acogen en su regreso a las almas de los niños.

En su libro Celebrating Latino Folklore: An Encyclopedia of Cultural Transitions (Celebrando el folclore latino: una enciclopedia de tradiciones culturales), María Herrera-Sobek explica que «El Día de los Muertos señala el único momento del año en que los muertos pueden regresar, si bien solo por unas horas, para visitar a sus seres queridos y disfrutar de los placeres que conocieron en vida» (403). Por lo común, las celebraciones comienzan al anochecer del 31 de octubre, y concluyen el 2 de noviembre. Sin embargo, algunas comunidades rurales de México comienzan las ceremonias en fecha tan temprana como el 27 de octubre, ocasión en que los difuntos que no tienen familia ni amigos pueden encontrar sustento para sus almas en las migajas de pan y el agua contenida en recipientes que cuelgan en el exterior de sus casas. Estas comunidades ni siquiera olvidan a quienes no conocen.

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Al día siguiente, los participantes reciben a las almas de quienes murieron por causa violenta, que podrían considerarse espíritus malévolos:

Estos temores derivan de creencias aztecas según las cuales la calidad de la vida en el más allá está determinada por la manera en que se muere, no por la forma en que se vive. Por esta razón, a las almas fallecidas por accidente, asesinato, u otras formas violentas, se les ofrece sustento desde una distancia segura.
(Herrera-Sobek, 404)

Los días 30 y 31 de octubre señalan respectivamente el momento en que las comunidades conmemoran y acogen el regreso de las almas de los niños; el primero dedicado a quienes fallecieron antes del bautismo, y el segundo, a los que murieron después de ser bautizados. El 1 de noviembre las familias ofrecen la bienvenida a las almas de los adultos fallecidos que regresan al hogar. Estos seres queridos, en algunas ocasiones llamados «fieles difuntos», se reciben con el repique de campanas de las iglesias y ofrendas en el hogar, donde los esperan sus deudos. Durante las jornadas festivas, las familias atienden las tumbas de sus seres queridos. Los asistentes a las celebraciones limpian, reparan, y decoran los sepulcros, traen y comparten alimentos, encienden velas, y en ocasiones interpretan o disfrutan música en los cementerios. Los festejos concluyen al anochecer del 2 de noviembre, momento en que los difuntos que aún permanecen entre los vivos emprenden el camino de regreso al más allá, a veces apremiados por enmascarados encargados de ahuyentar a las almas que quedan rezagadas en el mundo de los vivos.

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Cada día de la celebración, durante la bienvenida a las almas, los vivos preparan ofrendas que contienen comida, flores, y artes visuales, en las que a menudo se incluyen escenas o representaciones de calaveras y esqueletos, para ayudarlos a conectarse con las almas de los muertos y proveerles sustento.

La ofrenda

La ofrenda constituye un elemento central y distintivo de las celebraciones del Día de los Muertos. Participan en su preparación todos los miembros de la familia que estén en capacidad de hacerlo, quienes por lo general las confeccionan sobre una mesa o una plataforma. Algunas se elevan con varios niveles que recuerdan una pirámide escalonada. La tradición lleva a cubrirlas con un mantel decorativo antes de disponer con cuidado sobre ellas los objetos que la integran.

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Lo que a la postre se coloca en una ofrenda depende totalmente de las personas que la preparan y de las almas a quienes se les ofrece. Sin embargo, la mayoría incluye comida, agua, velas, y guirnaldas de papel de colores conocidas con el nombre de «papel picado». La ofrenda puede incluir otros objetos, como flores, fotografías de los difuntos, estatuas de santos, estampillas de oración, dulces, y distintos recuerdos de significación para los muertos. Se piensa que el viaje desde el más allá hasta el mundo de los vivos es largo y fatigoso, por lo que algunas familias incorporan en sus ofrendas artículos de aseo como jabón, peines, cuchillas de afeitar y cepillos de dientes, para que el alma del fallecido pueda refrescarse al arribar. Asimismo, las ofrendas dedicadas a las almas de niños suelen incluir juguetes nuevos, leche, o ropa, mientras las dirigidas a las de los adultos pueden incorporar sus bebidas alcohólicas favoritas y otros artículos que reflejan sus preferencias en vida. En ocasiones se extiende frente a la mesa una estera tejida para proporcionar a las almas recién arribadas un sitio de descanso. En algunos casos las familias erigen por encima de la ofrenda un arco decorado con flores, del que penden alimentos u hojas de palma.

Day of the Dead Altar
Altar del Día de los Muertos Eneas De Troya (CC BY)

Entre los objetos que pueden contener las ofrendas se encuentran cruces alusivas al Árbol de la Vida, un concepto presente en distintas tradiciones mexicanas. Según esas creencias, el árbol sostiene el cielo y crea una especie de vínculo que conecta los tres niveles del mundo: «el arco estrellado de los cielos, el pedregoso mundo intermedio de la tierra, que florece y fructifica por la sangre de los reyes, y las oscuras aguas del inframundo que se hallan debajo» (Haley y Fukuda, 2004, 135). Con esto en mente, la mesa de la ofrenda en sí misma representa un microcosmos del mundo: el tablero simboliza el mundo de los vivos donde se presentan los ofrecimientos, el suelo el inframundo donde descansan los difuntos, y el arco, el cielo que se extiende sobre todo lo demás.

Según Herrera-Sobek, la ofrenda tradicional incorpora símbolos de los cuatro elementos. La tierra se representa por medio de los cultivos, entre ellos el maíz, que desempeñó un rol fundamental en la cultura e historia mesoamericana, en particular entre los mayas, los purépechas y los mexicas. El aire se simboliza mediante un fino papel artesanal conocido como papel picado, expresión del arte azteca anterior a la conquista. Los artesanos cortan hasta 50 delgadas láminas de papel a la vez, con las que crean intrincados patrones, imágenes, o escenas, que se utilizan en una gran variedad de celebraciones en todo México. Los colores y diseños de estos adornos varían en dependencia de la ocasión: de manera típica, el papel empleado el Día de los Muertos incluye imágenes de ofrendas, símbolos religiosos y esqueletos o calaveras que realizan distintas actividades. Frente a las ofrendas se cuelgan banderines hechos de papel muy liviano, delicado y colorido, que asemejan encajes, para que queden expuestos al movimiento del aire.

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El agua y el fuego se representan con su presencia física en las mesas de ofrendas del Día de los Muertos. Las familias colocan agua en recipientes ornamentales para saciar la sed de las almas que llegan tras su largo viaje. Los más religiosos pueden incluir agua bendita en sus ofrendas. En cuanto al fuego, las familias siguen la tradición de encender velas para cada una de las almas conmemoradas por las ofrendas. Las velas simbolizan la esperanza y la fe, y permanecen encendidas toda la noche para que ninguna de las ánimas que retornan quede en la oscuridad.

Alimentos

La elaboración de ofrendas, y en especial, la inclusión de alimentos en las mesas que las soportan, se fundamenta en la creencia indígena mexicana de que las almas necesitan sustento incluso después de la muerte. Para satisfacer las necesidades de alimentación de los difuntos, las festividades del Día de los Muertos incluyen varios platos distintos. La ofrenda comprende el maíz, ya mencionado, cosechado en octubre, que preparado en forma de tamales y gorditas, se coloca a menudo en el tablero junto a moles, panes, frutas de estación y vegetales.

el alimento más emblemático que se prepara para el día de los muertos son las calaveras de azúcar decoradas.

Un tipo particular de pan, el pan de muerto, es propio de la celebración. Por tradición este pan dulce especial se elabora con agua de azahar, semillas de anís y nuez moscada, y se espolvorea con azúcar. Suele tener forma redonda y aplanada, rematado con dos tiras de masa que simulan huesos dispuestos en cruz, pero también puede moldearse en forma de persona, animal, o corazón, un órgano que tuvo gran relevancia en las creencias de los habitantes aztecas de la Mesoamérica prehispánica.

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Sin duda, el alimento más emblemático del Día de los Muertos son las calaveras de azúcar decoradas. Elaboradas con azúcar granulada, merengue en polvo, y puestas a endurecer, estos deliciosos dulces suelen adornarse con glaseados de colores festivos, papel de aluminio y lentejuelas. Las calaveras se han convertido en un símbolo cada vez más popular de la celebración. La abundancia de comida es una de las formas principales mediante la que los vivos se conectan con las almas que retornan del más allá. En realidad, en México no se cree que los difuntos consumen la comida de las ofrendas, sino que estos alimentos simbolizan la conexión entre los fallecidos y quienes los aman y recuerdan. Para los difuntos, tanto como para los vivos, la preparación constituye una labor de amor. Una vez que los muertos regresan al más allá, los alimentos que se han ofrecido en su honor pasan a ser una ofrenda para la comunidad que participa en las festividades. De esta manera la comida preparada para sustentar a las cansadas almas de los muertos ayuda a fortalecer y mantener las conexiones entre los vivos.

Decorated Sugar Skull for Day of the Dead
Calavera de azúcar decorada del Día de los Muertos Smithsonian National Museum of Natural History (CC BY-NC-SA)

Flores

Las flores son otro de los múltiples objetos que se emplean como elementos decorativos en las celebraciones del Día de los Muertos. Las llamadas flores de muertos simbolizan la brevedad de la vida, y aportan su belleza y fragancia a las festividades. Varias especies son las más utilizadas durante las celebraciones, entre las que destaca el cempasúchil o caléndula (marigold). La civilización azteca conocía estas flores con el nombre de cempoaxochitl, término derivado del náhuatl cemposalli, que significa «veinte», y xochitl, «flor». En consecuencia, la traducción aproximada del vocablo es «flor de los veinte pétalos», o «flor de veinte». Herrera-Sobek la denomina «flor de las 400 vidas», y recoge la creencia nahua conforme a la cual el cempasúchil había sido un presente del dios solar Tonatiuh destinado a honrar a los muertos. Según la tradición, la fuerte fragancia y brillantes colores del cempasúchil guían a las almas de los difuntos, que se cree poseen un agudo olfato, hasta las ofrendas con que se reciben. Algunas comunidades esparcen pétalos de cempasúchil en el interior de sus casas para formar un sendero que conduce desde la puerta principal hasta la ofrenda, o en los poblados más pequeños, un camino que lleva a los cementerios, para ayudar a los muertos a regresar al más allá, al terminar las festividades.

Aunque el cempasúchil es la flor más asociada a la festividad, algunas orquídeas del género Laelia, entre ellas L. autumnales, L. albida, y L. gouldiana, nativas de México, también se han empleado durante siglos en las ceremonias del Día de los Muertos. Según la Colección de orquídeas de los jardines Smithsonian, ese uso motivó su cultivo local y la atribución de nombres como «calaveritas», lirio de los santos, flor de muertos, y flor de las ánimas a ciertas especies particulares de Laelia.

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Esqueletos

La imaginería de los esqueletos ocupa un lugar principal en las celebraciones urbanas del Día de los Muertos, aunque no alcanza la misma prominencia en los festejos rurales mexicanos. En ocasiones llamados calacas, los esqueletos que cobran vida en el Día de los Muertos aparecen en disfraces, dulces, juguetes, escaparates y publicaciones impresas. Aunque puedan parecer macabros, se representan con un tono lúdico y proyectan las faltas y fragilidad de la existencia humana bajo una luz más alegre. Las calacas recuerdan que la muerte es parte inevitable de la vida, no algo a lo que hay que temer ni adorar. La actual ubicuidad de las calacas durante las celebraciones del Día de los Muertos puede atribuirse a la obra de José Guadalupe Posada (1852-1913), quien con tono satírico y humor negro representó esqueletos ataviados con lujosos vestidos, enfrascados en actividades en el más allá. Esas estampas inspiraron los esqueletos animados que aparecen en las celebraciones modernas del Día de los Muertos. El arte de Posada nació de encargos para ilustrar artículos impresos llamados calaveras, críticos de las élites y el Gobierno mexicano de la época.

Skeletons (Calaveras) Riding Bicycles
Esqueletos montando bicicletas José Guadalupe Posada (Public Domain)

Sin embargo, antes de la llegada de los españoles, ya era común la imaginería relacionada con los esqueletos. Varios dioses de la religión maya, de las creencias zapotecas y de la religión azteca, entre ellos el dios azteca Mictlantecuhtli, cuyo nombre se traduce de manera aproximada como «Señor» (tecuhtli) del «inframundo» (Mictlan), se representan como esqueletos animados. Además, a estos dioses no se les consideraba con el temor y la inquietud que suelen asociarse a las deidades del inframundo. Según Mary Miller y Karl Taube, las fuentes mitológicas los tratan con una mezcla de temor e irrisión, capaces de crueldades y astucias; pero también eran víctimas de engaños y burlas por parte de otros dioses y mortales. Miller y Taube incluso describen a Mictlantecuhtli con características de ser «en lo fundamental estúpido y vulnerable a las artimañas de dioses más sagaces» (113). Es posible que las ideas ambivalentes de crueldad y vulnerabilidad asociadas a estos dioses hayan inspirado las representaciones modernas de figuras esqueléticas en las celebraciones del Día de los Muertos.

Mask of Mictlantecuhtli
Máscara de Mictlantecuhtli The Walters Art Museum (Public Domain)

Dicho esto, las figuras del Día de los Muertos intentan burlarse de la muerte como concepto, no de los fallecidos. Resulta raro ver calacas u otra iconografía humorística cerca de quienes velan día y noche durante estas festividades. Ese tono humorístico aparece en lo fundamental en contextos públicos y anónimos, no en las ceremonias privadas dedicadas a los seres queridos que han fallecido. Los exuberantes esqueletos, muy reconocidos como símbolo del Día de los Muertos, solo representan de manera superficial uno de los aspectos de la celebración. Las representaciones de esqueletos y cráneos durante el Día de los Muertos son estacionales, seculares, satíricas, y comerciales; están dirigidas a los vivos, y no sustituyen el duelo de los participantes ni los homenajes que les rinden a sus parientes fallecidos.

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La conversión y la historia de la festividad

Aunque las dinámicas de conversión y el legado español en Mesoamérica son en extremo complejos, existen evidencias de que tras la llegada de los misioneros españoles a la región, algunas festividades indígenas se reprogramaron de manera deliberada para que coincidieran con las celebraciones católicas. Debido a esta recontextualización del calendario es probable que el Día de los Muertos, como muchas otras tradiciones indígenas, experimentara cambios sincréticos al confluir las diversas culturas mesoamericanas y española. El Códice Florentino, escrito a mediados del siglo XVI por un fraile franciscano nombrado Bernardino de Sahagún, registra dos fiestas aztecas: Miccailhitontli, «Fiesta de los muertos pequeños», y Miccailhuitl, «Fiesta de los muertos adultos», conocidas de conjunto como Tlaxochimaco, «Ofrenda de las flores», o Xocotl uetzii, «Fruta que cae». Estas se celebraban en el noveno y décimo mes del calendario azteca, y se trasladaron para que coincidieran con las conmemoraciones católicas del Día de los Fieles Difuntos, y el Día de Todos los Santos.

Resulta irónico que los intentos de los sacerdotes españoles para hallar un terreno común que permitiera reemplazar las creencias indígenas con las católicas contribuyeran de manera activa a preservar esas tradiciones. Sin embargo, cabe señalar que no resulta posible definir con claridad las ideas que a lo largo de un extenso período de tiempo dieron forma a esta celebración. Las numerosas concepciones sobre la muerte en las culturas mesoamericanas prehispánicas introdujeron ideologías muy distintas aunque en ocasiones altamente compatibles, y cualquiera de ellas, o todas juntas, podrían haber influido en la configuración de las festividades de finales de otoño en México.

Entre algunos pueblos indígenas de Mesoamérica circulaba la creencia de que una persona podía morir tres veces. La primera era la muerte del cuerpo físico, y la segunda, la muerte del espíritu, cuando de cierta forma la vida regresaba a sus orígenes, ya fuera sepultada en la tierra o en ascenso al sol. La tercera muerte, que infundía verdadero temor, era la del alma, el fin del ser, cuando no quedaba individuo alguno que recordara a la persona, ni alguien para darle la bienvenida al mundo de los vivos. Las ceremonias y costumbres del Día de los Muertos constituyen un medio para evitar esta muerte definitiva, tanto de los ancestros, como de los recién fallecidos.

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Sobre el traductor

Waldo Reboredo Arroyo
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.

Sobre el autor

Jordy Samuels
Jordy es bibliotecaria, apasionada de la historia y una persona de curiosidad incansable. Le fascinan los mitos y el estudio de los sistemas de creencias, disfruta de las novelas gráficas, la cocina, contemplar el cielo entre nubes y aprender de otras personas curiosas, especialmente de los niños.

Cita este trabajo

Estilo APA

Samuels, J. (2025, octubre 21). Día de los Muertos. (W. R. Arroyo, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2807/dia-de-los-muertos/

Estilo Chicago

Samuels, Jordy. "Día de los Muertos." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia, octubre 21, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2807/dia-de-los-muertos/.

Estilo MLA

Samuels, Jordy. "Día de los Muertos." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia, 21 oct 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2807/dia-de-los-muertos/.

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