Las 95 tesis de Martín Lutero

Joshua J. Mark
por , traducido por Kathleen A. Mijares
publicado el
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Las 95 tesis de Martín Lutero del 31 de octubre de 1517, aunque representan el comienzo de la Reforma protestante, no fueron escritas para cuestionar la autoridad de la Iglesia católica romana, sino como una invitación al clero para establecer un debate académico de cualquiera o todas las proposiciones enumeradas.

Luther's Ninety-Five Theses Nailed to the Wittenberg Church's Door
Las noventa y cinco tesis de Lutero clavadas en la puerta de la iglesia de Wittenberg Eikon Film and NFP Teleart (Copyright)

Las 97 tesis de Lutero sobre el tema de la teología escolástica se habían publicado solo un mes antes de sus 95 tesis, estas ultimas enfocadas en la venta de indulgencias plenarias. Ambos escritos estaban hechos para invitar a la discusión sobre el tema. Martín Lutero (1483 – 1546) se opuso a la teología escolástica por el motivo de que no podía revelar la verdad de Dios y denunció como antibíblicas y avariciosas las indulgencias, escritos vendidos para acortar la estancia de uno mismo (o de un ser querido) en el purgatorio.

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LAS 95 TESIS REPRESENTARON UN DESAFíO DIRECTO A LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA POR PARTE DE UN CLÉRIGO RESPETADO.

Las 95 tesis se convirtieron en el catalizador de la reforma porque poco después fueron traducidas del latín al alemán y, gracias a la tecnología de la imprenta, se pusieron a disposición del público. A un año de la distribución de la tesis, ya se habías traducido a otros idiomas e inició el movimiento de la Reforma en otros países, ya que, aquellos que las leyeron o que las escucharon leer, representaban un desafío directo a la autoridad de la Iglesia por parte de un clérigo respetado y en buena posición.

Las siguientes son las 95 Tesis en español publicadas a través del sitio web Coalición por el Evangelio por Nimrod López Noj, et. al. tal como aparecen en Clásicos de la fe. El texto se presenta a continuación sin comentarios y con ligeros cambios en la redacción y la puntuación para mayor claridad.

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Las 95 tesis

Por amor a la verdad y el deseo de sacarla a la luz, se discutirán las siguientes proposiciones en Wittenberg, bajo la presidencia del reverendo padre Martín Lutero, maestro en Artes y en Teología Sagrada, y catedrático ordinario en el mismo lugar. Por lo tanto, solicita que aquellos que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, puedan hacerlo por carta.

En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Amen.

  1. Cuando nuestro Señor y Maestro, Jesucristo, dijo: «Arrepiéntanse…», Su intención era que toda la vida de Sus creyentes fuera una constante penitencia.
  2. La palabra «penitencia» no puede ni debe entenderse como el sacramento de la penitencia, el cual es la confesión y la reparación que se realiza bajo el ministerio del sacerdote.
  3. No obstante, él no solo piensa en la penitencia interna: de hecho, la penitencia interna es inútil a menos que se produzca la aflicción externa de la carne.
  4. Por lo tanto, la penitencia [del pecado] continúa mientras persista el odio a uno mismo, lo que significa que la penitencia interna continúa hasta que uno entre en el reino de los cielos.
  5. El papa no remitirá ni puede remitir otros castigos a excepción de los que él haya impuesto a través de sus propios decretos o según los cánones.
  6. El papa no puede perdonar los pecados, solo puede declarar y confirmar lo que Dios haya perdonado; o en lo que él se haya reservado para sí mismo, a menos que esto ocurra, los pecados permanecen sin perdonar.
  7. Dios no perdona ninguno de los pecados a menos que el pecador se presente afligido y humillado delante del sacerdote, su vicario.
  8. Los cánones sobre la penitencia son impuestos sobre los vivientes, no deben ser impuestos bajo ningún concepto sobre los que agonizan.
  9. Es por eso que el Espíritu Santo, que actúa en el papa, nos hace el bien, cuando este último en sus decretos remueve el artículo de muerte y extrema necesidad.
  10. Los sacerdotes actúan de manera malvada e irracional cuando reservan para el purgatorio la penitencia impuesta por los cánones sobre los que están en agonía de muerte.
  11. Cambiar la pena canónica por una pena en el purgatorio, parece que surgió mientras los obispos dormían.
  12. En tiempos antiguos, se imponían las penas canónicas, antes de la absolución, no después, y se hacía como una prueba para que se mostrara el verdadero arrepentimiento.
  13. Los que agonizan pagan todas sus penas al morir, ya están muertos a los cánones, de los cuales ya están apropiadamente exentos.
  14. La salud imperfecta [del alma] o el amor imperfecto en la persona que agoniza necesariamente le trae gran temor, y entre menos amor haya mostrado, mayor será su temor.
  15. Este amor y horror (por no mencionar otras cosas) son suficientes en sí mismos para producir el castigo del purgatorio, ya que se asemejan al horror de la desesperación.
  16. El infierno, el purgatorio y el cielo parecen ser diferentes, así como también parecen diferir de la absoluta desesperación, la casi desesperación y la seguridad de la salvación.

  17. Estando las almas en el purgatorio, parece necesario que, a medida que el amor crece en las almas, disminuya el temor.

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  18. Parece que no se ha demostrado, ni por argumentos racionales ni por la Sagrada Escritura, que las almas en el purgatorio estén excluidas del mérito, es decir, del aumento del amor.

  19. Tampoco se ha demostrado que todas las almas en el purgatorio tengan plena seguridad y confianza de su salvación, aunque nosotros podamos estar totalmente seguros de ello.

  20. Por lo tanto, cuando el papa habla de “la perfecta remisión de todos los castigos”, no quiere decir que todas las penas en general sean perdonadas, sino solo aquellas impuestas por él.

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  21. Por consiguiente, los predicadores de indulgencias se equivocan al afirmar que por indulgencia papal un hombre puede ser exento de todos los castigos y así ser salvo.

  22. Indudablemente, el papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, debieron haber pagado en esta vida.

  23. Si a alguno se le concede completa remisión de todas las penas, es cierto que se confiere solo a aquellos que se encuentran más cercanos a la perfección, o sea, a muy pocos.

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  24. Así que se engaña a un gran número de personas con la jactanciosa promesa de la exención de la pena, por lo cual no hay manera de hacer distinción.

  25. El mismo poder que el papa tiene sobre el purgatorio, lo tiene el obispo en su diócesis y todo cura en su parroquia.

  26. El papa procede bien al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.

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  27. Predican con vanidad aquellos que dicen que las almas vuelan fuera del purgatorio tan pronto suenan las monedas caer dentro del cofre.

  28. Lo que sí es cierto es que tan pronto suenan las monedas en el cofre, aumentan las ganancias y la avaricia, pero la intercesión de la Iglesia depende de la voluntad de Dios mismo.

  29. Además, ¿quién sabe si todas las almas en el purgatorio desean ser redimidas? Como cuenta la leyenda que sucedió con san Severino y san Pascual.

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  30. Nadie está seguro de haberse arrepentido con la suficiente sinceridad, mucho menos de haber recibido la perfecta remisión de sus pecados.

  31. Es muy raro el que se ha arrepentido con sinceridad, el que lo hace obtiene la indulgencia; así que, esta persona es difícil de encontrar.

  32. Cercanos a la condenación eterna están los que creen, junto con sus maestros, estar seguros de su salvación por medio de las indulgencias.

  33. Desconfíen de los que afirman que las indulgencias papales son un don especial de Dios por el que el hombre es reconciliado con Dios.

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  34. El perdón contenido en estas indulgencias se refiere solo a las penas de la santificación sacramental, que fueron determinadas por los hombres.

  35. Predica herejía quién enseña que aquellos que sacan las almas del purgatorio, o que les compran indulgencias, no tienen necesidad de arrepentirse ni de experimentar contrición.

  36. Todo cristiano que se arrepiente y se aflige genuinamente por sus pecados tiene perfecta remisión del dolor y la culpa, aunque no posea el certificado de indulgencia.

  37. Todo cristiano verdadero, vivo o muerto, participa de los beneficios de Cristo y de la iglesia que le han sido otorgados por Dios mismo, aunque no posea el certificado de indulgencia.

  38. Sin embargo, la absolución y la dispensa papal no deben despreciarse, pues, como he expresado, son una declaratoria de la absolución divina.

  39. Es verdaderamente difícil, incluso para un hábil teólogo, elogiar delante del pueblo la gran riqueza de las indulgencias y, a la vez, la verdad del absoluto arrepentimiento.

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  40. El verdadero arrepentimiento busca y acepta el castigo, mientras que las abundantes indulgencias liberan de este, y hacen que los hombres odien o, por lo menos, les da la ocasión de hacerlo.

  41. La indulgencia papal debe predicarse con prudencia, no sea que la gente erróneamente crea que tiene más valor que las otras obras de amor que deben hacerse.

  42. Se debe enseñar a los cristianos que el papa no pretende de ninguna manera que la compra de indulgencias sea comparable con las obras de amor.

  43. Se debe enseñar a los cristianos que quien da al pobre o presta al necesitado hace una mayor obra que el que compra indulgencias.

  44. Porque el amor crece por las obras de amor, y el hombre se hace mejor; pero por las indulgencias el hombre no se hace mejor, sólo más libre de penas.

  45. Se debe enseñar a los cristianos que quien ve a su prójimo en necesidad y compra indulgencias, no participa de las indulgencias papales, sino de la ira de Dios.

  46. Se debe enseñar a los cristianos que, a menos que sean ricos, es su deber tener lo necesario para mantener a su familia, y que no deben malgastar sus recursos en indulgencias.

  47. Se debe enseñar a los cristianos que comprar indulgencias nace de la propia voluntad, y no por obligación o deber.

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  48. Se debe enseñar a los cristianos que el papa, al vender indulgencias, tiene más necesidad de una oración devota por él mismo, antes que el dinero.

  49. Se debe enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles, solo si no se pone la confianza en ellas, pero muy peligrosas si por causa de ellas se pierde el temor a Dios.

  50. Se debe enseñar a los cristianos que, si el papa supiera lo que hacen los predicadores de las indulgencias, preferiría que la catedral de San Pedro fuera quemada y convertida en cenizas, antes de ser construida con la piel, la carne y los huesos de las ovejas.

  51. Se debe enseñar a los cristianos que el papa, como es su obligación hacer, está dispuesto a dar de su propio dinero a aquellos a quienes los predicadores de indulgencias les quitaron dinero, y aún vender la catedral de San Pedro si fuera necesario.

  52. Es vano y falso esperar ser salvo por medio de indulgencias, aunque el comisario, es más, el mismo papa, lo prometiera con su propia alma.

  53. Aquellos que, por causa de un sermón sobre las indulgencias en una iglesia, condenan al silencio la Palabra de Dios en otras iglesias, los tales son enemigos de Cristo y del papa.

  54. Es contrario a la Palabra de Dios si alguno en el mismo sermón dedica el mismo o mayor tiempo a hablar de indulgencias, antes que de la palabra del evangelio.

  55. La opinión del papa no puede diferir de esto: si una indulgencia, la cual es la cosa más insignificante, se celebra con un toque de campana, procesión y ceremonias, entonces el evangelio, el cual es la cosa más sublime, debe celebrarse con cien toques de campanas, cien procesiones y cien ceremonias.

  56. Los tesoros de la Iglesia, de donde el papa concede las dispensas, no son lo suficientemente mencionados ni conocidos entre la comunidad de Cristo.

  57. Es evidente que no son tesoros temporales, porque muchos de los predicadores no los gastan con ligereza, sino que los acumulan.

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  58. Tampoco son los méritos de Cristo ni de los santos, porque estos, sin la ayuda del papa, siempre obran gracia al hombre interior, y la cruz, la muerte y el infierno al hombre exterior.

  59. San Lorenzo se refirió a los pobres de la congregación como los tesoros de la comunidad y de la iglesia, pero él entendió la palabra según el uso en su tiempo.

  60. Afirmamos sin insolencia que las llaves de la Iglesia, entregadas por los méritos de Cristo, son este tesoro.

  61. Porque es notorio que el poder del papa es suficiente para la remisión de las penas y el perdón en los casos reservados.

  62. El correcto y verdadero tesoro de la iglesia es el santísimo evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.

  63. No obstante, este tesoro es con razón odiado, porque hace que los primeros sean los últimos.

  64. Por otro lado, el tesoro de las indulgencias es mejor recibido, porque este hace que los últimos sean los primeros.

  65. Por lo tanto, los tesoros del evangelio son redes, con las cuales, en tiempos pasados, uno pescaba a los hombres arrebatándoselos al dios del dinero.

  66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las que ahora se pesca la riqueza de los hombres.

  67. Las indulgencias que los predicadores proclaman como las «mayores gracias», en realidad solo son entendidas como tales en la medida en que promueven la ganancia.

  68. Aunque son en verdad gracias muy insignificantes comparadas con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.

  69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.

  70. Pero tienen el deber aún más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propias ilusiones en lugar de lo que el papa les ha encomendado.

  71. Quién hable contra la verdad de las indulgencias apostólicas sea anatema y maldito.

  72. Mas sea bendito el que está atento contra las palabras insolentes e insensatas del predicador de indulgencias.

  73. Así como el papa justamente deshonra y excomulga a aquellos que utilizan cualquier artimaña para dañar la venta de indulgencias.

  74. Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, utilizan artimañas para dañar el santo amor y la verdad.

  75. Es disparatado pensar que las indulgencias del papa son tan eficaces como para que puedan absolver, por hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de Dios.

  76. Afirmamos, por el contrario, que las indulgencias papales no son capaces de borrar el más leve de los pecados diarios, en cuanto a la culpa de este.

  77. Afirmar que san Pedro, si ahora fuera el papa, no podría mostrar mayores misericordias, sería una blasfemia contra san Pedro y contra el papa.

  78. Afirmamos que tanto este como todo papa tiene mayores misericordias que mostrar: concretamente, el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etcétera. Como está escrito en 1 Corintios 12.

  79. Es una blasfemia decir que la cruz con las armas papales, que es erigida por los predicadores de indulgencias, tiene tanto poder como la cruz de Cristo.

  80. Aquellos obispos, clérigos y teólogos que permitan que tales discursos se promulguen entre la gente tendrán que rendir cuentas por ello.

  81. Tales sermones tan desvergonzados sobre las indulgencias hacen difícil, aun para los entendidos, defender el honor y la dignidad del papa contra las calumnias que se levantan, y aun contra las preguntas indagadoras de los laicos.

  82. Por ejemplo, ¿por qué el papa no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las razones, mientras que, por otro lado, salva a una cantidad de almas a causa del miserable dinero para la construcción de la basílica, lo cual es un motivo completamente insignificante?

  83. Del mismo modo, ¿por qué continúan las misas por los muertos y por qué el papa no devuelve o permite que se retiren los fondos que se establecieron para el bien de los muertos, puesto que ahora es incorrecto rezar por aquellos que ya son salvos?

  84. De nuevo, ¿cuál es esta santidad moderna de Dios y del papa que, por dinero, permiten que el impío y el enemigo de Dios salve un alma piadosa y fiel a Dios, pero que no salva un alma piadosa y amada por la que no se paga, la cual debería ser salva por gratuita caridad y deseo de liberarla de la aflicción?

  85. Y sigo, ¿por qué los cánones penitenciales, que se abolieron y caducaron hace mucho tiempo, porque ya no se aplicaban, aún se pagan con dinero mediante la concesión de indulgencias, como si todavía estuvieran vigentes y fueran aplicables?

  86. De nuevo, ¿por qué el papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?

  87. Asimismo, ¿qué remite el papa o confiere a aquellos que, a través de la perfecta penitencia, ya tiene derecho a la remisión y las indulgencias plenarias?

  88. Del mismo modo, ¿qué bien mayor podría recibir la iglesia, sino aquel en el que el papa presentara esta remisión e indulgencia cien veces por día a cualquier creyente, en lugar de hacerlo solo una vez, como lo hace ahora?

  89. Si el papa busca a través de sus indulgencias, la salvación de las almas, en lugar de dinero, ¿por qué anula las cartas de indulgencias conferidas tiempo atrás, y las declara expiradas, aunque no lo estén?

  90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos, y no resolver ninguno con la verdad, es exponer a la Iglesia y el papa al ridículo delante del enemigo y hacer que el pueblo cristiano caiga en desdicha.

  91. Por ende, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del papa, todas estas interrogantes se resolverían con facilidad o más bien no existirían.

  92. Hay que rechazar a todos esos profetas que predican a la comunidad de Cristo: «paz, paz», y no hay paz.

  93. Sean benditos todos esos profetas que le dicen al pueblo «la cruz, la cruz», y no hay cruz.

  94. Es necesario exhortar a los cristianos a que se esfuercen en seguir a Cristo, su Cabeza, por medio de la cruz, la muerte y el infierno.

  95. Y así aguardar, con confianza, entrar al cielo a través de muchas adversidades, en lugar de buscar hacerlo a través de una falsa sensación de seguridad.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Kathleen A. Mijares
Kathleen A. Mijares es una traductora voluntaria. Cree firmemente que comprender nuestro pasado colectivo nos ayuda a entender el presente y nos guia hacia el futuro, una convicción que la motiva a continuar con su trabajo.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2025, septiembre 05). Las 95 tesis de Martín Lutero. (K. A. Mijares, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1891/las-95-tesis-de-martin-lutero/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Las 95 tesis de Martín Lutero." Traducido por Kathleen A. Mijares. World History Encyclopedia, septiembre 05, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1891/las-95-tesis-de-martin-lutero/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Las 95 tesis de Martín Lutero." Traducido por Kathleen A. Mijares. World History Encyclopedia, 05 sep 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1891/las-95-tesis-de-martin-lutero/.

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