Bath, la famosa ciudad termal de Somerset, Inglaterra, ha atraído durante siglos a personas de cerca y de lejos por sus manantiales y termas curativos. Hoy en día, la ciudad es conocida por su hermosa arquitectura georgiana y por ser el destino de la élite adinerada de los siglos XVIII y XIX. Los ricos y poderosos acudían a la hermosa ciudad para beber sus aguas cálidas de sabor extraño, pero el uso del agua termal también tiene una historia mucho más antigua.
En el centro de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se pueden visitar las termas romanas. Aquí se puede aprender cómo los romanos —que conquistaron Gran Bretaña en el año 43 d.C.— veneraban y utilizaban las aguas termales. Los romanos construyeron un templo y un complejo de termas en honor a Sulis Minerva, una combinación romano-celta entre Sulis, la diosa celta de las aguas curativas y sagradas, y Minerva, la diosa romana de la sabiduría. En pocas décadas, la ciudad de Aquae Sulis surgió alrededor del complejo de termas como uno de los balnearios y lugares de peregrinación más importantes de la parte occidental del Imperio romano. Visitar las termas romanas, antes olvidadas, le permitirá conocer la larga historia de la antigua ciudad, y es también uno de los lugares de Inglaterra donde se puede aprender mucho sobre la vida, la religión y los cambios en la sociedad de la Britania romana.
Una visita al Museo de las termas romanas le permite acceder a los restos del impresionante y antiguo complejo termal, así como a la colección del museo de hallazgos procedentes de excavaciones y trabajos de conservación.
Los romanos y las islas británicas
Para los romanos, las lejanas islas al oeste estaban separadas del mundo conocido por el gran río Océano (también conocido como Oceanus) que rodeaba el mundo. Los generales y emperadores romanos que exploraron y conquistaron por primera vez esta tierra desconocida se enorgullecían de haber vencido al gran océano y a los peligros que encerraban sus profundas aguas azules.
Julio César (100-44 a.C.) fue el primer general romano que intentó conquistar a los bárbaros e incivilizados habitantes de las islas en el siglo I a.C. Estableció el primer contacto entre los romanos y las diferentes tribus británicas alrededor del año 55 a.C., pero no fueron derrotados hasta el año 43 d.C., cuando Claudio (que reinó de 41-54 d.C.) gobernaba como cuarto emperador de Roma.
el Gran Baño, junto con el templo y el manantial sagrado, habrían sido las principales atracciones de Aquae Sulis.
Solo unas décadas después de que la mayor parte de la isla fuera conquistada, se construyó el impresionante complejo de termas de Aquae Sulis, que fue utilizado tanto por los romanos como por los lugareños. El primer registro que hace referencia a las termas data del año 76 d.C., y se cree que tanto los edificios de las termas como el templo ya llevaban un tiempo en pie para entonces. Los romanos no tardaron en descubrir este lugar sagrado y curativo y lo transformaron en uno de los símbolos de la civilización romana: las termas públicas.
Dedicado a la diosa local Sulis, personificación del agua curativa, el lugar era probablemente un bosque sagrado para los lugareños y posiblemente para los misteriosos druidas (que se cree que eran los sabios —posiblemente también mujeres— y líderes espirituales de las antiguas tribus británicas, pero de los que en realidad se sabe muy poco) durante siglos antes de la llegada de los romanos. De acuerdo con una antigua leyenda, las aguas termales curativas fueron descubiertas por el príncipe Bladud en el año 863 a.C. El príncipe fue desterrado de su reino por padecer lepra y viajó por el campo con sus cerdos. Cuando los cerdos —infectados con la misma enfermedad— se revolcaron en el barro de la zona ahora conocida como Bath, se curaron de sus infecciones y el príncipe descubrió las aguas termales y sus poderes curativos. Curó su enfermedad, se convirtió en rey de su reino y fundó una ciudad en el lugar donde se encontraban las aguas curativas.
Quedan pocos vestigios del culto prerromano, ya que dejaron pocas huellas de sus prácticas espirituales que podamos estudiar. Se cree que la construcción de templos y la escultura de los dioses y diosas que adoraban no formaban parte de la antigua religión británica. Este cambio en las prácticas religiosas es uno de los más visibles que se produjeron cuando los romanos llegaron a la isla. La religión en sí misma también cambió, ya que los lugareños adoptaron los dioses romanos. Sin embargo, esta transformación fue más bien una «via de doble sentido», ya que los romanos también adoptaron las divinidades locales o las fusionaron, como en el caso de la diosa venerada en Aquae Sulis: Sulis Minerva. Los romanos que descubrieron el yacimiento probablemente pensaron que la diosa local tenía los mismos poderes que su propia Minerva, la diosa de la sabiduría, la medicina, el comercio, la artesanía, la poesía, las artes y, más tarde, la guerra.
El antiguo Bath
Al entrar en el Museo de las termas romanas, lo primero que se ve es el Gran Baño, la mayor atracción de este enorme complejo. Se obtiene una buena vista de la piscina, ahora sin techo, al caminar a lo largo de los altos muros y terrazas construidos para que el público pudiera visitar el lugar. Aquí se puede obtener información general sobre el descubrimiento de las termas en el siglo XVIII d.C. y sobre el museo. La información está disponible en los paneles informativos repartidos por todo el museo, pero en la entrada también se entrega una audioguía gratuita que proporciona datos adicionales muy interesantes.
El aspecto más importante de Aquae Sulis era claramente su significado curativo y religioso, y esto se aprecia al recorrer el museo.
Como se ha mencionado, el complejo termal se construyó a mediados del siglo I d.C., y el Gran Baño, junto con el templo y el manantial sagrado, habrían sido las principales atracciones de Aquae Sulis. La sala del Gran Baño era un maravilloso ejemplo de arquitectura e ingeniería romanas, ya que el techo se encontraba a 20 metros por encima del baño. Actualmente no existe, por lo que el agua es verde debido a las algas que crecen con la luz del sol, lo que no habría sido el caso en la antigüedad. También se pueden ver estatuas de los generales y emperadores romanos cuyas políticas y estrategias tuvieron un impacto en las islas británicas. Las estatuas fueron esculpidas por el escultor británico George Anderson Lawson (1832-1904 d.C.) y están situadas en la terraza con vistas a las termas.
Después de disfrutar durante un rato de las vistas del Gran Baño desde la terraza, pasamos a la parte principal del yacimiento: las aguas termales. Las aguas termales son lo que hizo que este lugar fuera tan importante y misterioso para los britanos y los romanos, ya que el agua brota a un ritmo de 1.170.000 litros al día con una temperatura de 46 °C. Al observar el agua, se pueden ver las burbujas de vapor y gas que salen de la superficie, y no es difícil entender por qué los antiguos habitantes veían esto como obra del mundo sobrenatural. Sin duda, el poder curativo del agua era un regalo de la diosa Sulis.
Los britanos romanos y el templo
A continuación se encuentra la parte del museo dedicada a las termas romanas, donde se puede aprender más sobre la vida de las personas que moraban en Aquae Sulis y de aquellas que viajaban allí desde todos los rincones del Imperio romano para curarse con las aguas mágicas.
Al entrar en el museo, se pueden estudiar algunos de los primeros descubrimientos realizados en el yacimiento. Los hallazgos más antiguos son monedas que datan de antes de que los romanos construyeran sus magníficas termas. Las tribus locales, los dobunni y los durotrigesi, arrojaban las monedas —decoradas con imágenes de barcos, cabezas humanas y caballos de tres colas— al manantial sagrado como ofrenda a la diosa.
Muchos de los hallazgos de la época romana son objetos que pertenecieron a soldados y artesanos romanos que viajaban con el ejército. Los soldados fueron, naturalmente, los primeros romanos en establecerse y desarrollar lo que se convertiría en Aquae Sulis, y algunas de sus lápidas se exhiben en el museo, lo que permite al visitante hacerse una idea de su vida y sus antecedentes. Los restos de una estatua que representa a un jabalí pueden proporcionar más información sobre quiénes pudieron ser los primeros soldados de Aquae Sulis. El jabalí era el símbolo de la XX legión, lo que hace probable que los soldados de esta legión participaran en la construcción de las termas.
Cuando se construyeron las termas, peregrinos y comerciantes también viajaron, se establecieron o terminaron sus días de forma involuntaria en Aquae Sulis. Se exhiben los restos de un hombre que, por alguna razón desconocida, recorrió un largo camino hasta llegar a las termas curativas. Las pruebas de ADN muestran que probablemente nació en la región de Levante, muy lejos de Gran Bretaña en el antiguo mundo romano. Con todos los visitantes de las termas y los nuevos colonos, la ciudad debió de ser lo que hoy se suele llamar una ciudad multicultural, donde culturas nuevas, antiguas, cercanas y distantes se conocían y se mezclaban.
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El aspecto más importante de Aquae Sulis era claramente su significado curativo y religioso, y esto se aprecia al recorrer el museo. Uno de los objetos más emblemáticos y misteriosos es el frontón del templo, que se encontraba en la parte delantera del Templo de Sulis Minerva. El frontón es una escultura de una cabeza de gorgona, que se cree que es una «Medusa masculina» rodeada de cabello, alas y posiblemente serpientes. Las cabezas de gorgona están relacionadas con Minerva y su equivalente griega, Atenea, ya que lleva el símbolo de la gorgona en su escudo y/o armadura.
La teoría de que se trata de una cabeza de gorgona que protege el templo de Sulis Minerva es factible, pero nadie sabe con certeza qué simbolizan las tallas, y los debates entre los académicos siguen abiertos. La talla fue realizada en la época romana, pero es muy probable que fuera obra de artesanos locales. Por lo tanto, no es improbable que las imágenes sean una mezcla de mitología y simbolismo romano y celta. Mientras te sientas y admiras la hermosa talla, que en ocasiones también se ilumina con sus colores originales, resulta intrigante especular sobre el significado que el misterioso hombre gorgona tenía para los visitantes del templo hace casi 2000 años.
Otros artefactos religiosos de gran interés que se pueden contemplar en el museo son las tablillas de maldición y una máscara religiosa. La máscara está hecha de estaño y fue encontrada en el desagüe del manantial sagrado; posiblemente la usaba un sacerdote en las procesiones. Las tablillas de maldición son mensajes escritos en plomo o estaño que se arrojaban a la fuente sagrada. Los visitantes pedían ayuda a la diosa, y a Sulis también se le solicitaba a menudo que castigara a algún ladrón, conocido o desconocido, que hubiera robado las pertenencias personales del autor de la tablilla. Debido a su importancia histórica, las tablillas están inscritas en el Programa Memoria del Mundo de la UNESCO como patrimonio documental significativo.
Al continuar el recorrido por el museo, llegará al lugar que ocupaba el patio del templo. Aunque el sitio esté ahora en ruinas, no es difícil imaginar cómo debió de ser este lugar sagrado en su apogeo.
A cada lado del patio, había dos templos enfrentados: uno dedicado a Luna, la diosa de la luna, y el otro a Sol, el dios del sol. La talla del frontón del templo de Luna aún se conserva y puede verse en el museo. Luna era la diosa romana que personificaba la luna, y en la talla, la luna es claramente visible detrás de su cabeza mientras sostiene una especie de bastón. El bastón se parece al de Asclepio, lo que ha llevado a algunos académicos a sugerir que su templo servía como lugar para la curación de enfermos y heridos.
En el centro del patio se encontraba el altar de sacrificios. El altar aún se conserva parcialmente en pie, tallado con algunas de las antiguas deidades. En Aquae Sulis, este era el lugar para el culto público. En estas piedras de altar se habrían realizado ceremonias que incluían sacrificios de animales. Al pasar el altar, verás el lugar donde se alzaba el templo de Sulis Minerva. Era el edificio más importante del patio del templo. El templo no era accesible al público en general, solo al sacerdote de Sulis Minerva, pero es probable que la estatua dorada de la diosa fuera visible a través de la puerta abierta. La estatua de bronce dorado de Sulis Minerva habría tenido una gran importancia para las personas que vivían y viajaban al lugar de sanación. La cabeza de esta estatua dorada es todo lo que queda, ya que fue deliberadamente separada del cuerpo en algún momento de la Antigüedad. Pero es magníficamente hermosa.
Al volver a entrar en el complejo de termas desde la planta baja, podrás observar más de cerca el Gran Baño. También puedes visitar las otras salas de las termas: el apodyterium (vestuario), el tepidarium (sala templada), el caldarium (la sala más caliente), salas con termas más pequeñas, una con una gran piscina y, por último, una sala para tratamientos y masajes. En tiempos romanos, mujeres, hombres, ricos y pobres caminaban por estos pasillos y nadaban en estas piscinas. La recreación de sus vidas, las interacciones que tuvieron lugar aquí y la relación de los britanos romanos con el manantial sagrado y la diosa, solo está limitada por la imaginación del visitante.
Antes de irte, no olvides tomar tu dosis de agua curativa, que ha atraído peregrinos durante milenios. A la salida hay una fuente donde se puede probar el agua. Aunque esté tibia y no sea muy agradable de beber, podría curar todas tus enfermedades, según cuentan las leyendas, y sin duda merece la pena probarlo.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Wanda Marcussen cursa un doctorado en historia medioambiental en la Universidad de Oslo. Sus intereses académicos abarcan la historia climática, la historia del medio ambiente marino y los estudios del patrimonio cultural.
Escrito por Wanda Marcussen, publicado el 23 agosto 2019. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.