La Revolución bolchevique sucedió el 7 de noviembre de 1917 (el 25 de octubre del calendario juliano) e inició una nueva república: la Rusia soviética. Los bolcheviques constituían la facción más radical dentro del partido socialista, liderado por Vladímir Lenin (1870-1924), que tenía como objetivo alcanzar una sociedad más justa donde los obreros y campesinos dejaran de ser explotados por adinerados capitalistas. La abdicación del zar Nicolás II (que reinó de 1894-1917) el 2 de marzo de 1917 sumada a la incapacidad del Gobierno provisional de lidiar con una serie de crisis del verano, allanó el camino para que los bolcheviques, con el respaldo de la Guardia Roja, tomaran el poder por la fuerza. Acto seguido, se disolvió el Gobierno provisional y asesinaron al zar y a su familia. Los obreros obtuvieron más derechos y los campesinos adquirieron sus propias tierras para trabajarlas, Rusia se retiró de la Primera Guerra Mundial y el único partido legal y gobernante fue el Partido Comunista, conocido anteriormente como los bolcheviques.
Existieron muchas razones por las que los bolcheviques lograron captar el interés de un gran número de personas. Los bolcheviques:
Prometieron más cambios radicales e inmediatos que sus rivales socialistas, los mencheviques.
Prometieron el retiro inmediato de la Primera Guerra Mundial.
Prometieron llevar a cabo elecciones generales para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente.
Prometieron impulsar la economía y controlar la inflación.
Prometieron una sociedad más justa para todos.
Tenían bajo control a los «sóviets» (consejo de trabajadores) y solo los bolcheviques podían intervenir durante las huelgas una vez llegaran al poder.
Contaban con el apoyo de las fuerzas armadas.
Utilizaron los discursos y los medios de comunicación de manera más efectiva que sus rivales, asegurándose de exponer un mensaje claro y comprensible.
La incapacidad del Gobierno provisional
Los bolcheviques llegaron al poder, porque se comprometieron a resolver problemas reales de la Rusia de esos tiempos, problemas que el Gobierno de turno fue incapaz de resolver. Se nombró a un Gobierno provisional después de la revolución en marzo de 1917. Forzado por la pésima imagen que proyectaba, el zar abdicó el 2 de marzo. En tanto, el Gobierno provisional fue conformado por políticos socialistas moderados y liberales que habían servido en la Duma estatal. Se pretendía que este Gobierno tuviera una duración limitada, ya que se convocaría a elecciones generales en poco tiempo para formar una Asamblea Constituyente elegida por voto popular. El Gobierno provisional carecía de legitimidad, ya que la conformaba una serie de coaliciones inestables y nadie había votado por ellos. Solo contaba con la aprobación de la clase media, la clase alta y la Iglesia ortodoxa rusa (que se benefició a partir de una nueva separación del Estado y la Iglesia). El Gobierno tuvo picos de popularidad al otorgar derecho al voto femenino y restablecer el sistema de jurados.
Fueron tres grandes grupos quienes protestaban contra el Gobierno: los obreros, los campesinos y los soldados.
El Gobierno provisional creía que después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) sería necesario llamar a elecciones para establecer una Asamblea Constituyente; después de todo, una gran masa de votantes estaba peleando en el frente. El problema radicaba en si debían o no retirarse de la guerra y cómo hacerlo; un problema que polarizó al Gobierno, a los partidos políticos y a la población en general. Había buenos argumentos para mantenerse en la guerra, como el cumplimiento de tratados internacionales, el deber patriótico y la posibilidad de recibir beneficios económicos de Occidente. Sin embargo, la guerra ya había causado más de dos millones de muertes y tuvo un efecto perjudicial en la economía. El 23 y 24 de abril, la clase obrera de Petrogrado (San Petersburgo) realizó una marcha en protesta para exigir el retiro de la Primera Guerra Mundial.
La popularidad del Gobierno provisional cayó en picada al no saber qué hacer, pero cayó aún más a mediados de junio, cuando avaló una nueva ofensiva en la guerra, que resultó en una derrota catastrófica. La ofensiva fue impulsada por el primer ministro, Alexander Kerensky (1881-1970).
El descontento del proletariado
Fueron tres grandes grupos quienes protestaban contra el Gobierno: los empleados industriales, los agricultores y miembros de las fuerzas armadas. La clase trabajadora había constituido una serie de consejos de obreros demócratas, llamados sóviets, durante la crisis de la primavera de 1917. Los sóviets exigían cambios como la reducción de la jornada laboral por día (8 horas de preferencia, una exención que el Gobierno ya les había concedido a los trabajadores de fábricas de municiones), libertad para formar sindicatos sin restricciones, mayor seguridad en el trabajo y un salario mínimo garantizado. Los sóviets reaccionaban de manera agresiva frente a la falta de alimentos y al repunte de la inflación. Además, se convirtieron en un importante grupo opositor a las acciones (mejor dicho, a la falta de ellas) del Gobierno provisional. Debido a que el Sóviet de Petrogrado controlaba la guarnición de la capital, era el Comité Ejecutivo de esta organización el que realmente llevaba las riendas del poder, aunque el Gobierno provisional tuviera el poder de forma oficial. De hecho, fue Kerensky el vicepresidente del Sóviet de Petrogrado. Este sistema fue calificado como un poder dual, pero muy pronto perdería toda su autoridad. Los sóviets convocaron huelgas por toda Rusia en 1917, lo cual generó una serie de problemas para el Gobierno: afectó a la producción industrial y armamentística, bloqueó las vías de transporte e interrumpió el abastecimiento de alimentos. Los sóviets crearon su propia milicia y, luego de que el Gobierno disolviera el cuerpo de policías del zar, estas «se convirtieron en la única fuerza coercitiva en las calles» (Hosking, 467).
Del 16 al 20 de julio ocurrió un desafortunado evento conocido como «las Jornadas de Julio», una serie de manifestaciones de trabajadores en Petrogrado en contra de ciertos ministros capitalistas del Gobierno provisional que concluyó de forma sangrienta y causó la muerte de 400 manifestantes. El Gobierno culpó a los bolcheviques por azuzar las manifestaciones y ejecutó detenciones. Los sóviets no se quedaron de brazos cruzados e intensificaron el número de huelgas. En el verano de 1917, «se registraron 1.019 huelgas que involucraron a 2.441.850 trabajadores y empleados» (Freeze, 284). Sin embargo, los sóviets no recurrieron a una revolución como tal, sino que implementaron cambios desde las esferas más altas del poder. La mayor parte de los trabajadores, en realidad, temía que estallara una guerra civil.
Los campesinos también mostraron su descontento al Gobierno provisional, dado que no implementaron normas para modernizar la agricultura, redistribuir las tierras del imperio y propiedades aristocráticas. La mayoría de los habitantes del campo se quejaban de la escasez de tierras de cultivo. Además, las protestas se debieron a la exigencia del Gobierno de grano adicional en favor de la guerra. Los campesinos formaron sus propios comités y pasaron por alto a los comités que el Gobierno había elegido. En el verano de 1917, la inacción del Gobierno en áreas rurales provocó la rebelión del campesinado: se expropiaron las tierras, se destruyeron los campos de cultivo y las propiedades de agricultores ricos, y estos últimos fueron golpeados o asesinados. El Gobierno no pudo manejar la situación y, en consecuencia, se vieron afectadas tanto la producción como la distribución de alimentos, lo que llevó al Gobierno a tener altos índices de desaprobación en las grandes ciudades.
Lenin, exiliado en Finlandia, creía que el momento decisivo para una revolución proletaria era ahora o nunca.
En 1917, los soldados ya habían formado sus propios sóviets. Cada batallón del ejército conformado por 250 hombres envió un delegado a sus respectivos sóviets. Los soldados se radicalizaron cada vez más por la infiltración de bolcheviques entre sus filas. El Sóviet de Petrogrado llegó a decretar las Órdenes nro. 1 y 2 que establecían que los comités de soldados debían renunciar a la jerarquía militar convencional y asumir la responsabilidad de sus propias decisiones. El sóviet remarcó que aceptarían las directrices asignadas a las fuerzas del orden. Sin embargo, cuando aplicaron estas órdenes al Ejército ruso como institución, su estructura disciplinaria colapsó. La falta de lealtad hacia el Estado se vio afectada por las grandes pérdidas que generó la guerra, las derrotas catastróficas y la escasez de alimentos debido a las huelgas y rebeliones que afectaban la agricultura y el sistema de transportes de Rusia. Las raciones de los soldados se redujeron de 4.000 a 2.000 calorías por día. Las deserciones se incrementaron. Según el criterio de Lenin, los soldados desafiaron a la autoridad establecida y «votaron con los pies» (Alan Wood, 56).
Los bolcheviques realizaron la promesa clara de que, si asumían el poder, se retirarían de forma inmediata de la Primera Guerra Mundial. Asimismo, prometieron que el repliegue de la guerra estimularía la economía y contribuiría a la reducción de precios. Un ambiente pacífico permitiría realizar elecciones para una Asamblea Constituyente. No hicieron la promesa de retirarse de la guerra con el mero propósito de ganar popularidad entre las clases trabajadoras, sino que detrás había una justificación ideológica. Lenin comprendía perfectamente que una revolución proletaria enfrentaría la resistencia de las clases media y alta, como además los bolcheviques no podían darse el lujo de distraerse con la Primera Guerra Mundial. En una ocasión, Lenin arremetió verbalmente: «la burguesía rusa debe ser estrangulada y para ello necesitamos ambas manos libres» (Beevor, 148). Los bolcheviques, al igual que otros revolucionarios, anhelaban una sociedad más justa donde los campesinos y asalariados no fuesen explotados por capitalistas y aristócratas. El financiamiento de las actividades bolcheviques provenía de Alemania, motivada por el interés de desestabilizar al Estado enemigo desde dentro. Además, conseguían fondos de forma ilegal, como el robo de bancos y oficinas de correo, medios que otros grupos socialistas rivales consideraban inaceptable.
Al contrario de otros partidos socialistas que no tenían una posición clara sobre la guerra, los bolcheviques exigían una segunda revolución. Entonces, Lenin expresó: Sí, el zar ha sido derrocado, pero es hora de que el proletariado asuma el poder. Los mencheviques (una facción rival del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia o POSDR) necesitaban un intervalo más largo entre las dos fases, pero ellos hablaban de esperar años y de apoyar al Gobierno de turno mientras tanto. Los asalariados y los campesinos se mostraban cada vez más impacientes y la promesa bolchevique de acción inmediata era muy atractiva.
Las mujeres exigían los mismos derechos y oportunidades que sus pares hombres y fueron los bolcheviques uno de los pocos grupos revolucionarios que prometieron considerar tales demandas. Lenin estaba convencido de que, más allá de los roles tradicionales del hogar, las mujeres podían aportar a la fuerza laboral del país. Hacia 1917, la guerra y la conscripción de hombres llevaron a que un gran número de mujeres se integraran al mercado laboral y que llegaran a representar el 40% del total de empleados. Las mujeres también cumplieron un rol activo dentro de la facción bolchevique del POSDR. Por ejemplo, Nadezhda Krupskaya (1869-1939), esposa de Lenin, fue contadora y secretaria de los bolcheviques y del periódico Iskra desde 1903 hasta 1917. Otra figura importante fue Alexandra Kollontai (1872-1952), quien formó parte del equipo editorial del periódico bolchevique LaObrera (Rabotnitsa). Los bolcheviques se encargaron de que su mensaje captase la atención de varias minorías.
Lenin se mantuvo exiliado en Finlandia durante la revolución de febrero, pero se aseguró de que los Bolcheviques en Rusia lograran una mayor conexión con las clases populares. El mensaje difundido entre los trabajadores fue que el Gobierno provisional era el viejo régimen disfrazado y que lo único que le interesaba era proteger a la burguesía. Los socialistas más moderados que apoyaban al Gobierno provisional fueron desacreditados por no ocuparse de los problemas que afectaban al proletariado. Desde abril, Lenin a viva voz prometía a las masas «Paz, Tierra y Pan», conceptos que luego usó en su «Tesis de Abril». Un eslogan bolchevique como «¡Todo el poder para los sóviets!» les sirvió para conseguir mucho más apoyo de los trabajadores, aunque en realidad Lenin quiso decir «Todo el poder para los sóviets bolcheviques». Lenin instruyó deliberadamente a los portavoces bolcheviques a que no perdieran tiempo en argumentaciones complicadas, imposibles de entender por el público, sino que utilizaran eslóganes simples como «¡Tierra para el pueblo trabajador!» y «¡Nacionalización de plantas industriales y fábricas!» (Beevor, 93).
Lo curioso es que los bolcheviques obtuvieron los medios para ejecutar una revolución gracias al Gobierno provisional. En agosto, el general Lavr Kornilov (1870-1918), comandante en jefe de las Fuerzas Armadas rusas, intentó dar un golpe de estado de derecha, un evento conocido como el golpe de Kornilov. Este intento de golpe fracasó por falta de apoyo, pero para evitar que pase de nuevo, Kerensky proporcionó armas a los sóviets para que actuaran como fuerza de defensa del poder gubernamental. Además, en setiembre, la guerra afectaba gravemente a Rusia: Riga fue ocupada y Petrogrado se encontraba bajo peligro inminente de ser capturado por las tropas alemanas y austriacas. Los bolcheviques controlaban a los sóviets de Petrogrado y Moscú; por lo tanto, también controlaban a sus milicias. De hecho, la Guardia Roja estaba conformada por miembros del Comité Militar Revolucionario del Sóviet de Petrogrado (CMR), liderado por León Trotski (1879-1940). El CMR se creó para defender a Petrogrado en caso de que el Gobierno provisional no actuara en su defensa ante un posible ataque de las fuerzas alemanas.
Lenin, exiliado en Finlandia, creía que el momento decisivo para una revolución proletaria era ahora o nunca. Además, creía que, si Rusia lograba convertirse en un Estado proletario, otras naciones seguirían su ejemplo, en especial Alemania. Después de haber enviado innumerables mensajes que no lograron motivarlos, Lenin finalmente llegó a Petrogrado el 10 de octubre y, de inmediato, impulsó a los bolcheviques a tomar acción. Lenin les advirtió: «La historia no nos perdonará si no tomamos el poder ahora» (Suny, 134).
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Otros personajes importantes como Grigory Zinoviev (1883-1936) y Lev Kamenev (1883-1936) estaban convencidos de que el riesgo era demasiado grande y que una insurrección encabezada por los bolcheviques sería derrotada si no se aliaban con otros grupos socialistas. A pesar de ello, Lenin convenció a la mayoría y, el Comité Central del Partido Bolchevique votó 10 a 2 en favor de iniciar una insurrección armada. Trotski sugirió que, por lo menos, los bolcheviques simularan contar con el apoyo de los sóviets y propuso que el golpe de Estado se llevara a cabo durante el Congreso de Sóviets que tendría lugar a finales de ese mes. Lenin estuvo de acuerdo con este plan. Lo que marcó un punto de inflexión fue que los bolcheviques lideraban un ejército importante hacia finales de octubre y así lo explica Anthony Wood:
La guarnición de Petrogrado reconoció al Comité Militar Revolucionario como autoridad suprema; se entregaron miles de fusiles a la Guardia Roja y, el 23 de octubre, las tropas de la fortaleza de San Pedro y San Pablo… se unieron a la revolución luego de la visita de Trotski, lo que permitió a los bolcheviques contar con 100.000 fusiles adicionales.
El pretexto de los bolcheviques para la movilización fue el anuncio del Gobierno que ordenaba que la guarnición de Petrogrado se retirase fuera de la ciudad. Los bolcheviques interpretaron esta acción como una maniobra del Gobierno para tomar control del sóviet. Lenin decidió actuar antes que ellos. El Gobierno se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y trató de cerrar las oficinas de dos periódicos bolcheviques y ordenó al crucero protegido Aurora que abandonara el puerto. Aunque ya era demasiado tarde: el Aurora estaba bajo la influencia del CMR. Los mencheviques y los socialrevolucionarios, conscientes de lo que sucedía, trataron de convencer a Kerensky de que podría evitarse una revolución si retiraba a Rusia de la Primera Guerra Mundial y si ofrecía una promesa de reforma agraria, pero no tuvieron éxito.
El 7 de noviembre de 1917, el Aurora disparó munición de fogueo contra el Palacio de Invierno, lugar donde se concentraba el Gobierno provisional, y esto constituyó la señal para la milicia de la Guardia Roja de tomar el poder. Los bolcheviques tomaron por asalto las oficinas de telégrafo, estaciones de tren, puentes principales, el banco central y el Palacio Táuride. Mientras algunos miembros del Gobierno provisional se refugiaban en el Palacio de Invierno, Kerensky, con el apoyo de algunos miembros de la embajada americana, huyó en auto a Petrogrado y trató de llamar a las tropas del frente norte, sin éxito. Al fin de cuentas, fue un golpe de Estado casi sin derramamiento de sangre, aunque algunos cadetes y un batallón femenino presentaron una defensa poco convincente y fallida del Palacio de Invierno. Acto seguido, se arrestaron a los miembros principales del Gobierno provisional.
Lenin declaró que se formaría un nuevo Gobierno soviético. En ese momento, los sóviets ignoraban las pretensiones de Lenin, porque estaban celebrando su Segundo Congreso. Si bien los bolcheviques representaban una minoría en la asamblea, los mencheviques, el grupo predominante, decidieron abandonar el lugar en señal de protesta por el golpe de Estado. Los demás delegados decidieron apoyar la revolución. Los generales del ejército, que perdieron la fe en el Gobierno provisional, se quedaron de brazos cruzados. Los cadetes oficiales de Petrogrado intentaron armar una revuelta, pero fue aplacada en seguida. Además, se derrotó a una unidad de cosacos leales al Gobierno en las afueras de la capital. Durante el mes de noviembre, se erradicó a una resistencia que aún persistía en Moscú cuando el Kremlin fue blanco de un bombardeo. Muchas de las grandes ciudades reconocieron que los sóviets estaban en el poder, aunque en muchas de ellas, así como en localidades rurales más pequeñas, los bolcheviques tenían que compartir el poder con otros grupos socialistas. La influencia bolchevique «tanto en la zona rural rusa como en territorio no ruso fue mínima» (Shukman, 136).
Los bolcheviques llevaron a cabo una revolución, con un enfoque completamente oportunista, y lograron sus objetivos. «Nunca fue una operación sencilla, ni mucho menos fue ejecutada con precisión quirúrgica», pero también fue verdad que «los bolcheviques fueron quienes representaron, expresaron y llevaron a la práctica de manera clara la voluntad de los trabajadores y campesinos de mentalidad revolucionaria» (Alan Wood, 62).
El desenlace: un Estado socialista
Lenin se convirtió en el nuevo jefe de Estado, negoció un alto al fuego con Alemania en diciembre de 1917 y se retiró formalmente de la Primera Guerra Mundial con el Tratado de Brest-Litovsk, firmado el 3 de marzo de 1918. Meses atrás, en noviembre de 1917, Lenin, el «presidente», formó un Gobierno provisional formado por trabajadores y campesinos, donde a los ministros se les denominaba «comisarios». Se emitieron un gran número de decretos, incluso algunos de ellos se proclamaron 24 horas después del golpe de Estado. Mediante la Política de tierras se confiscaron las propiedades de todos los terratenientes (incluidas las pertenecientes a la Corona, la Iglesia y la nobleza) para ser redistribuidas entre los campesinos, quienes a partir de entonces tendrían derecho a una parcela tan grande como pudieran trabajar sin la necesidad de contratar mano de obra. La propaganda bolchevique se disparó con el aumento de impresiones de periódicos y panfletos que exaltaban las virtudes de la Revolución bolchevique. Todo ese material fue distribuido por toda Rusia. En ese periodo, los partidos socialistas de oposición fueron objeto de hostigamiento hasta hacerlos desaparecer del panorama político.
En enero de 1918, se llevaron a cabo las elecciones para una Asamblea Constituyente, pero Lenin le ordenó a la Guardia Roja que cerrara las votaciones al saberse que los bolcheviques solo habían conseguido el 25% de los votos. Lenin logró que los sóviets, en teoría, se mantuvieran alineados con su revolución, dado que ya habían decidido crear el Sovnarkom o el Consejo de Comisarios del Pueblo. Lenin asumió la dirección de este consejo y su popularidad se incrementó considerablemente tras la implementación de la tan ansiada jornada laboral máxima de ocho horas. De forma astuta, Lenin emitió un decreto donde los trabajadores ejercían, desde ese momento, el control total de la producción. La derecha rusa compuesta por reaccionarios, aristócratas y un sector de la clase media se opuso a la influencia bolchevique y recibieron apoyo de potencias extranjeras que deseaban que Rusia reingresara a la Primera Guerra Mundial. Estos eventos dieron origen a la Guerra Civil rusa. Desde entonces, los bolcheviques comenzaron a llamarse el Partido Comunista y acabaron imponiéndose. En 1922, se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La Revolución Bolchevique, entonces, «marcó el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad, la Era del Socialismo, lo que a su vez daría origen al Comunismo puro y duro» (Alan Wood, 64).
Brenda es originaria de la magnifica ciudad de Lima, Perú. Es una estudiante del último año de traducción e interpretación profesional en UPC. Se ha especializado en revisión, control de calidad lingüístico y perfeccionamiento de traducciones.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 19 agosto 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.