La guerra entre México y los Estados Unidos (también conocida como intervención estadounidense en México, 1846-1848) estalló por la decisión de anexar Texas al territorio estadounidense en 1845. El presidente estadounidense James K. Polk (cuatrienio 1845-1849), con la intención de apoderarse de más territorios mexicanos, utilizó la disputa territorial de Texas para provocar una guerra que desató las invasiones de California, Nuevo México y las tierras centrales de México. Tras la caída de la Ciudad de México en septiembre de 1847, el gobierno mexicano cedió un territorio de 1.370.104 kilómetros cuadrados (529.000 millas cuadradas) a los Estados Unidos, mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo. A menudo los historiadores de la época y otros posteriores han considerado esta guerra una invasión injusta que agravó las divisiones internas en los Estados Unidos y condujeron a la guerra de Secesión de 1861-1865.
Antecedentes
La guerra de Independencia mexicana terminó en 1821, tras más de una década de perpetuos conflictos. Para México, el costo de independizarse de España no solo se midió por la sangre derramada, sino también por el estado de sus finanzas. La otrora próspera economía de la colonia quedó en ruinas: el dinero apenas circulaba, las minas de plata de Zacatecas y de Guanajuato se encontraban devastadas, y los ranchos y granjas de todo el país se encontraban desiertos. Para revitalizar la economía y proteger los vulnerables territorios del norte de las incursiones comanches y apaches, y con el objetivo de explotar los recursos vírgenes de la región, México invitó colonos angloamericanos a Texas. Miles de ellos, una gran parte acompañados de sus esclavos, inundaron Texas. Hacia 1830 los inmigrantes estadounidenses superaban en número a los hispanos tejanos, en una proporción de más de dos a uno. A la postre, las relaciones entre los colonos angloamericanos y el gobierno mexicano se deterioraron, en particular tras la abolición de la esclavitud por parte de México. En octubre de 1835 los colonizadores, que se identificaban a sí mismos como «texians», tejanos, se rebelaron, con lo que dio inicio la Revolución de Texas de 1835-1836.
debido a que el tratado se firmó bajo presión, el congreso mexicano rehusó reconocer la independencia de texas y no lo ratificó.
Al principio, el Ejército mexicano dirigido por Antonio López de Santa Anna (1794-1876) superó a los rebeldes al obtener una victoria en la batalla del Álamo (23 de febrero al 6 de marzo de 1836), y aniquilar en la masacre de Goliad del 27 de abril a 400 colonos tejanos que habían hecho prisioneros. Pero la situación cambió de forma abrupta en la batalla de San Jacinto, donde las fuerzas tejanas del general Sam Houston (1793-1863) sorprendieron y derrotaron al Ejército mexicano. Santa Anna fue hecho prisionero y forzado a firmar un tratado que reconocía la independencia de Texas. No obstante, se consideró que el acuerdo se había firmado bajo coacción, puesto que la negativa de Santa Anna a refrendarlo habría significado su ejecución. Por este motivo el congreso mexicano rehusó reconocer la independencia de Texas, y no ratificó el tratado. En consecuencia, durante los años siguientes Texas funcionó como una república independiente, y en su frontera con México se produjeron luchas periódicas. Estados Unidos observaba con atención estos hechos. Desde 1803 había reclamado a Texas, por considerar que constituía parte legítima de la compra de Luisiana. España, sin embargo, había rechazado su reclamación, y oponía resistencia a los múltiples intentos de los Estados Unidos de comprar el territorio. El gobierno estadounidense vio en esta situación una oportunidad, y en 1843 el presidente John Tyler (1841-1845), inició conversaciones discretas para anexar Texas.
Si bien algunos tejanos preferían permanecer independientes, otros pensaban que unirse a los Estados Unidos les proporcionaría beneficios. La idea también cobró fuerza en los Estados Unidos. Los demócratas sureños, que deseaban expandir la institución de la esclavitud, se emocionaron con la noción de añadir un «estado esclavista» más a la Unión. Otros estadounidenses consideraban que la anexión de Texas constituiría un gran paso hacia la concreción de la doctrina del destino manifiesto de su nación de extender su influencia por todo el continente. Tras algunos tropiezos, en febrero de 1845 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una resolución que ofrecía la anexión a Texas. Al aceptarla, el territorio se convirtió en el estado número 28. México, que todavía no había reconocido la independencia de Texas, y mucho menos su anexión a los Estados Unidos, interpretó este hecho como un acto hostil. México tampoco aceptaba el planteamiento tejano que su linde meridional era el Río Grande, puesto que la frontera histórica de la Texas mexicana era el río Nueces, 240 kilómetros (150 millas) al norte del límite que ahora se proclamaba. Con todo, al recién electo presidente James K. Polk (1795-1849) no le interesaba lo que pensaba México, y en su discurso inaugural expresó: «Considero que la cuestión de la anexión es competencia exclusiva de los Estados Unidos y Texas» (citado en Howe, 733)
Polk, un demócrata al estilo de Andrew Jackson (1767-1845), se había presentado a las elecciones con una plataforma expansionista. Su promesa de guiar a los Estados Unidos hacia su «destino manifiesto» y poseer las costas del Pacífico no solo manifestaba su interés de adquirir Texas, sino también Nuevo México y California. En noviembre de 1845 envió a un representante secreto, John Slidell, a la Ciudad de México, con la oferta de comprar la frontera del Río Grande, Nuevo México y California, todo por un total de 25 millones de dólares. Una vez que se conoció el propósito de Slidell, su mera presencia en la Ciudad de México se percibió como un insulto. Las negociaciones también tropezaron con la inestabilidad del gobierno mexicano, que solo en el año 1846 había cambiado de presidente en cuatro ocasiones. Frustrado por la falta de progreso en las negociaciones, Slidell informó a Washington de que «es probable que una guerra sea la mejor forma de resolver nuestros asuntos con México» (citado en Howe, 737). Pero Polk se había adelantado: había previsto el fracaso de las conversaciones, y durante los meses anteriores había posicionado sus ejércitos para provocar una guerra con México y apoderarse por la fuerza de las tierras que deseaba.
El 15 de junio de 1845, antes de enviar a Slidell a negociar, Polk ordenó al general de brigada Zachary Taylor (1784-1850) que entrara en Texas. Sus instrucciones eran «acercarse tanto… al Río Grande como la prudencia lo permitiera» (citado en Howe, 734). Taylor, un militar de carrera conocido como «el viejo rudo y listo», condujo un ejército de ocupación de 4.000 hombres hasta Corpus Christi, en la desembocadura del río Nueces, donde permaneció los meses siguientes enfrascado en el entrenamiento de sus tropas. En enero de 1846, al resultar evidente que las negociaciones de Slidell no prosperaban, Polk le ordenó a Taylor que avanzara hacia el Río Grande para hacer valer la reclamación de Estados Unidos sobre el área en disputa. Taylor arribó en abril y construyó una improvisada fortificación que nombró Fuerte Texas. En la ribera opuesta del río se encontraba Matamoros, ciudad donde existía una guarnición de tropas mexicanas. Ante la exigencia del comandante mexicano de que retirara el ejército estadounidense, Taylor respondió con el bloqueo de la desembocadura del Río Grande. Entretanto, varios escuadrones de la marina de guerra norteamericana se aproximaban con lentitud a los principales puertos de México, listos para bloquearlos de inmediato. El presidente de México, Mariano Paredes, no podía ignorar la situación. El 23 de abril emitió una proclama en la que culpaba a los Estados Unidos por las hostilidades y ordenó al comandante de Matamoros, el general Mariano Arista, iniciar las operaciones defensivas.
La noche del 24 de abril de 1846 el capitán estadounidense Seth Thornton condujo a 68 soldados de a caballo en una misión de reconocimiento por el Río Grande. La mañana siguiente los atacaron 2.000 jinetes mexicanos. En lo que se conoció como el Incidente Thornton, murieron 11 soldados estadounidenses y los restantes fueron capturados. El 1 de mayo Taylor retiró a su ejército del Fuerte Texas para proteger sus líneas de suministro, y dejó una pequeña guarnición en el lugar. Dos días después la artillería mexicana de Matamoros comenzó a bombardear el fuerte. Tras consolidar sus fuerzas, Taylor regresó para auxiliar la fortificación, pero el ejército de Arista lo interceptó y se produjo la batalla de Palo Alto el 8 de mayo. Con la ayuda de su «artillería volante» los estadounidenses mantuvieron sus posiciones y obligaron a Arista a abandonar la lucha y retirarse hacia el sur. Taylor persiguió a las fuerzas de Arista y el 9 de mayo las atacó durante su retirada. El enfrentamiento, que se tornó un sangriento combate cuerpo a cuerpo, se conoce como batalla de Resaca de la Palma. El ejército mexicano cruzó el Río Grande en su repliegue, lo que permitió a Taylor liberar el Fuerte Texas, al que renombró Fuerte Brown en honor a su caído comandante. En Washington D.C. la noticia sobre el incidente Thornton llevó al congreso a declarar la guerra el 13 de mayo de 1846. De manera increíble, el apoyo a la guerra se dividió a lo largo de líneas partidistas, con los demócratas a favor, y la generalidad de los liberales (whigs) en contra.
El plan de Polk exigía la rápida captura tanto de Nuevo México como de la Alta California. En fecha tan temprana como junio de 1845 el comodoro de los Estados Unidos John D. Sloat del escuadrón del Pacífico recibió la orden de ocupar San Francisco tan pronto tuviera noticia de que había estallado la guerra. Asimismo, el capitán John C. Frémont (1813-1890) dirigió una expedición militar por tierra a los territorios de Oregón, para atacar en el momento oportuno. La llegada de Frémont en mayo de 1846 impulsó a un pequeño grupo de colonos estadounidenses que se habían asentado en la Alta California a rebelarse contra las autoridades mexicanas. El 14 de junio 30 colonos estadounidenses tomaron la población de Sonoma e izaron una bandera con el rústico dibujo de un oso. Frémont se movilizó de inmediato para apoyar a los rebeldes y ayudarlos a rechazar a la milicia mexicana. Declararon su independencia, y establecieron la efímera República de California. Al llegar Sloat a San Francisco el 9 de julio, proclamó la anexión permanente de California a los Estados Unidos. Se arrió la bandera del oso que había ondeado en Sonoma, y se reemplazó con la de las barras y las estrellas.
Entretanto, el general de brigada Stephen Watts Kearny partió desde Fort Leavenworth, Kansas. al frente del ejército de occidente compuesto por 1.700 hombres. Con la misión de capturar Nuevo México, Kearny entró sin oposición en Santa Fe el 15 de agosto. El gobernador mexicano, Manuel Armijo, había desbandado su milicia y huido a Chihuahua, quizás después de aceptar un soborno. Kearny permaneció en la localidad el tiempo necesario para establecer un gobierno provisional, antes de marchar para apoyar la conquista de la Alta California. El 17 de enero de 1847 mexicanos y miembros de la nación pueblo se unieron y alzaron contra la ocupación estadounidense de Nuevo México, rebelión conocida como la Revuelta de Taos. Los insurrectos eliminaron a numerosos estadounidenses que ocupaban el territorio, entre ellos al gobernador provisional Charles Bent, cuyo cuero cabelludo pasearon por las calles. A la postre se logró sofocar el alzamiento, y se ahorcaron 16 rebeldes por traición. La ejecución se llevó a cabo a pesar del fallo del Secretario de Guerra, fundamentado en que los acusados nunca habían jurado lealtad a los Estados Unidos, y por lo tanto no podían ser culpables de semejante delito. Entretanto, el cuerpo principal del ejército de Kearny llegó a la Alta California en noviembre de 1846, donde los californianos locales también se habían rebelado contra la ocupación estadounidense. Kearny unió fuerzas con el comodoro Robert F. Stockton para derrotarlos en la batalla del río San Gabriel el 8 de enero de 1847. Pocos días después se firmó un tratado de paz regional en Cahuenga, y terminaron las hostilidades en la Alta California. Así, a principios de 1847, tanto Nuevo México como California se encontraban bajo el control de los Estados Unidos.
Tras sus victorias iniciales en los alrededores de Fort Brown, el general Taylor cruzó el Río Grande con su ejército. Primero capturó Matamoros y después Camargo, donde sus hombres pasaron 6 semanas de agonía bajo el abrasador sol del verano. Una gran parte del ejército de Taylor estaba compuesta por voluntarios sin entrenamiento que no poseían los hábitos de higiene de las tropas regulares, necesarios para preservar la vida. En consecuencia, proliferaron enfermedades como la disentería, que mataron a uno de cada ocho hombres. El teniente George B. McClellan comentó sobre la situación: «los voluntarios, de manera literal, morían como perros» (citado en Howe, 771). La defección también era endémica, al punto que cientos de soldados huían o incluso desertaban. Tal cantidad de inmigrantes irlandeses-estadounidenses se unieron a las filas del ejército mexicano que acabaron formando su propio batallón, los célebres San Patricios.
Terminada su prolongada estancia en Camargo, Taylor guió a su tropa de 6.000 soldados listos para el combate hacia la estratégica ciudad de Monterrey, defendida por 7.000 combatientes mexicanos y 3.000 soldados irregulares. Las tropas mexicanas y de los Estados Unidos se enfrentaron en una larga y dura batalla que se extendió desde el 21 hasta el 24 de septiembre de 1846, que se convirtió en un sangriento combate urbano por el control de cada calle. Al cuarto día de combate, ambos bandos acordaron un armisticio, mediante el cual Taylor permitiría al ejército mexicano evacuar Monterrey, a cambio de la rendición de la ciudad. Aunque la decisión fue de indiscutible prudencia, el Presidente Polk consideró que el armisticio era un ultraje y que Taylor había perdido la oportunidad de destruir al ejército mexicano. Polk decidió privar al ejército de Taylor de sus soldados más experimentados, y los envió a otro ejército que se preparaba para asaltar Veracruz.
Esta no era la primera ocasión en que Polk se inmiscuía en la guerra. Su administración había estado en contacto con Santa Anna, quien vivía en Cuba, exiliado y caído en desgracia. Después que el antiguo líder mexicano asegurara a los estadounidenses que buscaría la paz, Polk ayudó a Santa Anna a regresar a México, donde recuperó de inmediato la presidencia. Pero Santa Anna había engañado a Polk, y apenas reinstalado en el poder en la Ciudad de México, formó un ejército de 20.000 hombres y se apresuró a atacar al debilitado ejército de Taylor. Como resultado, ambos ejércitos se enfrentaron el 22 y el 23 de febrero en la Batalla de Buena Vista, la más grande de la guerra. Aunque los estadounidenses se encontraban en desventaja numérica, dominaban un excelente terreno defensivo y resistieron oleada tras oleada los ataques mexicanos. Al final, ambos ejércitos declararon la victoria; los estadounidenses porque habían mantenido el control del campo de batalla, los mexicanos por haber capturado varias banderas, cañones, y numerosos prisioneros. Aunque al principio Santa Anna quiso reanudar la lucha, sus oficiales lo persuadieron a replegarse a San Luis Potosí, lo cual hizo en la fría noche del 23 de febrero. En la estela del ejército en retirada quedaron abandonados a la muerte los soldados mexicanos que habían caído heridos.
El 9 de marzo de 1847, solo dos semanas después de la batalla de Buena Vista, se abrió un segundo frente con la llegada de un convoy de más de 100 navíos estadounidenses que desembarcaron 10.000 soldados a unos 5 kilómetros al sur de la ciudad portuaria de Veracruz. El mayor general Winfield Scott (1786-1866), un héroe de la Guerra de 1812 y el oficial de mayor rango del ejército estadounidense, estaba al mando de este ejército. Sin perder tiempo, Scott bombardeó con artillería la ciudad de Veracruz, que superada por las armas estadounidenses de mejor calidad, cayó el 26 de marzo. Scott inició sin demora la marcha sobre la Ciudad de México, por la misma ruta que habían seguido Hernán Cortés y sus conquistadores tres siglos antes. Santa Anna reunió otro ejército para encararlo, y ambas fuerzas se enfrentaron en la Batalla de Cerro Gordo el 18 de abril de 1847. Una vez más, con el apoyo de la artillería, la capacidad de maniobra del ejército estadounidense aventajó al ejército mexicano, que se dispersó y huyó.
Scott continuó su avance y tomó la ciudad de Puebla, donde esperó refuerzos durante 6 semanas. Debido al acoso de las guerrillas mexicanas a sus líneas de suministro, decidió aislarse de su base de operaciones y vivir de los recursos de la zona. El 7 de agosto marchó a través de los pasos de montaña, y desde el 19 hasta el 20 de ese mismo mes derrotó otro importante ejército mexicano en la Batalla de Contreras. Después del combate, los mexicanos dejaron algunos soldados en el monasterio de San Mateo para proteger el puente sobre el río Churubusco y cubrir su retirada. Scott ordenó tomar el sitio, lo que condujo a la sangrienta Batalla de Churubusco, el 20 de agosto. Los defensores del monasterio rechazaron las sucesivas oleadas de asaltos estadounidenses, y solo se rindieron al quedarse sin municiones. Entre los defensores del enclave se encontraban los San Patricios, que conscientes del destino que los aguardaba si eran capturados, resistieron hasta el final. De hecho, 50 desertores irlandeses fueron ejecutados al caer de nuevo en manos estadounidenses.
En este momento Scott pudo haber entrado a la Ciudad de México, pero preocupado porque sus hambrientas tropas prendieran fuego y saquearan la ciudad, optó por no hacerlo. En lugar de ocuparla, inició negociaciones para acordar una tregua. Sin embargo, las conversaciones fracasaron y las hostilidades se reanudaron el 6 de septiembre. Santa Anna, con la esperanza de movilizar a la población en defensa de la capital, la instó a «preservar sus altares de una violación infame, y a sus hijas y esposas del extremo del insulto» (citado en Howe, 787). El 8 de septiembre los estadounidenses asaltaron un molino de harina nombrado Molino del Rey tras recibir informes dudosos de que los mexicanos fundían balas de cañón en el lugar. La Batalla de Molino del Rey se convirtió en un combate de gran envergadura, y les costó 800 bajas a los estadounidenses. El 13 de septiembre los estadounidenses ganaron la batalla de Chapultepec, y se apoderaron de una fortaleza mexicana de vital importancia. Después de estas sangrientas batallas, las defensas mexicanas se redujeron, y las tropas de Scott entraron a la Ciudad de México el 14 de septiembre de 1947. Santa Anna renunció a la presidencia el 16 de septiembre, y el gobierno mexicano estableció una capital provisional en Querétaro. En la práctica, la guerra había terminado. Aunque las guerrillas continuaban asediando a las fuerzas de los Estados Unidos, el ejército mexicano había perdido la capacidad de luchar. El problema radicaba en que no se sabía si se podría negociar la paz antes de que el gobierno mexicano colapsara y el país cayera en la anarquía.
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El éxito de la invasión de Scott y las rápidas conquistas de Nuevo México y Alta California despertaron en Polk una sensación de victoria total. Ávido de más tierras, comenzó a planear la adquisición de otros territorios mexicanos como la Baja California, mientras algunos demócratas exigían incluso la anexión de todo México. Pero Nicholas Trist (1800-1874), el negociador adscrito al ejército de Scott, frustró los planes imperialistas de Polk. Trist quería elaborar un tratado que tuviera posibilidades reales de poner fin a la guerra, y sabía que el congreso mexicano jamás aceptaría las nuevas exigencias de Polk. Además, Trist se sentía avergonzado por la conducta de su país durante la guerra, y se negó a exigir más tierras de las acordadas. En noviembre de 1847 la administración de Polk ordenó a Trist que regresara, pero el negociador ignoró la citación, por temor a que la oportunidad de negociar se cerrara con rapidez.
El 2 de febrero de 1848 Trist y los comisionados mexicanos firmaron el Tratado de Guadalupe Hidalgo, que comprendía la cesión de Alta California, Nuevo México y Texas a los Estados Unidos, a cambio de 15 millones de dólares. El Congreso de los Estados Unidos, ansioso de poner fin a la guerra, ratificó el tratado. Aunque el imperialista Polk sufrió una decepción, había obtenido todo lo que había deseado al principio. Al terminar su presidencia había expandido el territorio de los Estados Unidos mucho más que cualquier otro presidente. Sin embargo, el verdadero precio que tuvo para los Estados Unidos esta «guerra perversa», como la calificó Ulysses S. Grant, estaba aún por comprenderse en toda su extensión. El debate sobre la posible expansión de la esclavitud hacia la llamada «cesión mexicana» intensificó la crisis entre el Norte y el Sur que, a la postre, desembocó en la guerra de Secesión.
¿Por qué los Estados Unidos invadieron a México en 1846?
Los Estados Unidos invadieron México en 1846 para validar su reclamación de la frontera del Río Grande y también con la esperanza de arrebatarle Nuevo México y la Alta California a México.
¿Quiénes dirigieron los ejércitos en la guerra mexicano-estadounidense?
Durante la guerra mexicano-estadounidense Zachary Taylor y Winfield Scott dirigieron los ejércitos de los Estados Unidos. Los ejércitos mexicanos estuvieron dirigidos por Mariano Arista y Antonio López de Santa Anna, entre otros.
¿Cuándo cayó la Ciudad de México ante los Estados Unidos?
El general estadounidense Winfield Scott entró a la Ciudad de México el 14 de septiembre de 1847, con lo que terminó definitivamente la etapa de combates de la guerra mexicano-estadounidense.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Harrison Mark es historiador y escritor en World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 04 julio 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.