Gottfried Wilhelm Leibniz

Mark Cartwright
por , traducido por José Miguel Serradilla
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Gottfried Wilhelm Leibniz, 1695 (by Christoph Bernhard Francke , Public Domain)
Gottfried Wilhelm Leibniz, 1695 Christoph Bernhard Francke  (Public Domain)

Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) fue un erudito alemán que alcanzó fama en toda Europa por su obra, especialmente en los campos de la ciencia, las matemáticas y la filosofía. Su filosofía racionalista buscaba conciliar las creencias religiosas tradicionales con los nuevos descubrimientos de la Revolución Científica y su pensamiento ejerció una profunda influencia en los autores posteriores de la Ilustración.

Primeros años

Gottfried Wilhelm Leibniz nació en Leipzig el 1 de julio de 1646. Su padre era profesor de filosofía moral en la Universidad de Leipzig. El joven Gottfried aprendió de la biblioteca de su padre y se enseñó a sí mismo latín. Continuó sus estudios en las universidades de Leibniz, Jena y Altdorf, donde, en 1666, concluyó con un doctorado en Derecho. Leibniz comenzó su carrera como secretario de un ministro al servicio del elector de Maguncia en 1667. Durante los cinco años que desempeñó este cargo, Leibniz tuvo la oportunidad de viajar por toda Europa, especialmente por Inglaterra, Francia, Holanda e Italia. En 1677, consiguió un empleo con el duque de Brunswick-Lüneburg, donde desempeñó diversas funciones de secretaría y asesoría. Fue nombrado historiador y bibliotecario del duque, cargo que ocupó durante el resto de su vida a pesar de sus incursiones en otros campos como la ciencia, la filosofía, las matemáticas, la ingeniería e incluso la alquimia.

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Desarrolló una gama tan amplia de actividades intelectuales que el historiador H. Chisick señala que era:

Una de las mentes más brillantes, pero menos centradas, de los inicios de la Ilustración… Era una curiosa mezcla de cortesano, administrador, asesor político y, con frecuencia, panfletista, asesor técnico, pensador y filósofo, que se recomendaba a sí mismo por su gran inteligencia y energía.
(245)

Leibniz pasaba sin parar de un proyecto a otro, encontrando distracciones curiosas en casi todo. Él mismo describía su enorme variedad de actividades intelectuales como un «batiburrillo casi perpetuo» (Gottlieb, 165).

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EN 1700, LEIBNIZ FUE NOMBRADO PRIMER PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS DE BERLÍN, UNA INSTITUCIÓN QUE ÉL MISMO HABÍA AYUDADO A FUNDAR.

Matemáticas

Las matemáticas eran un tema de gran interés para Leibniz. Trabajó en una máquina calculadora y, en la década de 1670, descubrió el cálculo diferencial, una herramienta matemática para calcular curvas y sus áreas. Bueno, eso parecía, pero otra persona bastante famosa pensaba que no era así. El científico británico Isaac Newton (1642-1727) se enzarzó en una larga disputa con Leibniz, acusando al alemán de plagiar su trabajo sobre el cálculo. En realidad, ambos habían desarrollado el cálculo de forma independiente y, aunque la mayoría de los historiadores consideran que Newton fue el primero en llegar a él, la versión de Leibniz era superior. El favoritismo hacia el cálculo de Newton frenó significativamente el desarrollo de las matemáticas en Gran Bretaña.

Leibniz's Calculating Machine
La máquina de calcular de Leibniz Kolossos (CC BY-SA)

Ciencia práctica

Leibniz solía salir de su biblioteca para dedicarse a la ciencia práctica. Trabajó en diseños para mejorar los carruajes y en el problema de cómo drenar las minas de plata alemanas (un problema minero que daría inicio a la Revolución Industrial británica alrededor de 1710).​ Diseñó una máquina calculadora que podía realizar multiplicaciones y divisiones y elaboró planos para una máquina cifradora que codificaba el texto al instante. Leibniz, al igual que un inventor loco de la ficción popular, intentaba constantemente mejorar las cosas —según él, motivado por el bien común—, ya fuera la receta perfecta para el brandy o un submarino que funcionara.​ Incursionó en máquinas extremadamente útiles, desde plantas desalinizadoras hasta inventos totalmente fantasiosos, como zapatos con resortes incorporados que permitían saltar rápidamente para escapar de un perseguidor. En la mayoría de estos proyectos, Leibniz intentaba paliar las tres causas principales de la infelicidad tal y como él las veía: la mala educación, el desempleo y la pobreza.

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LEIBNIZ SUGIERE QUE EL CUERPO Y LA MENTE SON EN REALIDAD COMO DOS RELOJES QUE FUNCIONAN DE MANERA INDEPENDIENTE, PERO QUE TAMBIÉN ESTÁN SINCRONIZADOS.

La física y la mecánica le interesaban mucho. Leibniz identificó que, en el movimiento, los factores de cantidad y fuerza eran bastante independientes. Acuñó el término «dinámica» y respaldó la idea de la conservación de la fuerza cuando un cuerpo se detiene, acercándose al descubrimiento de lo que más tarde llamaríamos energía cinética. También era un coleccionista y reunió excelentes colecciones personales de minerales y fósiles.

Filosofía de la mente y del cuerpo

Leibniz amplió sus intereses más teóricos cuando, en 1690, fue nombrado bibliotecario de la Bibliotheca Augusta en Wolfenbüttel, en Baja Sajonia (Alemania), una institución que sigue siendo importante en la actualidad. Siempre en busca de mejoras, independientemente del proyecto, Leibniz planeó un nuevo y amplio sistema de catalogación, pero resultó ser demasiado costoso para hacerse realidad.​ En realidad gestionaba tres bibliotecas, ya que, además de la biblioteca del duque de Brunswick-Lüneburg y la biblioteca de Wolfenbüttel, contaba con su propia biblioteca personal, con nada menos que 6.000 volúmenes.

Detail, Tompion Clock Face
Detalle de la esfera del reloj de Tompion Science Museum, London (CC BY-NC-SA)

En 1695, publicó su opinión sobre cómo están conectados la mente y el cuerpo. Leibniz llamó a su teoría un «nuevo sistema de armonía preestablecida» (Yolton, 279). Creía que, aunque no existe una conexión física entre la mente y el cuerpo, el mundo físico que nos rodea fue creado por Dios de tal manera que siempre existe algún vínculo entre los acontecimientos mentales y físicos (las cosas que experimentamos), ya que la mente puede dictar una acción del cuerpo y viceversa.​ Para Leibniz, «las entidades últimas de la realidad son las mónadas, "sustancias simples" que se combinan para producir el mundo» (Burns, 167). Las mónadas, entonces, del griego «unidad», son los elementos básicos e individualmente aislados de la realidad, que no se ven afectados entre sí y que son indivisibles. Cada mónada es completa en sí misma y contiene todos los rastros de las cosas que le sucederán. Se trataba de una teoría nueva y audaz, pero que distaba mucho de ser fácil de explicar por completo. Leibniz, como casi todos los demás filósofos, intentó aclarar su teoría utilizando analogías.

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Sugiere que el cuerpo y la mente son realmente como dos relojes que funcionan de forma independiente, pero que también están sincronizados. Existe una especie de armonía preestablecida entre estos dos «relojes». En otra analogía, describe las mónadas como:

[como] varias bandas de músicos o coros diferentes que tocan sus partes por separado y están situados de tal manera que no se ven ni se oyen entre sí, aunque, sin embargo, pueden acordarse perfectamente, cada uno siguiendo sus propias notas, de modo que alguien que los escuchara a todos encontraría allí una maravillosa armonía.
(Gottlieb, 169)

La causa que creó los relojes/músicos/mónadas es Dios, y él conoce todo lo que está planeado para cada una de las mónadas. Dios es, de hecho, la mónada suprema y la única que tiene relación con otras mónadas, ya que, de lo contrario, las mónadas nunca se interconectan entre sí. Esta es una causa fundamental sobre la que se basan todos los demás pensamientos filosóficos de Leibniz. Como explica el filósofo S. Blackburn:

La base de su pensamiento es la convicción de que a cada individuo le corresponde una noción completa, solo conocida por Dios, de la que se pueden deducir todas las propiedades que posee el individuo en cada momento de su historia.
(271)

Gottfried Wilhelm Leibniz Portrait
Retrato de Gottfried Wilhelm Leibniz  Johann Friedrich Wentzel (Public Domain)

Algunos críticos han sugerido que, debido a la analogía del reloj, Leibniz favorecía una visión puramente mecánica del mundo (una filosofía muy popular en aquella época) y que su idea de que los seres humanos eran como máquinas negaba su libre albedrío. Sin embargo, Leibniz creía que la filosofía mecánica necesitaba un elemento más espiritual para explicar adecuadamente la existencia humana.​ Su solución fue sugerir que las mónadas no son átomos físicos, sino una especie de entidad espiritual. Su mónada divina proporciona al mundo dos causas: una causa eficiente que impulsa mecánicamente a las mónadas y una causa final que las empuja en la dirección que están destinadas a seguir. Leibniz, en su famosa creencia de que todos los filósofos y todas las filosofías que han existido contienen algo de verdad, fusiona así de forma ingeniosa los opuestos aparentemente irreconciliables de la filosofía mecánica y la metafísica.

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Leibniz creía que cada individuo es único y que las acciones de cualquier individuo deben tener un efecto en todos los demás, ya que consideraba el universo como una red lógica e inteligible de acontecimientos interconectados, basada en leyes inmutables. Quizá no estaba del todo seguro del papel y la influencia de Dios sobre los individuos, salvo que los crea y les proporciona la armonía necesaria de las mónadas.​ Leibniz también sostenía que este mundo era el mejor posible, ya que Dios no lo habría creado de otro modo (si no pudiera crear un mundo perfecto, entonces él mismo no podría ser perfecto). Reconocía que había sufrimiento en el mundo, pero sostenía que su propósito estaba más allá de nuestra comprensión. Además, Leibniz define la perfección del mundo como «la combinación de la máxima diversidad de fenómenos con la máxima simplicidad de leyes» (Burns, 168).​ Creía que el universo era infinito, ya que Dios no estaría limitado, y vinculaba esta idea con la de «el mejor de los mundos posibles» (Burns, 151). Consideraba que la materia también era infinita, lo que negaba la posibilidad de que existieran vacíos, un tema candente para los científicos de la época.

Leibniz creía que los individuos nacen con ciertas facultades con las que pueden enfrentarse al mundo. Estas facultades no están bien definidas, sino que, como dice Isaiah Berlin, son «como las vetas del mármol que el escultor debe tener en cuenta y que conforman su carácter, lo haga o no» (39). En esta analogía, el escultor es la experiencia práctica tan apreciada por los empiristas.​ Leibniz propuso entonces una posición intermedia entre los pensadores que creían que nacemos con ideas innatas y los que sostenían que estas ideas solo se adquieren a través de la experiencia. Distingue dos categorías de hechos: los conocidos a través de la razón y los conocidos a través de la experiencia de los sentidos (que son menos fiables).

The Scientific Revolution in Europe
La Revolución Científica en Europa Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

Academias internacionales

En 1700, Leibniz fue nombrado primer presidente de la Academia de Ciencias de Berlín, una institución que él mismo había ayudado de forma significativa a fundar. Esto supuso una especie de «triplete», ya que ya era miembro tanto de la Real Academia de Ciencias de París como de la Royal Society de Londres, impresionadas por su máquina calculadora.​ No se detuvo ahí y siguió desempeñando un papel fundamental en la coordinación de los logros intelectuales, promoviendo la fundación de academias en Viena y San Petersburgo. Leibniz solía presentar sus escritos en estas prestigiosas academias y, con frecuencia, incorporaba muchos de sus ensayos en sus revistas impresas. Esta amplia difusión fue posible porque Leibniz solía escribir en latín o en francés, los idiomas más utilizados entre los intelectuales de la época.

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Las principales obras de Leibniz

Leibniz se centró en los artículos de investigación para dar a conocer más ampliamente su trabajo, publicando en revistas periódicas como el Journal des sçavans. También presentó sus ideas en cartas, manteniendo una correspondencia regular con algunos colegas pensadores en el extranjero, en particular Samuel Clarke (1675-1729), considerado por la mayoría de los historiadores como representante de su amigo íntimo Isaac Newton.​ Leibniz escribió al menos 15.000 cartas, y su correspondencia con pensadores concretos se ha publicado en varias colecciones temáticas. Entre las principales obras de Leibniz se encuentran:

  • Discurso de metafísica (1686)
  • El nuevo sistema (1695)
  • Ensayos de teodicea (1710)
  • Monadología (1713)

Muerte y legado

Leibniz, que escribió y trabajó hasta el final, llegó incluso a recibir una renta de la corte de San Petersburgo, a medida que su reputación como uno de los pensadores más destacados de Europa se extendía por todas partes. Murió en Hannover el 14 de noviembre de 1716. Nunca se casó ni tuvo hijos.

La importancia de la metafísica en la filosofía de Leibniz le llevó a ser rechazado y criticado por aquellos filósofos de la Ilustración que favorecían el empirismo como la mejor forma de comprender el mundo que nos rodea. Los empiristas criticaban duramente lo que denominaban el optimismo de Leibniz (término que entonces significaba creer que el mundo no podía ser mejor de lo que era).​ El ataque más famoso se produjo en la obra satírica Cándido, de Voltaire (1694-1778), cuyo protagonista, bastante crédulo, se basa esencialmente en Leibniz.

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Sin embargo, el teoreticismo y el análisis lógico de Leibniz sobre antiguos problemas filosóficos influyeron en otros pensadores muy dotados de la Ilustración, en particular David Hume (1711-1776) e Immanuel Kant (1724-1804). Kant describió la inusual teoría metafísica de Leibniz como «una especie de mundo encantado» (Gottlieb, 168). Otro pensador que recibió una influencia especial de Leibniz fue Christian Wolff (1679-1754).

Statue of Gottfried Wilhelm Leibniz
Estatua de Gottfried Wilhelm Leibniz Manuela Gößnitzer (CC BY-SA)

Leibniz tiene su nombre asociado a varios principios filosóficos. El principio de razón suficiente estipula que hay una razón suficiente para todas las cosas existentes o, dicho de otro modo, que nada sucede sin una razón. El principio de identidad de los indiscernibles establece que «no puede haber dos cosas que difieran solo en número» (Yolton, 280) o, dicho de otro modo, «si A y B tienen exactamente las mismas propiedades, entonces son idénticas» (Blackburn, 234) o, dicho de una tercera manera, que A y B deben ser en realidad la misma cosa (no puede haber dos).​ La posición opuesta es el principio de indiscernibilidad de los idénticos, también conocido como ley de Leibniz (término que a veces se utiliza para referirse a ambos principios juntos): «si A es idéntico a B, entonces todas las propiedades que tiene A las tiene B, y viceversa» (ibidem, 242). Los filósofos suelen utilizar estos principios en debates que demuestran o cuestionan si dos cosas son iguales o no, por ejemplo, el debate sobre si el cerebro humano es lo mismo que la mente o si son diferentes. Al examinar las propiedades de ambos y ver qué propiedades, o si todas las propiedades, pertenecen a ambos, el filósofo puede decidir si se trata de dos cosas distintas o de una sola.​ Otro legado duradero de la obra de Leibniz es su desarrollo de la aritmética binaria, las cadenas de 1 y 0 tan esenciales para los ordenadores modernos.

Quizás el legado más duradero de Leibniz sea su inspirador ejemplo como alguien que tenía un interés profundo literalmente por todo. Como señala W. E. Burns, «a menudo se ha descrito a Leibniz como el último hombre versado en todas las ramas del conocimiento» (167). El historiador A. Gottlieb coincide y afirma con rotundidad que Leibniz «fue el mayor erudito desde Aristóteles» (163).​ Sin duda, muchos otros pensadores sentían admiración por Leibniz. Denis Diderot (1713-1784) afirmó en una ocasión: «Cuando uno compara sus propios talentos con los de Leibniz, es tentador tirar los libros y marcharse a morir a algún rincón tranquilo» (Gottlieb, 163).

Leibniz, sobre todo, da motivos para el optimismo a otros pensadores mediante su búsqueda incesante de la interconexión del conocimiento humano, su creencia de que la religión y la ciencia pueden conciliarse y su convicción de que «la verdad está más extendida de lo que la gente cree» y de que «las cosas están destinadas a progresar para mejor, ya sea gradualmente o, a veces, incluso a pasos agigantados» (Gottlieb, 177 y 195).

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Preguntas y respuestas

¿Por qué es conocido Gottfried Wilhelm Leibniz?

Gottfried Wilhelm Leibniz es conocido por ser un erudito alemán que inventó una sofisticada máquina calculadora y el cálculo. También propuso una filosofía que combinaba el racionalismo con el empirismo y la metafísica.

¿Por qué fue criticado Leibniz durante la Ilustración?

Leibniz fue criticado durante la Ilustración por aquellos pensadores que preferían una visión empírica del mundo. Por el contrario, Leibniz propuso un elemento metafísico para nuestra comprensión del mundo físico, aunque también valoraba la razón dentro de su sistema de conocimiento.

¿Cuál fue la disputa entre Newton y Leibniz?

La disputa entre Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz se centró en quién había inventado primero el cálculo. La mayoría de los historiadores actuales opinan que ambos lo descubrieron de forma independiente, pero que el de Leibniz era más sofisticado.

Sobre el traductor

José Miguel Serradilla
Matemático, con experiencia docente tanto en educación secundaria como universitaria. Apasionado por la ciencia y las lenguas, destaca por su curiosidad intelectual, su afición a la lectura y su interés por el cine y la música.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2026, enero 01). Gottfried Wilhelm Leibniz. (J. M. Serradilla, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22600/gottfried-wilhelm-leibniz/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Gottfried Wilhelm Leibniz." Traducido por José Miguel Serradilla. World History Encyclopedia, enero 01, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22600/gottfried-wilhelm-leibniz/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Gottfried Wilhelm Leibniz." Traducido por José Miguel Serradilla. World History Encyclopedia, 01 ene 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22600/gottfried-wilhelm-leibniz/.

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