Menehune es un término que se aplica a criaturas bajitas que viven en los bosques de la mitología hawaiana y son parte de la mitología común de toda Polinesia para describir a seres sobrenaturales secretos con atributos humanos. Seres misteriosos sobrenaturales aparecen en los mitos y leyendas de otras culturas de Oceanía, tales como los Mimis de Arnhem Land de Australia que viven en los recovecos de las rocas y se cree que enseñaron a cazar a los australianos indígenas, o los kakamora de Melanesia, unas criaturas parecidas a elfos que viven en cuevas y adoran bailar, pero temen el color blanco.
Creían que los menehune, que medían unos 90 cm (3 pies) de alto, eran expertos canteros que salían después del crepúsculo para construir canoas, caminos, estanques y muros o para cantar y tocar instrumentos musicales. Evitaban la luz del sol y sus increíbles esfuerzos de construcción, tanto si habían acabado como si no, siempre cesaban antes del amanecer, cuando volvían a desaparecer.
La cuestión es si estos seres sobrenaturales pertenecen únicamente al folklore o si forman parte de algún recuerdo cultural sobre antiguos ancestros que poblaron la región del Pacífico antes de que los absorbieran los relatos mitológicos.
Origen de la mitología de los menehune
Los hawaianos se refieren a los menehune como Kama'aina o «hijos de la tierra», que ha acabado por significar pueblos indígenas. El anticuario australiano Thomas George Thrum (1842-1932), que emigró a Hawái en 1853, fue el autor de Cuentos populares hawaianos, publicado en 1907. Consideraba que los menehune eran los ancestros de los hawaianos modernos y que su cultura era anterior a la de todas las culturas polinesias.
Junto a Abraham Fornander (1812-1887), un etnólogo sueco que llegó a Hawái tras abandonar un ballenero en 1844, Thrum recopiló historias principalmente en Kauai y Oahu que describían las características de los menehune. Se decía que eran musculosos, con frentes pronunciadas y bajas y ojos grandes, ocultos tras cejas gruesas. Los hawaianos podían invocar a los menehune para que terminaran una construcción en una noche y el pago consistía en un camarón por cada menehune. Los proyectos de construcción normalmente eran obras públicas, tales como caminos o templos y los menehune se iban pasando bloques de basalto en una hilera mientras trabajaban.
Las historias de los menehune aparecieron de repente en los periódicos y las revistas hawaianas en 1861. Antes de esa fecha, los primeros eruditos y misioneros hawaianos no mencionaban a la misteriosa gente del bosque que se dedicaba a la construcción. El reverendo Hiram Bingham (1789-1869), un misionero estadounidense que llegó a las islas en 1820 y se pasó allí más de dos décadas escribió una historia temprana extensa. Bingham recopiló historias orales y cuentos sobre las deidades hawaianas, pero no menciona nunca a los menehune. El misionario británico William Ellis (1794-1872) había oído hablar de los «manahune» de Tahití, un término para referirse a la más baja de las tres clases sociales tahitianas que incluía a los obreros no cualificados y los sirvientes. Tras un gira por las islas hawaianas e intervenciones misionarias en las instituciones políticas y culturales, Ellis produjo su célebre obra en cuatro volúmenes, Investigaciones polinesias, en 1831. Dado su conocimiento enciclopédico de la región del Pacífico sur, resulta curioso que Ellis no mencionase a los menehune de Hawái o cualquier posible vínculo con los manahune de Tahití.
Del mismo modo, el historiador hawaiano David Malo (en torno a 1793-1853), en su obra Antigüedades hawaianas, publicada en 1838 habla de los mu, espíritus traviesos, pero no de los menehune.
¿Cómo es que los menehune brillan por su ausencia en las obras de los eruditos de Hawái o en los relatos documentados por los primeros balleneros o exploradores que visitaron las islas, tales como el capitán James Cook (1728-1779) o el capitán George Vancouver (1757-1798)?
Puede que la respuesta se halle en una combinación de factores:
- Los menehune forman parte de la mitología posterior al contacto con los europeos y la mayoría de las historias las han recopilado no hawaianos.
- Los hawaianos se mostraban reacios a hablar sobre creencias sobrenaturales con los primeros misionarios cristianos.
- Las tradiciones históricas orales, que puede que mencionasen a los menehune, se perdieron en pocas generaciones a causa de las enfermedades introducidas por la llegada de los europeos a finales del siglo XVIII.
- Puede que la popularidad mundial de los cuentos de Hans Christian Andersen (1805-1875) influyera en la mitología hawaiana.
La década de 1860 fue una época tumultuosa en la historia hawaiana: el rey Kamehameha IV (1834-1863) declaró la neutralidad tras la guerra de secesión (1861-1865) y se establecieron dos periódicos importantes que les proporcionaron a eruditos como Thomas Thrum la posibilidad de publicar historias sobre los menehune. Estos periódicos, el Estrella del Pacífico y el Periódico independiente, se publicaron en idioma hawaiano y, para 1861, las historias sobre los menehune se fueron haciendo cada vez más extravagantes.
A partir de 1875, Thomas Thrum publicó su Anuario y almanaque hawaiano, un compendio de información hawaiana que incluía estadísticas de población, clima y geografía además de mitología recopilada y traducida por Thrum. Para 1892, Thrum ya describía los menehune como una raza de «enanos» o de «gente pequeña» de 90 cm (3 pies) de altura lo que, en cierto modo, justifica la referencia anterior de Fornander, que los llama «elfos laboriosos». El propio Thrum incluso se llamaba a sí mismo Padre de los menehune porque amaba los cuentos que él y otros europeos estaban tejiendo.
El lingüista y educador William DeWitt Alexander (1833-1913) fue el primer europeo en atribuirles características y poderes mágicos a los menehune y los identificó como una clase o raza distinta de la de los humanos. En Una breve historia del pueblo hawaiano, publicada en1891, DeWitt hablaba de construcciones destacadas en las islas y declaró que los responsables eran los trabajadores menehune.
Construcciones menehune
Lo que más adelante se acabaría conociendo como la zanja menehune se mencionó por primera vez en marzo de 1861 en el periódico de en idioma hawaiano Ka Hae Hawaii. La construcción de Kīkīaola, un canal de regadío o auwai en Waimea (Kauai) histórico a 7,3 metros (24 pies) se atribuyó a los menehune, que lo construyeron en una noche, y es anterior a las migraciones a Tahití en torno a 1000 d.C.
Los europeos la descubrirían en el siglo XVII y George Vancouver la describió en 1792. Se considera una maravilla de la ingeniería a causa de sus 120 bloques de basalto cortados, para lo que habrían hecho falta herramientas de precisión y técnicas para excavar los 61 metros (200 pies) de zanja que transportaba agua a los estanques para cultivar taro. También difiere de las típicas construcciones murales hawaianas, a pesar de que los hawaianos eran diestros en la cantería.
Aunque el artículo de marzo de 1861 no hablaba de trabajadores sobrenaturales, una publicación de septiembre de 1861 de Ka Hoku o ka Pakipka es la primera referencia sobre la construcción de Menehune. ¿Cómo es que la excavación se asoció tan pronto a los menehune? La explicación más probable es que el ambiente de la década de 1860 alentara el crecimiento de mitos y leyendas y que los arqueólogos estuvieran desconcertados por la construcción de la zanja. A falta de una teoría firme sobre quién construyó Kīkīaola o por qué en apariencia difiere de cualquier otra cosa que se pueda encontrar en las islas hawaianas, los estudiosos y los escritores rellenaron el vacío con los menehune mitológicos.
Sin embargo, hay muchos ejemplos del empleo innovador de corte de piedra por parte de los primeros hawaianos. Fornander apunta al heiau (templo) de Umi. Umi-a-Liloa (que reinó de 1470-1525) fue el gran jefe de la isla más grande del archipiélago hawaiano (la isla de Hawái), y su heiau es un elaborado ejemplo de mampostería de piedra cortada y revestida.
La laguna Alekoko, también conocida como la laguna Menehune, es un estanque de 41,2 hectáreas (102 acres) situado junto a una curva del río Hule'ia en la isla de Kauai. También se escribe Alakoko, aunque Thrum es el responsable de la ortografía más común de Alekoko. El estanque interior, se construyó con un muro de 823 m (2.700 pies) de largo de piedra y tierra hace unos 600 años, aunque también se ha propuesto que se construyó hace 1.000 años. Al igual que con Kīkīaola, el muro es una estructura singular de barro y piedra que difiere de la mayoría de muros de estanque hawaianos que se conocen, que normalmente están hechos de grandes rocas de basalto. En algunas partes del muro los obreros habrían tenido que trabajar bajo el agua. El periódico en hawaiano, Ka Hae Hawaii atribuyó en octubre de 1861 la construcción nocturna del estanque a los menehune mágicos en vez de reconocer que los propios hawaianos eran capaces de tales hazañas de ingeniería.
¿Quiénes eran los verdaderos menehune?
Para principios del siglo XX los menehune habían quedado reducidos a simples elfos traviesos que eran invisibles para los hawaianos no indígenas. Hoy en día la imagen caricaturesca de los menehune se utiliza para vender todo tipo de cosas, desde agua embotellada hasta chocolates o souvenirs. Thrum y Fornander contribuyeron a una mitología posterior al contacto europeo que poco tiene que ver con lo que puede que fueran los menehune.
La datación por radiocarbono sugiere que los polinesios llegaron a las islas hawaianas desde Hiva (en las Marquesas) en algún momento entre 1000-1200 d.C. y no en torno a 300-750 como se pensaba. Fue un viaje de 3.218 km (2.000 millas) en canoa. A esta primera oleada le siguió una segunda en el siglo XV de gente que emigró de Kahiki (que se ha identificado como Tahití), también polinesios, que consideraban a los colonos originales manahune, es decir, «gente común de clase baja» o menehune y esto los obligó a huir a los bosques y las montañas. Los polinesios de Tahití se consideran los ancestros de los hawaianos modernos, y algunos miembros de la tripulación del capitán James Cook que podían hablar tahitiano, lograron comunicarse con los hawaianos. El tahitiano y el hawaiano comparten aproximadamente el 76% del vocabulario.
También existe la sugerencia de que la primera oleada de polinesios de las Marquesas se encontró las lagunas, los templos, los caminos, los diques y las casas salpicadas por todas las islas, construidas por los menehune, que vivían en cuevas o en la profundidad de los bosques. No obstante, los arqueólogos no han descubierto ninguna evidencia que apunte hacia una raza diminuta de gente en Hawái anterior a los polinesios. Dada la falta de evidencia, la explicación histórica plausible es que los menehune fueron la primera oleada de polinesios de las Marquesas y que se convirtieron en parte de la memoria cultural retenida y contada en las historias orales tras haber huido a la llegada de los tahitianos.
El humano más pequeño
¿Existe alguna evidencia de una raza de gente de baja estatura en Oceanía? Y, de ser así, ¿Hay alguna posibilidad de que esta gente poblara Hawái antes de que llegara la primera oleada de polinesios?
En 2003 en la cueva de Liang Bua en la isla indonesia remota de Flores, los científicos descubrieron el Homo floresiensis, un homínido de 1,06 m (3,5 pies) parecido a un hobbit. Puede que este homínido coexistiera con los humanos modernos. El primer espécimen era una hembra de 30 años y las pruebas iniciales dataron los restos entre 100.000 y 60.000 años de antigüedad. Los indicios arqueológicos circundantes, tales como herramientas de piedra, sugieren que Homo floresiensis puede que llevara al menos 190.000 años viviendo en el área de Liang Bua. Otros hallazgos posteriores llevaron a los científicos a creer que este homínido diminuto tenía una cara plana con una nariz estrecha, prominentes cejas, una frente inclinada y una mandíbula y unos dientes que se parecen más al Australopithecus (los primeros homininos).
Las investigaciones han concluido que Homo floresiensis no eran humanos modernos y que no sufrían microcefalia (una cabeza más pequeña de lo normal), sino que eran una especie distinta que probablemente descendía de un ancestro africano temprano que todavía está por descubrir. Los ancestros que no abandonaron el continente africano evolucionaron hacia Homo habilis, los primeros fabricantes de herramientas de piedra. La estatura reducida de Homo floresiensis probablemente se debía al entorno de Flores, una isla tropical muy boscosa con recursos alimenticios limitados. Reducía las exigencias energéticas y se ha dicho que el «enanismo insular» era un respuesta evolutiva. Los elefantes pigmeos de Flores, ahora extintos, se adaptaron al entorno de la misma manera.
Fue un descubrimiento impresionante porque antes se creía que el Homo sapiens estaba solo en la tierra tras la desaparición de los neandertales en Europa y el Homo erectus en el Sudeste asiático. Puede que los humanos modernos llevaran a Homo floresiensis al borde de la extinción.
El Homo floresiensis probablemente desató la leyenda local de Ebu Gogo. Se decía que la Ebu Gogo (que se traduce como «la abuela que se lo come todo») era bípeda, de unos 150 cm (5 pies) de alto y que hablaba su propio idioma. Tenía brazos largos, orejas sobresalientes y el cuerpo peludo y se pasaba el día robando las cosechas y raptando niños.
Los cuentos sobre criaturas pequeñas no son exclusivos de Flores. La isla indonesia de Sumatra tiene a Orang Pendek (traducido como «persona bajita»), que tiene una mata de pelo de la cabeza a la espalda y mide alrededor de 150 cm (5 pies) de alto. La mitología en torno a Ebu Gogo y Orang Pendek es similar a la de los menehune y puede que tenga que ver con recuerdos culturales compartidos de una raza de baja estatura que se ha extinguido.
Una pregunta intrigante es cómo consiguió Homo floresiensis llegar a Flores y si eran o no marineros, con lo que a lo mejor llegaron a Hawái y otras áreas del sur del Pacífico, saltando de una isla a otra. Hace tan solo 20.000 años los niveles del mar eran más bajos, así que la evidencia de barcos o balsas con toda probabilidad se ha perdido o podrido a causa del cambiante nivel del mar. Las especulaciones sobre antiguas habilidades marinas van desde que los primeros hominidos se vieron arrastrados a altamar después de inundaciones o un tsunami, hasta la construcción de balsas a propósito, sirviéndose de los tubos del Dendrocalamus giganteus (bambú gigante común en el Sudeste Asiático) y atándolos juntos con lianas para crear una balsa que se pudiera dirigir. Llegar a Flores, que nunca ha estado conectada con el Asia continental, incluso con un nivel del mar más bajo, supone que Homo floresiensis cruzó un tramo de agua. El arqueólogo australiano Mike Morwood, que descubrió Homo floresiensis junto con su equipo, cree que usaron balsas de bambú para cubrir la distancia entre Bali y Flores.
Los investigadores también han mostrado que la gente de la Antigüedad emigró del archipiélago indonesio para bajar a Polinesia y luego cruzar a Hawái. Teniendo esto en cuenta, puede que los menehune sean los últimos descendientes de Homo floresiensis.
Conclusión
Los menehune no aparecen en la literatura anterior al contacto europeo, en documentos como diarios y memorias de balleneros, exploradores y misioneros. No se puede descartar que las historias de los menehune aparecieran en la historia de tradición oral y que se perdieran a causa de los cambios dramáticos de la historia hawaiana tras los asentamientos de polinesios y europeos.
Lo que sí se sabe es que los menehune alcanzaron su punto álgido de popularidad después de 1861, cuando estudiosos y escritores no hawaianos recopilaron y publicaron historias cada vez más rocambolescas sobre constructores misteriosos con habilidades sobrenaturales. Por tanto, ¿acaso los menehune son una invención occidental? ¿O puede que sean el resultado de un recuerdo cultural sobre la primera oleada de polinesios? También es posible que los menehune sean parte de la fascinación global por los cuentos de hadas del siglo XIX, provocada por Hans Christian Andersen y Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm, los hermanos Grimm. La última posibilidad es que Homo floresiensis llegara a Hawái o que una raza de estatura corta similar fueran los primeros habitantes de las islas, aunque todavía no se han encontrado pruebas arqueológicas fehacientes. Como mínimo, el descubrimiento de Homo floresiensis está haciendo que los expertos se replanteen la hipótesis de la «salida de África» a pie sobre la dispersión humana.

