Las murallas teodosianas o de Teodosio son las fortificaciones de Constantinopla, capital del Imperio bizantino, construidas durante el reinado de Teodosio II (408-450 d.C.). También conocidas como Murallas dobles de Teodosio, fueron construidas ampliando fortificaciones anteriores, de manera que la ciudad se hizo inexpugnable ante los asedios enemigos durante 800 años. Estas murallas fueron las más grandes y fuertes que se hayan construido en el mundo antiguo o medieval. Resistiendo ataques y terremotos por siglos, fueron puestas a prueba por las tropas búlgaras y árabes, que en ocasiones asediaron la ciudad durante años. En la actualidad, aún pueden verse tramos de estas murallas que sobrevivieron a la edad antigua y son de los monumentos más impresionantes de la Estambul actual.
Haciendo la ciudad segura
Aunque la ciudad ya se había beneficiado de la construcción de fortificaciones por parte de emperadores anteriores, especialmente Constantino I cuando trasladó su capital desde Roma al Este, es el emperador Teodosio II quien está mayormente asociado con las famosas murallas de Constantinopla. Sin embargo, fue Teodosio I (que reinó de 379-395 d.C.) quien comenzó con el proyecto de mejorar las defensas de la capital al construir la Puerta Dorada de Constantinopla en noviembre de 391 d.C. La puerta medía más de 12 metros de altura, con tres arcos y una torre a cada lado. Estaba construida en su totalidad con mármol, decorada con estatuas y una escultura de una carroza tirada por cuatro elefantes. Es muy probable que la Puerta Dorada marcara el inicio triunfal de las procesiones que terminaban en el hipódromo. Dos décadas después, Teodosio II, alarmado por la reciente caída de Roma ante los godos en el año 410 d.C., se dispuso a construir una inmensa línea de murallas triples para asegurar que Constantinopla nunca corriera con la misma suerte. El hombre a quien se atribuye la supervisión de su construcción es el prefecto pretoriano de Teodosio, Flavio Antemio. Las murallas se extendían a través de la península, desde las costas del mar de Mármara hasta el Cuerno de Oro, y se completaron en el año 439 d.C. con una extensión de unos 6,5 kilómetros. La superficie de la ciudad se amplió en 5 kilómetros cuadrados.
La muralla interior de las tres tenía casi cinco metros de grosor, doce metros de alto, y presentaba 96 torres elevadas hacia los enemigos.
Las murallas defensivas fueron hechas de una combinación de elementos diseñados para hacer la ciudad impenetrable. Primero, los atacantes se enfrentaban a una zanja de 20 metros de ancho y siete de profundidad que podía inundarse con agua de tuberías cuando fuera necesario. Una vez que el agua estaba dentro, se retenía mediante una serie de represas. Detrás había una muralla exterior con un camino de patrulla para vigilar el foso. Luego había una segunda muralla con torres regulares y una terraza interior que servía de plataforma de tiro hacia las fuerzas enemigas que atacaran el foso y la primera muralla. Y, por último, había una tercera muralla interior, todavía más imponente. Esta última defensa tenía casi 5 metros de grosor, 12 metros de altura y presentaba al enemigo 96 torres elevadas. Cada torre estaba situada a unos 70 metros de distancia y alcanzaba una altura de 20 metros. Las torres, de forma cuadrada u octogonal, podían albergar hasta tres máquinas de artillería. Las torres se colocaron en la muralla central para no bloquear las posibilidades de disparo desde las torres de la muralla interior. La muralla interior se construyó con ladrillos y bloques de piedra caliza, mientras que las dos exteriores se construyeron en hileras de ladrillos y una mezcla de escombros, revestidas en piedra caliza. El acceso a la ciudad, cuando no estaba siendo atacada, se realizaba, además de por la Puerta Dorada, a través de otras diez puertas.
Las murallas se construyeron sobre un terraplén ascendente para que los defensores pudieran disparar fácilmente contra las estructuras situadas frente a ellos de ser necesario. El diseño de las fortificaciones garantizaba que el enemigo no pudiera colocar sus máquinas de asedio cerca de la importante muralla interior, e incluso el fuego de artillería a distancia tenía un alcance mucho más limitado que en las fortificaciones tradicionales de una sola muralla. La distancia entre el foso exterior y la muralla interior era de 60 metros, mientras que la diferencia de altura era de 30 metros. Un obstáculo formidable, sobre todo cuando los defensores también disponían de su arma secreta, el líquido incendiario conocido como «fuego griego», que podía verterse sobre los atacantes o dispararse en granadas contra estos. Los defensores se organizaban según las facciones del hipódromo de la ciudad. Los cuatro grupos de defensores también eran responsables del mantenimiento de las murallas. Abasteciéndose de alimentos, reuniendo ganado y disponiendo de abundante agua en las enormes cisternas de la urbe, Constantinopla estaba preparada para hacer frente a todo enemigo.
La ciudad fue sometida a duras pruebas varias veces en su larga historia, pero las enormes murallas nunca defraudaron a los habitantes de la capital. Fue asediada sin éxito en el año 626 por el ejército del rey persa Cosroes II, ayudado por sus aliados eslavos y ávaros. Uno de los ataques más persistentes se produjo con el asedio árabe de 674-678, cuando las murallas resistieron las máquinas de asedio y el fuego de artillería de enormes catapultas. Otro asedio árabe se produjo en 717, esta vez durante todo un año, con 1.800 barcos y un ejército de 80.000 hombres. Los rumores sobre la llegada del ejército provocaron que el emperador bizantino insistiera en que toda familia que no tuviera provisiones para tres años huyera de la ciudad. Al final, el crudo invierno hizo más daño a los atacantes que a los defensores, y Constantinopla sobrevivió una vez más. El siguiente en probar suerte fue Tomás el Eslavo, que sitió la capital en 821, pero, como era de esperar, la ciudad resistió. En los años 860, 941 y 1043, los ataques rusos resultaron tan ineficaces como los anteriores.
La madre naturaleza no siempre fue benévola con la ciudad, y era necesario reparar los daños causados por los terremotos cada cierto tiempo, sobre todo después de los destructivos sismos de agosto y septiembre del 478 d.C., tras los cuales el emperador Anastasio I (que reinó de 491-518) llevó a cabo reparaciones. Otro gran terremoto tuvo lugar el 26 de octubre de 740. Los daños resultaron tan graves que se anuló la convención de los habitantes de la ciudad, que se vieron obligados a unirse para mantener sus propias defensas, y el emperador León III (que reinó de 717-741) financió las reparaciones con fondos del tesoro público, aumentando para ello los impuestos en un 8,5%. Las inscripciones en varios de los bloques de piedra de la muralla dejan constancia de este trabajo, y aún pueden verse en el extremo cercano al mar de Mármara.Teófilo (que reinó de 829-842) y Miguel III (que reinó de 842-867) fueron otros emperadores notables por sus obras para reparar las defensas durante el turbulento siglo IX.
Finalmente, después de 800 años, las defensas de la ciudad fueron abatidas por los caballeros de la Cuarta Cruzada en el año 1204, aunque los atacantes entraron por una puerta dejada abierta por descuido y no porque las fortificaciones hubieran fallado en su propósito. El emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo (que reinó de 1261-1282) reconstruyó las fortificaciones en la década de 1260, pero no pudieron resistir un segundo ataque exitoso cuando sufrieron graves daños por el fuego de los cañones otomanos en 1453.
Gran parte de las murallas teodosianas, incluidas muchas torres, aún pueden verse en Estambul, donde se han restaurado partes significativas. La Puerta Dorada también sigue en pie, puesto que formaba parte del tesoro del castillo de Mehmed II en 1453.
Estudiante de idiomas amante de la historia, que desea aportar a la difusión de conocimientos históricos, respetando las culturas y sociedades a las que hacen referencia.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 07 diciembre 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.