Situada en la fértil llanura de Mesara en el centro de Creta, Festo lleva habitada desde el final del Neolítico (en torno a 3600-3000 a.C.). El mayor periodo de influencia del asentamiento fue entre los siglos XX y XV a.C., durante una época en la que, junto a Cnosos, Malia y Zakros, era uno de los centros más importantes de la civilización minoica.
El asentamiento de Festo siguió adelante durante la era micénica y tras ese periodo hubo un resurgimiento breve durante el siglo VII a.C. Festo perdió finalmente su independencia cuando fue conquistada en torno a 180 a.C. por Gortina, la capital romana de Creta. Entre los artefactos encontrados en el lugar hay muchas tablillas de Lineal A, sellos y el célebre y misterioso disco de Festo, un disco de arcilla cubierto de símbolos sin descifrar.
Origen del nombre
La tradición le atribuye la fundación de Festo o bien a Minos, gobernante de Cnosos, o a su hermano Radamantis. El nombre deriva de Festo, hijo o nieto de Heracles, que murió a manos del rey cretense Idomeneo. Fue Idomeneo quien condujo a los cretenses a la guerra de Troya, y Festo se describe en la Ilíada de Homero como «una ciudad bien fundada».
Arquitectura
Los primeros edificios a gran escala datan de alrededor de 3000 a.C., pero fue a partir 2000 a.C. cuando se construyeron los primeros palacios en el lugar. El primer palacio, y el mejor, en construirse, data de entre 2000 y 1700 a.C. Este palacio minoico a gran escala se construyó en una meseta amplia en la más baja de tres colinas, a 97 metros de altura. El palacio, en su máxima extensión, ocupaba un área de 8.400 metros cuadrados y tan solo lo superaba el de Cnosos en tamaño e importancia. Construido en tres terrazas y con entre uno y tres pisos, era un edificio espléndido, con patios grandes (el más grande de los cuales era de 1.100 metros cuadrados), apartamentos reales, columnatas, escaleras y pozos de luz, tan típicos de la arquitectura palaciega minoica.
Se ha sugerido que el palacio era un centro administrativo, manufacturero y de comercio, con almacenes para productos para el comercio doméstico y exterior y santuarios para el culto religioso, en particular de la Diosa Madre. Algunos estudiosos argumentan que los miles de sellos y tablillas de Lineal A y la calidad y variedad de las cerámicas encontradas, en especial, artículos de Kamarés, podrían sugerir que el palacio era más bien un lugar de reunión común y que puede que fuera la sede de un poder teocrático. Sin embargo, las pruebas arqueológicas no son concluyentes sobre el papel específico que tenía el palacio en la comunidad. Ciertamente, el esplendor de los edificios y la riqueza de los descubrimientos de alfarería parecen sugerir un periodo de gran afluencia en la ciudad como parte de una red más amplia de enclaves en la Creta minoica.
El primer complejo palaciego se destruyó a causa de dos terremotos en torno a 1700 a.C. y el segundo se construyó poco después sobre el primero. Más modesto que su predecesor, el segundo palacio también se destruyó a mediados de 1600 a.C. y quedó abandonado hasta un breve renacimiento en el siglo XVI a.C., tras lo cual Festo cobró importancia hasta quedar tan solo por detrás de la cercana Hagia Triada, la sede local del poder de los micénicos.
Hallazgos arqueológicos
Las excavaciones del lugar empezaron a principios del siglo XX por iniciativa de la Escuela Arqueológica Italiana, y continúan en la actualidad. Los extensos restos siguen siendo visibles hoy en día y son principalmente parte del segundo palacio. Hay dos escaleras grandes, una entrada monumental al patio principal (de 14 metros de ancho) y la entrada al patio occidental (de 6 metros de altura); un área grande de teatro con nueve hileras de asientos de piedra o escalones, de 24 metros de largo con una posible capacidad para más de 400 espectadores de pie; el patio occidental, donde puede que se celebraran los famosos juegos de toros; dos fosas circulares amuralladas; un vestíbulo con bancos; almacenes; restos de pozos de luz y apartamentos grandes, uno de los cuales, el llamado megaron del rey, todavía conserva las losas originales de alabastro y los intersticios de yeso rojo.
De entre la miríada de artefactos encontrados en el lugar, el más célebre es el singular disco de Festo. Este disco de arcilla, datado de 1600 a.C., tiene ambas caras grabadas con 241 símbolos o jeroglíficos cretenses en un patrón espiral. Se puede decir que el disco es un antecesor de la tipografía, ya que cada símbolo está estampado individualmente con un sello. A pesar del gran esfuerzo de los estudiosos y de los debates al respecto, los símbolos siguen sin descifrarse. Hoy en día, los artefactos de Festo residen principalmente en el Museo Arqueológico de Heraclión, Creta.
