La Casa real de Hannover, formalmente la Casa de Brunswick-Lüneburg, estirpe de Hannover, gobernó Gran Bretaña durante casi dos siglos (1714-1901) y configuró el desarrollo político y constitucional del Reino Unido durante un periodo de expansión imperial y transformación industrial. Su inesperado ascenso comenzó con Jorge I (que reinó de 1714 a 1727), elector de Hannover, que se convirtió en rey en virtud de las disposiciones del Acta de Sucesión (1701). Aunque ocupaba un lugar muy lejano en la línea de sucesión (el 52.º), era el heredero protestante más cercano en un periodo marcado por la insistencia del Estado británico en una monarquía protestante.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX, seis monarcas hannoverianos supervisaron importantes cambios históricos, como la consolidación del Gobierno de gabinete, la Revolución Industrial, las guerras napoleónicas, la expansión global del imperio y el surgimiento de la política parlamentaria moderna. La dinastía concluyó con la reina Victoria (que reinó de 1837 a 1901), bajo cuyo mandato Gran Bretaña se convirtió en la potencia imperial dominante del mundo. A su muerte en 1901, el trono pasó a manos de su hijo Eduardo VII, inaugurando así la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, que más tarde pasó a llamarse Casa de Windsor en 1917.

