La Oración a Thot para obtener habilidad en la escritura es una obra literaria fechada alrededor del año 1150 a.C., del período tardío del Imperio Nuevo de Egipto (aproximadamente 1570 - 1069 a.C.), donde un joven escriba le reza a Thot, el dios de la sabiduría y la escritura, para encontrar inspiración.
Hallada entre los textos del Papiro Anastasi V, un rollo descubierto en Tebas, la oración ofrece una visión interesante de cómo los antiguos egipcios concebían la profesión del escriba y lo que esperaban obtener de ella.
La escritura en el antiguo Egipto se consideraba una profesión sagrada. La expresión egipcia para su sistema de escritura era medu-netjer, que significa «las palabras del dios», y fue traducida por los griegos como jeroglíficos («grabados sagrados»). Se creía que la escritura había sido entregada a la humanidad por el dios Thot, una deidad que apareció por primera vez en el Período Predinástico de Egipto (alrededor de 6000 - 3150 a.C.), antes del desarrollo de la escritura. En sus primeras representaciones, Thot aparece como un dios de la sabiduría y el conocimiento, por lo que fue natural atribuirle la invención de la escritura una vez que esta se desarrolló.
La consorte de Thot era la diosa Seshat (considerada a veces su esposa y otras veces su hija), quien cuidaba todas las formas de la palabra escrita, entre muchas otras responsabilidades. Sin embargo, Thot era quien inspiraba a los escritores a dar lo mejor de sí y crear las obras que Seshat recibía en forma etérea y colocaba en los estantes de la biblioteca de los dioses. Por lo tanto, la palabra escrita podía hacer que alguien fuera inmortal, no solo de forma terrenal, en los recuerdos de lo que había creado, sino también en el reino de los dioses, donde esas obras permanecerían eternamente.
Los escribas que redactaban la literatura del antiguo Egipto, así como los textos no literarios, gozaban de gran respeto y llevaban vidas acomodadas. Tanto hombres como mujeres podían ejercer como escribas, pero, a menos que pertenecieran a la nobleza o a la clase alta, la educación resultaba costosa. En las familias que tenían que elegir entre educar a un hijo o a una hija, generalmente optaban por los varones. La historiadora y egiptóloga Margaret Bunson señala:
Los escribas eran la élite letrada del Antiguo Egipto que desempeñaba una variedad de funciones en los distintos períodos históricos dentro del gobierno y las instituciones religiosas. Algunos escribas alcanzaron altos rangos y honores, y la profesión siempre fue estimada. En un documento antiguo, la vida del escriba se llama el «camino del dios». La alfabetización era el requisito previo para cualquier cargo superior, ya fuera secular o religioso. (p. 236)
La formación para convertirse en escriba requería años de educación y mucho esfuerzo, pues era necesario memorizar más de 800 símbolos jeroglíficos y practicar su escritura correcta. Esta exigente instrucción disuadía y desalentaba a muchos, pero, una vez dominado el arte, la vida resultaba cómoda. Los escribas podían transformarse en médicos, sacerdotes, maestros, o simplemente desempeñarse como secretarios o contables en el gobierno. La egiptóloga Rosalie David escribe:
Los chicos que se preparaban para carreras como escribas (incluidos médicos y abogados) o para convertirse en funcionarios civiles, eran enviados a templos o centros administrativos, donde recibían una educación personalizada por parte de un alto funcionario. Además de lectura, escritura y literatura, también se les enseñaban materias especializadas, como por ejemplo idiomas extranjeros en el caso de quienes aspiraban a formar parte del servicio diplomático. (p. 206)
La relación entre los maestros y los jóvenes escribas en el antiguo Egipto resulta sorprendentemente similar a la de hoy. Los docentes recitaban textos, asignaban tareas, impartían lecciones y calificaban el trabajo, mientras que los estudiantes hacían todo lo posible por evitarlas. Existen numerosas quejas registradas por los maestros sobre los malos hábitos de sus alumnos y, como señala David, «sus profesores ciertamente se quejaban de su pereza y de sus borracheras» (p. 206). Los escribas en formación necesitaban toda la ayuda posible para dominar sus lecciones, y recurrían a la inspiración de Thot cuando su propio ingenio les fallaba.
La inspiración de Thot
Probablemente la Oración a Thot para obtener habilidad en la escritura se desarrolló en las escuelas de escribas, ya que el narrador parece joven, aunque esto podría ser simplemente un recurso literario. El propósito de la plegaria es invocar la inspiración de Thot para la escritura, y es posible que el tono juvenil del hablante simbolice la impotencia del escritor que lucha por crear una obra valiosa o mejorar su oficio.
La profesión del escriba se considera la mejor, hace que uno sea inmortal, asegura la recuerdo y permite al sabio ofrecer consejos sensatos a quienes los precisan.
El poder del escriba y el prestigio que confería son evidentes desde la segunda estrofa hasta el verso final. La profesión del escriba se considera la mejor, hace que uno sea inmortal («distinguido») y asegura el recuerdo; capacita para gobernar a otros («en el consejo de los Treinta»), y permite al sabio ofrecer consejos sensatos a quienes los precisan.
Un verso interesante en el himno alude a Shai y Renenutet, deidades egipcias vinculadas al destino. Shai personificaba el hado, y Renenutet, aunque originalmente era una diosa vinculada a la lactancia y la infancia, se acabó asociando con el poder de anticipar el destino de los niños.
Cuando el narrador afirma «Shai y Renenutet están contigo», sugiere que las fuerzas del destino, incontrolables para nosotros, se hallaban sometidas a la voluntad de Thot, cuyo don de la escritura tenía el poder de doblegarlas y asegurar el éxito. Esta interpretación se refuerza en los versos siguientes, donde el narrador expresa su deseo de servir en la casa de Thot para aprender su arte, con la esperanza de que «la multitud de hombres» admire su obra y que incluso inspire a sus hijos a seguir la misma profesión.
La oración y la profesión de escriba
La oración, redactada en escritura hierática y descubierta en Tebas antes de 1830 d.C., fue adquirida en 1839 por el Museo Británico del coleccionista Giovanni Anastasi, cuyo nombre designa al papiro conocido como Anastasi V. El texto reza:
Ven a mí, Thot, oh, noble Ibis. Oh, dios que anhela a Khmunu, oh, escriba al servicio de la Enéada, el grande de Unu. Ven a mí para que me aconsejes y me vuelvas hábil en tu oficio.
Mejor es tu oficio entre todos los oficios. Engrandece al hombre. Quien lo domina es considerado apto para ejercer el cargo de magistrado. He visto a muchos sobre quienes has actuado, y están en el consejo de los Treinta; fuertes y poderosos son gracias a lo que has hecho. Tú eres quien los ha aconsejado. Tú eres quien ha aconsejado al huérfano. Shai y Renenutet están contigo. Ven a mí para que me guíes.
Siervo soy de tu casa. Permíteme narrar tus proezas en cualquier tierra donde me encuentre. Entonces la multitud de hombres dirá: «Cuán grandiosas son las cosas que Thot ha hecho». Entonces vendrán con sus hijos para marcarlos con tu oficio, una vocación grata al Señor de la Victoria. Dichoso aquel que lo ejerció. (Lewis, p. 255)
El último verso, que habla sobre la alegría que experimenta un escritor en su oficio, coincide con otras obras del Antiguo Egipto, especialmente La sátira de los oficios en el Imperio Medio (2040‑1782 a.C.) y el texto conocido como Libro escolar o Sé un escriba, del Papiro Lansing perteneciente al Imperio Nuevo.
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La sátira de los oficios es un monólogo en el que un padre, en camino a inscribir a su hijo en la escuela, lo anima a amar el aprendizaje y «poner su corazón en los libros», pues ser escriba es mejor que cualquier otro oficio y «el más grande de todos los llamados / No hay como este en la tierra» (Lichtheim, p. 185). Compara la vida del escriba con la de carpintero, barbero, cortador de juncos, alfarero, granjero, etc., destacando lo dura que es la vida en esas profesiones.
El escriba, en cambio, disfruta de una vida de recreación y riqueza. Como dice el padre: «ningún escriba carece de comida / Ni de las riquezas del palacio» (Lichtheim, 191). También aconseja al hijo sobre su comportamiento futuro y las conductas que debe evitar una vez que sea escriba. Aunque algunos estudiosos como Heick, por ejemplo, han considerado la pieza como literatura seria, la mayoría la interpreta como una sátira.
La egiptóloga Miriam Lichtheim, por citar una autora, señala que «las descripciones incesantemente negativas de las profesiones manuales son ejemplos de humor al servicio de la sátira literaria» (p. 184). Sin embargo, como suele suceder en este tipo de textos, se transmite una idea poderosa: en efecto, el escriba disfrutaba de una vida considerablemente mejor que quienes ejercían otros oficios.
El mismo mensaje puede encontrarse siglos después en el Papiro Lansing. En Libro escolar, un maestro reprende a su alumno por ser perezoso, lento y obstinado. Lo exhorta a tomarse en serio sus estudios, comparando la vida del escriba con la de otras profesiones, y concluye que la única que realmente vale la pena es la del escriba, ya que conduce a una vida de recreación, riqueza y honor.
Estas no son las únicas obras que alaban la vida del escriba, pero sí las más conocidas y completas. En el Antiguo Egipto, el don de la escritura otorgado por Thot se consideraba un privilegio sagrado y serio. Quienes dedicaban su vida a este don recibían grandes recompensas: bienes materiales, respeto de la comunidad e incluso la promesa de la inmortalidad.Oración a Thot para obtener habilidad en la escritura no era simplemente una pieza literaria o religiosa que veneraba al dios, sino también un reflejo sincero del anhelo del escriba por crear la mejor obra posible, reflejando así la nobleza de su profesión.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 17 noviembre 2016. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.