Kadesh era una ciudad de la región de Siria y un centro de comercio importante en la Antigüedad. El motivo por el que es más célebre es probablemente por la famosa batalla en 1274 a.C. entre el faraón Ramsés II (el Grande, 1279-1213 a.C.) de Egipto y el rey Muwatalli II (1295-1272 a.C.) del Imperio hitita.
La batalla de Kadesh es el enfrentamiento militar mejor documentado de la Antigüedad en Oriente Medio, y ambos antagonistas proclamaron una victoria decisiva. Durante siglos se tomó como una verdad literal el relato que cuenta Ramsés II en su Poema del Pentauro y el Boletín de guerra (las dos fuentes egipcias que se conservan sobre la batalla) sobre la gran victoria egipcia en Kadesh. Sin embargo, hoy en día la mayoría de los historiadores consideran que estas fuentes son más bien propaganda que un relato sincero de los acontecimientos y se cree que la batalla de Kadesh terminó en un empate.
Antecedentes de la batalla
Los hititas llevaban bastante tiempo realizando incursiones en Egipto y le habían causado bastantes problemas al faraón Tutmosis III (1458-1425 a.C.). Los egipcios, liderados por Seti I, habían tomado Kadesh, pero desde entonces los hititas la habían vuelto a recuperar y la habían fortificado. Ramsés II decidió tomar medidas más permanentes contra los hititas y expulsarlos de sus fronteras. Una ventaja crucial que había que conseguir en esta campaña era la captura de Kadesh, que, como ya se ha dicho, era un gran centro de comercio en aquella época. Recuperar Kadesh no solo le otorgaría a Egipto el acceso libre a un centro de comercio y negocios, sino que también ampliaría las fronteras de un Imperio egipcio que ya se había expandido considerablemente con Tutmosis III.
Ramsés II o, según algunos estudiosos, su padre Seti I, había encargado construir una gran ciudad en el Delta oriental que Ramsés II llamó Pi-Ramsés («Casa de Ramsés» o también «Ciudad de Ramsés»), que era en parte un palacio de recreo y en parte un complejo militar. Contaba con varias fábricas de armas, terrenos para el entrenamiento de hombres, caballos y carros y otras industrias que producían los suministros necesarios para las expediciones militares.
En 1275 a.C. Ramsés II preparó a su ejército para movilizarse y solo esperó a que la interpretación de los augurios fuera favorable para lanzar su ataque. En 1274 a.C., tras recibir los augurios, cruzó las puertas de Pi-Ramsés montado en su carro a la cabeza de 20.000 hombres organizados en cuatro divisiones. Él mismo lideraba la división de Amón, seguido de las divisiones de Ra, Ptah y Set.
La batalla de Kadesh
Con la prisa por enfrentarse al enemigo, Ramsés II condujo a su división tan rápido que pronto perdió de vista al resto de su ejército. Además, cometió otro error al creer ciertos los informes de dos beduinos capturados que le dijeron que el rey hitita temía al joven faraón y se había retirado de la zona.
En realidad, el ejército hitita se encontraba cerca y, cuando Ramsés II reanudó la marcha, cayó en una emboscada. Dos espías hititas capturados revelaron entonces la verdad sobre la situación y el faraón entendió que no tenía más opción que luchar para salir de la trampa en la que había caído.
La confusión de la batalla se describe en los relatos de Ramsés, el Poema del Pentauro y el Boletín de guerra, en los que cuenta cómo la división de Amón se vio completamente superada por los hititas, que rompieron las filas y la división se dispersó. La caballería hitita estaba asolando la infantería egipcia y los supervivientes estaban huyendo hacia la seguridad del campamento.
Al darse cuenta de la situación, Ramsés llamó a su dios protector, Amón, y reorganizó sus ejércitos. La egiptóloga Margaret Bunson describe cómo Ramsés II «calmó a las unidades y les dio un propósito, y empezó a abrirse camino en las líneas enemigas para poder llegar a las fuerzas del sur» (131). Mantuvo unidas a las pocas tropas que tenía gracias a la fuerza de su carácter y el poder de su posición como faraón y comandante en jefe. Bunson continúa:
Con tan solo un mínimo de sus tropas, con pocos oficiales y seguidores, y con la muchedumbre de los vencidos esperando, se subió a su carro para descubrir el alcance de las fuerzas enemigas. Luego cargó contra el ala oriental del ejército enemigo con tal ferocidad que esta cedió, permitiendo que los egipcios escaparan de la red que les había tendido Muwatalli. (131)
Ramsés II había conseguido darle la vuelta a la batalla cuando la división de Ptah estaba llegando al campo.
Luego, la división de Ptah, con Ramsés II a la cabeza, empujó a los soldados hititas al río Orontes, donde muchos se ahogaron. En ese momento de la batalla, las fuerzas egipcias estaban atrapadas entre los hititas en el río y las fuerzas de reserva que Muwatalli II todavía tenía a su disposición en la ciudad fortificada de Kadesh. No se sabe por qué el rey hitita no aprovechó esta ventaja, pero, por la razón que fuese, Muwatalli II se negó a desplegar sus fuerzas y «vio a lo mejor de su mando caer ante Ramsés, incluido su propio hermano» (Bunson, 131). Ramsés II siguió adelante y condujo a sus ejércitos en una carga furiosa.
Como los hititas en la ribera del río se estaban ahogando o muriendo a manos de los egipcios, Ramsés II dio la vuelta a su ataque, aprovechó al máximo el carro ligero egipcio y expulsó a los hititas del campo. Después proclamó una gran victoria para Egipto porque había derrotado al enemigo en batalla. No obstante, Muwatalli II también proclamó la victoria porque no había perdido Kadesh.
Conclusión
Aparte de ser la victoria de la que parece que Ramsés II estaba más orgulloso, esta batalla es importante porque acabaría dando lugar al primer tratado de paz de la historia firmado por los imperios hitita y egipcio en 1258 a.C. Entre las estipulaciones figuraba que «las personas de rango o importancia serán devueltas a sus propios gobernantes si han intentado huir de un territorio al otro para escapar al castigo por sus delitos» (Bunson, 87). Esto quiere decir que los países cooperarían en la devolución de prófugos de clase noble en vez de ayudarlos a organizar un golpe contra el gobernante en ejercicio, una práctica común en muchas civilizaciones diferentes de la Antigüedad.
El Tratado de Kadesh no solo fue el primer tratado de paz del mundo, sino también la primera vez que se documentó tal estipulación en cualquier clase de tratado. Un tratado muy anterior de Mesopotamia en 2550 a.C., que se suele citar como el primer tratado de paz del mundo y que se conoce como el Tratado de Mesilim, no es realmente un «tratado de paz», sino más bien un tratado de delimitación, es decir, que establece fronteras o límites en vez de acordar términos de paz entre dos naciones.
El Tratado de Kadesh está reconocido como el primer verdadero tratado de paz del mundo y sentó las bases para las relaciones entre Egipto y los hititas hasta la caída del Imperio hitita en torno a 1200 a.C. En vez de guerrear entre sí, los egipcios y los hititas entablaron relaciones comerciales e intercambiaron conocimientos tecnológicos y agrícolas que mejoraron las vidas de los pueblos de ambas naciones.
