El oráculo de Delfos, también conocido como pitia, era una sacerdotisa que pronunciaba sus oráculos en Pito, el santuario de los habitantes de Delfos consagrado al dios griego Apolo. La sacerdotisa pitia gozaba de gran prestigio, pues se creía que canalizaba las profecías del mismísimo Apolo mientras se encontraba sumida en un trance onírico. En un primer momento, solo se consultaba al dios una vez al año, pero cuando las consultas alcanzaron el punto álgido de popularidad, llegaron a ocupar el cargo de pitia hasta tres sacerdotisas a la vez. El santuario de Delfos se construyó en el siglo VIII a.C. y la última profecía se pronunció en torno al 393 d.C., después de que el emperador romano Teodosio ordenara la clausura de todos los santuarios paganos.
A la muerte de la pitia que ostentaba el cargo, se elegía una nueva de entre las sacerdotisas del templo. Disponer de carácter moral era de suma importancia y, para desempeñar su papel en el templo, la pitia recién elegida debía renunciar a todas sus obligaciones familiares, aunque estuviera casada y tuviera familia. Las pitias solían ser mujeres de familias de clase alta, instruidas y cultas.
Quienes buscaban el consejo de Apolo presentaban como ofrendas ramas de laurel, donaciones y un carnero negro.
Para interpretar la palabra de Apolo, la pitia debía bañarse en la fuente de Castalia, a lo cual le seguía el sacrificio de una cabra. A continuación, descendía a una cámara especial llamada adyton, bajo el templo, que se purificaba al quemar harina de cebada y hojas de laurel sobre la lumbre de un fuego (denominado hestia). Allí, en el centro del templo (el ónfalo), la pitia tomaba asiento en un trípode colocado sobre una profunda sima con forma de pozo. Así sentada, envuelta en vapores mientras agitaba ramas de laurel, la pitia entraba en estado de trance y canalizaba al dios y, de esta forma, pronunciaba juicios y profecías a los asistentes. Quienes buscaban el consejo de Apolo y de su sacerdotisa presentaban como ofrendas ramas de laurel, donaciones y el sacrificio de un carnero negro.
Según la tradición helénica, la pitia entraba en trance por el efecto de los humos volcánicos o gases alucinógenos que emergían de una grieta en el suelo de la fuente de Castalia. Aunque el santuario se encuentra justo encima de dos fallas geológicas y el manantial cercano contiene etileno, un gas que puede provocar alucinaciones, no se ha determinado de forma concluyente si los estados de trance de las pitias eran inducidos por la exposición a este gas o si eran autoinducidos.
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Escrito por Gabriel Despres Jones, publicado el 30 agosto 2013. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.