Pandemia de gripe de 1918

La pandemia más devastadora de la historia
John Horgan
por , traducido por Nicolás Cavaliere
publicado el
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Fort Porter Flu Patient (by US War Department, Public Domain)
Paciente de gripe en Fort Porter US War Department (Public Domain)

La gripe española (así llamada porque la prensa española difundió la noticia sin tapujos, a diferencia de los contendientes de la Primera Guerra Mundial que la suprimieron) tuvo su primer brote en marzo de 1918 en Camp Funston, campamento del Ejército estadounidense en Kansas, y azotó a adultos jóvenes y saludables con mayor ferocidad que a cualquier otro grupo demográfico. La gripe ocurrió en tres fases (de marzo a septiembre de 1918, de septiembre a diciembre de 1918 y la temporada de primavera-verano de 1919) y afectó a casi 500 millones de personas en todo el mundo; entre 50 y 100 millones de personas murieron. Las condiciones causadas por la Gran Guerra, es decir, la mala higiene, los hospitales atestados, los malos hábitos alimenticios, además del desconocimiento sobre el tratamiento de infecciones virales, contribuyeron a la letalidad de la enfermedad.

Origen y propagación

La pandemia se inició en el condado de Haskell, Kansas, que es conocido por el ganado y los rebaños de cerdos, como también por ser la ruta migratoria de 17 bandadas de aves. Lo más probable es que las aves infectaran a los cerdos y estos a los humanos. Entre enero y febrero de 1918, el doctor Loring Miner informó sobre los primeros casos al Servicio de Salud Pública de los Estados unidos. Como portadores del virus, los reclutas que servían en Camp Funston propagaron la enfermedad a los demás en el campamento durante marzo y abril de 1918.

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En personas jóvenes y fuertes, el sistema inmune respondía con mayor intensidad, lo que causaba una acumulación de fluidos en los pulmones.

A pesar de los cientos de casos, hubo muy pocos muertos al principio de la fase de primavera del brote. En abril, los soldados de Camp Funston se trasladaron a Francia, mientras que otros se dirigieron a distintas instalaciones militares en los Estados Unidos. Las bases, los barcos y trenes de transporte, y las líneas del frente estaban atestadas y resultaban insalubres, lo que creó las condiciones ideales para la propagación de una enfermedad infecciosa que se transmitía por aire.

En el punto más álgido de la pandemia, durante el periodo de octubre y noviembre de 1918, la tasa de mortalidad entre soldados del frente occidental alcanzó el 2%, mientras que los informes de la India indicaban una tasa de mortandad del 10%. En 1919, la tercera fase de la pandemia empeoró a causa de los soldados que volvían de la guerra pasando por puertos y bases militares a lo largo de la costa. Ese tipo de incidentes se volvieron bastante comunes en las ciudades portuarias de todo el mundo.

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El virus

Se llamó influenza virus A subtipo H1N1 al virus que azotó al mundo en los años 1918 y 1919. Su origen se encuentra en aves acuáticas silvestres, pasando por los cerdos y terminando por evolucionar para transmitirse a los humanos. El virus se transmitía por aire de persona en persona y apabullaba el sistema inmune al replicarse velozmente e infectando el sistema respiratorio superior. En personas jóvenes y fuertes, el sistema inmune respondía con mayor intensidad, lo que causaba una inflamación seria y la acumulación de fluidos en los pulmones. Con el cuerpo debilitado, la gripe tendía a causar la aparición de otras infecciones; el caso más común era la neumonía.

Una vez expuesto a la enfermedad, los síntomas empezaban a aparecer a los dos o tres días. El paciente sufría de fiebre, escalofríos, fatiga, dolores musculares y de cabeza, tos, irritación de la garganta, náuseas y vómitos. Un síntoma único que presentó la pandemia de 1918 fue el tinte azul que adquiría la piel (que se volvía violeta al quedar poco tiempo de vida), síntoma conocido como cianosis. Esta condición causaba que los pulmones se llenaran de fluidos, que sofocaban al paciente. Por lo general la muerte ocurría a los tres a cinco días del comienzo de la enfermedad. La tasa de mortalidad era mayor entre la gente de escasos recursos, los soldados, los trabajadores de la salud y todo aquel cuya ocupación sucediera en lugares donde hubiera grandes acumulaciones de personas.

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Condiciones contribuyentes

En áreas urbanas importantes, el virus encontró un suministro abundante de portadores en edificios y lugares de trabajo abarrotados, como también contribuyo el aumento de la población. La aglomeración de personas solía estar acompañada de saneamiento inadecuado, suministro de agua de mala calidad, raciones insuficientes de comida y mala higiene personal.

En las zonas de combate, las instalaciones militares sufrían de una importante aglomeración de soldados y de personal auxiliar. Entre los factores que facilitaron la propagación de la enfermedad se encuentran el espacio de vida acotado en los campamentos, las condiciones características de la guerra de trincheras en el frente occidental y los barcos transportadores de tropas. Otras causas que fomentaron la propagación fueron el saneamiento inadecuado, la mala nutrición, las heridas de los soldados y su casi nula inmunidad a la gripe que no se habían visto expuestos previamente a la gripe. Por lo tanto, no resulta sorprendente que los grupos demográficos que más afectados resultaron durante la pandemia, sobre todo durante el otoño de 1918, fueran personas entre los 20 y los 40 años, particularmente soldados y marineros.

The Interior of a Hospital Tent
El interior de un hospital de campaña John Singer Sargent (CC BY-NC)

Las ciencias médicas no distinguirían las bacterias de los virus hasta la década de 1930, y no fue hasta el 2005 que se mapeo finalmente el genoma del virus de la gripe de 1918. Particularmente en el caso de Italia, el tratamiento con quinina, utilizada en pacientes con malaria, pareció dar buenos resultados, dado que pocos pacientes contraían gripe; sin embargo, los opositores al tratamiento sostenían que no había información científica que respaldara los tratamientos de quinina, además de que sí había pacientes con malaria que se contagiaban la gripe. También se hicieron pruebas con aspirinas, pero a menudo las dosis resultaban demasiado altas, lo que conllevaba la acumulación de fluidos en los pulmones y resultaba en la muerte.

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También se llevaron a cabo campañas de vacunación masiva. En Inglaterra y los Estados Unidos, los médicos usaron distintas vacunas, algunas veces combinando varias a la vez. Los resultados de las campañas fueron dispares. Las vacunas disponibles en 1918 servían para las infecciones bacterianas, lo que empeoró el estado de algunos pacientes de gripe, mientras que los que recibían una vacuna para tratar la neumonía parecían salvar la vida con mayor éxito. En 1918 todavía no había antibióticos disponibles para tratar las infecciones bacterianas secundarias; los primeros antibióticos con el descubrimiento de la penicilina se introducirían en 1928.

Medidas tomadas para la salud pública

Ante la falta de una respuesta médica eficiente ante el brote de gripe, las comunidades dependían de la prohibición del amontonamiento de personas, incluido el cierre de negocios, el distanciamiento y el uso de tapabocas. Entre los negocios afectados se encontraron los cines, los teatros y los bares; sin embargo, no era poco común que estos últimos ignorasen la orden. Funcionarios de la salud pública presentaron demandas para obligar a los locales a conformar con la prohibición, pero variaban los resultados de los procedimientos judiciales. En algunos casos, las normas judiciales declaraban que los pedidos de clausura no eran válidos, mientras que en otros casos permitían el cierre solo por un tiempo limitado, es decir, durante el tiempo que la epidemia estuviera presente en la comunidad. A medida que se prolongaba la pandemia, la cooperación con las autoridades sufrió a causa de las pérdidas monetarias y de empleos que experimentaban los negocios.

Se utilizó el patriotismo como herramienta para justificar las restricciones y limitaciones impuestas sobre los negocios y el consumismo.

La pandemia no causó una crisis económica, aunque a finales de 1918 y principios de 1919 se experimentó una leve recesión debido a la baja de producción de materiales militares. Los sectores más afectados por la gripe fueron las áreas de ocio y entretenimiento, pero, en esos últimos tiempos de la Primera Guerra Mundial, la gente tenía poco dinero para gastar en ese tipo de actividades. La guerra ya había enseñado a los consumidores a restringir los gastos, por lo que la pandemia tuvo un efecto mínimo en la consumición. La mayoría de la gente se empleaba en la industria o en la agricultura; la propagación de la enfermedad entre trabajadores perjudicó principalmente la producción de carbón, acero, textiles y cobre. Sucedieron casos en los que las industrias eran incapaces de satisfacer los pedidos del Gobierno, necesarios para el esfuerzo de guerra. Se utilizó el patriotismo como herramienta para justificar las restricciones y limitaciones impuestas sobre los negocios y el consumismo, no solo para combatir la pandemia, sino también para aumentar la disponibilidad de recursos limitados para el esfuerzo de guerra.

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Las instituciones públicas también se vieron perjudicadas, particularmente escuelas e iglesias. Al igual que en el caso anterior, la cooperación de las autoridades locales y la efectividad para combatir el brote tuvo resultados dispares. Algunas iglesias desafiaron abiertamente las órdenes de cierre, mientras que otras congregaciones se reunían en lugares diferentes al usual.

Precautions Against Influenza
Precauciones contra la gripe G. L. Angeny (Public Domain)

En muchos lugares las autoridades decretaron el uso de tapabocas dado que eran la única protección contra el virus reconocida por médicos y otros especialistas de la salud. Como la pandemia comenzó durante la guerra, las campañas de salud pública incentivaban a la población a que utilizaran tapabocas como un deber patriótico; aun así, muchos se resistían a su uso.

Respuesta pública

La respuesta pública era distinta según la ciudad y el Estado. Se reconocía que la respuesta del público tendría un costo sobre las esferas sociales, económicas y legales. La gente se aferró a la idea de que la limpieza era una forma efectiva de prevenirse contra la enfermedad. Se incentivaba las prácticas de desinfección y las de limpieza frecuente de manos y de alimentos. También se intentó desinfectar edificios y transportes públicos. Algunos de los productos promocionados durante la campaña de saneamiento incluyeron la cal muerta, la soda cáustica y la exposición al vapor de sábanas e indumentaria.

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Se recomendaba que la gente evitara multitudes tanto en espacios abiertos como cerrados, dado que se trataba de uno de los factores de riesgo más importantes para la propagación de la enfermedad. En algunos lugares se establecieron prohibiciones, aunque mucha gente ignoraba esas medidas, lo que causó un incremento en la cantidad de enfermos y de muertes. También se aconsejaba evitar espacios públicos, sobre todo si presentaba síntomas de la gripe. La aislación defamilias en sus hogares contribuyó a combatir la propagación.

US Public Health Pamphlet for 1918 Flu
Panfleto sobre la gripe distribuido por el servicio de la salud pública en los Estados Unidos, 1918 US Public Health Services (Public Domain)

Otras ideas bienintencionadas para luchar la gripe incluían una dieta simple, cocinar bien los alimentos, no escupir en el piso y evitar fuertes corrientes de aire. Por supuesto, también hubo recomendaciones que no solo eran insustanciales, sino que, en realidad, eran bastante tontas, como usar collares hechos con bolas de alcanfor, gargarizar, fumigar, aerosoles de carbólico, comer cebollas y organizar grandes reuniones para esparcir el germen para que la gente pudiera desarrollar una inmunidad natural contra la enfermedad.

La gripe alrededor del mundo

La pandemia se hizo sentir en todo el mundo. En África, se etiquetó a la gripe española como el desastre continental que más estragos causó en un corto plazo de tiempo. Afectó a toda la África subsahariana y se introdujo por puertos importantes, como Mombasa, Ciudad del Cabo y Freetown, y se propagó tierra adentro mediante transportes de río, el movimiento de migrantes, soldados que volvían a sus hogares y el traslado de trabajadores para proyectos como la construcción de ferrocarriles. A menudo carecían de las instalaciones médicas necesarias, por lo que las autoridades incentivaban el distanciamiento social, las cuarentenas y el cierre de reuniones públicas en espacios tales como escuelas y centros religiosos, además de la suspensión de servicios básicos. La enfermedad afectó a todos los estratos sociales y perecieron alrededor de dos millones de africanos.

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En otras partes del mundo, la situación era similar. En China, más de dos millones y medio de personas murieron; algunos poblados tuvieron una tasa de mortalidad del 10%. Sin embargo, puede ser que los chinos hubieran desarrollado un sistema inmune natural más avanzado al virus como consecuencias de olas de gripe anteriores; los tratamientos preventivos de la medicina china tradicional también podrían haber contribuido a limitar la cantidad de muertes.

Llegó un punto en el que más de 1.500 personas morían por día solo en México.

En India también se sintió la pandemia; el virus llegó con los barcos de tropas que arribaban en Bombay (Mumbai) y en Karachi. Una vez más, el movimiento de la población propagó el virus tierra adentro. El virus afectó principalmente a personas entre los 20 y los 40 años, los más afectados fueron la gente de pocos recursos, los que vivían en áreas rurales y las mujeres jóvenes (el índice de natalidad sufrió una caída del 30% como consecuencia). El país ya se encontraba en medio de una hambruna y la población rural se trasladaba a los centros urbanos en búsqueda de alimentos, lo que empeoró la propagación del virus. En este caso, también, las instalaciones médicas y los suministros resultaron insuficientes, pero el establecimiento de clínicas móviles ayudó a alimentar y a tratar a los enfermos. Se estima que las muertes causadas por el virus rondan entre los 12 y los 18 millones, aunque puede ser que en realidad murieran más de 50 millones.

América central y del sur resultaron igualmente golpeadas. Las víctimas estaban entre los 24 y los 44 años, y hasta el presidente de Brasil cayó enfermo. México se vio afectado por las fases del virus al igual que el resto del mundo. Llegó un punto en que más de 1.500-2.000 personas morían a diario. En un intento desesperado para contener el virus, se estableció una suerte de dictadura sanitaria, que limitaba la interferencia política sobre la administración de la emergencia médica. Se restringió la movilidad de las personas y se establecieron una gran variedad de medidas, desde toques de queda hasta el uso de tapabocas.

Consecuencias

La pandemia terminó a finales de la primavera de 1919; para entonces, más de la tercera parte de la población mundial había resultado infectada, y alrededor del 3% había perecido (entre 50 y 100 millones de individuos). Las personas que más afectadas resultaron estaban entre los 25 y los 40 años. La pandemia de gripe produjo consecuencias duraderas, más allá de los enfermos y de los muertos, habiendo afectado las medidas de salud pública, la medicina (puntualmente, los campos nacientes de epidemiología y virología), la economía, el arte y la literatura: todos los aspectos de la sociedad humana se habían visto afectados.

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Una consecuencia positiva fue el desarrollo de muchas innovaciones médicas. La medicina aprendió sobre la eficacia de transfundir sangre de los supervivientes a los enfermos, lo que marcó el inicio de la tipificación de la sangre para lograr que las transfusiones fueran compatibles. Entre finales de la década de 1920 y principios de la de 1930, a medida que los científicos alcanzaban un mejor entendimiento del virus, y de las enfermedades en general, los investigadores desarrollaron técnicas para observar el virus con la ayuda del nuevo microscopio electrónico. En simultáneo, se cultivaba el virus en huevos de gallina, lo que permitió el descubrimiento de dos tipos de gripe, la A y la B. Hacia finales de los años 30, científicos ingleses y estadounidenses comenzaron a probar una nueva vacuna para combatir la gripe. En 1944, se utilizó la vacuna en soldados; al año siguiente hubo una vacunación civil en masa. Las primeras vacunas contra la gripe contenían los dos tipos de virus, lo que resultaría en las vacunas contra múltiples virus que se usan hoy día. Las herramientas utilizadas para el desarrollo de esas vacunas también sirvieron para crear vacunas contra otras enfermedades infecciosas. Otro beneficio de las investigaciones fue la mejor comprensión de los genes, que allanó el camino para descifrar el código genético del ADN humano en 1944.

Letter Carrier in 1918 Flu Pandemic
Cartero durante la pandemia de gripe de 1918 US War Department (Public Domain)

Durante y después de la Primera Guerra Mundial, escritores y artistas reflexionaron sobre los estragos causados por la pandemia. En la novela de Virginia Woolf, La señora Dalloway (1925), Clarissa Dalloway sufre de una condición del corazón como consecuencia de la gripe. La autora de Pálido caballo, pálido jinete (1939), Anne Porter, además de contraer la enfermedad, contagió a su amante, que era soldado y la había ayudado a recuperarse, y este murió a causa de ella. En 1922, T. S. Eliot escribió La tierra baldía, en la que describía la sociedad luego de la guerra y de la enfermedad como una tierra herida, arruinada y deshecha. El libro Crepúsculo en Delhi (1940) de Ahmed Ali presenta la pandemia de gripe como un símbolo del fin del viejo orden, la economía interrumpida y la falta de recuerdos que los humanos tiene de pandemias anteriores, lo que resulta en la falta de preparación ante el brote de 1918.

Los artistas representaron las temáticas de trauma y de desesperación mientras ellos mismos padecían del mal. La gripe resultó en el derrame cerebral que mató a Gustav Klimt (1862-1918). Edvard Munch (1863-1944) y John Singer Sargent (1856-1925) contrajeron la enfermedad, pero sobrevivieron. El Gobierno inglés había enviado a Sargent al frente para que retratara la acción conjunta de tropas inglesas y estadounidenses. En el periodo de posguerra, muchos monumentos reflejan la temática de desesperación y de los modos en que la gente sobrellevaba la guerra y la dolencia. El dadaísmo, la escuela de la Bauhaus y el movimiento abstracto abordaron nuevas formas, crearon objetos más prácticos y útiles, o se alejaron de la realidad para ir más allá de las ideas y las emociones literales.

Por último, en lo que respecta a las ciencias sociales, la pandemia de 1918 socavó los movimientos del darwinismo social y la eugenesia; la enfermedad había azotado a todos sin importar la clase social, salario o edad. La pandemia puso en duda la idea de que existieran grupos de personas «superiores» en la sociedad. También cuestionó la noción de que las personas eran responsables por contagiarse a causa de un defecto de la personalidad o del físico. Un ejemplo que retrata esas cuestiones perfectamente fue la enfermedad que afectó al presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson (1856-1924), que se enfermó mientras asistía a la Conferencia de Paz de París para firmar el Tratado de Versalles en 1919. Wilson padeció fiebre, ataques de tos, diarrea, debilitamiento y confusión. Muchos escritores asumen que Wilson había sufrido de una apoplejía durante su estadía en París (condición por la que se vio afectado en Estados Unidos mientras trataba de convencer al Congreso y a los ciudadanos de que apoyaran a la Sociedad de las Naciones), pero, en realidad, Wilson se engripó, como demuestran los síntomas que padeció. La pandemia de gripe puso el mundo patas para arriba, atacó sin discriminar personas, regiones o naciones, y se transformó en la pandemia más mortífera del siglo XX.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Nicolás Cavaliere
Soy traductor técnico-científico y literario de inglés a español, aficionado a la Historia desde muy pequeño. La posibilidad de combinar las dos disciplinas me parece una oportunidad imperdible e invaluable.

Sobre el autor

John Horgan
Actualmente es profesor adjunto de Historia en Concordia University Wisconsin, en Estados Unidos. Sus intereses de lectura e investigación actuales incluyen las plagas, enfermedades y la alimentación en la historia del mundo.

Cita este trabajo

Estilo APA

Horgan, J. (2025, noviembre 25). Pandemia de gripe de 1918: La pandemia más devastadora de la historia. (N. Cavaliere, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-25348/pandemia-de-gripe-de-1918/

Estilo Chicago

Horgan, John. "Pandemia de gripe de 1918: La pandemia más devastadora de la historia." Traducido por Nicolás Cavaliere. World History Encyclopedia, noviembre 25, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-25348/pandemia-de-gripe-de-1918/.

Estilo MLA

Horgan, John. "Pandemia de gripe de 1918: La pandemia más devastadora de la historia." Traducido por Nicolás Cavaliere. World History Encyclopedia, 25 nov 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-25348/pandemia-de-gripe-de-1918/.

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