La captura de la Amistad, hecho también conocido como incidente, rebelión, motín, o revuelta de la Amistad, consistió en un conflicto ocurrido a bordo de la goleta española de ese nombre en julio de 1839 frente a las costas de Cuba. En esa ocasión, 53 negros libres secuestrados de manera ilegal en África para ser vendidos como esclavos se apoderaron de la nave, mataron a varios miembros de la tripulación, y exigieron que los regresaran a su lugar de origen, las tierras mande, actual Sierra Leona, en África occidental. En lugar de devolverlos, los dueños del buque navegaron en secreto hacia los Estados Unidos, donde el barco fue incautado. El caso judicial resultante, identificado con el nombre de Estados Unidos vs. Amistad (1841), se convirtió en el más famoso de su época.
España reclamó la goleta Amistad y su carga humana, por tratarse de propiedades españolas. Los dueños cubanos del buque y el teniente Thomas R. Gedney, del bergantín Washington, presentaron sendas reclamaciones. Gedney había conducido al Amistad hasta el puerto de New London, Connecticut, razón por la que solicitaba los derechos de salvamento. Para determinar cuál de las reclamaciones era válida, el tribunal debía establecer primero si el estatus de los 49 adultos y 3 niños africanos que se encontraron a bordo del navío era el de personas libres o esclavos, cuestión que resultaba en extremo difícil, porque los capturados solo hablaban su lengua nativa.
el caso recibió atención internacional porque planteaba la disyuntiva de si las personas esclavizadas tenían derecho a la rebelión armada para lograr su libertad.
La administración del presidente Martin van Buren ansiaba resolver el caso con rapidez y extraditar a los africanos a Cuba, pero los abolicionistas de Connecticut, dirigidos por el abogado Lewis Tappan, recaudaron fondos para su defensa legal y encontraron un intérprete. Finalmente, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos escuchó el caso, donde el expresidente y abogado John Quincy Adams defendió a los africanos; los detenidos fueron liberados, y más adelante regresaron a su tierra natal.
El proceso atrajo la atención internacional debido a que abordaba el tema de la esclavitud, la definición de «esclavo», y el derecho de las personas esclavizadas a recurrir a la rebelión armada para lograr su libertad. También expuso las discrepancias existentes entre las leyes relacionadas con el comercio de esclavos y las formas en que distintos grupos las eludían. Desde el inicio los medios de comunicación dedicaron amplia cobertura al litigio. Más tarde, los relatos llegaron a oídos del esclavo Madison Washington y lo inspiraron a liderar el motín del Creole de 1841, también llamado rebelión del Creole.
La sentencia relativa al caso Estados Unidos vs. Amistad (1841) generó además un amplio apoyo al movimiento abolicionista del Norte, enfureció a las facciones defensoras de la esclavitud en el Sur, y contribuyó a la escalada del conflicto entre ambas partes en los años previos a la guerra de Secesión estadounidense.
La captura del Amistad
Las personas que se vieron involucradas en el caso del Amistad habían sido secuestradas en varios poblados de la actual Sierra Leona, en África occidental, en algún momento de febrero de 1839. Sus captores las vendieron a comerciantes portugueses, y estos las cargaron en el barco negrero Tecora para trasladarlas a Cuba.
Por esas fechas, Inglaterra y Estados Unidos habían abolido el comercio internacional de esclavos. España, aliada a Inglaterra, también lo había prohibido, pero se negaba a ilegalizar la esclavitud en sus colonias y permitía el traslado de esclavos, por barco o por cualquier otro medio, entre distintos puntos de sus dominios. Los traficantes de esclavos eludían las leyes que prohibían la trata internacional de esclavos mediante el mecanismo de llenar las bodegas de sus buques con personas secuestradas en la costa occidental de África, y transportarlas a puertos como La Habana, Cuba. Después alegaban que los «esclavos» que llevaban a bordo habían nacido en Cuba, y que solo los trasladaban de un lugar a otro.
Los hombres, mujeres y niños desembarcados del Tecora se habían vendido en un mercado de La Habana. José Ruiz y Pedro Montes habían comprado 53 de ellos con la intención de venderlos en Puerto Príncipe, Cuba. Para transportarlos, contrataron el barco Amistad, que capitaneado por su dueño, Ramón Ferrer, zarpó de La Habana el 28 de junio de 1839. El viaje debía durar apenas 4 días.
El Amistad no era un buque negrero, sino una goleta de cabotaje de 37 metros de eslora (120 pies) con una bodega reducida. Al no poder acomodar a los 53 africanos bajo cubierta, muchos tuvieron que mantenerse arriba, y aunque todos estaban encadenados, podían moverse con relativa libertad. Más tarde se reveló que los africanos se habían informado sobre la configuración del buque, y de cuáles tripulantes sabían navegarlo.
Durante la noche del 1 de julio de 1839, Sengbe Pieh, también conocido como Joseph Cinque (en torno a 1814-1879), que se encontraba bajo cubierta, encontró, o uno de los prisioneros le facilitó, una lima herrumbrosa. Cinque rompió su candado, se liberó, y luego liberó a los demás. En las primeras horas de la mañana del 2 de julio subieron a la cubierta para tomar el control del barco. El académico Marcus Rediker describe:
Un grupo de cuatro hombres: Cinque, Faquorna, Moru y Kimbo, encabezaban el grupo, salieron por la escotilla y llegaron a la cubierta principal. Se movían con la gracia y precisión de guerreros acostumbrados a realizar audaces ataques nocturnos. Echaron mano a clavijas de amarre y duelas de barril y se deslizaron hacia la chalupa donde dormía el mulato esclavo Celestino, que hacía de cocinero y marinero. Lo mataron a golpes. Otros hombres que se liberaban de sus grilletes continuaban concentrándose en la cubierta y abrieron una caja de machetes, herramienta utilizada para cortar caña de azúcar, que emplearían para emanciparse. (1)
La toma del barco resultó en la muerte de dos africanos, el asesinato del capitán Ferrer, y la huida de dos marineros en una chalupa. Los africanos perdonaron a Ruiz, a Montes, y al esclavo de Ferrer, Antonio, porque habían observado que estos tres podían gobernar la nave y devolverlos a sus tierras. Ruiz y Montes aceptaron llevarlos de regreso, pero en secreto dirigieron la goleta hacia el norte, a Estados Unidos, donde esperaban que las autoridades incautaran el barco y les reintegraran su «propiedad».
Arresto, prisión y reclamaciones
El Amistad solo llevaba provisiones para el corto trayecto entre La Habana y Puerto Príncipe, por lo que para reabastecerse de agua potable se vio obligado a detenerse en algunas islas, aunque no se conoce con certeza cuáles. El 26 de agosto, más de 6 semanas después, el bergantín Washington de la USRC (United States Revenue-Marine),guardacostas en misión de reconocimiento, halló la goleta frente a Long Island, Nueva York. El capitán del Washington, el teniente Thomas R. Gedney, incautó la Amistad y la remolcó hasta el puerto de New London, Connecticut, donde los africanos quedaron bajo la custodia del Tribunal del Distrito de Connecticut de Estados Unidos.
Según los testimonios de Ruiz y Montes, los africanos eran esclavos que se habían apoderado de la nave y asesinado a la tripulación, por lo que las 53 personas fueron encarceladas. La versión contada por Ruiz y Montes se difundió con rapidez, y los africanos retenidos se convirtieron en celebridades de los medios de comunicación. Rediker describe:
Apenas seis días después de remolcar la nave hasta el puerto, una compañía de actores dramáticos del teatro Bowery de Nueva York estrenó una obra que relataba la historia de motines y piratería de la goleta. Un número de grabadores comerciales se congregaron en la prisión donde estaban encarcelados los africanos del Amistad, dibujaron imágenes de Cinque, el líder de la rebelión, las reprodujeron de forma rápida y barata, y se las entregaron a diversos muchachos para que las vendieran en las calles de las ciudades del este… Entretanto, miles de personas se formaban en cola día tras día para pagar la entrada a las cárceles de New Haven y de Hartford, y recorrerlas para ver a los rebeldes del Amistad, considerados «presos políticos» incluso antes de que se acuñara la expresión. (3)
De aceptarse la versión de Ruiz y de Montes, parecía que el caso era de asesinato. Sin embargo, el teniente Gedney presentó una demanda en la que reclamaba derechos de salvamento por haber encontrado la embarcación. Al mismo tiempo, los capitanes de otras naves que habían avistado o se habían aproximado a la Amistad antes que Gedney, presentaron demandas similares. El gobierno español exigió la devolución del barco y su «carga», fundamentado en que el Amistad era un buque español tripulado por españoles. Además, Ruiz y Montes insistían en reclamar a los 53 africanos por considerarlos esclavos comprados de manera legal. Estas reclamaciones transformaron el caso de asesinato en una disputa sobre derechos de propiedad: ¿a quién pertenecían los 53 africanos, si es que en realidad pertenecían a alguien?
Los abolicionistas de Connecticut vieron la oportunidad de ayudar a los africanos, y al menos en potencia, de aumentar el apoyo a su causa. Por esta razón Lewis Tappan, Simeon Jocelyn y Joshua Leavitt fundaron el Comité de Amistad para recaudar fondos y costear la defensa legal de los mande. Roger Sherman Baldwin se ofreció como abogado.
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Sin embargo, antes de acudir a los tribunales, Baldwin necesitaba reconstruir lo ocurrido a bordo del Amistad y saber qué declaraban los africanos respecto a su condición; si eran libres, o esclavos. Los partidarios de la abolición recurrieron al profesor J. W. Gibbs, lingüista comprometido con la causa abolicionista. Gibbs visitó a los africanos en prisión, y con un puñado de monedas, les pidió que las contaran en voz alta del 1 al 10. Determinó que la mayoría hablaba la lengua mande, y acto seguido se dirigió a los muelles de New London y New Haven, Connecticut, así como a los de la ciudad de Nueva York, donde en voz alta contaba en mande del 1 al 10. Dos marineros, James Covey y Charles Pratt reconocieron el idioma; de esta forma encontró Gibbs a sus intérpretes. Covey, un exesclavo, serviría de intérprete durante todo el proceso legal.
Juicio y enfrentamiento
Una vez que Baldwin pudo comunicarse con los africanos, Joseph Cinque se convirtió en su portavoz principal y explicó cómo habían llegado a la Amistad. A continuación Baldwin presentó cargos por secuestro, agresión, y detención ilegal contra Ruiz y Montes; quienes se mantuvieron bajo arresto hasta que pagaron fianza y huyeron a Cuba. El hecho de que un grupo de prisioneros negros presentaran cargos contra dos comerciantes blancos indignó a las facciones esclavistas de Estados Unidos y de España.
El político proesclavista estadounidense John C. Calhoun y el embajador español presionaron a la administración Van Buren para que resolviera el caso con rapidez y devolviera la goleta y los 53 africanos a España. Fundamentaban su reclamación en las estipulaciones de los tratados firmados entre Estados Unidos y España, y sostenían que los africanos eran esclavos culpables de insurrección. No obstante, la administración Van Buren no podía realizar acciones directas, debido a que el poder ejecutivo no podía interferir en el poder judicial.
van buren buscaba la reelección y temía perder el voto sureño si se liberaba a los rebeldes del amistad.
Sin embargo, esto no impidió que Martin Van Buren insistiera, y ordenó enviar un buque a Connecticut con la misión de embarcar a los prisioneros y trasladarlos a Cuba, para que fueran juzgados y castigados. Van Buren buscaba la reelección, y preocupado por perder el voto sureño, intentó impedir la liberación de los rebeldes del Amistad. No obstante, antes de que el plan progresara, el caso fue presentado al Tribunal del Distrito de Connecticut. Baldwin sostuvo que nadie tenía derecho a reclamar a los 53 mande como propiedad, porque habían sido secuestrados de manera ilegal, y por tanto, nunca habían sido esclavos, sino personas libres. Se determinó que los documentos hallados a bordo de la Amistad, presentados como pruebas de que los 53 habían nacido en Cuba como esclavos, eran falsificaciones.
En 1840 el juez del Tribunal Distrital Andrew T. Judson falló a favor de los africanos y ordenó su regreso a las tierras mande, a expensas del gobierno de los Estados Unidos. Se desestimaron todas las reclamaciones sobre los cautivos, aunque al teniente Gedney se le concedió la tercera parte de la carga restante del Amistad por concepto de derechos de salvamento.
El Fiscal Federal del Distrito de Connecticut, por orden de Van Buren, apeló el caso al Tribunal de Circuito de los Estados Unidos, que confirmó la sentencia del tribunal inferior. La Fiscalía Federal apeló de nuevo el caso, esta vez ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos.
El Tribunal Supremo y John Quincy Adams
Baldwin y Tappan recurrieron a la experiencia jurídica del expresidente y abogado John Quincy Adams, entonces representante de Massachusetts. Adams, un conocido abolicionista, había sido consultado con anterioridad sobre el caso, pero rehusó involucrarse, alegando razones de edad y del tiempo que había transcurrido sin ejercer la abogacía. Esta vez, sin embargo, accedió a colaborar.
Baldwin compareció ante el Tribunal Supremo en febrero de 1841 y pronunció los comentarios iniciales, en los que señaló que los tribunales inferiores ya habían determinado que los africanos eran libres y que el gobierno español no tenía derecho alguno sobre ellos.
Entonces Adams se dirigió al tribunal. Citó precedentes legales y rebatió las pretensiones de España y de la administración Van Buren. Centró su argumento en la jurisprudencia y en las estipulaciones de los tratados, cuyo cumplimiento la parte española y la estadounidense exigían mediante la devolución de los africanos a Cuba en calidad de prisioneros. Su discurso incluyó una reprimenda directa a la administración Van Buren por intentar interferir en un asunto judicial con el fin de satisfacer sus intereses personales. Apeló también a los conceptos plasmados en la Declaración de Independencia con el argumento de que Joseph Cinque y los demás detenidos solo habían hecho lo que toda persona tenía derecho a hacer, de proteger su vida, su libertad y la consecución de su felicidad.
El 9 de marzo de 1841 el caso Estados Unidos vs. Amistad (1841) se resolvió a favor de los africanos. El juez asociado Joseph Story leyó la sentencia del tribunal, que confirmaba en su totalidad los fallos de los tribunales de nivel inferior. Se ordenó la liberación de los africanos, aunque no se dispuso la forma en que serían devueltos a sus tierras.
Farmington y el regreso
Para entonces habían muerto en prisión algunos de los africanos, y solo quedaban 36 vivos. Los abolicionistas los trasladaron a la ciudad de Farmington, en Connecticut, una conocida parada del ferrocarril subterráneo, considerada una importante «estación» para los esclavos fugitivos que se dirigían hacia el norte. Las familias de Farmington acogieron a algunos en sus hogares, y otros se albergaron en barracas. Los africanos aprendían inglés a la par que enseñaban su lengua a los americanos. Además, mostraron a los residentes de Farmington técnicas para mejorar el cultivo de arroz y la calidad de las cosechas. Recibieron nociones del cristianismo, y a medida que los misioneros comprendían mejor su idioma, se comprobó que no pertenecían a una sola tribu o pueblo, sino que eran miembros de al menos siete tribus distintas, provenientes de diversas localidades.
El Comité del Amistad, tras haber recaudado fondos para pagar las costas legales, se concentró en la obtención de financiamiento para regresarlos a sus lugares de origen. La situación era compleja, puesto que los africanos no pertenecían, como antes se pensaba, a una misma tribu, ni residían en un solo lugar. En consecuencia, se pensó que si se les enviaba de regreso al territorio mande sin identificar de manera adecuada sus tribus y pueblos originales, corrían el riesgo de ser esclavizados de nuevo y acabar en Cuba en una plantación de azúcar.
Así, se decidió que el Comité del Amistad financiara una misión a Sierra Leona, territorio bajo protección británica, con el objetivo de proporcionar un refugio seguro a los exesclavos hasta que pudieran reunirse con sus familias. Cuando se recaudaron los fondos y se procuró un barco, solo quedaban vivos 35 de los 53 africanos iniciales. Estos, acompañados por James Covey en funciones de intérprete y por los misioneros, desembarcaron en Sierra Leona a principios de 1842.
La historia de la captura del Amistad retuvo la atención mundial entre agosto de 1839 y marzo de 1841. Con posterioridad se convirtió en motivo de orgullo para los abolicionistas y en una herida abierta para las facciones esclavistas. Sin embargo, esto cambiaría con el paso del tiempo, según señala Rediker:
La fascinación no perduraría. Después de la Guerra Civil, el recuerdo del Amistad languideció, y solo se mantuvo vivo por dos grupos relacionados con el asunto: los abolicionistas y los escritores y artistas afroamericanos que se gloriaban de la victoria y recordaban la larga y ardua lucha contra la esclavitud. En los oscuros tiempos del darwinismo social y del racismo científico la sublevación del Amistad se desvaneció de la vista pública. Desapareció de las historias de los Estados Unidos escritas a finales del siglo XIX y principios del XX, y de hecho, no experimentó un renacer hasta que estallaron los nuevos movimientos sociales en las décadas de 1960 y 1970. De particular importancia en este sentido, fueron los movimientos por los derechos civiles y el poder negro, que exigieron una nueva historia de los Estados Unidos que reconociera con seriedad la larga y sangrienta batalla contra el esclavismo y el racismo. (4)
Rediker también señala que la captura del Amistad y el caso judicial resultante recibieron mayor atención tras el estreno en 1997 del filme Amistad, dirigido por Stephen Spielberg y protagonizado por Djimon Hounsou en el papel de Joseph Cinque. La película de Spielberg reavivó el interés por la historia del Amistad, y en el año 2000 inspiró la construcción de la Goleta de la Libertad Amistad, una réplica moderna de la embarcación, operada por la organización educativa sin fines de lucro Amistad America Inc. El buque actual sirve para educar al público sobre la historia de la esclavitud en Estados Unidos, y mantiene vivo el relato de los 53 africanos que reivindicaron el derecho humano fundamental de la libertad.
La Amistad era una goleta comercial que servía como buque negrero. En julio de 1839 fue capturada por 53 africanos que habían sido secuestrados de manera ilegal para conducirlos a Cuba y venderlos. El buque se incautó por los Estados Unidos, y el caso resultante presentado a los tribunales para determinar el destino de los rebeldes de la Amistad se convirtió en una sensación internacional, que tuvo profundas consecuencias.
¿Quién fue el líder de los rebeldes del Amistad?
El líder de los rebeldes del Amistad fue Sengbe Pieh, más conocido como Joseph Cinque, un labrador que cultivaba arroz, originario de Sierra Leona.
¿Por qué resulta importante la historia del Amistad?
La importancia de la historia del Amistad radica en que destaca las creencias y políticas raciales que imperaban en los Estados Unidos durante el siglo XIX. Además, inspiró la revuelta de esclavos más exitosa de la historia estadounidense, el motín del Creole, ocurrida en 1841. Asimismo, avivó en los Estados Unidos las tensiones que condujeron a la guerra de Secesión y fortaleció el movimiento abolicionista estadounidense y los de ultramar.
¿Cuál fue el destino final de los 53 africanos que se encontraban a bordo del Amistad?
De los 53 africanos que se encontraban a bordo del Amistad en julio de 1839, solo 35 seguían vivos en 1841. Varios murieron en prisión y otro se ahogó tras su liberación. Los 35 que sobrevivieron fueron retornados al África occidental en 1842 con financiamiento de los abolicionistas estadounidenses.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 15 agosto 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.