El U-Boot, abreviatura del alemán Unterseeboot (traducido como «nave submarina»), era el nombre de los submarinos utilizados por la Marina alemana durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En las dos batallas del Atlántico, los U-Boot hundieron miles de barcos, pero las estrategias defensivas, como el lanzamiento de cargas de profundidad, la cobertura aérea y, sobre todo, el sistema de convoyes, garantizaron a Gran Bretaña el suministro de los recursos necesarios para continuar ambas guerras hasta lograr la victoria en tierra.
Los U-Boots durante la Primera Guerra Mundial
Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial en 1914, la Armada Imperial alemana solo tenía 20 submarinos operativos o Unterseeboots (naves submarinas), como se les conocía, nombre que pronto se acortó a U-Boot. En conjunto, Gran Bretaña y Francia contaban con unos 200 submarinos. La producción alemana se aceleró para ponerse al día. La armada alemana construyó varias clases de submarinos para satisfacer diferentes necesidades, como patrullas costeras, colocación de minas y buques de larga distancia. Para 1917, Alemania contaba con 140 submarinos. Mientras que el Almirantazgo británico se centró en submarinos más pequeños para la defensa de los puertos, Alemania optó por un buque que pudiera atacar la navegación enemiga en cualquier lugar del mar. Los submarinos adquirieron especial importancia tras la batalla de Jutlandia en mayo de 1916 (una victoria estratégica para la Armada Real británica, pero con grandes pérdidas), después de la cual los gigantescos acorazados alemanes quedaron confinados en gran medida en puerto. Los submarinos, por su parte, eran libres de campar a sus anchas ocultos bajo las olas y atacar a voluntad cualquier objetivo enemigo con el que se toparan en el Mar del Norte, el océano Atlántico y las aguas costeras de las Islas Británicas.
Los primeros submarinos, de la clase UB, se limitaban a operaciones costeras, pero su capacidad operativa fue mejorando a medida que avanzaba la guerra. El submarino típico de la Primera Guerra Mundial tenía una autonomía capaz de alcanzar el océano Atlántico occidental, una velocidad máxima de 17 nudos y un desplazamiento de unas 700 toneladas. Los submarinos llevaban seis torpedos. Dos de ellos podían ser lanzados desde la proa y otros dos desde la popa. El submarino también tenía un cañón de cubierta que se podía utilizar para misiones en superficie, con un calibre mínimo de 10,4 mm (4,1 pulgadas). Mientras navegaba, utilizaba motores diésel; al sumergirse, cambiaba a dos motores eléctricos. La tripulación podía llegar a ser de 39 personas. Las condiciones a bordo eran extremadamente estrechas e incómodas, y empeoraban por el constante hedor a combustible diésel, que incluso impregnaba el sabor de la comida de los submarinistas.
El submarino más exitoso de la PRIMERA Guerra Mundial fue el U-35, que hundió 224 barcos.
La Armada alemana construyó una clase mayor de submarinos desarmados, pero capaces de transportar carga. El Deutschland fue el primero de este tipo, puesto en servicio en 1916. Algunos de estos submarinos de carga se convirtieron posteriormente en buques armados conocidos como U-cruceros, aunque los primeros no estuvieron operativos hasta 1918. Los U-cruceros tenían una impresionante autonomía de 12.000 millas náuticas y podrían haber cambiado el curso de la guerra si se hubieran fabricado antes y en mayor número.
A partir de 1915 se incorporaron los submarinos de la clase UC, diseñados específicamente como buques minadores. Con una velocidad modesta de seis nudos y un alcance limitado a unas 750 millas náuticas, los UC estaban pensados para operar en zonas cercanas a la costa y desplegar minas, unas 12 por misión. Estas se lanzaban desde tubos casi verticales previamente inundados. En 1916, una mejora en esta clase de submarino aumentó el alcance diez veces y la carga de minas a 18. La clase UC II también estaba armada con un cañón de 8,8 mm (3,4 pulgadas). El submarino de la clase UE era una versión más grande y apta para navegación oceánica de la clase UC. Los barcos UE, en servicio desde 1915, podían navegar 8.000 millas náuticas y transportar 34 minas. Una mejora de la clase en 1918 permitió que los nuevos submarinos UE pudieran transportar 42 minas en sus tubos y otras 30 en contenedores sobre cubierta.
Ataque y defensa
Los U-Boot alemanes demostraron ser muy eficaces. El arma principal del submarino era el torpedo autopropulsado, que se disparaba desde un tubo lanza torpedos dentro del submarino. Una vez disparado, el torpedo se dirigía hacia el objetivo, manteniéndose justo por debajo de la superficie y detonando al impactar. El submarino más exitoso de todos fue el U-35, que hundió 224 barcos durante la Primera Guerra Mundial, un total de 535.000 toneladas de buques enemigos.
Se tomaron varias medidas contra los submarinos. La primera consistía en no navegar en línea recta o realizar maniobras evasivas rápidas si se avistaba un submarino alemán. Los hidrófonos podían detectar mejor la presencia de submarinos al registrar el ruido de los motores. Se colocaban minas de contacto, amarradas al lecho marino y detonaban al ser golpeadas por un submarino. Las minas magnéticas explotaban cuando un submarino pasaba cerca de ellas. Los puertos enemigos a veces tenían minas que podían detonarse a distancia.
Otra arma utilizada contra los submarinos alemanes era la carga de profundidad. Empleadas desde 1916, las cargas de profundidad eran cartuchos llenos de explosivos que se lanzaban al mar y luego detonaban a una profundidad predeterminada, gracias al efecto de la presión del agua sobre una válvula hidrostática.
Durante la PRIMERA Guerra Mundial, los submarinos alemanes hundieron más de 5.000 barcos.
Una defensa más ingeniosa contra los ataques submarinos eran los barcos Q. Utilizados por la Marina Real, los barcos Q eran buques mercantes que llevaban armas ocultas e incluso torpedos. Podían engañar al capitán del U-Boot para que saliera a la superficie e intentara hundir lo que parecía ser una embarcación desarmada sirviéndose del cañón en lugar de desperdiciar un valioso torpedo. La artimaña funcionó en once ocasiones en las que el U-Boot atacante fue hundido, pero la política también tuvo consecuencias desafortunadas (ver más adelante).
Finalmente, la mejor defensa contra los ataques submarinos resultó ser el sistema de convoyes, adoptado por la Marina Real a partir de mayo de 1917 y, más tarde, por los Estados Unidos. La idea consistía en navegar con muchos buques mercantes juntos y proteger al grupo con varios buques de guerra. De los 88.000 barcos que cruzaron el Atlántico como parte de un convoy durante la guerra, solo 436 fueron alcanzados por un torpedo.
Al comienzo del conflicto, no existían restricciones sobre el modo ni el lugar en que los submarinos alemanes podían atacar a embarcaciones enemigas. La estrategia de guerra submarina total contaba con el firme respaldo del gran almirante Alfred von Tirpitz (1849–1930), quien ocupó el cargo de secretario de Estado del Ministerio de Marina entre 1897 y 1916. Cuando la Marina Real emprendió un bloqueo para impedir el ingreso de suministros a los puertos alemanes, la Armada alemana respondió con una contramedida: a partir de febrero de 1915, Alemania declaró que cualquier aproximación a las costas británicas sería considerada zona de guerra. En consecuencia, todo barco que se encontrara con submarinos alemanes, ya fuese militar, mercante o civil, quedaba expuesto a ser atacado sin previo aviso. Esta política se presentó como una reacción legítima frente a la amenaza de los llamados barcos Q. Tiempo después, se produjo el dramático hundimiento del RMS Lusitania.
El Lusitania, un transatlántico de la compañía Cunard, navegaba desde Nueva York con destino a Liverpool cuando fue alcanzado por un torpedo disparado por el submarino alemán U-20 el 7 de mayo de 1915, frente a la costa sur de Irlanda. En menos de veinte minutos, el buque se hundió, arrastrando consigo la vida de casi 1.200 personas, entre ellas 128 ciudadanos estadounidenses. El Gobierno alemán justificó el ataque alegando que el Lusitania transportaba material bélico destinado al esfuerzo aliado. De hecho, en su carga se encontraron casquillos de metralla y cerca de cuatro millones de cartuchos de rifle, aunque estos estaban clasificados como mercancía permitida en embarcaciones civiles. Los Aliados quedaron profundamente conmocionados por el hundimiento del Lusitania y respondieron intensificando su maquinaria propagandística, convirtiendo el incidente en el núcleo de una vigorosa campaña de reclutamiento destinada a fortalecer sus fuerzas armadas.
Como consecuencia del escándalo provocado por el hundimiento del transatlántico, Alemania anunció el fin de la guerra submarina total el 1 de septiembre de 1915. A partir de entonces, los comandantes de submarinos estaban obligados a emerger y advertir a los buques no militares antes de proceder a cualquier ataque. Sin embargo, ante el estancamiento de los combates terrestres que parecían no dar lugar a una victoria alemana, la guerra submarina total se reanudó en febrero de 1917. La estrategia dio sus frutos: el número de buques aliados hundidos pasó de 259 en febrero a 423 en abril, una cifra que superaba con creces la capacidad de los astilleros para reponer las pérdidas. No obstante, la implementación del sistema de convoyes comenzó a mostrar resultados positivos. A finales de 1917, las pérdidas se habían reducido a aproximadamente la mitad, y en 1918, el ritmo de construcción de nuevos buques aliados superaba ya el número de embarcaciones perdidas. Mientras tanto, la Armada alemana perdía submarinos a un ritmo alarmante a medida que mejoraban las técnicas de defensa.
Durante la Primera Guerra Mundial, los submarinos alemanes lograron hundir más de 5.000 embarcaciones, enviando al fondo del mar más de 12 millones de toneladas de buques enemigos (Blair, 18). Aunque estas cifras resultan impresionantes, no bastaron para inclinar la balanza en lo que se conoció como la (primera) batalla del Atlántico. Las líneas de suministro marítimo de Gran Bretaña resistieron el embate y no llegaron a colapsar. A lo largo del conflicto, Alemania perdió 178 submarinos, y cerca de 5.000 submarinistas resultaron muertos, heridos o capturados. Alemania fue derrotada, y el armisticio firmado el 11 de noviembre de 1918 marcó el fin de la guerra. En su rendición, todos los submarinos alemanes restantes fueron entregados a las potencias vencedoras.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el diseño de los submarinos apenas había evolucionado desde 1918. Alemania, que había sido despojada de su flota submarina por el Tratado de Versalles, el acuerdo que puso fin a la Primera Guerra Mundial, se encontraba ahora nuevamente enfrentada a un bloqueo naval impuesto por el Reino Unido. En respuesta, los submarinos alemanes fueron desplegados con el objetivo de hundir el mayor número posible de embarcaciones que abastecían a Gran Bretaña con alimentos, materias primas y armamento procedente de América. Así comenzó la segunda batalla del Atlántico, aunque los submarinos alemanes también actuaron en otros escenarios estratégicos, como el Mediterráneo y el Mar del Norte.
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Los submarinos se utilizaron en algunas incursiones audaces en puertos, especialmente cuando el U-46, capitaneado por Günther Prien (1908-1941), hundió el acorazado HMS Royal Oak en Scapa Flow, Escocia, en octubre de 1939. Con la caída de Francia en el verano de 1940, la Armada alemana pudo establecer bases de submarinos mucho más cerca del océano Atlántico. También había bases de submarinos en la costa de África occidental y en el Mediterráneo. Sin embargo, el objetivo principal de la campaña de submarinos era intentar reducir los suministros que llegaban al Reino Unido para obligar al país a rendirse.
A pesar de las lecciones aprendidas durante la Primera Guerra Mundial sobre la eficacia de los convoyes, los Aliados inicialmente optaron por ignorarlas. En su lugar, implementaron un sistema basado en grupos de caza de submarinos, apoyados por portaaviones. Esta táctica, sin embargo, demostró ser ineficaz, especialmente tras el hundimiento del portaaviones HMS Courageous por el submarino alemán U-29, por lo que Gran Bretaña volvió a adoptar el sistema de convoyes. El éxito fue inmediato y sostenido, sobre todo cuando se incorporó la cobertura aérea. No obstante, cuando Estados Unidos se unió al conflicto en 1942, su Armada tardó sorprendentemente en implementar el sistema de convoyes. Solo después de sufrir pérdidas devastadoras, se vio obligada a recurrir a esta estrategia. Como señaló el propio Winston Churchill (1874-1965), primer ministro británico: «Lo único que realmente me asustó durante la guerra fue el peligro de los submarinos» (Boatner, 135).
Los submarinos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial representaban una mejora significativa respecto a sus predecesores de la Primera Guerra Mundial. Eran más veloces y podían transportar una mayor cantidad de torpedos, hasta 12 por misión. El modelo estándar era el Tipo VII C, el cual podía sumergirse a una profundidad de 300 metros (985 pies), disparar desde tubos de proa o popa y recorrer hasta 12.600 millas náuticas (23.000 km). Un VII C medía alrededor de 67 metros (220 pies) de eslora, y las versiones más avanzadas alcanzaban velocidades de hasta 17 nudos en superficie, y unos 7,6 nudos cuando estaban sumergidas. Estos submarinos también estaban armados con al menos un cañón de 88 mm y otro de 20 mm.
Los tripulantes eran voluntarios y considerados especialistas de élite. Las condiciones dentro de un submarino alemán eran extremadamente precarias: muchos tripulantes dormían en camas plegables o hamacas. Para una dotación de unos 45 hombres, solo había dos diminutos aseos. La comida consistía en carne seca, conservas, queso y pan duro, y la humedad era constante, agravada por sistemas de ventilación y calefacción que rara vez funcionaban correctamente.
El submarino Tipo IX D era uan versión más grande que el VII C. Con una autonomía de hasta 32.000 millas náuticas, se utilizaba como crucero oceánico o para el despliegue de minas. Los submarinos de mayor tamaño abastecían a los más pequeños con combustible, torpedos y víveres. Los submarinos enanos se utilizaban para atacar las instalaciones portuarias.
Al igual que en la Primera Guerra Mundial, la guerra submarina comenzó con ciertas restricciones: los submarinos alemanes solían advertir a los buques mercantes antes de lanzar un torpedo. Sin embargo, a medida que los mercantes comenzaron a estar mejor armados, la guerra total se convirtió en la norma operativa. El método de ataque preferido por los submarinos alemanes consistía en operar en superficie durante la noche.
Los capitanes de submarinos alemanes tuvieron una ventaja en los primeros años de la guerra: podían descifrar mensajes aliados utilizando una máquina Enigma alemana. Un oficial alemán, el teniente Ernst von Witzendorff, recuerda:
Debo decir que en aquel tiempo éramos jóvenes oficiales navales y estábamos interesados en cumplir con nuestro deber y tener éxito. Cuando atacábamos durante el día, mirando a través del periscopio, o atacábamos de noche estando en la superficie, veíamos esos grandes barcos mercantes como animales que se arrastraban por el mar, y entonces estábamos ansiosos por hundirlos. No pensábamos en esos pobres marineros mercantes que estaban a bordo de los barcos.
(Holmes, 168)
Un marinero mercante, Vernon Miner, recuerda cómo fue ser atacado por un U-Boot alemán:
Yo estaba al timón del barco cuando el vigía informó que había un submarino en el costado de estribor. El primer oficial, que estaba a cargo de la guardia, me ordenó cambiar el rumbo para dejar el submarino a popa. Mi sentimiento era de emoción. Es decir, 'voy a volver a casa cubierto de gloria, condecorado; voy a estrangular a esos submarinos con mis propias manos'. Entonces comenzó el fuego, y el primer proyectil que golpeó el barco hizo que este se estremeciera. Uno siente que Dios está de su lado, pero ciertamente no era así. Ese es el momento en que da miedo, el momento de la verdad. Finalmente llega la orden de abandonar el barco y miras hacia ese gris Atlántico Norte, que no parece tan malo desde la cubierta de un barco, a unos seis metros sobre el agua, pero a nivel del bote salvavidas se ve bastante amenazante...
(Holmes, 89)
La Rudeltaktik
El almirante Karl Dönitz (1891–1980), quien fue jefe del servicio de submarinos alemanes y, desde 1943, de toda la Armada alemana, había comandado personalmente un submarino durante la Primera Guerra Mundial. Dönitz desarrolló la idea de desplegar submarinos en grandes grupos de entre 8 y 20 unidades (o, más raramente, hasta 50), lo que se conoció como «táctica de manada» o Rudeltaktik. Una manada podía extenderse en línea a lo largo de hasta 100 millas náuticas (185 km) para detectar la presencia de un convoy que se aproximaba. Luego, los submarinos se reagruparían y atacarían en tal número que podían eliminar los barcos de escolta del convoy, permitiendo a los capitanes del U-Boot seleccionar a placer los buques mercantes más valiosos, a menudo durante dos noches consecutivas. Los capitanes del U-Boot no solían detenerse a recoger supervivientes, en parte porque había muy poco espacio en los submarinos. Esta práctica se intensificó tras el hundimiento del Laconia en septiembre de 1942. En ese incidente, una mala comunicación provocó que un avión estadounidense atacara al submarino responsable del hundimiento, justo cuando este estaba rescatando a los supervivientes.
Las contramedidas contra los submarinos mejoraron a medida que avanzaba la guerra, otorgando finalmente la ventaja a los buques de superficie. El sonar (ASDIC) podía detectar los motores de un U-Boot alemán. El radar era capaz de localizar un periscopio. Otro dispositivo utilizado por la Armada de los Estados Unidos permitía a los capitanes localizar un U-Boot cuando este usaba su radio inalámbrica. Desde 1941, tanto barcos como aviones empleaban equipos de detección por radio de alta frecuencia. El Fido era un torpedo buscador de objetivos, que podía lanzarse al mar y se confiaba en que encontrara un submarino sumergido.
Los U-Boots alemanes también se enfrentaban a minas, que existían en varias formas letales: de contacto, magnéticas, acústicas y de presión. Una mina podía contener alrededor de 350 kg (775 libras) de explosivos. Las cargas de profundidad, con hasta 136 kg (300 libras) de explosivos y efectivas hasta una profundidad de 300 metros (985 pies), podían desplegarse en patrones de arco amplio para maximizar las posibilidades de dañar un submarino cercano. Las cargas de profundidad eran muy eficaces: «De todos los U-Boots alemanes destruidos, el 43 % fueron hundidos con cargas de profundidad» (Dear, 33). Además de sumergirse a gran profundidad o moverse de forma errática, un capitán de submarino podía liberar burbujas como señuelo para evitar ser detectado.
Balance final
Al igual que los ases de la aviación, cuyas proezas alcanzaron cifras asombrosas, también existieron capitanes de submarinos alemanes que acumularon una formidable lista de víctimas. El teniente Otto Kretschmer (1912–1998) hundió 46 barcos, con un tonelaje total de 273.000 toneladas.
Dönitz creía que los U-Boot podían obligar a Gran Bretaña a rendirse, pero nunca recibió el número de submarinos que necesitaba, debido a las limitaciones de la producción bélica alemana. Hubo avances tecnológicos, como el Schnorchel (tubo de respiración), que permitía a los submarinos tomar oxígeno y expulsar gases mientras permanecían bajo la superficie, pero estos llegaron demasiado tarde en la guerra como para tener un efecto significativo en el resultado.
No obstante, los U-Boots alemanes infligieron un daño devastador al transporte marítimo aliado. En 1940, se hundieron 1.345 barcos a cambio de solo 24 submarinos perdidos; en 1941, 1.419 barcos frente a 35 submarinos hundidos; en 1942, 1.859 barcos frente a 86 submarinos; y en 1943, 812 barcos frente a 242 U-Boots. Los Aliados habían perfeccionado el sistema de convoyes, con defensa aérea coordinada y mejores radares. Al final, el servicio de U-Boots alemanes había fracasado. En total, durante la batalla del Atlántico en la Segunda Guerra Mundial, se hundieron 3.500 barcos aliados, lo que representó 14,5 millones de toneladas de transporte marítimo. Sin embargo, también fueron destruidos 765 submarinos (aproximadamente el 65 % de los construidos). Demasiado alto fue el precio que tuvo que pagar la Armada alemana. Además, la tasa de pérdida entre los tripulantes de los submarinos fue de aproximadamente el 75 % (unos 28.000 hombres), la tasa de mortalidad más elevada de todas las fuerzas armadas. Los U-Boots alemanes acabaron convirtiéndose en ataúdes de hierro para demasiados jóvenes.
La U en U-Boot significa «Unterseeboot» en alemán (traducido como nave submarina).
¿Existe diferencia entre un U-Boot y un submarino?
No hay diferencia entre un U-Boot y un submarino; el nombre hacía referencia a todos los buques submarinos alemanes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
¿Por qué fracasó el U-Boot?
Los submarinos U-Boot no lograron ganar la guerra debido al éxito de contramedidas como las minas, las cargas de profundidad, los ataques aéreos y el sistema de convoyes, que protegía mejor a los buques mercantes.
Nativa española licenciada en Filología Inglesa (Estudios Ingleses) y estudios superiores en Traducción, con experiencia como traductora de artículos divulgativos del inglés al español europeo en medios digitales. Interesada en las antiguas civilizaciones, la Edad Media y la historia de USA y UK. Hipatia de Alejandría es su personaje histórico favorito.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Cartwright, Mark. "U-Boot: Los submarinos alemanes de la Primera y Segunda Guerra Mundial." Traducido por Silvia Campos. World History Encyclopedia, agosto 13, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24502/u-boot/.
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Cartwright, Mark. "U-Boot: Los submarinos alemanes de la Primera y Segunda Guerra Mundial." Traducido por Silvia Campos. World History Encyclopedia, 13 ago 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24502/u-boot/.
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Escrito por Mark Cartwright, publicado el 21 mayo 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.