Tycho Brahe (1546-1601) fue un noble danés que hizo la mayor contribución al conocimiento astronómico antes de la llegada del telescopio. Descubrió una supernova, observó la órbita elíptica interplanetaria de un cometa, puso al día la exactitud del calendario y propuso toda una teoría nueva sobre la posición de los cuerpos celestes en el cielo nocturno.
Primeros años
Tyge Brahe nació el 14 de diciembre de 1546 en Skåne (Escania, en la actual Suecia), que por aquel entonces estaba bajo la corona danesa. Hoy en día se lo conoce mejor por la versión latinizada de su nombre, Tycho Brahe. Nació en el seno de una familia noble con conexiones con la familia real de Suecia. Asistió a la Universidad de Copenhague, donde estudió derecho antes de trasladarse a Alemania, donde continuó sus estudios en las universidades de Wittenberg, Leipzig y Rostock, entre otras. Se metió en un duelo con otro estudiante en Alemania y, aunque sobrevivió el enfrentamiento, perdió la mayor parte de la nariz. Durante el resto de su vida Tycho llevó una nariz artificial hecha de metal; latón para uso cotidiano y una versión de plata más resplandeciente para las ocasiones especiales.
La supernova de Tycho
Empezó a interesarse por la astronomía cuando observó el eclipse total del 25 de agosto de 1560. Su primera obra publicada importante fue De Nova Stella (1573). El libro trataba el tema de la nueva estrella supernova en la constelación de Casiopea (mucho más brillante que cualquier otra de este grupo, más brillante incluso que Venus), que fue el primero en observar y estudiar en detalle el 11 de noviembre de 1572. La supernova, una de las pocas de la historia que se podía ver tanto de noche como de día a simple vista, se mantuvo claramente visible al menos cinco meses. Esta supernova, los restos de lo que realmente son los estertores de la muerte de una estrella, todavía se puede ver con un telescopio de rayos X y se ha llamado supernova de Tycho.
Tycho pudo medir la proximidad o paralaje de esta nueva estrella en relación a la Tierra midiéndola en diferentes momentos; como las estrellas rotan en el cielo nocturno, lo que Tycho estaba midiendo realmente eran dos ángulos de un triángulo en el que él estaba en un extremo y la estrella en otro. Al calcular la distancia de la Tierra, demostró que la estrella estaba mucho más lejos que la Luna, un concepto que sacudió la visión aceptada del cosmos. Algo aún más importante fueron los hechos de que, para empezar, hubiese siquiera aparecido la estrella, que fuera un tipo de cuerpo celeste y que no tuviera nada que ver con la atmósfera de la Tierra, lo que suponía que el universo era una entidad cambiante, un duro golpe a la antigua creencia de que el universo era perfecto e inmutable.
Uraniborg
Como recompensa por su trabajo en la astronomía, el rey Federico II de Dinamarca y Noruega (que reinó de 1559-1588) le concedió al astrónomo su propia isla, Hven, en 1576. Hven, que hoy en día se llama Ven y se encuentra en el estrecho de Øresund entre Suecia y Dinamarca, era perfecta para Tycho porque allí pudo construir su propio observatorio ayudado de la financiación generosa de la Corona danesa. Tycho llamó a su observatorio Uraniborg, en honor a Urania, la musa griega de la astronomía, y que se traduce como «fortaleza de Urania». El complejo se construyó realmente como una fortaleza en la que el observatorio se encontraba en el centro de jardines simétricos, rodeados por todos los lados de muros altos con entradas tan solo en las esquinas.
Uraniborg le permitió hacer observaciones sistemáticas del cielo nocturno, cosa que hizo con instrumentos que él mismo diseñó y construyó, incluido un nuevo sextante astronómico. Puede que el más impresionante de estos instrumentos fuera un cuadrante mural enorme en la pared oeste de su observatorio. Más tarde creó un libro ilustrado de todos los instrumentos astronómicos de su observatorio, su Instrumentos para la restauración de la astronomía publicado en 1598. El misionero jesuita Ferdinand Verbiest (1623-1688) utilizó este libro para construir instrumentos para el observatorio imperial de Beijing en la década de 1670.
El edificio principal de Uraniborg era una estructura extravagante repleta de plataformas, torres y agujas, una mezcla fantasiosa que no habría desentonado en las Mil y una noches o en Xanadú. Había un taller dedicado a la fabricación de instrumentos científicos. Tenía su propia fábrica de papel y su imprenta para publicar las investigaciones de Tycho. También había un laboratorio en el sótano donde Tycho se dedicaba a su otro gran interés: la alquimia.
Uraniborg se convirtió en una atracción turista en sí mismo y, a medida que fue aumentando la reputación de Tycho, también fue ascendiendo el nivel social de los visitantes. El futuro Jacobo I de Inglaterra (que reinó de 1603-1625) visitó durante un viaje para asegurarse su futura esposa Ana de Dinamarca (nacida en 1574), hija de Federico II. Por lo regular contaba con la asistencia de su esposa Kirstine (con quien se casó en 1573) y de su hermana Sophie (1559-1643) en su trabajo en Uraniborg. También tenía varios trabajadores, a quienes trataba poco mejor que a siervos medievales. Tycho esperaba que los campesinos locales trabajasen en su finca dos días a la semana. Cuando se marchó de Uraniborg en 1597, el observatorio cayó en decadencia.
Logros y el modelo ticónico
Las extensas observaciones de Tycho le permitieron catalogar la posición de las estrellas y los planetas con mayor precisión que nunca antes. Compartió sus datos con tan solo unos pocos, ya que no quería que un rival presentara teorías que él mismo no había más que empezado a formular. Parte de la información se publicó por el bien público. Registró observaciones innumerables del Sol y recalculó la duración verdadera del año, un estudio que tuvo como resultado un cambio total del calendario para que fuera más exacto en 1582 (una reforma que sustituyó el antiguo calendario juliano por el gregoriano). Tycho completó un catálogo de estrellas que situó más de 800 estrellas. Este era el primer catálogo nuevo producido desde el de Ptolomeo (en torno a 100-170 d.C.). En 1603, Johann Bayer (1572-1625) convirtió el catálogo de Tycho en un atlas de las estrellas.
Ya en 1577, la observación detallada de Tycho del cometa avistado aquel año mostró que se movía en una órbita que pasaba entre los planetas. Otra evidencia de este fenómeno llegó con la observación de los cometas de 1580 y 1585. Esto supuso un golpe para los modelos del universo que establecían que todo giraba en torno a la Tierra. El filósofo natural griego Aristóteles (384-322 a.C.) había afirmado que los cometas eran un fenómeno de la atmósfera de la Tierra, pero la investigación de Tycho refutó esta creencia de antiguo. Los cometas también parecían seguir una órbita elíptica, otro golpe más a la creencia arraigada de que todos los cuerpos celestes se movían en círculos perfectos. Esta información nueva recién descubierta, así como su trabajo previo sobre la nueva supernova, una clara evidencia de que el cambio existía a pesar de la afirmación de Aristóteles de que el cosmos era eternamente estable, supuso que la vieja visión aristotélica del universo empezara a desmoronarse. Para algunos historiadores, este fue el verdadero principio de la Revolución Científica, cuando la observación empezó a desafiar teorías arraigadas desde hacía tiempo que eran obviamente incorrectas.
Estos descubrimientos fueron muy importantes a largo plazo en la progresión de la ciencia, pero la contribución principal de Tycho al conocimiento del mundo en aquella época fue otra cosa, tal y como resume el historiador W. E. Burns:
La mayor contribución de Tycho a la teoría astronómica fue su modelo del sistema solar, basado en una Tierra inmóvil; en el sistema ticónico, la Luna y el Sol orbitan la Tierra y los demás planetas orbitan el Sol. (42)
En consecuencia, Tycho les dio la vuelta a dos modelos alternativos sugeridos por Ptolomeo (en torno a 100 a alrededor de 170 d.C.) y Nicolás Copérnico (1473-1543 d.C.). El sistema de Tycho Brahe ayudó a eliminar por completo el modelo totalmente geocéntrico de Ptolomeo y se convirtió en una especie de rival de compromiso del modelo totalmente heliocéntrico de Copérnico. Tycho publicó su teoría, que, por supuesto, resultó ser errónea, en Sobre los fenómenos más recientes del mundo etéreo, publicado en 1588.
Como prácticamente todos los demás científicos de su época, Tycho se metió en una acalorada disputa con otro pensador sobre a quién se le había ocurrido qué primero. En el caso de Tycho Brahe se trató del astrónomo alemán Nicolaus Reimers Bär (1551-1600), también conocido como Ursus (el Oso). Tycho lo acusó de copiar su teoría del cosmos cuando visitó Uraniborg. También afirmó que había sido él, no Ursus, quien «inventó la técnica matemática de la prostaféresis, importante para hacer cálculos largos antes de la invención de los logaritmos» (Wootton, 94).
Praga y sus últimos años
El estatus aristocrático de Tycho le había ayudado mucho en su carrera, pero resultó ser una severa desventaja a partir de 1596 cuando el rey Christian IV de Dinamarca (que reinó de 1588-1648) llegó a la mayoría de edad y empezó a gobernar sin su regente. El joven monarca quería sanear la economía y ejercer un control más cuidadoso de dónde se gastaba el dinero real. Algo aún peor para Tycho Brahe fue que el rey quería reducir el poder de ciertas familias nobles, así que el astrónomo cayó en desgracia. Obligado a abandonar Uraniborg en 1597, Brahe fue de un lugar a otro por Alemania durante dos años y al final acabó en Praga, que en aquel entonces era la capital del Sacro Imperio Romano Germánico. Por desgracia, su antiguo enemigo, Ursus, ya estaba bien asentado en la ciudad de Bohemia y ostentaba el prestigioso puesto de matemático de la corte. Ursus hizo todo lo que pudo por arruinar la reputación de Tycho, pero el danés consiguió ganarse el favor de Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (gobernó de 1576-1612), y con eso le arrebató el puesto a Ursus.
Tuvo la fortuna de contar con un talento raro como asistente en Praga, Johannes Kepler (1571-1630), que más adelante se convertiría en una de las figuras más importantes de la Revolución Científica. También quería ampliar el catálogo de estrellas e incluir más estrellas sureñas y, para ello, contactó con los venecianos y los toscanos con la esperanza de que alguno de ellos consiguiera los fondos para un observatorio nuevo en Egipto. Ninguno de los dos Estados respondió favorablemente. Tampoco tuvo demasiado éxito con otro italiano, el astrónomo Galileo Galilei (1564-1642), a quien escribió en dos ocasiones para proponer una colaboración, pero Galileo lo ignoró. El italiano no tenía tiempo para modelos teóricos del universo y prefería la observación pura; en torno a 1608 perfeccionaría la nueva invención del telescopio y elaboraría su propio catálogo impresionante de descubrimientos.
El 24 de octubre de 1601, Tycho Brahe murió en Praga. Lo sucedería Kepler, quien crucialmente heredó sus extensas observaciones precisas de los movimientos de los cuerpos celestes. Kepler le dio buen uso a esta información, en especial las notas de Tycho sobre el movimiento de Marte, y formó sus célebres tres leyes del movimiento planetario.
La creencia de Tycho Brahe de que había que tomar mediciones constantemente para seguir mejorando la precisión se convirtió en uno de los principios de base de la ciencia moderna y es el motivo por el que muchos han designado a Tycho el «verdadero fundador de la nueva astronomía» (Wootton, 456) y afirman que la astronomía se convirtió en la primera ciencia moderna. Por encima de todo, Tycho Brahe demostró que las teorías no eran más o menos valiosas solo porque se hubiesen creído durante mucho tiempo. Además, demostró que creer en una teoría errónea a menudo lleva a creer otras teorías erróneas, lo que crea una cadena de errores catastrófica. Al observar lo que se podía ver, no lo que esperaba ver, Tycho fue uno de los primeros de lo que hoy llamaríamos un verdadero científico; es decir, alguien que investiga un tema sin ideas preconcebidas de lo que podrían enseñar tales investigaciones, un investigador que reconcilia la teoría, los fenómenos y los datos para aumentar nuestro conocimiento del mundo que nos rodea.
