El castillo de mota y patio fue una forma temprana de fortificación medieval, especialmente popular entre los normandos en el norte de Francia y en Gran Bretaña durante el siglo XI d.C. Se construía una única torre sobre una mota o montículo de tierra (o parcialmente dentro) y luego tenía un patio en la base que estaba defendido por una empalizada de madera y una zanja circundante exterior. Era relativamente rápido de construir y la altura del montículo hacía que la torre fuera difícil de atacar, a la vez que el muro ofrecía un lugar de refugio de los invasores oportunistas. Por estas razones, el castillo de mota y patio resultaba especialmente útil en territorios recién conquistados donde la población nativa todavía era hostil a sus nuevos señores. Como la piedra era más resistente al fuego que la madera, a medida que los diseños defensivos fueron mejorando, los castillos también evolucionaron para convertirse en estructuras más permanentes con muros cortina y torres que rodeaban torreones más impresionantes de piedra.
Evolución y diseño
La forma más antigua de campamento fortificado era una simple empalizada de madera, tal vez con fortificaciones u obras circulares y en ocasiones con una torre permanente de madera en el centro. Esta disposición había sido común desde la época romana y no cambió demasiado durante siglos. Luego, las torres de madera independientes se convirtieron en una característica de las defensas en el noroeste de Francia a partir de los siglos IX y X. Estas estructuras evolucionaron hasta convertirse en los castillos más sofisticados de mota y patio, que fueron especialmente comunes en Francia y en la Gran Bretaña normanda a partir del siglo XI.
Los castillos consistían en un muro de madera, quizás construido sobre un banco de tierra, que rodeaba un espacio abierto o patio y una colina natural o artificial (la mota) que tenía una torre de madera construida en el centro de la cima allanada y a veces estaba rodeada por otra empalizada de madera. Estas torres podían ir desde una sencilla torre de observación o plataforma de tiro hasta un edificio más sustancial que servía de residencia para el señor de la zona. Algunas torres se construían sobre pilotes, supuestamente para ahorrar tiempo y materiales en la construcción y para que fuera más difícil de escalar. La mota a veces estaba conectada con el patio por una especie de puente, pero la mayoría tenía escalones labrados en el costado.
Por último, toda la estructura del castillo estaba protegida por una zanja circundante, que podía tener agua o ser seca. No había un plan de diseño específico a seguir, ya que los castillos aprovechaban el terreno local y otros factores, como señala el historiador N. J. G. Pounds:
La construcción dependía del terreno y la geología locales, de los obreros y los materiales, además de los deseos y caprichos de un número infinito de gente. (15)
Había variaciones de dimensiones, de disposición, de torres, de muros y de cimientos; algunos castillos tenían dos motas, y a veces estas tenían dos o incluso tres patios. A veces también se da la dificultad, dados los pocos restos estructurales que se han conservado, de distinguir entre una casa privada fortificada construida sobre un montículo y un castillo utilizado como centro administrativo. Por lo general, los castillos eran más grandes y en el patio interior solía haber edificios domésticos, almacenes, suministros, talleres, establos y, algo crucial, un pozo.
Las motas, más o menos circulares, se elevaban a una altura entre 4,5 y 9 metros (15-30 pies) y podían tener entre 25 y 100 metros de diámetro (80-330 pies); se construían con la tierra excavada del foso o se utilizaban elevaciones naturales o puede que enclaves fortificados más antiguos. Existen evidencias arqueológicas que indican que algunas motas se levantaban después de construir la torre, de manera que se usaban para proteger la base de la estructura y hacerla más estable, en vez de añadir más altura. En algunas motas se conseguía más estabilidad añadiendo estacas de madera a modo de remaches o recubriéndolas con tablas de madera o losas de piedra.
Propósito
Los castillos surgieron a medida que el sistema feudal se fue asentando, un sistema en el que un señor local y sus caballeros gobernaban un área de tierra que cultivaban los campesinos. Los castillos podían ofrecer protección como último lugar de refugio y eran útiles como símbolo visual del poder y la riqueza del señor respecto a las comunidades locales. Los castillos de mota y patio se construían normalmente en lugares fronterizos para prevenir las incursiones. Entre los demás lugares de importancia estratégica donde se construían estaban los cruces de ríos, los pasos, las zonas costeras, junto a asentamientos importantes y junto a antiguas calzadas romanas que se seguían usando. Como eran relativamente rápidos de erigir, a veces incluso los construían las fuerzas que estaban atacando a un castillo más sustancial, a modo de refugio de las incursiones de caballería de los sitiados.
Ventajas y desventajas
Como los castillos de mota y patio se construían con madera y fortificaciones de tierra, eran relativamente rápidos de erigir; tan solo llevaban unas semanas o meses, algo que era una ventaja importante en territorios hostiles y recién conquistados en los que los pueblos subyugados podían lanzarse al ataque para vengarse de sus nuevos señores o, como mínimo, no querían trabajar en la construcción. Además, este tipo de fortificación no requería ninguna mano de obra especialmente calificada o de piedra que había que extraer y transportar, lo que reducía drásticamente los costos de construcción.
Como estaban hechos en gran parte de madera, el fuego era un problema durante los ataques, como se puede ver en varias escenas del tapiz de Bayeux, que representa la conquista normanda del siglo XI de Gran Bretaña y los acontecimientos que condujeron a ella. Tampoco resistían bien las inclemencias del tiempo, ya que los montículos y las estructuras de madera se iban degradando con el tiempo e incluso llegaban a hacer que la torre colapsara. Esa es la razón por la que se construían castillos de piedra más permanentes y estables, a pesar de suponer un gasto enorme y requerir años de construcción, porque eran más seguros, duraban más y eran más acogedores para los residentes que podían permitírselos.
Declive y reutilización
A medida que se fue desarrollando el diseño de las fortificaciones, los castillos de mota y patio se fueron adaptando a las nuevas necesidades y tecnologías bélicas. En la cima de la mota se construía un muro exterior de piedra, que pasó a conocerse como torre circular. Por último, en el siglo XII también se empezó a construir el torreón principal de piedra, pero normalmente no sobre la mota, porque no era suficientemente estable como para usarla de cimiento para una estructura tan pesada. En muchos casos, el patio se fortificó más y se hizo más importante que la mota, que a veces se reducía de tamaño o incluso se construía por encima.
Aunque muchos de los primeros castillos se abandonaron en favor de castillos de piedra más seguros y cómodos, los castillos de mota y patio se seguirían construyendo y utilizando en los siglos XII y XIII debido a su bajo costo. Sin embargo, para entonces era más común la torre circular y los castillos nuevos con innovaciones tales como torreones cercados por murallas concéntricas que incorporaban torres murales y entradas fortificadas, todo ello en piedra. Tales castillos no tenían por qué construirse sobre colinas, aunque los promontorios rocosos naturales siguieron siendo localizaciones tentadoras para los arquitectos a lo largo de toda la Edad Media.
Las motas eran montículos de tierra importantes y, aunque se dejaron de usar para las fortalezas residenciales, siguieron siendo accidentes geográficos muy visibles en el paisaje durante siglos y todavía están presentes en muchos países. Muchas motas también acabaron incluidas en fincas rurales y se adaptaron como características interesantes de jardines paisajísticos a partir del siglo XVIII. En estos casos, se añadían paseos en espiral para llegar a la cima que, aunque era más baja tras años de desgaste, seguiría ofreciendo buenas vistas. En muchos también se añadían pabellones o casas de verano, o incluso ruinas falsas, para darle un aire más romántico y recordar la larga historia del lugar.
