Esta infografía ilustra la estructura típica de las calzadas romanas, uno de los logros de ingeniería más duraderos del mundo antiguo. Aunque a los romanos se les atribuye la revolución en la construcción de calzadas, es probable que adoptaran muchas técnicas fundamentales de los etruscos y las perfeccionaran con el tiempo. A medida que el imperio se fue expandiendo, los ingenieros romanos incorporaron métodos y materiales de las culturas locales y adaptaron sus diseños a diferentes terrenos a pesar de mantener una estructura básica estandarizada.
En su apogeo, la red de calzadas romanas se extendía a lo largo de más de 85.000 kilómetros (53.000 millas), uniendo los vastos territorios del imperio, desde Gran Bretaña hasta Mesopotamia y desde el Danubio hasta España y el norte de África. Estas calzadas las construyó principalmente el Ejército romano utilizando capas de piedra, grava y arena, con sistemas de drenaje e hitos. A pesar de las variaciones regionales, los principios básicos, que eran la durabilidad, rectitud y la eficiencia, garantizaron que las carreteras sirvieran no solo para la logística militar, sino también para el comercio, la comunicación y el control administrativo durante siglos. Muchas calzadas romanas seguirían utilizándose hasta bien entrada la era moderna.

