Para principios del siglo XIII (hacia el año 1200 d.C.), las redes comerciales de larga distancia que atravesaban Eurasia y el Mediterráneo habían recuperado un nivel de interconexión que no se había visto desde finales de la Antigüedad. Tras la fragmentación política que siguió a la caída del Imperio romano de Occidente (en torno a 476 d.C.), la recuperación económica, el crecimiento demográfico y la estabilización institucional reactivaron gradualmente el intercambio entre Europa, el mundo islámico, Bizancio y Asia. Las rutas comerciales, tanto marítimas como terrestres, volvieron a conectar regiones distantes y eso permitió el movimiento regular de mercancías, dinero e información a través de fronteras culturales y políticas.
A pesar de los conflictos persistentes, incluidas las cruzadas (1096-1291), el comercio entre los reinos cristianos y musulmanes floreció. El Mediterráneo funcionaba como una importante arteria de intercambio donde las repúblicas marítimas italianas ampliaron su alcance comercial, mientras que los Estados islámicos, como el sultanato ayubí de Saladino (que reinó de 1171-1193), controlaban centros urbanos y de tránsito importantes. El Imperio romano de Oriente (el Imperio bizantino), aunque había visto su territorio reducido, siguió desempeñando un papel fundamental como intermediario entre Oriente y Occidente. Al mismo tiempo, las rutas terrestres a través de Asia central, que pronto se estabilizarían bajo el dominio mongol (a partir de principios del siglo XIII), alimentaban este sistema. Europa exportaba cada vez más textiles de lana y artículos de metal, e importaba seda, especias y productos de lujo del Mediterráneo oriental, India y China, lo que supuso una reintegración decisiva del comercio euroasiático a las puertas de la era mongola.
Quisiera darle las gracias a @Martin_Maansson por su exhaustiva investigación, su inspiración y su increíble mapa de las rutas comerciales medievales.

