Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) fueron múltiples y variadas. La Alemania nazi, la Italia fascista y Japón, dominado por los militares, fueron derrotados. Muchos países ocupados fueron liberados y recuperaron su libertad, mientras que otros se vieron obligados a ser gobernados por la URSS o Estados Unidos. Se alteró el viejo orden mundial con la caída de los imperios y la independencia de las antiguas colonias. La victoria costó 60 millones de vidas y causó millones de bajas. Millones aún escaparon de la muerte o resultaron heridos, pero se quedaron sin hogar o se convirtieron en refugiados. Nunca antes una guerra había afectado a tanta gente en tantos lugares y de tantas maneras.
Las agresivas dictaduras del Eje de Alemania, Italia y Japón fueron derrotadas;
60 millones de muertos;
el Holocausto, cuyo resultado fue la muerte de 6 millones de judíos europeos;
millones de heridos, personas sin hogar y desplazados;
Europa se dividió en Europa occidental democrática y Europa oriental comunista;
Alemania se dividió en dos países y Berlín se dividió en zonas gobernadas por diversas potencias;
Japón fue ocupado por Estados Unidos;
Gran Bretaña, Francia y otros Estados europeos perdieron el control de sus imperios coloniales;
Estados Unidos y la URSS se establecieron como dos superpotencias con capacidad para dominar la política global;
Estados Unidos y la URSS desconfiaban mutuamente de las intenciones del otro, lo que dio como resultado la Guerra Fría;
el uso de la bomba atómica contra Japón hizo que todos temieran una inminente guerra nuclear;
los Estados de Europa ocidental estaban decididos a estrechar lazos económicos y políticos que ayudarían a prevenir otra guerra en Europa;
existía el deseo de crear leyes de aplicación internacional, como las relativas a los crímenes de guerra y el genocidio, y normas que pudieran ayudar a resolver pacíficamente las disputas territoriales;
existía el deseo de fomentar la cooperación global en las áreas de comercio, salud y educación mediante la creación de las Naciones Unidas;
se produjeron cambios sociales, como en los hábitos alimenticios, la moda y un aumento de los derechos y oportunidades para las mujeres;
innovaciones tecnológicas como el motor a reacción, el radar y las computadoras de propósito general.
Muerte y destrucción
Según el Museo Imperial de la Guerra, la Segunda Guerra Mundial provocó 60 millones de muertes. Esto se compara con los 11 millones de la Primera Guerra Mundial (1914-18). Nunca se sabrá el número exacto, debido al nivel de matanza, en la que participaron 56 naciones combatientes. El Holocausto mató a un estimado de 6 millones de judíos en los campos de concentración como Auschwitz, campos de trabajo y, a través de las acciones de los escuadrones móviles de la muerte o Einsatzgruppen. Otros grupos que también fueron objetivo en territorios controlados por la Alemania nazi fueron los romaníes, los testigos de Jehová y los comunistas, por nombrar tres de una lista muy extensa.
Los civiles representaron tal vez la mitad de los 60 millones de muertes. Un gran número de civiles murieron en sus hogares como resultado de campañas de bombardeo indiscriminadas realizadas por todos los bandos. Murieron más hombres que mujeres en la guerra, por lo que la proporción de sexos en algunas poblaciones cambió drásticamente, con un efecto consiguiente, aunque a corto plazo, en las tasas de fertilidad.
Las cifras de los heridos y lesionados son aún más difíciles de determinar. Había también diferentes tipos de damnificados, ya que a muchos de los que habían participado o habían sido víctimas del combate, bombardeos y atrocidades les resultó difícil superar el trauma mental de dichas experiencias. Para muchos soldados, reintegrarse a la sociedad no fue fácil.
Todos se habían visto obligados a trabajar juntos en el esfuerzo de guerra de su nación, por lo que las actitudes y oportunidades cambiaron.
Durante la guerra, millones de civiles huyeron de las zonas donde había combate de primera línea, mientras que más millones de personas eran trasladadas a la fuerza por los Gobiernos. Los judíos, en particular, escaparon de la persecución, cuando aún tenían la oportunidad, lo que llevó a miles mudarse a países como Estados Unidos, Argentina y Sudáfrica, por nombrar solo los tres destinos principales. En resumen, «los efectos desencajantesde la guerra de 1939-45 tuvieron repercusiones en la mezcla étnica y de nacionalidad en muchas regiones, acumulando material explosivo para conflictos aun sin resolver en la actualidad» (Dear, 227). Tales revueltas han dificultado el análisis estadístico preciso.
Muchas ciudades y pueblos sufrieron grandes daños físicos en edificios e infraestructuras. Los edificios dañados por bombas mantuvieron una imagen familiar en muchos lugares hasta los años 50. También hubo que reconstruir el transporte y las redes de comunicación que conectaban las diferentes localidades. Millones de niños perdieron a sus padres. Los sistemas de salud se vieron bajo presión. Se produjeron epidemias de enfermedades infecciosas. Durante la guerra, en muchos países se racionó la comida y la ropa, y esto continuó por años. Por ejemplo, en Gran Bretaña se racionó la ropa hasta 1949, mientras que la carne se racionó hasta 1954.
En algunos países, las sociedades experimentaron cambios internos debido a la guerra, a veces de manera positiva, como un incremento en la libertad de las mujeres. Por ejemplo, en Gran Bretaña las mujeres habían estado trabajando en fábricas de armas y habían asumido muchas de las tareas cotidianas que realizaban los hombres antes de alistarse en el Ejército. Todo el mundo se vio obligado a trabajar en conjunto por el esfuerzo bélico del país, lo que provocó cambios en las actitudes y oportunidades para las mujeres, la clase trabajadora, los pobres y los inmigrantes. Por el contrario, ciertas nacionalidades, como los alemanes y japoneses, se enfrentaron a prejuicios y desconfianza, a menudo acompañados de desplazamientos físicos. Los que eran considerados colaboradores de los antiguos ocupantes solían ser tratados con dureza. En algunos países, se responsabilizó a los líderes de sus actos en mayor grado. La alimentación cambió con la aparición de alimentos más prácticos y la moda pasó a ser más informal y más expresiva del estilo individual.
Los aliados vencedores de las democracias occidentales y la URSS totalitaria tenían muy poco en común.
Muchas sociedades también se beneficiarían de las innovaciones tecnológicas desarrolladas durante la guerra para uso militar, pero que después se adaptaron para fines más amplios. Algunos ejemplos son el motor a reacción para aviones comerciales, el caucho sintético para piezas de automóviles y neumáticos, y el radar para la predicción meteorológica. Además, se produjeron numerosos avances en medicina, como la mejora de las técnicas quirúrgicas, el tratamiento más eficaz de las infecciones bacterianas y un mayor uso de las transfusiones de sangre.
La remodelación de Europa: la Guerra Fría
Los aliados vencedores de las democracias occidentales y la URSS totalitaria tenían muy poco en común, y desde una posición de desconfianza alimentada por conceptos erróneos y mitos descarados, pronto surgió un sentimiento de hostilidad abierta. El primer punto de fricción importante fue el destino de Polonia. Este era el estado que Gran Bretaña y Francia habían tratado de proteger, por lo que declararon la guerra a Alemania cuando este país lo invadió. Sin embargo, el líder soviético, Iósif Stalin (1878-1953), ya tenía sus tropas en Polonia y Estados Unidos había sentado un precedente en Italia (luego en Japón) al establecerse que el Estado que conquistaba un territorio tenía entonces una especie de derecho exclusivo para controlarlo y excluir a otras potencias. Stalin también estaba decidido a conservar Polonia, ya que a menudo había sido la puerta de entrada por la que un Ejército europeo había atacado a Rusia. La trágica ironía era que el Estado por el que occidente había luchado no sería libre al final del conflicto. Sin embargo, Polonia era solo uno de los muchos Estados como Grecia y Turquía cuyo destino final estaba en juego; es decir, ¿formarían parte del bloque oriental o del occidental?
Mientras que en la mitad occidental de Europa se fomentaban las elecciones libres y democráticas, la mitad oriental se convirtió en la «zona exclusiva, un imperio satélite» de la URSS (Dear, 204). Alemania se dividió en oriental y occidental, con la URSS controlando la primera y la democracia restaurada en la segunda. La capital alemana, Berlín, se dividió en zonas y, por último, se construyó el Muro de Berlín en la ciudad para dividir las zonas este y oeste. La gran división entre Europa oriental y occidental fue descrita de forma memorable por el líder británico, Winston Churchill (1974-1965), en 1946 como el «telón de acero».
A través del Plan Marshall de 1947, Estados Unidos ayudó a los Estados de Europa occidental a reconstruir las economías después de los enormes costos de la guerra. También se fomentó la recuperación económica de Alemania occidental, considerada un paso necesario para que Europa se unificara más. Sin embargo, seguía existiendo la sospecha de que Alemania pudiera resurgir e intentar invadir de nuevo a sus vecinos. Una forma de intentar evitar esta eventualidad era incluir a Alemania en algún tipo de unión económica y quizás incluso política con otros países de Europa occidental. Esta idea de cooperación dio lugar a la Comunidad Europea, que, tras una expansión constante del número de miembros, se convirtió en lo que hoy conocemos como la Unión Europea.
Por el contrario, la otra mitad de Europa mantuvo a todos preocupados, tanto en el este como en el oeste. Para asegurar que el Imperio soviético no se expandiera hacia el oeste, Estados Unidos, ahora el Estado más poderoso y rico en la Tierra, instaló bases militares a través de Europa occidental, incluida mucha capacidad nuclear. Esto ocurrió a pesar de que, en 1945, el presidente Franklin D. Roosevelt (1882-1945), prometió a las tropas estadounidenses retirarse de Europa dentro de dos años después de haber concluido la guerra. Esta medida, junto a la promesa estadounidense de ayudar a los países democráticos a defenderse del comunismo (la doctrina Truman) y de la formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1949—un tratado de defensa mutua en caso de que un tercero atacara a alguno de sus miembros—convenció a la URSS de que Estados Unidos y sus aliados occidentales, tenían la intención real de atacar algún día la Unión Soviética. Esta desconfianza mutua condujo a la Guerra Fría, donde las dos superpotencias mundiales, ambas con capacidad nuclear para 1949, se disputaron el control de otros países, pero nunca se enfrentaron directamente. Detrás de todo el postureo y las guerras indirectas se encontraba el temor real de que una guerra nuclear entre las superpotencias provocara una destrucción y una pérdida de vidas inimaginable.
Los aliados hicieron grandes esfuerzos para restaurar el otro país derrotado más devastado: Japón. En el propio Japón, Estados Unidos estableció una ocupación (hasta 1952), que fue una dictadura virtual con un fuerte énfasis en el comercialismo. Al igual que Alemania, la economía japonesa se recuperó bien y superó sus capacidades anteriores a la guerra.
El Ejército japonés había invadido muchas colonias europeas en el sudeste asiático durante la guerra, pero el antiguo orden no se restableció, a pesar de algunos intentos serios por parte de países como Gran Bretaña, Francia y los Países Bajos. En la antigua Indochina francesa surgió un conflicto notable y duradero (que condujo a la guerra de Vietnam, 1955-1975).
En China, se reanudó la guerra civil, pero ganó el Partido Comunista Chino, que tomó el poder en 1949. Corea se dividió en dos países separados, Corea del Norte y Corea del Sur, en 1945. La división arbitraria a lo largo del paralelo 38 norte no ayudó a resolver los problemas más profundos, y cuando el Norte invadió el Sur, en 1950 comenzó la guerra de Corea, que enfrentó de forma indirecta a Estados Unidos y la URSS, ya que Estados Unidos apoyaba al Sur y la URSS al Norte.
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En Oriente Medio, África y el sur de Asia, el dominio colonial europeo se vio debilitado por la guerra y el proceso de descolonización, que ya se había iniciado en Estados como la India británica, aceleró. La India, por ejemplo, obtuvo su independencia en 1947. A mediados de la década de 1970, todos los Estados africanos eran independientes. En Oriente Medio, la creación del Estado de Israel en 1948 como hogar permanente para el pueblo judío y el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos hicieron que la región fuera más inestable que antes de la guerra, una situación que aún persiste en la actualidad.
Con el deseo de llevar ante la justicia a quienes se consideraba que habían iniciado la guerra y a quienes habían cometido crímenes durante ella, se celebraron varios juicios. Los juicios de Núremberg y los juicios por crímenes de guerra en Extremo Oriente no solo lograron estos objetivos, sino que también tuvieron otras dos consecuencias: se revelaron y documentaron los horrores de la guerra y se estableció un sistema mediante el cual se podían aplicar las leyes más allá de las fronteras nacionales. Por ejemplo, los crímenes contra la humanidad, como el asesinato de civiles durante la guerra, podían identificarse y restringirse mediante leyes que todas las naciones tenían interés en hacer cumplir.
En la misma línea, en octubre de 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con sede en Nueva York. Al igual que su predecesora, la Sociedad de las Naciones, se esperaba que esta organización contribuyera a prevenir las guerras, fomentando la diplomacia y estableciendo ciertas normas de conducta internacionales. La ONU también se diseñó como un medio para estrechar la cooperación entre las naciones en cuestiones clave como los derechos de los ciudadanos, la sanidad y la educación, ámbitos en los que ha tenido éxito. Por desgracia, las guerras han resultado difíciles de erradicar en los 80 años transcurridos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La esperanza de paz y estabilidad mundiales, tan fuerte cuando los horrores de la guerra estaban aún frescos en la memoria de millones de personas en 1945, sigue siendo un objetivo deseable, pero difícil de alcanzar.
Licenciada en Lengua Inglesa y egresada de Traducción e Interpretación bilingüe. Mis intereses principales son los idiomas, la evolución de la traducción, el arte, el cine y la subtitulación.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 05 marzo 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.