Las cartas han sido algo común entre la gente desde la invención del papel y la pluma, pero hasta 1840 no se introdujo una idea nueva según la cual la gente podía pagar por adelantado el coste de enviar la carta a su destinatario con un sello postal, el «Penny Black». Este sello británico sería el sello universal de un penique («Universal Penny Post»). Con este método, el destinatario ya no tenía que pagar a la persona que le entregaba la carta o pagar cantidades totalmente diferentes dependiendo de lo lejos que hubiese viajado la carta o durante cuánto tiempo. El sistema postal se volvió muy eficiente y, a un precio de un penique por sello, era un servicio que se podía permitir prácticamente todo el mundo.
Diseño del sello
En 1837, a Roland Hill se le ocurrió que un sello adhesivo pagado por adelantado se podía usar para todas las cartas, independientemente de su destino en las islas británicas. El gobierno adoptó la idea porque sin duda mejoraría los ingresos y ayudaría a costear un servicio postal más fiable y regular. El primer sello postal tenía un grabado del perfil de la reina Victoria y costaba un penique. El retrato de la reina aportaba cierta autoridad a estos pequeños trocitos de papel; el diseño recibió incluso la aprobación real. Además, las palabras POSTAGE («franqueo») y ONE PENNY («un penique») indicaban claramente el propósito y el precio de estos diminutos recibos de pago. El color del sello y su precio le dieron su familiar nombre: Penny Black («penique negro en inglés»). También había una versión de dos peniques, que era de un azul profundo. El Penny Black cubría el coste de entregar una carta de media onza (14 gramos) a cualquier parte de las islas británicas. Para cualquier cosa que pesara más de media onza tan solo había que poner más sellos en la carta.
El diseño del Penny Black se grababa en línea (también conocido como huecograbado) usando una placa de acero. Las letras en las esquinas inferiores variaban dependiendo de la posición de cada sello en la hoja de sellos impresos. Este sistema, que creaba 240 variaciones, estaba pensado para evitar la falsificación o la combinación y reutilización de las partes sin matasellos de sellos diferentes. El intricado diseño de la izquierda y la derecha del sello y el fondo también estaba pensado, como en los billetes, para dificultar la falsificación. Otra manera de evitar las falsificaciones consistía en añadir una marca de agua al papel, de manera que todos los sellos tenían una filigrana de una coronita.
El Penny Black tiene fama de ser una rareza, pero se imprimieron millones a medida que la idea del franqueo prepagado fue calando en la sociedad. A diferencia de hoy en día, que las oficinas postales nacionales de todo el mundo emiten series nuevas de sellos todos los meses, el Penny Black estuvo en funcionamiento desde mayo de 1840 a febrero de 1841. Los impresores llegaron a alcanzar una producción de 600.000 sellos al día. En total se imprimieron unos 68 millones de Penny Blacks; se estima que tan solo el 5% han llegado hasta nuestros días y la mayoría están en malas condiciones.
Sustitución por el Penny Red
El Penny Black fue un éxito rotundo, pero tenía ciertos problemas. Los directores de las oficinas de correos tenían que añadir una estampa de tinta para «matar» el sello postal y que no se pudiera volver a usar; es decir, que añadían el matasellos. Como el sello era negro, había que usar una tinta roja cara para matarlo o, si no, no se vería. La recomendación era una mezcla específica de rojo, pero a los oficinistas les costaba obtener las proporciones correctas. Además, un matasellos rojo mal aplicado resultaba difícil de ver, especialmente en las oficinas mal iluminadas de la época victoriana antes de la iluminación eléctrica. Por estas razones el Penny Black se sustituyó en un año por el Penny Red, que tenía un diseño muy parecido pero era de un color rojo parduzco. Con este cambio, los oficinistas podían utilizar estampas azules o negras para el matasellos y, lo que es más importante, era mucho más fácil detectar un sello usado. Algunos matasellos, como los de la Cruz de Malta (1840-1844) o los de ciudades particulares recortados a mano, se han convertido en objetos de colección.
Gran Bretaña no tardaría en adoptar otras tarifas universales, como las postales de medio penique, una tasa especial para paquetes y hasta una tarifa para enviar libros. El sistema de sellos y de franqueo universal funcionó tan bien que pronto lo adoptaron otros países, como por ejemplo Estados Unidos en 1847. El éxito de los sellos postales baratos provocó una explosión en la escritura de cartas y, desde finales de la década de 1840, también despegó la tradición de enviar tarjetas de Navidad. Otros derivados del nuevo sistema postal fueron la aparición de buzones en lugares públicos para enviar las cartas y de buzones en las casas particulares para recibirlas.
¿Cuánto vale un Penny Black?
El Penny Black no estaba perforado, así que no se podían separar sin más de la hoja de impresión; había que cortarlos con tijeras. Cada hoja contaba con 240 sellos dispuestos en 20 filas de 12 sellos. Los oficinistas de correos que los recortaban con más esmero y dejaban un borde claro alrededor son los que les han aportado un valor mucho mayor a estos sellos hoy en día en el mercado coleccionista. Del mismo modo, un Penny Black que siga pegado al sobre o incluso a un simple trozo del sobre suele valer más que los que se han separado. Un Penny Black sin usar vale mucho más que uno usado, que son mucho más comunes. El valor depende de la condición del papel (por delante y por detrás), el grosor y la pulcritud del margen blanco, y la claridad o apariencia estética del matasellos. Según un prestigioso comerciante de sellos de Londres, Stanley Gibbons, un Penny Black usado en buenas condiciones puede llegar a las 100 libras, mientras que uno sin usar puede llegar a las 13.000. Los precios son bastante más elevados con los ejemplos en muy buenas condiciones y los que se imprimieron con planchas de impresión menos utilizadas, de las cuales la más escasa de todas es la plancha 11.
