Caso Petticoat

Harrison W. Mark
por , traducido por Kathleen A. Mijares
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Peggy Eaton and the Petticoat Affair (by Unknown Artist, Public Domain)
Peggy Eaton y el caso Petticoat Unknown Artist (Public Domain)

El caso Petticoat, también conocido como Asunto Eaton, fue un escándalo político que estremeció Washington, D.C., desde 1829 hasta 1831, durante los primeros años de la presidencia de Andrew Jackson. La controversia giraba alrededor de la supuesta promiscuidad de Peggy Eaton, esposa del secretario de Guerra de Estados Unidos. Esta situación dividió el gabinete de Jackson y dio paso a una reestructuración del liderazgo del Partido Demócrata.

Contexto

Poco después de ganar la presidencia en las elecciones de 1828, el general Andrew Jackson se dispuso a formar su gabinete. Aparte de Martin Van Buren, un eminente político neoyorquino elegido como secretario de Estado, el gabinete presidencial consistía en figuras poco conocidas que se habían escogido principalmente por su lealtad a Jackson o por su odio hacia Henry Clay, el rival político de Jackson. La designación más trascendental de estas sería la de John Henry Eaton como secretario de guerra. Eaton, el exsenador por Tennessee, era un leal de Jackson desde hacía mucho tiempo y se había convertido en uno de los amigos más cercanos del general. Se conocieron en la milicia de Tennessee durante la guerra de 1812 y Eaton sirvió bajo Jackson en la famosa batalla de Nueva Orleans (8 de enero de 1815). En 1817, Eaton ya había terminado la primera biografía de Jackson, en la que elogiaba la carrera del general y defendía algunas de sus acciones más controvertidas. Basta decir que Eaton era una persona con la que Jackson sentía que podía contar; para Jackson, como un forastero de Washington que creía firmemente que la capital nacional estaba plagada de corrupción, este tipo de confianza era, de hecho, algo poco común.

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CON LA VISIÓN DE JACKSON DE UNA PRESIDENCIA FUERTE ENFRENTANDO AMENAZAS POR TODOS LADOS ES FÁCIL VER POR QUÉ VALORABA LA LEALTAD EN SU GABINETE.

La conclusión del nuevo presidente de que Washington era un estado corrupto no había surgido de la nada. A pesar de haber ganado el voto popular en las elecciones anteriores de 1824, Jackson había perdido contra John Quincy Adams, quien había logrado obtener más votos cuando la decisión final quedó en manos de la Cámara de Representantes. Un resentido Jackson atribuyó esto al estatus de Adams como un conocedor y conocido de Washington, una idea que se afianzó aún más cuando Adams nombró a Henry Clay como su secretario de Estado. Jackson y sus seguidores creían que Adams y Clay habían llegado a un «acuerdo corrupto» por el que Clay se instaló en el Departamento de Estado a cambio de su apoyo a Adams. Cuatro años después, Jackson volvió a enfrentarse a Adams en una elección presidencial que se volvió vitriólica y personal. Los partidarios de Adams llegaron muy lejos al calumniar el matrimonio de Jackson, afirmando que su esposa, Rachel Donelson Jackson, no estaba legalmente divorciada de su primer cónyuge cuando la pareja comenzó a vivir como marido y mujer. Profundamente angustiada por estas acusaciones de bigamia, Rachel murió de un infarto poco después de la victoria de su esposo en diciembre de 1828, una pérdida de la que Jackson culpó a sus oponentes políticos.

Para complicar aún más las cosas, Jackson se percató del disentimiento de su propio vicepresidente, John C. Calhoun. Mientras que Jackson era un firme unionista que buscaba expandir el poder presidencial, Calhoun era un ferviente defensor de los derechos de los estados, que recientemente había empezado a abogar por el derecho a la anulación, es decir, la habilidad de un estado para anular una ley federal que se considerara injusta. Con la economía del sur ahogada por el odiado arancel de 1828, conocido como el «Arancel de las abominaciones», y el cuestionamiento hacia la esclavitud convirtiéndose cada vez más en un problema regional, estados como Carolina del Sur, el estado natal de Calhoun, buscaban luchar contra el gobierno federal a través de la anulación, un paso que muchos ven como el precursor de la guerra de Secesión.

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Andrew Jackson
Andrew Jackson Ralph Eleaser Whiteside Earl (Public Domain)

Finalmente, Jackson vio oposición en el Segundo Banco de los Estados Unidos, una institución en ascenso que podía rivalizar con el gobierno federal como un centro de poder. Con la visión de Jackson de una presidencia fuerte enfrentando amenazas por todos lados, tales como los «corruptos» habituales de Washington, los que proponían los derechos de los estados y la anulación o los banqueros con poder, es fácil ver por qué valoraba la lealtad en su gabinete. Poco sabía él que los miembros del gabinete pronto tendrían que probar su lealtad en un escándalo que moldeó el desarrollo del inexperto Partido Demócrata. Todo empezaría con el secretario de Guerra, John Henry Eaton o, más específicamente, con su esposa.

Peggy Eaton

Es innegable que Margaret «Peggy» O’Neill era una mujer hermosa. Un contemporáneo la describió de una manera que evoca la imagen de la propia Venus:

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Su figura, de estatura media, recta y delicada, tenía proporciones perfectas…su piel…de un blanco delicado, teñido de rojo…su cabello negro, abundante, se agrupaba en rizos alrededor de su amplia y expresiva frente. Su perfecta nariz, de proporciones casi griegas, y unos labios finamente curvados, con un firme y redondeado mentón, completaban con un perfil de contornos impecables.
(citado por Meacham, 67)

Hija de un posadero, Peggy siempre había sido objeto de atención masculina. Recordando su juventud, ella mencionó que «llamaba la atención de hombres, jóvenes y mayores» desde que «llevaba pantaletas y rodaba aros» (ibidem). En 1816, cuando solo tenía 17 años, Peggy O’Neill se casó con John B. Timberlake, de 39 años, sobrecargo de la Marina de los Estados Unidos. Dos años después del matrimonio, los Timberlake trabaron amistad con John Eaton, quien, a sus 28 años, había sido elegido como senador. Eaton usó su influencia en el Senado para ayudar a Timberlake a pagar sus deudas y asignarlo al Escuadrón Mediterráneo.

De acuerdo con los rumores que circularon después, este acto de patronaje fue una excusa para sacar a Timberlake de la ecuación, mientras Eaton y Peggy tenían una aventura pasional. En abril de 1828, Timberlake murió en el mar y los detractores de los Eaton no tardaron en declarar que se cortó la garganta al enterarse de las actividades libidinosas de su esposa, a pesar de que los exámenes médicos concluirían que realmente murió de neumonía. En cualquier caso, John Eaton tomó como esposa a la viuda Peggy Timberlake el 31 de diciembre de 1829, lo cual despertó cientos de críticas, ya que comúnmente las viudas pasaban por largos periodos de luto antes de siquiera considerar un nuevo matrimonio. Sin embargo, Andrew Jackson siempre pensó que no había nada de malo con esta unión; de hecho, la propició, diciéndole a su amigo que «si amas a la mujer, y ella te acepta, cásate con ella sin dudarlo» (citado por Meacham, 68).

John Henry Eaton
John Henry Eaton James Barton Longacre (Public Domain)

Ahora, como esposa de un secretario del gabinete, Peggy Eaton se movía en los círculos más altos de la sociedad de Washington. Pero desafortunadamente, su amarga reputación la precedía. Más allá de los desagradables rumores que circulaban sobre su primer matrimonio y el apresudrado segundo, ella era conocida por ser bastante coqueta. Aunque la señora Eaton no negaría haber tenido sus amantes, «No afirmo ser una santa», escribiría, «y no pretendo ser un modelo de mujer de ninguna manera», las historias que contaban sobre ella eran sin duda difamatorias y ofendían las sensibilidades de la época. Por ejemplo, cuentan que una vez la señora Eaton pasó junto a un hombre en un pasillo sin reconocerlo, habiéndo olvidado que una vez habían dormido juntos. No ayudaba que Peggy podía ser un poco tosca en las conversaciones y a menudo discutía temas que se consideraban impropios para las mujeres, como la política.

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Las esposas de Washington se rebelan

Conscientes de sus propias reputaciones, las otras mujeres de Washington procuraron distanciarse de la escandalosa esposa de John Eaton. En la fiesta inaugural de Jackson, se rehusaron a hablar con Peggy Eaton. La Sra. Eaton hizo una visita de cortesía a Floride Calhoun, esposa del vicepresidente. Aunque la Sra. Calhoun la recibió, se negó a corresponder a la cortesía visitando a los Eaton, lo cual habría sido apropiado. En cambio, los Calhoun se fueron a Carolina del Sur poco después, dejando la idea de que Peggy Eaton fue despreciada por una de las más destacadas mujeres de la nación. Esto animó a otras mujeres de importancia a ignorar la existencia de los Eaton. Los involucrados en esta campaña anti-Eaton incluían a la mayoría de esposas de otros miembros del gabinete, así como Emily Donelson, la sobrina de Jackson que fungía como primera dama de EE. UU.

Para un lector moderno, la decisión de las esposas de esquivar a Peggy Eaton puede resultar poco feminista. Después de todo, estaban rechazando a una mujer basándose en su historial sexual. Pero tal y como explica el historiador Daniel Walker Howe, estas mujeres creían estar defendiendo «los intereses y el honor de las mujeres». De acuerdo con Howe:

Ellas creían que ninguna mujer responsable debía darle favores sexuales a un hombre que no le aseguraba el apoyo que venía con el matrimonio. Una mujer que rompía este pacto era considerada una amenaza para las demás. Motivaba a los hombres a hacer avances que no eran bienvenidos. Por ende, debería ser condenada severamente incluso si esto significaba aplicar un doble estándar de moralidad más estricto para las mujeres que para los hombres… la mujer que tenga el coraje de [pararse frente] a Andrew Jackson y [arriesgar] la carrera de sus esposos, insistían que el expediente político no debería controlar el principio moral.

(338)

Cuando se enteró del rechazo de las esposas a los Eaton, el presidente Jackson se enfureció por diversas razones. A nivel personal, él estaba herido por los tremendos ataques de sus enemigos contra su propio matrimonio, que seguía creyendo que causaron la muerte de su querida Rachel. Esto puede haber sido suficiente para apoyar a John Eaton, quien, después de todo, siempre había sido un amigo fiel. Pero algo más importante aún era que esta situación estaba causando divisiones dentro del gabinete, algo que una figura de control como él no podía tolerar. Si él no podía lograr que los miembros de su gabinete hicieran las paces, ¿cómo podía esperar superar a Henry Clay, a los bancos o a los estados errantes como Carolina del Sur? Jackson ya había instado en varias ocasiones a su gabinete a que forzaran a sus esposas a hacer las paces con los Eaton. Cuando esto no sucedió, empezó a sospechar que influencias externas como Clay, o quizá incluso el vicepresidente Calhoun, estaban provocando estas divisiones en su gabinete.

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EL PRESIDENTE LES DIJO A SUS SECRETARIOS QUE LOS RUMORES SOBRE PEGGY EATON ERAN FALSOS Y DEBÍAN SER SILENCIADOS.

El 29 de septiembre de 1829, Jackson inició una reunión en donde esperaba resolver este problema de una vez por todas. El presidente les dijo a sus secretarios que los rumores sobre Peggy Eaton eran falsos y debían ser silenciados. Cuando Jackson recibió contrapunteos al respecto, perdió la calma y gritó que Peggy Eaton era «¡tan casta como una virgen!» (Meacham, 115). Como era de esperar, cuando acabó la reunión, ninguna opinión respecto a Peggy había cambiado. En los meses siguientes, el asunto Eaton se volvió un dolor de cabeza y tomó gran parte del tiempo de Jackson. En una ocasión, Emily Donelson, embarazada y a punto de desmayarse, hizo una escena al rechazar la ayuda de Peggy. El odio que Donelson mostró por los Eaton provocó que al final Jackson la mandara de vuelta a Tennessee, reemplazándola por su hijastra Sarah Yorke Jackson. En otra ocasión, John Eaton buscó satisfacer el honor de su esposa al retar a duelo a dos de sus detractores, el secretario del Tesoro y el pastor de la Iglesia Presbiteriana de Washington, ambos declinados. Mientras tanto, el escándalo empezó a propagarse, y la antigua primera dama Louisa Adams declaró que los alegatos en contra de Peggy «eran tan públicos que sus sirvientes los estaban comentando en la hora del té» (ibidem). Si Jackson quería restablecer la paz en su gabinete, debía hacer algo, y rápido.

El pequeño mago

Mientras que la mayoría de las esposas de los secretarios del gabinete de Jackson los estaban empujando a ser anti-Eaton, el secretario de Estado Martin Van Buren, que era viudo, no tenía estas restricciones. Van Buren era un hombre astuto que parecía disfrutar el juego de la política; apodado el «Zorro de Kinderhook» o el «Pequeño Mago», había descifrado la máquina política que había llevado a Jackson a la Casa Blanca. Ahora, Van Buren se estaba disputando con el vicepresidente Calhoun para asegurar el puesto como sucesor de Jackson a la presidencia. Veía el asunto Eaton como una oportunidad para favorecer su reputación a los ojos del presidente, mientras disminuía simultáneamente la de Calhoun, quien, a través de las acciones de su esposa, ya estaba asociado con los anti-Eaton. Así que, al notar el apoyo de Jackson hacia los Eaton, Van Buren se hizo eco de este apoyo también. Fue una decisión trascendental; James Parton, que escribió en la década de 1860, aseveró que «la historia política de los Estados Unidos de los últimos treinta años se remonta al momento en que la suave mano del señor Van Buren tocó la aldaba de la señora Eaton». (citado por Howe, 339).

Martin Van Buren, 1830
Martin Van Buren, 1830 Francis Alexander (Public Domain)

A lo largo de 1930, Van Buren se fue ganando la confianza del presidente al mostrar su apoyo a los señores Eaton. Pero al mismo tiempo, el «Zorro de Kinderhook» sabía que el escándalo no iba a terminar mientras que John Eaton permaneciera en el gabinete. Así que, en la primavera de 1831, ideó un plan que le reveló a Jackson durante una de sus corridas a caballo fuera de la ciudad. Era bastante simple, todos los secretarios debían dimitir voluntariamente para permitir que el presidente construyera su gabinete desde cero y pusiera fin al obstáculo de su administración. Aunque inicialmente Jackson tenía sus reservas, pronto dio su consentimiento a la idea, ya que era una de las pocas maneras en las que podía poner fin al escándalo manteniendo las apariencias. Van Buren tomó la delantera y fue el primero en renunciar, confiado en que su sacrificio sería recompensado. Eaton fue el siguiente; a pesar de las protestas de Peggy para que mantuviera su posición,Van Buren convenció a John Eaton de buscar un cargo electo en Tennessee y dejar atrás los dolores de cabeza del gabinete. Los otros secretarios también fueron forzados a renunciar, con la única excepción de William Barry, el director general de correos; esto se debió a que el director de correos no era técnicamente parte del gabinete del presidente, pero en realidad fue la recompensa de Barry por mantener a su esposa bajo control.

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Las dimisiones se anunciaron el 20 de abril de 1831 en el Washington Globe, el periódico vocero de la administración de Jackson. La noticia se propagó por toda la nación como un reguero de pólvora; para muchos de los que estaban fuera de Washington, fue su primera indicación de que había habido algún escándalo. Incluso en ese momento, estaba claro qué Van Buren había sido el actor intelectual de la purga del gabinete, y un periódico llegó a escribir: «Bien puede el Sr. Van Buren ser llamado "El Gran Mago" porque levanta su varita, y todo el gabinete desaparece» (citado por Howe, 339). Pero, evidentemente, las renuncias eran solo la primera parte del plan de Van Buren; para elevarse, debía derribar a Calhoun. Encontró la oportunidad para pasar a la siguiente fase cuando, en la reorganización de los miembros del gabinete y del personal, William Lewis se convirtió en el secretario privado preferido de Jackson. Casualmente, Lewis también era un confidente de Van Buren y no tenía escrúpulos en mostrarle al presidente cartas que revelaban que Calhoun había criticado la conducta de Jackson durante su invasión de Florida en 1817. Para Jackson, quien ya culpaba del asunto Eaton a Calhoun y su esposa Floride, esto era prueba suficiente de que su vicepresidente estaba poniéndose en su contra. «En este preciso momento», declaró Jackson, «[he visto lo que] prueba que Calhoun es un villano» (citado por Howe, 341).

Conclusión

Si el caso Petticoat hubiera sido únicamente un escándalo sexual de la Casa Blanca, habría sido una anécdota histórica interesante, aunque no de mucha importancia. No obstante, este asunto tuvo consecuencias que moldearon la historia política de los Estados Unidos durante las siguientes décadas. Lo más importante es que solidificó la posición de Martin Van Buren dentro del favor de Jackson, mientras que disminuyó la de Calhoun. Por esa época, Jackson escribió:

Ahora conozco tanto a Van Buren como a Calhoun. Se que el primero es un republicano puro que ha trabajado con un enfoque único en promover los mejores intereses de su país; mientras que el otro, movido por una ambición egoísta, ha empleado en secreto todos sus talentos en intriga y falsedad para destruirnos y deshonrar mi administración. El complot ha sido desenmascarado.

(citado por Howe, 341).

Así las cosas, Van Buren se convirtió en el heredero aparente de Jackson. De hecho, Van Buren reemplazó a Calhoun como vicepresidente durante el segundo mandato de Jackson y acabaría ascendiendo a la presidencia en 1837. Calhoun, mientras tanto, continuaría su lucha por los derechos de los estados fuera de la administración y se enfrentaría al gobierno federal durante la Crisis de la Anulación de 1832-33. Pero, aunque la reestructuración de las dinámicas de poder dentro del Partido Demócrata de Jackson sigue siendo el resultado más destacado del caso Petticoat, Howe afirma que hubo consecuencias más sutiles:

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[El asunto] tuvo lugar en un momento en que el comportamiento sexual estaba siendo reevaluado por los estándares que ahora catalogamos como «victorianos», que enfatizaban un mayor control de los impulsos y una estricta responsabilidad personal. Jackson no desafió directamente la moralidad sexual convencional; él se presentó a sí mismo como un defensor de la pureza femenina. No obstante, su postura en nombre de Margaret Eaton… quiso alinear al Partido Demócrata con aquellos (principalmente hombres) que resistieron las demandas que se hacían en el siglo XIX (especialmente por mujeres) para un código de moralidad sexual más estricto… [esto] puede explicar por qué la oposición de Jackson, en los años siguientes, podría contar con más apoyo de los grupos de mujeres que de los demócratas.

(342)

Por tanto, la importancia del caso Petticoat fue dar a Jackson un mayor control sobre su gabinete, reorganizar el liderazgo del Partido Demócrata y examinar la moral sexual y el lugar de las mujeres en la sociedad en una época que se estaba volviendo cada vez más «tradicional» en sus estándares morales. Sigue siendo un capítulo colorido en la historia política de los Estados Unidos.

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Preguntas y respuestas

¿Qué fue el caso Petticoat?

El caso Petticoat, también conocido como Asunto Eaton, fue un escándalo político que tuvo lugar en Washington, D.C. de 1829 a 1831, en el cual las mujeres de Washington se rehusaron a asociarse con Peggy Eaton, esposa del secretario de Guerra, debido a su historial sexual. El escándalo dividió el gabinete de Andrew Jackson e impulsó una reorganización del liderazgo.

¿Por qué Andrew Jackson apoyó a Peggy Eaton?

Andrew Jackson apoyó a Peggy Eaton durante el escándalo porque su situación le recordaba a las calumnias que enfrentó su esposa, Rachel, y porque él veía todo este asunto como una prueba de lealtad para los miembros de su propio gabinete.

¿Cómo terminó el caso Petticoat?

El caso Petticoat terminó cuando Martin Van Buren, secretario de Estado, convenció a todos los miembros del gabinete del presidente Jackson para que dimitieran. Esto favoreció la reputación de Van Buren a los ojos de Jackson y lo llevó a su elevación a la vicepresidencia y, en última instancia, a la presidencia en sí.

Sobre el traductor

Kathleen A. Mijares
Kathleen A. Mijares es una traductora voluntaria. Cree firmemente que comprender nuestro pasado colectivo nos ayuda a entender el presente y nos guia hacia el futuro, una convicción que la motiva a continuar con su trabajo.

Sobre el autor

Harrison W. Mark
Harrison Mark es historiador y escritor en World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, H. W. (2025, octubre 02). Caso Petticoat. (K. A. Mijares, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24170/caso-petticoat/

Estilo Chicago

Mark, Harrison W.. "Caso Petticoat." Traducido por Kathleen A. Mijares. World History Encyclopedia, octubre 02, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24170/caso-petticoat/.

Estilo MLA

Mark, Harrison W.. "Caso Petticoat." Traducido por Kathleen A. Mijares. World History Encyclopedia, 02 oct 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24170/caso-petticoat/.

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