La guerra civil rusa (1917-1922) comenzó poco después de la Revolución bolchevique de noviembre de 1917. Los bolcheviques (Guardia roja) se vieron inmediatamente en conflicto con varias fuerzas disidentes que se oponían a sus políticas, como la abolición de la monarquía, la redistribución de tierras entre los campesinos y la retirada rusa de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Los antibolcheviques no formaban una unidad, dado que integraban una amalgama de conservadores, monárquicos, aquellos a favor de políticas de derecha o centristas, y miembros de las Fuerzas Armadas (Movimiento blanco), grupos militantes campesinos (Ejércitos verdes) y anarquistas (Ejércitos negros); así como también miembros de grupos socialistas rivales y potencias extranjeras, en especial Japón, Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos. Los bolcheviques, quienes se autonombraban como Partido Comunista desde 1918, finalmente ganaron la guerra a costa del padecimiento de millones de personas a lo largo del antiguo Imperio ruso en materia de desempleo, hambrunas y la pérdida de vidas humanas.
Fechando la guerra
No hay consenso entre los historiadores acerca de cuándo en verdad comenzó la guerra civil. Algunos apuntan a la violenta represión llevada a cabo tras la revolución por los bolcheviques contra la oposición, que ocurrió entre noviembre de 1917 y mayo de 1918. Mientras que otros, prefieren situar el inicio de la guerra en la revuelta de la Legión checoslovaca en mayo de 1918. También se ha instaurado un debate en cuanto al final de la contienda; algunos investigadores prefieren situarlo en 1920, cuando finalizó la intervención extranjera en el oeste. En tanto otros lo señalan tras el sofocamiento de la Rebelión de Kronstadt en 1921. Incluso algunos lo sitúan en el tardío octubre de 1921, cuando las fuerzas japonesas se retiraron de Siberia y el Gobierno pudo al fin proclamar su control total sobre todos sus territorios. En 1922, se declaró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Los bolcheviques y su Guardia roja ganaron la guerra civil debido a varios factores, tales como la superioridad numérica de sus fuerzas armadas, suministros y reclutas producto del dominio sobre las poblaciones más numerosas y las dificultades del Ejército blanco causadas por verse obligadas a solamente ejercer control sobre la periferia del territorio ruso, mientras que el Gobierno bolchevique continuó dominando las áreas industriales y utilizando las redes ferroviarias de forma eficaz para movilizar a sus tropas hacia las zonas donde más fueran requeridas. La ciudadanía se vio estrictamente controlada por el Estado bolchevique que buscaba asegurar su lealtad a lo largo de la guerra civil, incluso cuando esta eventualmente se tornaba adversa. Hubo varios episodios considerables de revueltas que al administración soviética aplastó de manera brutal. El bolchevismo expandió su popularidad debido a ciertas políticas (al menos durante las fases tempranas de la guerra), como la redistribución de las tierras de las clases pudientes entre el campesinado, el incremento del poder de los trabajadores y la salida de la Primera Guerra Mundial.
Los ejércitos blancos distaban mucho de ser unidos y solamente disponían de redes de transporte precarias. Sus ataques a Rusia se daban en varios frentes lejanos entre sí, lo que devenía en posibilidades casi nulas de llevar a cabo una incursión combinada en lo profundo del territorio enemigo. A pesar de que el Movimiento blanco recibía suministros y armas del extranjero, no logró ganarse a las poblaciones locales dado que sospechaban que las intenciones blancas apuntaban a restaurar al odiado régimen zarista y su gobierno antidemocrático e imperialista, junto a un campesinado empobrecido. Esta era una verdad a medias, aunque algunos si perseguían ese objetivo, muchos blancos promovían las ideas de la democracia, siempre y cuando no fuera de corte comunista. Para muchas personas comunes y corrientes, el Movimiento blanco solo representaba a la clase privilegiada. Además, los consideraban antipatriotas por su relación con las potencias extranjeras (un punto de vista perpetuado por los bolcheviques).
LOs bolcheviques alcanzaron la popularidad entre el campesinado y la clase obrera gracias a la promesa de reformas socialistas.
Los Ejércitos verdes, que estaban constituidos por varios grupos militantes campesinos, no mostraban gran entusiasmo por unirse a los blancos ni a los rojos, dado que ambos amenazaban sus tierras y cosechas. Sin embargo, su acotado poderío militar obligaba al campesinado a unirse a las filas del bando que dominara la región donde estuvieran sus tierras de cultivo. Al final, el comunismo explotó a los campesinos para proveerle alimento a la nación, incluso cuando su método se tornó tan brutal que removió los incentivos para las granjas y condujo a la escasez de alimento y consiguientes hambrunas. Puede que los comunistas ganasen la guerra, pero sumieron a Rusia y a los estados de su antiguo imperio en la ruina en el proceso.
¿Por qué comenzó la guerra?
En noviembre de 1917, los bolcheviques, socialistas radicales dirigidos por Vladímir Lenin, instauraron su propio Gobierno por la fuerza, reemplazando al moderado Gobierno provisional, que gobernaba Rusia sin éxito desde la abdicación del zar Nicolás II en marzo de 1917. Los bolcheviques alcanzaron gran popularidad entre el campesinado y la clase obrera gracias a la promesa de reformas socialistas, pero distaban de convencer a la mayoría de los rusos de que un Estado apoyado en el proletariado era el camino a seguir. Los monárquicos aún anhelaban el regreso del zar, o su heredero, al trono. Otros socialistas, como los mencheviques y los social-revolucionarios, no se adherían a la visión del bolchevismo acerca de una nueva Rusia revolucionaria.
El Gobierno provisional contaba con el apoyo de muchos sectores de la clase media, la clase alta y la Iglesia ortodoxa rusa. El Gobierno bolchevique separó formalmente al Estado de la Iglesia en febrero de 1918, esta ya no podría poseer propiedades, muchos obispos y sacerdotes fueron encarcelados y se prohibió la educación religiosa en las escuelas. En respuesta a esta agresión, muchas personas de diversos espectros políticos colmaron las iglesias de una forma nunca antes vista. Otro frente de oposición surgió de varios movimientos nacionalistas, como los que se encontraban en el Báltico, Ucrania y las regiones bajo dominio cosaco, que se mostraban firmes ante la idea de instaurar sus propios Gobiernos. Por último, también seguía vigente el asunto de la Primera Guerra Mundial. Los bolcheviques habían prometido salir del conflicto lo antes posible, mientras que otros grupos querían permanecer en el mismo para evitar los duros términos que constituirían un tratado de paz con Alemania. Mientras que las potencias extranjeras, como Gran Bretaña y Francia, querían que Rusia, su aliada, continuara participando en el conflicto. Francia además buscaba recuperar deudas rusas. Japón, por su parte, estaba deseoso de sacar provecho del caos invadiendo la mayor parte posible de Siberia.
El bolchevismo era completamente consciente de la variada y poderosa oposición que tenía delante y estaba determinada a imponerse sobre esta, incluso aunque la guerra civil fuera una consecuencia inevitable de sus políticas. Así como nos lo menciona el historiador H. Shukman:
Puede parecer inapropiado culpar a los bolcheviques por la guerra civil, dado que fue impulsada por sus adversarios a pesar de todo. Sin embargo, la consigna bolchevique impulsaba a «tornar la guerra imperialista en una guerra civil». Por lo que adoptaron deliberadamente políticas que hacían que la guerra civil fuera inevitable.
Para marzo de 1918, teniendo más o menos asegurado el control de ciudades clave a lo largo del Imperio ruso, el régimen bolchevique hizo definitiva su salida de la Primera Guerra Mundial. La firma del Tratado de Brest-Litovsk con Alemania, en el 3 de marzo, selló el logro. Los términos del tratado eran tan severos que llevaron a algunos socialistas a exigir que se retomase la lucha, pero la realidad era que el Ejército alemán estaba avanzando prácticamente sin ninguna oposición. De hecho, consideraron que Petrogrado (San Petersburgo) seguía bajo amenaza, por lo que Lenin trasladó la capital a Moscú el 10 de marzo. Bajo los términos del tratado de paz, la Rusia soviética se vio obligada a ceder Ucrania, el este de Polonia, Finlandia, las provincias bálticas (Letonia, Lituania y Estonia), Bielorrusia y otros territorios a Alemania, mientras que el Cáucaso pasó a manos turcas. El Imperio ruso perdió el 34 por ciento de su población y el 32 por ciento de sus tierras agrícolas (Wood, p. 51). Por lo menos ahora, al poseer un territorio mucho menos extenso, los bolcheviques tenían más posibilidades de llevar a cabo la defensa de este.
HABÍA UNA GRAVE ESCACEZ EN EL SUMINSITRO DE ALIMENTOS, QUE LLEVÓ AL RACIONAMIENTO Y A HAMBRUNAS.
Los antiguos aliados de Rusia en la Gran Guerra estaban furiosos ante la capitulación de Lenin en Brest-Litovsk. Con la esperanza de reemplazar al régimen soviético y lograr el regreso de Rusia al conflicto, Gran Bretaña, Francia, los Estados Unidos y otros apoyaron a los opositores de los bolcheviques. Sin embargo, en todos esos países, la población se encontraba extremadamente harta de las guerras tras experimentar los horrores de la Primera Guerra Mundial, por lo que la intervención del oeste en la guerra civil rusa fue limitada. Los generales zaristas, quienes comenzaron a organizar una oposición armada contra los bolcheviques, pasaron a ser conocidos como el Movimiento blanco y recibieron apoyo de las potencias extranjeras, aunque fue acotado. Entre las otras fuerzas involucradas, estaban incluidos los socialistas no bolcheviques y los nacionalistas locales que pelearon por sus propios intereses. Los anarquistas, de los cuales algunos apoyaban a los rojos y otros se les oponían, eran conocidos como los Ejércitos negros. Los campesinos radicales, Ejércitos verdes, completaban este caótico caleidoscopio de alianzas cambiantes que conformaban los grupos en conflicto, unos contra otros, por el control de varios retazos del despedazado Imperio ruso.
Comunismo de guerra
Para poder hacer frente a las amenazas, tanto internas como externas, el Gobierno bolchevique adoptó una política llamada comunismo de guerra. Esta se impuso a partir del verano de 1918 e involucró políticas impopulares, tales como reclutamientos forzosos y requisas de grano. Otras medidas draconianas incluyeron extender la jornada laboral a 11 horas, haciendo el trabajo obligatorio para cualquier hombre apto físicamente de entre 16 y 50 años e imponiendo penas para los trabajadores considerados perezosos. La consecuencia de aquello fue la migración en masa de las ciudades al campo, donde los tentáculos del régimen bolchevique tenían un alcance menor sobre la vida cotidiana.
En el campo, los campesinos vendían sus granos en el mercado negro o simplemente escondían su cosecha de las autoridades. La inquietud del campesinado se disparó, especialmente en Ucrania y en la provincia de Tambov. El bolchevismo vivió una crisis similar en las ciudades, donde los obreros iniciaron huelgas en protesta por el aumento descontrolado de la inflación que redujo el poder adquisitivo de sus salarios a una tercera parte de lo que representaban antes de la guerra. Había una grave escasez de productos alimenticios, por lo que la comida tuvo que ser racionada. La economía se encontraba en caída libre, con un fuerte decaimiento de la producción industrial propiciada por la falta de combustible y materias primas. El desempleo alcanzó niveles más altos dado el cierre de la industria bélica tras la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial.
Los bolcheviques perdieron el control de toda la flota rusa, con excepción de la flota del Báltico que se convirtió en parte de lo que se conocería como la Marina roja. En la práctica, los enemigos de los bolcheviques no hicieron uso de su poderío naval en ninguna instancia. La mayor parte de los combates de la guerra civil se dieron en tierra y se valieron en gran medida de las redes ferroviarias. El Ejército rojo, comandado por León Trotski, ganó fuerza a medida que el conflicto avanzó; de contabilizar 500.000 soldados en 1918, pasó a 3 millones en 1919 y llegó a los 5 millones (incluidas 60.000 mujeres) para junio de 1920. Todo bajo el firme control de 180.000 comisarios del partido y la Checa, la policía secreta del bolchevismo. El Ejército rojo se benefició del excelente uso que le dio el Gobierno a la red ferroviaria, que permitía desplegar fuerzas donde más fueran necesarias. Sus adversarios, en cambio, tenían acceso a una red ferroviaria limitada en la periferia del corazón de Rusia.
El levantamiento checo
Los cuerpos checoslovacos agrupaban a 40.000 hombres, la mayoría prisioneros de guerra austrohúngaros. Tras el Tratado de Brest-Litovsk estos cuerpos estaban abriéndose camino hacia el frente occidental, pero se volvieron en contra del régimen bolchevique y tomaron grandes franjas de territorio a lo largo del río Volga. En septiembre, el Ejército rojo se encontraba mejor organizado en su línea del frente y contaba con el apoyo adicional de fusileros letones, que posibilitó la recuperación de algunos territorios. Mientras tanto, las fuerzas aliadas realizaron sus primeras ofensivas en la guerra, llegando a Múrmansk, Vladivostok, Arcángel y Bakú. Además, en 1918, los cosacos antibolcheviques, quienes eran jinetes muy experimentados, llevaron a cabo incursiones a través de Ucrania y hubo un enfrentamiento por el control de Tsaritsin (que luego se llamó Stalingrado y actualmente se la conoce como Volgogrado). Los rojos, comandados por Iósif Stalin en persona, mantuvieron el control de la ciudad mayormente gracias a su superioridad numérica, pese al hecho de enfrentarse a los cosacos armados por Alemania.
En julio de 1918, las esperanzas de los imperialistas anti bolcheviques sufrieron una estocada mortal. Una fuerza checa había logrado hacerse con el control de Ekaterimburgo (Yekaterimburgo), donde el antiguo zar se encontraba prisionero. Ante este hecho, Lenin ordenó la ejecución de Nicolás y su familia, El asesinato de los Romanov fue quizás el episodio más infame de la guerra civil. Ese mismo año, hubo un intento fallido de asesinar a Lenin que fue utilizado por el Gobierno para propiciar el terror colectivo. La policía secreta comenzó con arrestos aleatorios hacia todo aquél que fuera sospechoso de estar en contra del Bolchevismo o la guerra, incluidos miembros de facciones socialistas rivales y huelguistas. Esta ola brutal de represión estatal se conoció como el «Terror rojo». También hubo un «Terror blanco» que, a diferencia de su contraparte roja, fue menos sistemático, pero aun así provocó atrocidades y masacres, especialmente de los que consideraban comunistas o judíos.
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Ninguno de los ataques periféricos llevados a cabo en 1918, período usualmente considerado como una contrarrevolución, puso en grave peligro al corazón de Rusia. En pocas palabras, el régimen bolchevique aún controlaba una vasta extensión de territorio y contaba con una población de 60 millones para llevar a cabo reclutamientos. Con un personal que superaba el medio millón, el Ejército rojo mantenía una ventaja numérica significativa sobre sus enemigos, que no haría más que incrementar con el paso del tiempo.
Blanco contra rojo
Alemania y Austria-Hungría perdieron la Gran Guerra en noviembre 1918, y el Ejército rojo, a menudo en conjunto con partisanos reclutados localmente, sacó provecho de la oportunidad para iniciar su ofensiva, particularmente en los Estados bálticos, Bielorrusia y Ucrania. En 1919, las fuerzas anticomunistas incluyeron tropas aliadas, alemanas, polacas, escandinavas y provenientes de otros Estados y provincias de la antaño Rusia zarista. Los principales comandantes blancos fueron el general Lavr Kornilov, el antiguo comandante supremo del Ejército ruso; el general Anton Denikin en el sur y el almirante Aleksandr Kolchak en el este.
El combate fue implacable e incierto en Crimea, pero en otros lugares el Ejército rojo ya se había hecho con una serie de triunfos. Una ofensiva francesa en Odesa en la primavera de 1919 se vio truncada. Las fuerzas blancas en el Báltico y Bielorrusia llevaron a cabo algunas conquistas. Muchas ciudades grandes cambiaron de bando varias veces. En los Urales, el Ejército rojo barrió a las fuerzas blancas y las privó de su base industrial. En el gélido norte, un pequeño contingente británico resultó ser completamente incapaz en la tarea de capturar y conservar Múrmansk y Arcángel. Las fuerzas británicas se batieron en retirada en el otoño de 1919, y para la primavera de 1920, el Ejército rojo había erradicado la presencia militar blanca en la región. Hacia finales de 1919, la amenaza blanca en el Báltico también había sido desbaratada. De aquí en adelante, Finlandia y los Estados bálticos adoptaron una postura neutral ante el conflicto. En el oeste, Rusia se vio en una ardua guerra con Polonia, que cesó mediante un armisticio en octubre de 1920, en el que Polonia recibió partes de Ucrania y Bielorrusia.
El régimen sufrió sus peores derrotas en el Cáucaso, a pesar de contar con amplia superioridad numérica. La región que conllevó más dificultades para el Gobierno bolchevique a la hora de someterla fue el sur, especialmente Ucrania con sus huestes cosacas. Los blancos, beneficiándose del uso de tanques británicos y las complicaciones logísticas que sufrían las extensas líneas de suministros del Ejército rojo, tomaron el control de la estratégica ciudad de Járkov (Kharkiv), y luego de Kursk. La posibilidad de una ofensiva contra Moscú se tornó real. Pero, como sucedió y sucederá tantas veces, la vasta escala de la geografía rusa se convirtió en la perdición del ejército atacante. A medida que las líneas de suministros del Ejército blanco se estiraban demasiado al internarse en territorio ruso, las tropas bolcheviques pudieron contraatacar y flanquear a su enemigo. Otro punto débil del Ejército blanco era su incapacidad de ganarse a la población local y establecer un Gobierno local efectivo. En el último mes de 1919, el contingente blanco se vio obligado a forzar su retirada, y con ello se dio la pérdida del corazón del territorio cosaco. Mientras tanto, los Aliados fallaron en su iniciativa de proveer de soldados suficientes a la causa blanca. La mayor parte del apoyo aliado se materializó en forma de suministros de armas y, cuando las potencias occidentales llevaron a cabo una intervención militar, esta fue a pequeña escala y con operaciones planeadas de forma deficiente que llevaron a resultados insignificantes, más allá de servir a los blancos a modo de propaganda de que ellos eran los que estaban luchando por la independencia de la Madre Rusia. Los blancos abandonaron Siberia en otoño de 1920, mientras que Crimea fue abandonada en noviembre. El último territorio «blanco» en caer en manos rojas fue el Lejano Oriente, tras la retirada japonesa de la guerra hacia el final de 1922.
Consecuencias y legado
Alrededor de 800.000 soldados perdieron la vida en la guerra civil rusa, pero, además, 5 millones de civiles fueron asesinados. Si se consideran a las víctimas de las hambrunas y de las terribles epidemias de este período (cólera, tifus, fiebre tifoidea y gripe española), algunos historiadores sitúan el número total de muertes durante la guerra en torno a los 14 millones de personas. En términos del impacto económico, la guerra civil causó un efecto extremadamente negativo tanto sobre los estándares generales de vida, como sobre la infraestructura del país y su producción industrial; esta última se hundió dos tercios por debajo de los niveles anteriores a la Primera Guerra Mundial.
En un intento desesperado de revivir una economía agonizante, Lenin llegó a un acuerdo dentro de su ideología e incitó nuevos aproximamientos económicos.La Nueva Política Económica de Lenin presentó medidas a favor de la iniciativa privada. Hubo una reactivación de la economía, pero, para compensar la reinstauración de ciertos aspectos del capitalismo, el Partido Comunista se tornó todopoderoso, esperando el momento oportuno para dar el siguiente paso hacia medidas más profundas, tales como granjas colectivas y la implementación de una economía completamente planeada. La intervención de un Estado severo y militarizado en la vida cotidiana de las personas se había convertido en moneda corriente durante la guerra civil y, pese a las revueltas contra las olas de terror ejercidas por la policía secreta, esta política se volvió una seña particular del Partido Comunista y su puño de hierro con el que se aferraba al poder.
A largo plazo, la guerra civil rusa ocasionó una desconfianza duradera entre el régimen soviético y las potencias occidentales. El material y apoyo financiero brindado a los grupos antibolcheviques, así como la propaganda resultante, influyeron en el pensamiento tanto de los políticos como de la población en general. Esta desconfianza mutua tuvo consecuencias antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando la URSS se vio obligada a firmar el Pacto nazi-soviético con Alemania, y se prolongó en la política mundial de las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial con el desarrollo de la Guerra Fría entre la URSS y los Estados Unidos y sus respectivos aliados.
Estudiante de Traducción (inglés–español) y voluntario. Colabora con Calm Minds Initiative y Translators Without Borders, donde realiza traducción y proofreading de contenido educativo y humanitario para audiencias diversas.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 22 septiembre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.