John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo inglés muy influyente de la era victoriana. Sus escritos estuvieron influidos por los pensadores de la Ilustración y el romanticismo alemán. Además de obras filosóficas, escribió sobre matemáticas, lenguaje y lógica. Muy avanzado a su tiempo, abogó por la abolición de la esclavitud y fue partidario de los derechos de los niños y las mujeres. Sin embargo, se le recuerda sobre todo por sus ensayos sobre el utilitarismo, filosofía desarrollada por Jeremy Bentham (1748-1832).
Vida
Nacido el 20 de mayo de 1806 en Londres (Inglaterra), John Stuart Mill era hijo del pensador radical escocés James Mill. Quien se trasladó a Londres para promover la filosofía utilitarista de Bentham. John fue educado en los principios psicológicos y educativos del utilitarismo, a través del método socrático utilizado por su padre. Fue educado en derecho, psicología, economía, matemáticas y lógica. Jeremy Stangroom, en su obra The Great Philosophers (Los grandes filósofos), escribió que el objetivo del padre de Mill era convertirlo en una máquina de calcular. Algunos creen que James logró su objetivo. A los tres años John leía griego y a los ocho, latín. A los 14, había leído la mayoría de los textos clásicos griegos y latinos en sus lenguas originales. Más tarde, siendo aún adolescente, editó muchos de los manuscritos inéditos de Bentham.
MILL ERA UN UTILITARISTA DE LAS REGLAS; CREÍA QUE UNA PERSONA DEBE TENER REGLAS O DIRECTRICES QUE LE AYUDEN A PRODUCIR LA MAYOR FELICIDAD.
Al igual que su padre, a los 17 años comenzó a ascender en la Compañía Británica de las Indias Orientales, donde permaneció hasta su cierre en 1858. A los 20 años sufrió una crisis nerviosa. Muchos creen que sus repetidos episodios de depresión fueron una reacción a la enseñanza impersonal y disciplinada de su padre y al dominio abrumador que este imponía sobre todos los aspectos de su vida. En su obra The Great Philosophers, Jeremy Stangroom escribió que Mill estaba preparado para la argumentación y el análisis, pero no había recibido formación alguna que le ayudara a lidiar con los estados emocionales. Por suerte, su nuevo interés por la cultura, el teatro y las obras del poeta inglés William Wordsworth (1770-1850) le ayudó a salir de su depresión.
En 1852, se casó con su amiga de toda la vida, Harriet Taylor, dos años después de la muerte de su primer marido. Ella demostró tener una influencia significativa en Mill como su principal asesora y crítica, pero murió en 1858. Siete años más tarde, Mill se convirtió en miembro del Parlamento (1865-1868), donde solo ocupó el cargo durante un mandato. Mill murió el 8 de mayo de 1873 en Aviñón, Francia. Entre sus obras más importantes se encuentran Un sistema de lógica (1843), Sobre la libertad (1859) y El sometimiento de las mujeres (1869).
El utilitarismo fue fundado por Jeremy Bentham, quien nació en Londres y se educó en Oxford. Al igual que Mill, fue un reformista activo durante toda su vida, proponiendo cambios en la educación y el sistema penitenciario, como su panóptico, donde se vigilaba a los presos las 24 horas del día. También apoyó cambios en las leyes sobre el trato a los animales. Bentham fundó el principio básico de la utilidad, que establece que el objetivo de la humanidad es la consecución del placer sin dolor. Se trata de una filosofía estrechamente relacionada con el consecuencialismo, que afirma que la acción de un individuo es moralmente correcta o incorrecta en función de sus consecuencias.
El utilitarismo afirma que, desde el punto de vista moral, lo único que importa son las consecuencias de nuestras acciones y el grado en que aumentan o disminuyen la felicidad. Los motivos del individuo son irrelevantes. Este concepto se conoció como hedonismo social o la maximización del placer por encima del dolor. La mayor felicidad para el mayor número de personas: cuanta más felicidad proporciona un acto, más moral es. Esto era incompatible con la creencia de Immanuel Kant de que las consecuencias de una acción son moralmente irrelevantes y que la moralidad se basa en la razón. Para determinar cuál es el curso moralmente correcto en cualquier circunstancia, Bentham creó el cálculo de la felicidad, un algoritmo para cuantificar el placer.
En su ensayo El utilitarismo, Mill lo definió así:
El credo que acepta como fundamento de la moral la utilidad o el principio de la mayor felicidad sostiene que las acciones son correctas en la medida en que tienden a producir felicidad, y erróneas en la medida en que tienden a producir lo contrario de la felicidad. Por felicidad se entiende el placer y la ausencia de dolor, y por infelicidad, el dolor y la privación del placer. (Escritos destacados, 146)
Había dos tipos de utilitaristas: Bentham era lo que se denomina un utilitarista de los actos, de acuerdo con eso cada acción debe juzgarse únicamente por su capacidad para producir la mayor felicidad. Por el contrario, Mill era un utilitarista de las normas; creía que una persona debía tener reglas o pautas que le ayudaran a alcanzar la mayor felicidad posible; cada persona debía tratar de descubrir estas reglas generales. Stephen Law, en su obra The Great Philosophers (Los grandes filósofos), escribió que un aspecto del utilitarismo que seguían tanto los utilitaristas de los actos como los de las normas es el que «prescinde de la necesidad de introducir algún ser o dimensión sobrenatural en el universo para dar cabida a la moralidad... para evaluar hasta qué punto algo es moralmente correcto o incorrecto, no necesitamos centrarnos en nada más que en lo que ocurre en el mundo natural» (119).
Los tipos de placer
Aunque Mill estaba de acuerdo con los principios básicos del utilitarismo, difería de Bentham ya que creía que existían varios tipos de placer. Consideraba que algunos placeres eran de mayor calidad o más refinados que otros, y ponía más énfasis en los placeres intelectuales o cerebrales de los pensamientos, los sentimientos y la imaginación.
Para ampliar aún más una de las opiniones de Bentham, Mill escribió que un individuo debe tener en cuenta la calidad del placer, no solo la cantidad, es decir, su duración e intensidad. Bentham por el contario no veía ninguna diferencia entre la calidad y la cantidad. Para Mill, el placer es deseado por todos, pero existe una clara distinción entre lo que es exactamente el placer. Para Bentham, tal y como explica Law, escuchar a Mozart y leer a Proust no es diferente a comer chocolate. Lo único que importa es la duración y la intensidad del placer producido. Sin embargo, Mill sostenía que los placeres más intelectuales debían tener más peso que los placeres corporales y sensoriales. Algunos placeres inferiores apelan a la «naturaleza animal» de una persona, mientras que los placeres superiores apelan a las «capacidades humanas superiores y nobles» de una persona.
Mill admitió que muchas personas prefieren los placeres inferiores a los superiores, pero no considera que estas personas sean competentes en su juicio, pues nunca se les ha dado la oportunidad de adquirir el gusto por los placeres superiores. Una vez que el individuo experimenta ambos, preferirá los superiores. Sin embargo, una de las críticas a Mill era que muchas personas, incluso aquellas que han experimentado ambos, siguen prefiriendo los placeres inferiores.
La libertad
La libertad individual era importante para Mill. Creía que se debían poner límites a los poderes del gobierno. El gobierno debería ejercer su poder sobre el individuo solo cuando fuera necesario para evitar que una persona dañara a otra. Según el principio del daño, uno debería poder hacer lo que deseara, incluso poner en peligro su propia felicidad, siempre y cuando no dañe a nadie más. En su ensayo Sobre la libertad, escribió:
...el único propósito por el cual se puede ejercer legítimamente el poder sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, en contra de su voluntad, es para evitar daños a otros. Su propio bien, ya sea físico o moral, no es razón suficiente.
(Escritos destacados, 8)
Mill afirmó que «sobre sí mismo, su cuerpo y su mente, el individuo es soberano» (Magee, 184). Uno es responsable de sí mismo, de sus acciones y de la búsqueda del placer. Las personas deben ser libres para perseguir sus propios objetivos y desarrollarse personalmente, lo cual es esencial para el bienestar humano.
Tim Jackson, en su obra Philosophy (Filosofía), escribió que a finales del siglo XIX en Gran Bretaña el gobierno creía que tenía el deber moral de mantener a la gente en el buen camino. Esto está totalmente en desacuerdo con los principios de Mill, quien consideraba que verse obligado a vivir conforme a la voluntad de la mayoría era lo mismo que vivir bajo una tiranía. Pensaba que la libertad política de expresión y el sufragio fomentaban el desarrollo del carácter moral de los individuos y de la sociedad. Aunque consideraba que el gobierno y el estado de derecho eran esenciales para proteger la libertad, el gobierno es también la principal amenaza para la libertad:
La única libertad que merece ese nombre es la de perseguir nuestro propio bien, a nuestra manera, siempre y cuando no intentemos privar a los demás del suyo ni obstaculizar sus esfuerzos por obtenerlo.
Tanto Bentham como Mill creían que todas las personas, independientemente de su raza, género o estatus social, tenían el mismo derecho a la felicidad. Pocas cosas eran tan importantes para Mill como la igualdad de derechos para las mujeres. En su ensayo El sometimiento de las mujeres, escribió que creía en la igualdad de las mujeres:
...desde el primer momento en que empecé a formarme opiniones sobre cuestiones sociales o políticas... Que el principio que regula las relaciones sociales existentes es el de los dos sexos —la subordinación legal de un sexo al otro— es erróneo en sí mismo y constituye hoy uno de los principales obstáculos para el progreso humano.
(Escritos destacados, 77)
Stephen Law lo citó diciendo: «Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho, mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho. Y si el necio o el cerdo opinan lo contrario, es porque solo conocen una parte de la cuestión» (118). Stangroom interpretó esto como que «la dolorosa vida de un intelectual insatisfecho es preferible a la vida placentera de un idiota» (98).
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Críticas
Por supuesto, el utilitarismo tenía sus detractores y Mill no fue la excepción. Algunos críticos creían que la idea de que el placer es el único bien era errónea, y que una persona puede encontrar el bien en otras áreas que pueden o no necesariamente traer felicidad, como en los conceptos de belleza y justicia. Otros discrepaban del principio ético de Mill, considerándolo demasiado exigente. Si cada acción debe contribuir a aumentar el placer y disminuir el dolor, entonces el comportamiento cotidiano resultaría inmoral.
Stephen Law no estaba de acuerdo con el utilitarismo y presentó situaciones que demostraban cómo las personas tienen derechos fundamentales, como el derecho a la vida y a la justicia. En una de ellas, un médico tiene seis pacientes: uno tiene una afección médica leve, mientras que los otros cinco necesitan trasplantes de órganos compatibles con el primer paciente. ¿Debería el buen médico sacrificar al primer paciente para salvar a los otros cinco? ¿Es moralmente correcto sacrificar a uno para salvar a cinco? Sin duda, los cinco encontrarían la felicidad al recibir un trasplante; sin embargo, el paciente sacrificado definitivamente no. En una situación similar, está el problema del tranvía, se puede sacrificar o no a una persona para salvar a cinco. La pregunta vuelve a ser cuál es la opción moralmente correcta.
Mill se adelantó a su tiempo en varios temas. Creía en la libertad y en el establecimiento de derechos para las mujeres y los niños. Muchas de sus ideas no se hicieron realidad hasta décadas más tarde.
No, el utilitarismo fue fundado por Jeremy Bentham (1748-1832) y desarrollado posteriormente por John Stuart Mill.
¿Por qué es famoso John Stuart Mill?
John Stuart Mill (1806-1873) es famoso por haber desarrollado el utilitarismo y defendido los derechos de los niños y las mujeres, así como la abolición de la esclavitud.
Profesional en lenguas con estudios literarios. Profesor de castellano, escritor, traductor y entusiasta de la historia. Áreas de interés: literatura, artefactos antiguos, la historia de las religiones, la astrología, la arquitectura, la historia militar y del arte.
Donald ha enseñado Historia de la Antigüedad, de la Edad Media y de los Estados Unidos en el Lincoln College (Normal, Illinois) y, desde que estudió a Alejandro Magno, siempre ha sido y será un estudiante de historia. Le encanta transmitir conocimientos a sus alumnos.
Escrito por Donald L. Wasson, publicado el 31 mayo 2024. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.