Andrew Jackson (1767-1845) fue un militar y político estadounidense que ocupó el cargo de séptimo presidente de los Estados Unidos entre 1829 y 1837. Tras unos humildes comienzos como abogado en la frontera de Tennessee, saltó a la fama nacional tras su victoria en la batalla de Nueva Orleans (8 de enero de 1815). Se presentó a las elecciones presidenciales con un programa populista, apoyado por el nuevo Partido Demócrata, y ganó las elecciones en 1828. Durante sus dos mandatos, Jackson trabajó para reforzar el poder de la presidencia mientras se enfrentaba a incidentes importantes como la guerra Bancaria y la Crisis de la anulación. Firmó la Ley de Traslado Forzoso de los Indios, que desplazó a decenas de miles de nativos americanos y que a menudo se ha considerado un ejemplo de limpieza étnica. Dejó el cargo en 1837, pero siguió ejerciendo una influencia significativa en la política nacional hasta su muerte en 1845.
Primeros años
Jackson nació el 15 de marzo de 1767 en Waxhaws, una comunidad fronteriza situada entre Carolina del Norte y Carolina del Sur; ambos estados lo han reivindicado como hijo nativo, aunque las pruebas indican que lo más probable es que naciera en Carolina del Sur. Era el tercer hijo de Andrew Jackson padre. y Elizabeth Hutchinson Jackson, una pareja de inmigrantes presbiterianos escoceses-irlandeses que habían cruzado el Atlántico para dirigirse a las Carolinas tan solo dos años antes. Nunca conoció a su padre, ya que este se murió inesperadamente tres semanas antes del nacimiento de su homónimo. Sin nadie a quien recurrir, Elizabeth Jackson, recién enviudada, se llevó a sus tres hijos y se mudó con su hermana y su cuñado, los Crawford, quienes la pusieron a trabajar como ama de llaves. Los Crawford eran mucho más ricos que los Jackson y, al crecer en su plantación, el joven Andrew siempre se sintió como un extraño. «Sus recuerdos infantiles eran de dependencia humillante e incomodidad irritante», recordaría más tarde un pariente (citado en Meacham, 9).
Las experiencias de Elizabeth Jackson en Irlanda le habían inculcado un fuerte odio hacia los británicos, que transmitió a sus hijos. No es de extrañar, pues, que, tras el estallido de la guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775-1783), su hijo mayor, Hugh, se pusiera del lado de los patriotas y se alistara en una compañía de milicianos. Nunca volvería a casa, ya que murió de agotamiento por calor poco después de la batalla de Stono Ferry, en junio de 1779. Al año siguiente, la guerra llegó a las puertas de los Jackson; los británicos tomaron Charleston en mayo de 1780, desatando una ola de violencia brutal en toda Carolina del Sur, mientras las milicias patriotas y leales se mataban entre sí en el interior del país. «Los hombres se cazaban unos a otros como bestias depredadoras», escribió un futuro partidario de Jackson (citado en Meacham, 11). Aunque ambos eran solo adolescentes, Jackson y su hermano superviviente, Robert, ayudaron a las milicias patriotas, entrenándose con ellas y transportando mensajes. En abril de 1781, ambos hermanos fueron capturados por un grupo de soldados británicos. Cuando Jackson se negó a cumplir una humillante orden del oficial británico de limpiarle las botas, este le cortó con el sable y le dejó cicatrices de por vida en las manos y la cara.
Enviaron a los hermanos Jackson a un campo de prisioneros de guerra en Camden, donde languidecieron durante semanas bajo un calor abrasador, hacinados junto a otros prisioneros enfermos. Finalmente los liberarían en un intercambio de prisioneros, pero Robert había contraído la viruela durante su confinamiento y murió solo dos días después de regresar a casa. Por si esto no fuera suficientemente trágico, la madre de Jackson murió más tarde ese mismo año, tras contraer el cólera mientras cuidaba a soldados heridos en Charleston. Con solo 14 años, Jackson era ahora el único miembro superviviente de su familia. Culpaba a los británicos de la muerte de su madre y sus hermanos, y durante el resto de su vida albergó un profundo odio hacia todo lo que asociaba con Gran Bretaña, incluidos los privilegios y la aristocracia. Después de la guerra, Jackson regresó brevemente a Waxhaws, donde trabajó como guarnicionero antes de ir a Salisbury, Carolina del Norte, para estudiar Derecho. Aprobó el examen del colegio de abogados del estado en 1787 y, al año siguiente, se estableció en el distrito occidental de Carolina del Norte, que pronto se convertiría en el estado de Tennessee.
En octubre de 1788, Jackson se mudó a la ciudad fronteriza de Nashville, donde rápidamente se labró una reputación como abogado de éxito. Se alojó en la casa del coronel John Donelson y conoció a la hija de 17 años de su anfitrión, Rachel. Jackson quedó prendado de Rachel, a quien una fuente describió como «alegre y vivaz... la mejor narradora, la mejor bailarina, la compañera más animada y la amazona más elegante del oeste del país» (citado en Meacham, 21). En 1789, Jackson y Rachel habían iniciado un romance y pronto comenzaron a vivir juntos como marido y mujer. Sin embargo, había un problema: Rachel ya estaba casada con un hombre diez años mayor que ella. Ella y su marido estaban separados, sin duda, y este solicitaría el divorcio en 1790 por infidelidad. Sin embargo, pasarían varios años antes de que se formalizara el divorcio, momento en el que Andrew y Rachel llevaban ya bastante tiempo viviendo juntos, un detalle que volvería para atormentarlos.
Jackson era conocido por tratar a sus esclavos con dureza si le desobedecían o intentaban escaparse.
En 1796, Tennessee obtuvo la condición de estado y Jackson fue elegido para representarlo en el Congreso. Durante los años siguientes, ocupó brevemente cargos en ambas cámaras del Congreso, sin lograr nada destacable, antes de regresar a Nashville en 1798 para aceptar un puesto de juez en el Tribunal Superior de Tennessee. Compró Hermitage, una gran plantación de algodón en las afueras de Nashville, que le reportó riqueza y prestigio; por supuesto, en la plantación trabajaban cientos de esclavos a los que se sabía que Jackson trataba con dureza cuando le desobedecían o intentaban escaparse. Esta nueva riqueza no sirvió para calmar su temperamento fogoso, ya que, en mayo de 1806, se batió en duelo con el abogado Charles Dickinson por una disputa relacionada con una carrera de caballos. Dickinson disparó primero, alcanzando a Jackson directamente en el pecho. Jackson apuntó con cuidado antes de devolver el disparo y mató a su oponente; sin embargo, la bala de Dickinson se quedaría en el cuerpo de Jackson de por vida. Ese mismo año, conspiró con el desacreditado exvicepresidente Aaron Burr para apoderarse de la Florida española, pero se distanció del complot cuando más tarde juzgaron a Burr por traición.
El estallido de la guerra de 1812 le ofreció a Jackson la oportunidad de vengarse de los británicos. En enero de 1813, reunió un ejército de 2.000 voluntarios y marchó hacia el sur para defender Nueva Orleans. Nunca llegaron a su destino; tras una dura marcha de 800 km (500 millas) a través del hielo y la nieve, los voluntarios llegaron hasta Natchez, donde les informaron de que no los necesitaba y les ordenaron disolverse. Indignado, Jackson se negó a abandonar a sus tropas y marchó con ellas de regreso a Nashville. Los voluntarios admiraron la dureza de Jackson y le apodaron «Old Hickory» (Viejo nogal). En septiembre, Jackson recibió un disparo en el hombro en una pelea en una taberna con los hermanos Jesse y Thomas Hart Benton; aunque empapó dos colchones de sangre, se resistió a la recomendación del médico de amputarle el brazo y finalmente se recuperó. Ese mismo mes, el gobernador le encargó que dirigiera una fuerza miliciana contra los Bastones Rojos, una facción de nativos americanos creek que se había aliado con los británicos.
Jackson se pasó los siguientes seis meses luchando contra los Bastones Rojos, empleando tácticas de tierra quemada, como la quema de aldeas, la destrucción de cosechas para matar de hambre a las familias. En la batalla de Horseshoe Bend (27 de marzo de 1814), acabó con el poder de los Bastones Rojos, masacrando a todos sus guerreros; Davy Crockett, que estuvo presente en la batalla, recordaría con tristeza cómo los habitantes de Tennessee «les dispararon como a perros» (citado en Meacham, 31). Jackson aprovechó esta victoria para obligar a los creek a cederle 23 millones de acres (93.000 km²) de tierra al Gobierno de los Estados Unidos. Ascendido a general de brigada del Ejército de los Estados Unidos, Jackson dirigió entonces a sus tropas a la Florida española, donde derrotó a las fuerzas españolas y británicas en la batalla de Pensacola (9 de noviembre de 1814). Poco después, recibió la noticia de que una gran fuerza de invasión británica se dirigía a Nueva Orleans. Se apresuró a tomar el control de la ciudad y declaró la ley marcial mientras trabajaba para crear un ejército y mejorar las defensas de la ciudad; cuando dos funcionarios locales se quejaron de su toma del poder, Jackson sencillamente los arrestó. El ejército británico llegó finalmente a las afueras de Nueva Orleans a principios de enero de 1815 y, tras una serie de escaramuzas, atacó las trincheras estadounidenses. El ejército heterogéneo de Jackson logró repeler a los británicos y obtener una impresionante victoria que cautivó la conciencia estadounidense, convirtiendo al general fronterizo en un héroe nacional.
Después de la guerra, Jackson siguió al mando de las tropas en el sureste, utilizando su posición para obligar a las naciones nativas americanas a ceder tierras a los Estados Unidos. En diciembre de 1817, invadió una vez más la Florida española, con el pretexto de que los indígenas seminolas, que vivían a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y Florida, estaban causando problemas. Para mayo de 1818 ya había aplastado la resistencia tanto de los seminolas como de los españoles, capturado Pensacola y arrestado a dos súbditos británicos, a los que acusó de ayudar al enemigo. Tras un breve juicio, Jackson ejecutó a sus dos prisioneros británicos, lo que desencadenó un incidente internacional que puso al Gobierno del presidente James Monroe en una situación incómoda. El congresista Henry Clay denunció a Jackson en un largo discurso que desencadenó una rivalidad que duraría décadas, pero finalmente fue exonerado de cualquier delito por una investigación del Congreso en 1819. Ese mismo año, Florida fue cedida a los Estados Unidos, lo que disipó gran parte de la tensión internacional. Monroe nombró a Jackson primer gobernador territorial en 1821.
Jackson se inclinó por el populismo y se presentó como un reformador que acabaría con la corrupción en la capital.
En julio de 1822, la legislatura de Tennessee nominó oficialmente a Jackson para la presidencia. Sin duda, era un candidato con pocas posibilidades, ya que sus cuatro oponentes —John Quincy Adams, Henry Clay, John C. Calhoun y William H. Crawford— eran todos pesos pesados de la política. Pero la reputación de Jackson como héroe de guerra y su condición de político «recién llegado» le valieron un apoyo inesperado de los votantes de todo el país. Se inclinó por el populismo y se presentó como un reformista que acabaría con la corrupción en la capital. En las elecciones de 1824, Jackson obtuvo 99 votos electorales, más que ningún otro candidato. Pero como nadie había obtenido la mayoría necesaria de 131 votos electorales, la carrera pasó a manos de la Cámara de Representantes. Clay, que temía la presidencia de Jackson, retiró su candidatura y apoyó a Adams, que acabó ganando. Tras tomar posesión del cargo, Adams nombró a Clay secretario de Estado, lo que llevó a Jackson y a sus seguidores a acusar a ambos de haber llegado a un «acuerdo corrupto» para robarle las elecciones a Jackson.
Tan pronto como Adams tomó posesión, los partidarios de Jackson comenzaron a prepararse para las siguientes elecciones. Bajo la dirección del maestro organizador político Martin Van Buren, se unieron en una nueva facción política que llamaron «la Democracia», pero que pronto se conocería como el Partido Demócrata; entre estos nuevos demócratas se encontraban figuras poderosas como John C. Calhoun y el senador Thomas Hart Benton (el mismo hombre que en su día había disparado a Jackson y que ahora era uno de sus aliados políticos más fieles). Las elecciones de 1828 fueron muy desagradables, y los ataques personales prevalecieron sobre el debate político. Los demócratas acusaron a Adams y a su Partido Nacional Republicano de incompetencia y corrupción. Los partidarios de Adams, a su vez, desenterraron la historia de la relación inicial de Jackson con Rachel, acusando a la pareja de bigamia y «vida pecaminosa». La historia se publicó en los periódicos de todo el país, y el estrés y la vergüenza se volvieron insoportables para Rachel Jackson. Murió de un ataque al corazón el 22 de diciembre de 1828; Jackson se quedó devastado por su pérdida, de la que siempre culparía a sus enemigos políticos. Al final, ganó las elecciones con 178 votos electorales. El 4 de marzo de 1829, Jackson y su vicepresidente, Calhoun, tomaron posesión en Washington, dando inicio a una nueva era en la historia de Estados Unidos.
Inmediatamente después de asumir el cargo, Jackson trató de cumplir su promesa de erradicar la corrupción en el Gobierno federal. Destituyó a 919 funcionarios, un sorprendente 10 % del Gobierno, y prometió una mayor transparencia en su administración. Pero Jackson tendió a sustituir a estos funcionarios por sus propios partidarios políticos, lo que causó un gran revuelo en todo el país. «No ven nada malo en la norma», dijo el senador William Marcy, «de que al vencedor le corresponde el botín» (citado en Meacham 83). A partir de esta cita, el sistema de clientelismo de Jackson pasó a conocerse como el «sistema del botín». Su gabinete también estaba repleto de leales, pero pronto se convertiría en fuente de gran frustración cuando la esposa de su secretario de Guerra se vio envuelta en un escándalo sexual. El llamado «caso Petticoat» paralizó prácticamente la Administración durante su primer año de existencia y solo terminó después de que Jackson purgara el gabinete y lo sustituyera por secretarios mejor cualificados y menos propensos a los escándalos.
Al igual que su primer gabinete, los ocho años de Jackson como presidente estarían llenos de drama y controversia. Como parte de su supuesta cruzada contra la corrupción, se centró en el Segundo Banco de los Estados Unidos (BUS), la mayor corporación del país, que Jackson consideraba una institución elitista que concentraba el poder en manos de los ricos. Sus partidarios creían que, si no se destruía el BUS, este «subyugaría al Gobierno» y se convertiría en el verdadero centro de poder del país. El asunto llegó a un punto crítico en 1832, cuando Nicholas Biddle, presidente del BUS, solicitó la renovación de la carta constitutiva del banco por 20 años. Con la ayuda de Clay y otros republicanos nacionales, el Congreso votó a favor de aprobar la renovación de la carta constitutiva del banco, pero el proyecto de ley fue vetado abruptamente por Jackson. Jackson, que había jurado «acabar» con el Banco, ordenó a su secretario del Tesoro, Roger B. Taney, que retirara los fondos federales del BUS y los depositara en docenas de bancos estatales elegidos por su lealtad al Gobierno. Los enemigos de Jackson tacharon esta medida de ilegal y fue censurado en el Congreso. Sin embargo, la victoria final fue para Jackson, ya que el BUS fue liquidado poco después de la expiración de su carta constitutiva en 1836.
Mientras la administración de Jackson libraba la llamada guerra bancaria, en Carolina del Sur se gestaba otro tipo de guerra. El problema comenzó con el impopular arancel de 1828, que se había impuesto durante los últimos años de la administración Adams y que muchos sureños descontentos consideraban que protegía injustamente a los fabricantes del norte a expensas de los plantadores de algodón. Los plantadores de Carolina del Sur intentaron presionar a la administración Jackson para que derogara el arancel, pero cuando esto no surtió efecto, algunos radicales comenzaron a hablar de la nulidad, es decir, la capacidad teórica de un estado para anular una ley federal dentro de sus propias fronteras. La nulidad sería la prueba definitiva de los derechos de los estados frente a la autoridad federal, y fue defendida por Calhoun, quien se enfrentó amargamente al presidente por esta cuestión. En junio de 1832, Calhoun dimitió de la vicepresidencia para presentarse al Senado, donde consideraba que podría apoyar mejor la causa de la nulificación. No obstante, Jackson no estaba dispuesto a tolerar ningún desafío a la autoridad federal. El 1 de marzo de 1833, a instancias suyas, el Congreso aprobó la Ley de Fuerza, que autorizaba al presidente a utilizar la fuerza militar para obligar a Carolina del Sur a obedecer la ley federal. La crisis de la anulación se disipó por poco cuando Clay y Calhoun acordaron un arancel de compromiso, dejando que la cuestión de los derechos de los estados se prolongara durante otras tres décadas.
Pero quizás el episodio más oscuro de la presidencia de Jackson fue el de la expulsión de los nativos americanos. En el momento de su primera toma de posesión, alrededor de 100.000 nativos americanos vivían al este del río Misisipi, y la intención de Jackson era empujarlos hacia tierras más al oeste, de forma voluntaria si era posible, pero por la fuerza si era necesario. A pesar de la enérgica oposición del senador Theodore Frelinghuysen, el Congreso aprobó la Ley de Traslado Forzoso de los Indios en 1830, cuando los estados comenzaron a extender su autoridad sobre las naciones nativas americanas soberanas dentro de sus fronteras. En 1832, cuando el presidente del Tribunal Supremo, John Marshall, falló a favor de la soberanía tribal, Jackson ignoró la sentencia y, según se dice, comentó: «John Marshall ha tomado su decisión, ahora que la haga cumplir». La Ley de Traslado Forzoso de los Indios se refería principalmente a las llamadas «cinco tribus civilizadas» del sureste, que incluían a las naciones cheroqui, creek, chickasaw, seminola y choctaw. Algunos seminolas se negaron a trasladarse, lo que desencadenó la larga segunda guerra seminola (1835-1842) con las tropas estadounidenses. Cuando Jackson dejó el cargo, más de 50.000 nativos americanos habían sido trasladados al oeste. El traslado continuaría bajo el mandato del sucesor de Jackson, Van Buren, que incluyó el infame «Sendero de lágrimas».
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Pospresidencia y muerte
El 4 de marzo de 1837, Jackson dejó la presidencia tras haber cumplido dos mandatos. Ya estaba claro que era uno de los presidentes más influyentes de la historia, ya que había reformado el funcionamiento de la política en Estados Unidos y había reforzado el poder de la propia presidencia. Su mandato también había sido controvertido: sus detractores se referían a él despectivamente como «el rey Andrew» y sus enemigos habían formado el Partido Whig con el único objetivo de oponerse a sus políticas.
A su regreso a Hermitage, Jackson siguió ejerciendo una gran influencia sobre el Partido Demócrata; de hecho, su influencia fue tan grande que la presidencia de Van Buren se ha denominado «el tercer mandato de Jackson». Apoyó firmemente la anexión de Texas a principios de la década de 1840 y, en uno de sus últimos actos, desempeñó el papel de hacedor de reyes al apoyar la candidatura de su protegido político James K. Polk a la presidencia. En sus últimos años, Jackson se volvió frágil, aquejado por una combinación de hidropesía, tuberculosis e insuficiencia cardíaca. Murió el 8 de junio de 1845 a los 78 años y, para bien o para mal, dejó tras de sí uno de los legados más significativos de cualquier presidente de los Estados Unidos.
Andrew Jackson fue el séptimo presidente de los Estados Unidos, que sirvió de 1828 a 1837. Antes de llegar a la presidencia, había saltado a la fama como el general que había derrotado a los británicos en la batalla de Nueva Orleans.
¿Por qué es conocido Andrew Jackson?
Andrew Jackson es conocido por ser el fundador del Partido Demócrata que dio paso a la era populista de la «democracia jacksoniana», por firmar la Ley de Traslado Forzoso de los Indios que desplazó a decenas de miles de nativos americanos y por expandir el poder del brazo ejecutivo.
¿Por qué se considera a Andrew Jackson populista?
A veces se considera que Andrew Jackson fue un presidente populista porque se presentó como un hombre del pueblo que prometía extirpar la corrupción del Gobierno federal y destruir las instituciones poderosas de la élite, como el Banco de los Estados Unidos.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 24 septiembre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.