Grace O'Malley (en torno a 1530-1603) fue la jefa de un clan y una marinera irlandesa que alcanzó la fama como pirata y rebelde durante el reinado de la reina Isabel I de Inglaterra (1558-1603), quien intentaba aumentar el control sobre el territorio irlandés. Las hazañas de O'Malley la convirtieron en una heroína del folclore irlandés, mientras que en la historia oficial ha quedado relegada a un segundo plano.
Aun a día de hoy, los historiadores irlandeses suelen o bien escribir unas brevísimas líneas sobre O'Malley en alguna obra, o bien omitirla por completo por entender que luchó por sus propios intereses y por los de su familia, no por el bien común de Irlanda, así como por colaborar con Isabel I. Sus esfuerzos, sin embargo, sí que desafiaron las políticas inglesas y la táctica del «divide y vencerás» iniciada por la corte de Isabel I. Además, no parece que cumpliera con su parte del trato tras reunirse con la monarca inglesa en 1593.
Aunque O'Malley había prometido entregar sus barcos y ejército a la reina a cambio de su seguridad y la de su familia, al parecer no le proporcionó ninguno de los dos —al menos no tal y como especificó— durante la guerra de los Nueve Años (1593-1603) librada entre Inglaterra y las fuerzas irlandesas a las órdenes de Hugh O'Neill, conde de Tyrone (en torno a 1550-1616), y Hugh Roe O'Donnell, señor de Tyrconnell (1572-1602). En todo caso, sus actos sugieren simpatía por la rebelión de O'Neill, aunque no participara directamente en ella.
La razón de la audiencia de O'Malley con la reina fue su enfrentamiento privado con sir Richard Bingham (1528-1599), gobernador de Isabel I en la provincia irlandesa de Connacht. Bingham había aplastado sin piedad las revueltas irlandesas e incluso había llegado a matar a uno de los hijos de O'Malley y a encarcelar a otros dos. Aunque había actuado en interés de Isabel I, la reina le dio órdenes de liberar a los hijos de O'Malley y de dejarla en paz. Bingham predijo que O'Malley no cumpliría con su palabra y que solo avivaría nuevas rebeliones y estuvo en lo cierto, puesto que O'Malley suministró barcos a la causa rebelde.
Se suele hacer referencia a ella con el sobrenombre de «la reina pirata» y también se la conoce como Grainne O'Malley, Grainne Mhaol o Granualle. En el siglo XX, O'Malley se convirtió en una fuente de inspiración para la liberación irlandesa del dominio inglés, a pesar de que nunca luchara por aquella causa directamente. En la actualidad sigue siendo una figura emblemática de la cultura irlandesa y su historia sigue siendo fuente de relatos, baladas y obras de arte de esta nación.
Orígenes y primer matrimonio
Los primeros años de la vida de O'Malley, antes de su primer matrimonio, se conservan casi en su totalidad a través de los relatos populares, ya que los historiadores irlandeses optaron por ignorarla por los motivos mencionados con anterioridad y, además, porque se pensaba que había traspasado los límites de lo que se consideraba apropiado para una mujer. El sistema de leyes gaélico, las leyes Brehon (redactadas entre 227-266 d.C.), otorgaba a las mujeres la misma condición que a los hombres y las consideraba como compañeras de sus maridos, no su propiedad. Aun así, existían ciertas expectativas sobre cómo debía comportarse una mujer que O'Malley decidió ignorar, prefiriendo vivir y obrar a su antojo.
Su padre, Eoghan Dubhdara O Maille (adaptado al inglés como Owen O'Malley), era el jefe del clan O Maille de Clew Bay, en el condado de Mayo, y provenía de un largo linaje de marineros. La académica Anne Chambers aporta más detalles:
El clan de los O'Malley se diferenciaba de la mayoría de los clanes irlandeses porque vivían principalmente del mar. Su lema, terra marique potens (‘poderosos por tierra y mar’), los proclamaba señores de los mares de la costa occidental de Irlanda […]. Los O'Malley eran unos marinos intrépidos cuya navegación no se limitaba únicamente a los confines de Irlanda. Un poema del siglo XV confirma lo que la tradición siempre ha sostenido: que era habitual que comerciaran y saquearan llegando a alcanzar lugares como España y Escocia. (4-5)
A los O'Malley se los suele considerar como «piratas», aunque se debate si encajaban en la definición habitual de dicho término. Es posible e incluso probable que Owen O'Malley saqueara otros barcos, al igual que también lo es que solo recaudase impuestos a quienes encontraba en sus aguas. Este mismo término se aplicaría más tarde a su hija, «la reina pirata», aunque tampoco está claro hasta qué punto Grace O'Malley fue realmente una pirata.
Tenía un hermanastro mayor del que se sabe poco y todo parece indicar que su padre la crió como a un niño o, al menos, la animó a seguir lo que le dictaba su corazón y a ignorar las normas sociales. Recibió una buena educación (algo poco frecuente para una niña), hablaba latín con fluidez y, muy probablemente, otros tantos idiomas que aprendería gracias a los intercambios comerciales, como el español y el francés.
Según cuenta la leyenda, cuando era una niña y le dijeron que no podía acompañar a su padre en un viaje por mar porque se le enredaría el largo cabello en las cuerdas, se lo cortó. Tan corto quedó que parecía haberse quedado prácticamente calva y le pusieron el apodo de Grainne Mhaol (que significa ‘Grace la calva’). Al parecer, su padre le permitió entonces que lo acompañara en el viaje.
Tanto si esta historia es verdad o ficción, O'Malley era ya una marinera experimentada a una edad temprana, como lo demuestra el respeto que le profesaba la familia de su primer marido, Donal O'Flaherty, con quien se casó a los dieciséis años. Los O'Flaherty eran otra familia de marineros, aliados de los O'Malley. El autor Malachy McCourt señala cómo «incluso a los dieciséis años, cuando se casó con O'Flaherty, Granualle era una marinera bien curtida» (120). Tuvo tres hijos con su marido —Owen, Maeve y Murrough— antes de que el clan Joyle le tendiera una emboscada y lo asesinara mientras cazaba.
Posteriormente, los Joyce avanzaron hacia el castillo de Donal pensando que sería fácil de tomar, puesto que su señor había muerto y «solo había una mujer» para defenderlo. O'Malley los expulsó con una contraofensiva tan feroz que la compararon con una gallina protegiendo a sus polluelos, lo que le valió a la fortaleza el nombre de Hen’s Castle (en español, ‘castillo de la gallina’), como se le sigue llamando en la actualidad.
Piratería y Richard el Hierro
Tras la muerte de su marido, O'Malley regresó con sus hijos a las tierras de su familia y se asentó en Clare Island. Es posible que construyera —o que al menos mejorara— la casa-torre que ahora se conoce como el castillo de Granualle, que acabó siendo una de las tres fortificaciones que mantuvo durante el resto de sus días. Los hombres que habían servido a Donal cuando estuvieron casados la siguieron a su nuevo hogar y le juraron lealtad, lo que sugiere que ya se había consolidado como una líder firme que recompensaba la lealtad.
O'Malley y su tripulación tenían a disposición una serie de barcos que usaban para comerciar y recaudar impuestos de otras embarcaciones que transitaban por sus aguas, lo que le valió el título de «reina pirata». Para aquel entonces, su padre había fallecido y ella había asumido el título y las responsabilidades como jefa del clan O'Malley, lo que incluía recaudar impuestos a quienes navegasen por sus aguas. Se desconoce con qué frecuencia se dedicaba a la piratería, al igual que sucedió con su padre, pero el título de reina pirata la ha acompañado hasta el día de hoy.
Cuenta la leyenda que rescató a un marinero que había naufragado, cuyo nombre se desconoce, y se convirtieron en amantes. Sin embargo, el amorío fue efímero, puesto que fue asesinado por otro clan, los MacMahon de Blacksod Bay. O'Malley persiguió y acabó con los asesinos, abatiendo a todas las personas que encontró en la fortaleza de los MacMahon, el castillo de Doona. Este suceso la dotó con otro apodo, «la dama oscura de Doona», y su reputación como una adversaria formidable cobró aún más fuerza.
Entre 1566 y 1567 se casó con Richard Burke (conocido como «Richard el Hierro», por las herrerías que poseía), un prestigioso terrateniente y jefe de clan que heredaría las cuantiosas tierras del clan MacWilliam. Los dominios de Burke le dieron acceso a varias ensenadas desde las que podía desplegar sus barcos para atacar a los navíos desprevenidos que entrasen en su territorio.
Se cuenta que O'Malley y Burke acordaron contraer un trial marriage (un ‘matrimonio de prueba’), una práctica habitual en la Irlanda de la época. Así, ambos permanecerían casados durante un año y podrían decidir más adelante si anular la unión. Al cabo del año, O'Malley cambió las cerraduras del castillo de Burke y, cuando este llegó a casa, le dijo que estaba despedido. De ser cierta esta historia, la anulación del matrimonio no repercutió en su relación, ya que se dice que Burke se quedó a su lado hasta que falleció en 1583.
Juntos tuvieron un hijo, Tibbot, conocido como «Toby el del barco» por haber nacido a bordo de una de las embarcaciones de su madre. De nuevo, según cuenta la leyenda, al día siguiente de dar a luz, unos piratas argelinos atacaron el barco. O'Malley se encontraba bajo cubierta con el recién nacido. Cuando le informaron de que la batalla se estaba torciendo, envolvió a su hijo en unas mantas y se plantó en la cubierta principal mosquete en mano, reunió a sus hombres y le dio la vuelta a la contienda. A continuación, puso de nuevo rumbo a las tierras que ella y Burke poseían.
O'Malley y Bingham
O'Malley y Burke tenían problemas más importantes de los que preocuparse que los piratas argelinos: la corte inglesa que estaba imponiendo en Irlanda la política de Isabel I del «divide y vencerás». Su estrategia era recompensar al líder de un clan con tierras y varios obsequios a cambio de ayuda para contener a otros clanes que los ingleses consideraban un problema. La invasión cambro-normanda que se inició en 1169 trajo por primera vez a los ingleses a Irlanda y el rey Enrique II de Inglaterra (que reinó 1154-1189) estableció personalmente el dominio inglés sobre la isla en 1171. Desde entonces, el dominio inglés sobre la isla incrementó y, bajo el mando de Isabel I, lo hizo aún más.
Entre 1577 y 1578, el conde de Desmond se hizo cargo de promover los intereses de Isabel I y consiguió capturar y encarcelar a O'Malley en Limerick durante más de un año, para después trasladarla a Dublín, donde permaneció presa. Finalmente fue puesta en libertad por buen comportamiento, aunque lo más probable es que fuera gracias a la intervención de sir Henry Sidney (1529-1586), lord diputado de Irlanda, que había conocido a O'Malley, a quien admiraba, unos años atrás junto a su hijo, el poeta y cortesano sir Philip Sidney. No obstante, esta afirmación es mera especulación, puesto que Sidney habría regresado a Inglaterra en 1578, por lo que es más probable que O'Malley recibiera la ayuda de otras personas, como sir John Perrot (1528-1592), que se oponía al duro trato que recibía el pueblo irlandés.
No obstante, la aristocracia inglesa que pensaba como Perrot era una minoría, y la mayoría siguió el ejemplo de Desmond a la hora de promover los objetivos de Isabel I de cualquier manera posible. La clave para alcanzar el control total residía en debilitar la estructura social tradicional del pueblo irlandés, que se basaba en el concepto del clan y en un jefe de clan independiente que dirigía dicho clan y sus tierras. En 1584, sir Richard Bingham de Inglaterra se convirtió en lord presidente de Connacht y comenzó a desmantelar de forma sistemática esta antigua jerarquía mediante campañas militares despiadadas, sobornos y enfrentamientos entre los distintos jefes de clanes. El académico Jonathan Bardon comenta lo siguiente al respecto:
En 1585, el lord presidente reveló su ambiciosa estratagema para imponer un régimen ordenado sobre la provincia que gobernaba, a la que llamó la «Composición de Connacht». Los jefes de los clanes de la provincia ya no podrían vivir a base de alojar a sus guerreros en las tierras de sus arrendatarios y de confiscar mantequilla, maíz y ganado como tributo. A partir de ese momento, quedaba prohibido el empleo de soldados mercenarios. En lo sucesivo, los arrendatarios agrícolas pagarían una renta monetaria a los jefes de los clanes, quienes a su vez pagarían impuestos a la corona inglesa y acatarían el sistema jurídico de Inglaterra. En resumen, los grandes terratenientes ya no podían ser jefes independientes. La Composición de Connacht funcionó bastante bien en el sur de Connacht, aunque la cuestión fue harina de otro costal en el norte de la provincia. Allí, Grainne O'Malley fue una de las personas que se negó a aceptar el nuevo régimen. (136-137)
O'Malley se opuso a Bingham, quien respondió asesinando a su hijo Owen y encarcelando a Tibbot, Murrough y al hermanastro de O'Malley. La propia O'Malley también fue arrestada, pero su liberación se logró orquestar gracias a la ayuda de su yerno. En lugar de intentar negociar con Bingham, O'Malley decidió pasar por encima de él y hablar directamente con la propia Isabel I en 1593.
Audiencia con Isabel I y fallecimiento
Las crónicas oficiales sobre la vida de O'Malley provienen de fuentes inglesas, como las cartas e informes que Bingham envió a Isabel I, el relato de sir Henry Sidney sobre su encuentro o el documento conocido como Articles of Interrogatory, 18 preguntas que O'Malley tuvo que responder por escrito antes de obtener una audiencia con la reina. Tras responder a las preguntas, O'Malley fue llevada ante Isabel I y, según cuenta la leyenda, se negó a hacer una reverencia, pues se consideraba igual a la reina. Cuando la cachearon, vieron que llevaba una daga que, según dijo, era para poder protegerse. La monarca permitió que la conservara, lo que sugiere una significativa muestra de respeto y confianza por parte de la reina.
Su conversación no quedó registrada, pero se llevó a cabo en latín, puesto que Isabel I no hablaba irlandés y O'Malley no sabía (o no quiso) hablar inglés. Parece que el encuentro se prolongó considerablemente y concluyó con el acuerdo de que Bingham liberaría a los cautivos y dejaría a O'Malley en paz. A cambio, O'Malley prometió poner 200 hombres y su flota al servicio de Isabel I para mantener la paz en Irlanda. La reina informó a Bingham sobre el acuerdo, que rezaba, en parte, como sigue:
Os pedimos que obréis en nuestro nombre en favor de sus hijos para que le proporcionen medios de subsistencia para el resto de sus días [...]. Y esto lo escribimos en su favor, ya que se muestra obediente, aunque en el pasado haya actuado de forma desordenada. Ella así lo ha confesado y ha prometido bajo juramento que luchará en nuestra contienda con el mundo. (Bardon, 138)
O'Malley regresó a Irlanda esperando que las órdenes de Isabel I se cumplieran con celeridad, pero Bingham se tomó su tiempo para liberar a los prisioneros. Estaba convencido de que O'Malley no cumpliría con su parte del trato, y ella le dio la razón, puesto que prestó barcos a los rebeldes irlandeses liderados por Hugh O'Neill cuando estalló la guerra de los Nueve Años en 1593. A diferencia de lo que se afirmó en el siglo XX, no se conserva ninguna evidencia de que luchara en aquella guerra, para ninguno de los bandos. No obstante, parece que alentó a sus hijos —al menos a Tibbot— para que lucharan por Isabel I contra las fuerzas de O'Neill, lo que empañó su reputación entre los historiadores irlandeses posteriores.
Nada se sabe de los últimos diez años de su vida, salvo que en 1595 envió una petición en la que se quejaba de las tropas inglesas apostadas en sus tierras. Se cree que murió en 1603 por causas naturales, ya fuera en el castillo de Carraigahowley o en su fortaleza del castillo de Rockfleet.
Conclusiones
Permaneció viva como leyenda popular hasta bien entrado el siglo XX, cuando se la empezó a asociar con la causa de la independencia irlandesa. Su biografía definitiva no se llegó a escribir hasta 1979, a cargo de Anne Chambers, quien destaca la ausencia de esta figura en algunas de las crónicas irlandesas de mayor relevancia:
Los anales de los cuatro maestros, fuente fundamental de historia de Irlanda recopilada unos años después de su muerte y en un lugar donde el recuerdo de sus hazañas aún seguía fresco, ni siquiera menciona su nombre. Por otra parte, Los documentos oficiales ingleses (The English State Papers) la mencionan hasta 1627, unos veinticuatro años después de su muerte. Tal sesgo borró de las páginas de la historia de Irlanda a una de las mujeres más notables y, al hacerlo, redujo nuestro entendimiento del pasado. Sin embargo, es una medida de su grandeza que su memoria se haya preservado en el folclore. No se cuentan leyendas sobre personas insignificantes. Ser recordada en la memoria popular es un tributo y una validación de su estatus tan importante como cualquier tratado académico. (v)
En los últimos 40 años, la vida de O'Malley ha recibido una atención cada vez mayor, tanto por parte de fuentes comerciales como académicas. El libro de Chambers ha desempeñado un papel fundamental a la hora de revivir el interés por la famosa «reina pirata», que desde entonces ha inspirado canciones, obras de arte, obras de teatro, un corto y muchos vídeos sobre su vida. Hoy en día se la considera una de las figuras más importantes de la historia de Irlanda del siglo XVI y una fuente de inspiración para quienes eligen vivir la vida según sus propias reglas y no según las de los demás.
