Robert Hooke (1635-1703) fue un científico, arquitecto y filósofo natural inglés que se convirtió en una figura clave de la Revolución Científica. Hooke llevó a cabo sus experimentos científicos al margen de las universidades y fue un gran defensor de la importancia de las innovaciones tecnológicas en la instrumentación, siendo pionero en innumerables mejoras en los campos de la navegación, la óptica y la relojería, entre muchos otros.
Primeros años
El 18 de julio de 1635, Robert Hooke nació en el seno de una familia pobre y, debido al esnobismo y los prejuicios, este hecho supondría un obstáculo a lo largo de su carrera científica. Hooke logró demostrar el talento académico suficiente para ingresar en la Universidad de Oxford, donde impresionó a anatomistas tan destacados como Robert Boyle (1627-1691) y Thomas Willis (1621-1675). Hooke fue nombrado asistente de laboratorio tanto de Boyle como de Willis, pero fue con el primero con quien forjó una relación laboral especial, llegando incluso a inventar en 1659 una sofisticada bomba de aire para los experimentos químicos de Boyle.
Sin embargo, no fue la ciencia lo que sustentó la investigación de Hooke, sino su lucrativo trabajo como arquitecto y topógrafo en Londres. Los ingresos procedentes de estas actividades, especialmente de la reconstrucción masiva que siguió al Gran Incendio de Londres en 1666, le proporcionaron la libertad financiera necesaria para dedicarse a sus actividades científicas. En 1675, Hooke participó en el proceso de selección del emplazamiento para un nuevo observatorio en Greenwich y también formó parte integral de la fase de diseño junto con Christopher Wren (1632-1723). Hooke supervisó finalmente el largo periodo de construcción del edificio. Hooke y Wren ya habían colaborado estrechamente en el diseño de la nueva catedral de San Pablo, y el topógrafo prestó una ayuda inestimable a la hora de resolver el problema de cómo construir su gran cúpula. Hooke continuó participando en el espectacular nuevo perfil urbano de Londres diseñando, de nuevo con Wren, la columna hueca de 65 metros (202 pies) de altura que conmemoraba el terrible Gran Incendio. Siempre científico práctico, Hooke realizó experimentos sobre la gravedad y la presión atmosférica desde el alto techo de la antigua catedral de San Pablo e incluso intentó instalar un telescopio gigante en el monumento al Gran Incendio, pero, por desgracia, sin éxito.
Hooke y la Royal Society
HOOKE FUE PIONERO EN LA MEJORA DE TODO TIPO DE EQUIPOS E INSTRUMENTOS COMO BARÓMETROS, RELOJES, BOMBAS, TELESCOPIOS Y MICROSCOPIOS.
Hooke, tal vez debido a su origen humilde, fue una notable omisión entre los miembros que fundaron la Royal Society en 1662. La Royal Society of London for Improving Natural Knowledge (Sociedad Real de Londres para la Mejora del Conocimiento Natural) se constituyó como organismo público para promover la investigación. Gracias a la intervención de su antiguo socio Boyle, logró al menos colarse por la puerta trasera de la sociedad y obtener un nombramiento como conservador de experimentos. El cargo también le otorgaba la custodia exclusiva de las llaves de la biblioteca de la sociedad, y abusaba con frecuencia de este privilegio llevándose volúmenes eruditos y valiosos manuscritos para estudiarlos en la comodidad de su hogar. Como una ardilla que no recuerda dónde ha enterrado sus nueces, Hooke parecía tener grandes dificultades para devolver estas obras a su lugar legítimo, por lo que era censurado con frecuencia por su negligencia. En 1663, la sociedad finalmente accedió a nombrar a Hooke miembro de pleno derecho. Le proporcionaron alojamiento pagado en el Gresham College, en el centro de Londres, donde, dos años más tarde, fue nombrado profesor de geometría, cargo que ocupó durante los siguientes 38 años. Se abrió camino a duras penas en el espinoso mundo académico, a pesar de soportar el peso añadido de no ser un matemático consumado, algo que entonces (y posiblemente aún hoy) se esperaba de cualquier filósofo natural; es decir, de una gran mente capaz de explicar y predecir el mundo que nos rodea. Aun así, Hooke no se desanimó y, entre 1677 y 1682, volvió a ascender hasta ocupar el cargo de secretario de la Royal Society.
En la Royal Society, Hooke desempeñó un papel fundamental en la actividad experimental y fue pionero en la mejora de todo tipo de equipos e instrumentos, como barómetros, relojes, bombas, telescopios y microscopios. Como señala la historiadora L. Jardine: «Hombre de inclinación decididamente práctica, su respuesta a cualquier problema científico era inventar un equipo para resolverlo» (44). Hooke tenía estrechos vínculos con fabricantes de instrumentos e ingenieros inventores prácticos como Thomas Newcomen (1664-1729), pionero en las variaciones de la máquina de vapor en la Revolución Industrial británica. Se aseguró de que sus propias máquinas tuvieran engranajes idénticos, lo que permitió su producción en masa, una innovación que muchos copiarían posteriormente. Hooke desarrolló el diafragma de iris en los telescopios, que limita la luz que entra en el dispositivo para que solo lo haga a través de la apertura que luego puede regular el usuario, como el obturador de una cámara moderna. Desarrolló una sonda para aguas profundas y creó la junta universal, es decir, una junta capaz de conectar dos ejes inclinados; este tipo de conexión todavía lleva su nombre. Intentó fabricar un cronómetro que pudiera soportar los bruscos movimientos de un velero en el mar para poder medir con precisión la longitud, pero, como muchos otros antes que él, fracasó en este empeño. Sin embargo, ayudó a los marineros de otras maneras, desarrollando un nuevo tipo de cuadrante reflectante para la navegación y una brújula autonivelante.
MICROGRAfía CAUSÓ SENSACIÓN CON SUS HERMOSOS GRABADOS DE INSECTOS, COMO MOSCAS DE LA FRUTA Y PULGAS, ASÍ COMO DE SEMILLAS DE PLANTAS Y COPOS DE NIEVE, TODOS ELLOS CON GRAN AUMENTO.
Todos estos avances técnicos ilustran la diferencia entre Hooke, un mecánico e ingeniero entusiasta, y contemporáneos tan destacados como su mentor Boyle e Isaac Newton (1642-1727), quienes añadieron la teología a sus estudios, en gran parte teóricos. Aun así, Hooke tenía claramente amigos en la Iglesia, ya que en 1691 recibió un título de médico, un galardón impulsado nada menos que por el arzobispo de Canterbury. El título fue quizá un reconocimiento a las contribuciones de Hooke a la medicina y a sus experimentos públicos de disección.
Puede que Hooke fuera su «promotor experimental y mago práctico» (Jardine, 63), pero no estaba exento de enemigos dentro de la Royal Society. Es bien sabido que se enemistó con el hipersensible Newton después de acusar a su compañero de plagiar su trabajo sobre óptica y sobre la ley de la gravedad inversamente proporcional al cuadrado de la distancia (ambas acusaciones carecían de fundamento real). Newton se retiró de la sociedad y se negó a aceptar su presidencia hasta que Hooke murió. Como dice el historiador W. E. Burns: «[Para] Hooke y Newton, dos de los más dotados rencorosos de la Revolución Científica, la disputa fue larga y desagradable» (140). Quizás fuera cierto que Hooke le había dado a Newton la semilla de una idea cuando señaló que el descubrimiento de Johannes Kepler (1571-1630) de que los planetas se movían en órbitas elípticas podría deberse a una fuerza que ahora llamamos gravedad, pero Newton se negó a reconocer la ayuda de nadie. Los dos hombres involucraron a sus seguidores personales en la disputa, por lo que durante años la ciencia y las matemáticas británicas se dividieron en dos grupos: los newtonianos y los hookeistas, una línea divisoria que desperdició mucha energía y retrasó nuevos descubrimientos.
La primera publicación importante de Hooke fue una obra perdurable que cautivó la imaginación de sus lectores entonces y ahora con sus llamativas ilustraciones de lo que se podía ver a través de un microscopio: Micrografía. Publicada en 1665, estaba dedicada a Carlos II de Inglaterra (que reinó de 1660-1685) y era «el equivalente en el siglo XVII a un libro de gran formato» (Jardine, 42). Las ilustraciones, realizadas por un grabador profesional a partir de extensos dibujos del propio Hooke, causaron sensación al mostrar los intrincados detalles de insectos como moscas de la fruta, piojos y pulgas, así como muchas semillas de plantas con un gran aumento. Los intrincados y notablemente fieles dibujos asombraron a personas que nunca habían imaginado que la flora y la fauna fueran tan complejas, una idea que para muchos confirmó su creencia en un Creador divino, ya que, ¿quién más podría haber creado tales maravillas? Hooke también trató objetos más mundanos que, bajo el microscopio, parecían completamente diferentes de cómo se veían a simple vista. Mostró, por ejemplo, que la punta de una aguja de metal era en realidad un extremo irregular de metal. La razón por la que Hooke pudo mostrar este nuevo mundo mejor que nadie fue gracias a sus ajustes técnicos en el microscopio. Obtuvo imágenes nítidas gracias a su escotoscopio, es decir, «un globo lleno de salmuera que condensaba la luz entre la fuente de luz de la lámpara y la muestra», que «enfocaba con precisión los rayos intensificados de la lámpara mediante una lente convexa» (Jardine, 44).
Micrografía describía las innovaciones técnicas de Hooke para el microscopio, que por entonces seguía siendo un instrumento muy difícil de manejar, incluso para los expertos. El libro comienza con consejos sobre cómo utilizar mejor el instrumento y dónde comprar uno bueno. También fue innovador en cuanto al lenguaje, ya que contiene el primer uso de la palabra «célula» (en este caso, utilizada para referirse a las células del corcho vistas bajo el microscopio). Hooke era, como era de esperar, uno de los mejores microscopistas de Europa, pero no siempre acertaba en sus teorías, en particular en su defensa de la idea de que los insectos diminutos eran capaces de reproducirse espontáneamente. Una de las consecuencias de Micrografía fue el auge de las ventas de microscopios. Después de leer un ejemplar, Samuel Pepys (1633-1703), el famoso diarista, se sintió inspirado a gastar 5 libras y 10 chelines (equivalentes a casi tres meses de salario de un obrero de la época) en un microscopio para su estudio. Desgraciadamente, como casi todo el mundo, Pepys tenía grandes dificultades para ver con claridad a través de su microscopio. Los médicos también se sintieron decepcionados con este instrumento, que quedó relegado frente a otros como el telescopio en cuanto a su impacto durante la Revolución Científica.
Hooke publicó una recopilación de sus conferencias sobre mecánica en sus Cutlerian Lectures (Charlas de Cutler). El científico era conocido por su enfoque práctico para mejorar instrumentos y máquinas, pero también fue responsable de varias innovaciones teóricas, como su idea de que el planeta Júpiter giraba sobre su propio eje. Creía que la Tierra había cambiado sus ejes. Hooke coleccionaba fósiles y defendía la idea de que eran pruebas reales de formas de vida de hace mucho tiempo y no simples caprichos de la naturaleza que se parecían a organismos que alguna vez estuvieron vivos. Apasionado por los resortes, tan importantes para muchas máquinas de la época, en particular los relojes, formuló una manera de medir la presión sobre un resorte y su elasticidad resultante, una fórmula que se conoció como la ley de Hooke.
Al igual que muchos pensadores de su época, en la que la primacía era una cuestión de suma importancia, Hooke defendió rigurosamente su trabajo y libró numerosas batallas legales contra plagiarios o contra quienes afirmaban haber inventado algo que él ya había diseñado. Christiaan Huygens (1629-1695) y su afirmación de haber inventado el resorte de equilibrio para relojes es solo un ejemplo de alguien a quien Hooke persiguió sin descanso. Como consecuencia de esta actitud defensiva, se enemistó con varios contemporáneos clave que habían investigado y ampliado sus ideas originales sin su consentimiento y desperdició mucho tiempo y dinero que podría haber dedicado a promover el conocimiento de toda la humanidad.
Muerte y legado
Es sorprendente que Hooke viviera tanto tiempo. Era un gran consumidor de chocolate y anotaba su consumo diario de este manjar en su diario. Peor aún, ingería constantemente sustancias extrañas para registrar científicamente sus efectos en su organismo. Durante los periodos de prueba, entre muchas otras rarezas, consumía sustancias nocivas como opio, vino mezclado con plomo, acero o hierro, ajenjo en polvo, flora venenosa e incluso cloruro de amonio. Parece que se consideraba a sí mismo el conejillo de indias por excelencia para las curas y tratamientos médicos de moda. A veces, estas sustancias mejoraban su energía y su claridad mental, pero la mayoría de las veces le causaban muchos dolores y molestias físicas. Robert Hooke murió el 3 de marzo de 1703, a los 67 años de edad. Nunca se casó ni tuvo hijos. Hooke recibió una placa conmemorativa en la Abadía de Westminster, aunque no fue un monumento tan grandioso como el que se le concedió a Newton.
La última contribución de Hooke a la literatura científica fueron sus Posthumous Works (Obras póstumas), que, irónicamente, comenzaban con una dedicatoria a Newton. El legado de Hooke se vio seriamente mermado cuando Newton asumió la presidencia de la Royal Society en 1703 y procedió a eliminar sistemáticamente todas las referencias a su rival que pudo durante los siguientes 24 años. No obstante, Hooke sigue siendo «uno de los pensadores más inventivos y versátiles de la Revolución Científica» (Burns, 139), una figura crucial que combinó experimentos prácticos con un vasto conocimiento teórico obtenido de su propia y extensa biblioteca (tomada en préstamo o no). Quizás lo más importante de todo es que Hooke defendió la idea de que los instrumentos precisos eran tan esenciales para el arsenal de un científico como un lápiz para un arquitecto o un pincel para un artista. La ciencia había pasado de ser una disciplina puramente contemplativa a una de pruebas y experimentos prácticos, lo que el propio Hooke había descrito como una «reforma de la filosofía» (Wootton, 34).
Robert Hooke es conocido por sus experimentos e innovaciones técnicas, especialmente en el campo de los microscopios y las ayudas a la navegación, durante la Revolución Científica. Su libro más famoso es Micrografía, con fabulosas ilustraciones.
¿Por qué Isaac Newton estaba enfadado con Robert Hooke?
Isaac Newton estaba enfadado con Robert Hooke, ambos miembros de la Royal Society, porque Hooke lo acusó de plagio y Newton se negó a reconocer cualquier ayuda que hubiera recibido de Hooke en relación con su ley universal de la gravedad.
¿Hooke inventó el microscopio?
Robert Hooke no inventó el microscopio, pero sí le introdujo varias mejoras técnicas, como la apertura y la forma de iluminar la muestra. Hooke también popularizó el instrumento con su libro Micrografía, publicado en 1665.
Matemático, con experiencia docente tanto en educación secundaria como universitaria. Apasionado por la ciencia y las lenguas, destaca por su curiosidad intelectual, su afición a la lectura y su interés por el cine y la música.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 21 septiembre 2023. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.