Hanji es el nombre del papel hecho a mano que se producía en la antigua Corea a partir del siglo I a.C. Está hecho de madera de morera y su calidad excepcional lo convirtió en una exportación muy apreciada; se utilizaba ampliamente no solo para escribir sino también para crear paredes interiores y para fabricar objetos cotidianos como abanicos y sombrillas. El hanji, famoso por toda Asia por su blancura, su textura y su robustez, se sigue fabricando hoy en día en talleres coreanos especializados.
Orígenes y éxito
El papel se introdujo en Corea desde China en la época de la comandancia china de Lelang en el siglo I a.C. Después se siguió fabricando durante todo el subsiguiente período de los Tres Reinos. Para el siglo VII d.C. y los primeros años del Reino Unificado de Silla, los coreanos habían dominado el arte de manufacturar papel de muy alta calidad. Las tintas hechas en Corea se exportaban a la dinastía Tang de China (618-906 d.C.) y la reputación del hanji era tal que también se exportaba a China durante el periodo de Goryeo en Corea (918-1392 d.C.). A la dinastía Yuan mongola (siglos XIII-XIV d.C.) también le gustaba este papel especialmente para imprimir sus textos budistas. Al igual que hicieran con la cerámica celadón, los coreanos habían sobrepasado a sus maestros.
Manufactura y usos
En un principio, el papel coreano se fabricaba con fibra de cáñamo, pero el hanji de más calidad fue, durante siglos, el que se fabricaba exclusivamente con la médula de las moreras (tak en coreano, nombre científico Broussonetia papyrifera). La robustez del hanji significaba que servía especialmente bien para las imprentas que utilizaban bloques de madera de magnolia, que se remojaban, se hervían en agua salada y después se dejaban secar durante años antes de su utilización. Cada bloque medía 24 × 4 × 64 cm y contenía 23 líneas de texto vertical por cada lado. Después, se cubrían con tinta y se prensaban contra el papel. La resistencia del hanji se hizo especialmente útil a partir del siglo XII cuando la impresión se empezó a realizar con caracteres móviles de metal, más pesados, hechos de bronce, una invención coreana.
En el periodo Joseon (a partir del siglo XV) había tal demanda de hanji que Sejong el Grande (que reinó de 1418 - 1450 d.C.) permitió la utilización de otros materiales vegetales para la manufacturación, especialmente bambú. El papel se fabricaba en talleres especializados en la capital y las cinco capitales provinciales. El hanji producido para el Estado estaba supervisado por una agencia gubernamental, la Chonjo-chang.
Por supuesto, el papel se utilizaba para escribir; el arte de la caligrafía era una de las artes que todo erudito coreano tenía que dominar. Con los escritos creaban rollos o, alternativamente, doblaban y cosían las hojas individuales para hacer libros. Algunos de los mejores textos iluminados, normalmente sutras o sermones budistas, se hacían con hanji teñido de un amarillo pálido o de un añil profundo para darle más decoración con oro o plata.
Otro uso importante del papel era como paredes y puertas interiores, e incluso en ocasiones ventanas en las casas coreanas tradicionales (hanok). El papel era lo suficientemente transparente como para dejar pasar la luz a la casa, pero también ayudaba a mantener el interior fresco en el verano y mantener el calor en la casa en invierno. En la característica típica coreana de la arquitectura, el sistema ondol de calefacción por suelo radiante, el papel se utilizaba para cubrir las piedras del suelo.
Los abanicos de mano de papel (punchae o buchae) también eran muy populares en la antigua Corea, y los usaban tanto hombres como mujeres. Los primeros abanicos se hacían de hojas, tal y como indican los nombres que se seguían usando más adelante para diferenciar unos 70 tipos diferentes (p. ej. «hoja de plátano» u «hoja de loto»). A grandes rasgos, se dividen en dos tipos: los de espátula con un único mango o los que se cierran con un armazón de bambú dividido. Ambos sexos usaban ambos tipos de abanicos en casa, pero en público solo los hombres podían usar los que se cierran, que normalmente estaban lacados de negro. La forma, el color y la decoración de los abanicos indicaban incluso el estatus social de la persona o dictaban su uso. Por ejemplo, los abanicos cerrados se reservaban normalmente para los hombres de la aristocracia, en las bodas, la novia usaba un abanico rojo y el novio uno azul, y la gente de luto siempre usaba abanicos blancos. Los abanicos podían estar decorados con caligrafía o con escenas pintadas; estas últimas se apreciaban más si se realizaban después de doblar el papel y ponerlo en el marco.
Entre los demás artículos hechos de papel había billetes, pinturas, biombos (de entre 2 a 12 paneles sobre un marco de madera), coberturas para lámparas, cajas pequeñas, flores artificiales, mobiliario (para el cual se retorcían tiras de papel, se trenzaban y luego se lacaban), gorros de lluvia en forma de cono (que se impermeabilizaban con aceite) y sombrillas. Todos estos objetos podían estar decorados con caligrafía, pinturas, bordados y laca. Las cometas, en una cultura en la que eran un deporte serio para jóvenes y adultos, también se hacían de papel estirado por encima de un armazón de bambú. Por último, incluso las armaduras se hacían utilizando muchas capas de papel prensado. Con todos estos usos, no es sorprendente que el papel se convirtiera en una forma de tributo gubernamental básica (kong) a partir del siglo X d.C.
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