Las Antesterias celebraban dos cosas en apariencia dispares: el vino y los muertos. Tanto Dioniso como Hermes Ctonio (Hermes del Inframundo) se celebraban como parte de este festival. En muchos sentidos, las Antesterias se parecen al Halloween moderno.
El festival duraba tres días, del 11 al 13 del mes de Antesterión (finales de febrero a principios de marzo según nuestro calendario), y cada día tenía un nombre especial. Tanto «Antesterias» como «Antesterión» derivan de la palabra griega anthos, «flor», en relación con la época primaveral del festival. Cabe destacar que las mujeres, los niños y los esclavos también participaban en este festival.
El 11 de Antesterión: las Pitegias
El nombre de este día se debe a los eventos que se celebraban y literalmente quiere decir «la apertura de las pithoi» (las jarras). En ese día, la gente se reunía en el santuario de Dioniso en Limnais, pero no entraba dentro, y abría las pithoi que contenían el vino fabricado con las uvas del otoño pasado. Después, se bebían el vino. Beber este vino nuevo ese día era una ocasión bastante social y moderada, comparada con lo que se bebía, o cuánto, durante el segundo día.
El 12 de Antesterión: las Choes
Las Choes eran el día grande de las Antesterias. El nombre del segundo día se refiere a la forma de los recipientes de los que se bebía el vino, los chous. Ese día se bebía vino por toda la ciudad en fiestas privadas. También había una competición de bebida que supervisaba el arconte basileus. Aristófanes recuerda las palabras de inauguración de la competición:
«¡Escuchad, gente! ¡Según las costumbres de nuestros ancestros, bebed de los chous cuando suene la trompeta! Y el que se lo acabe primero se llevará el pellejo de vino...» Aristófanes, Los acarnienses, 1000-1002.
Este concurso no era nada despreciable, ya que los chous podían contener alrededor de tres litros de vino.
Se supone que la costumbre de beber vino durante este día de las Antesterias, en el que cada hombre tomaba su vaso y se lo bebía en silencio, estaba basado en el mito de Orestes. Según este mito, cuando Orestes entró en Atenas después de matar a su madre, nadie quería ofrecerle su hospitalidad porque estaba contaminado. Pero, sintiendo vergüenza por él, lo invitaron con una hospitalidad solitaria: todos los comensales recibieron su propia copa de vino y nadie habló durante la cena para distanciarse de Orestes. La costumbre normal a la hora de beber en una fiesta consistía en compartir el vino de las jarras del anfitrión mientras hablaban y hacían juegos de palabras. En la fiesta que presenta Eurípides, Orestes recuerda su papel en tales tradiciones claramente en Ifigenia en Tauris, de Eurípides:
«He oído que mis desgracias se han convertido en un rito religioso en Atenas,
Y que siguen manteniendo la costumbre,
Y que la gente de Pallas respeta la copa del Festival de las Jarras [en referencia a los chous y las Antesterias]». Eurípides, Ifigenia en Tauris, 958-960
El matrimonio sagrado de la esposa del rey Arconte con Dioniso se representaba ese día en un ritual escenificado que empezaba por llevar a Dioniso a la ciudad. También era en el día de las Choes cuando se abría el santuario de Dioniso en Limnais para realizar ritos secretos (aunque es posible que el templo permaneciera abierto más de las 24 horas del día en sí).
Sin embargo, también creían que en este día los fantasmas de los difuntos vagaban por la ciudad. Eso quiere decir que los Choes y los Chytros eran días «desafortunados» y todos los demás templos y los negocios permanecían cerrados esos días. Para protegerse de estos espíritus errantes, los atenienses cubrían las puertas de sus casas con pez y hojas de espino masticadas. Los fantasmas se quedarían pegados a la pez si intentaban entrar en la casa y el espino tenía cualidades apotropaicas.
El 13 de Antesterión: los Chytros
El día de los Chytros recibía el nombre de los cuencos que se llenaban con una mezcla parecida a gachas (hecha de semillas y granos) que las familias dedicaban en honor a Hermes Ctonio. Al final de este día, las familias también iban por la casa gritando «¡Fuera [espíritus]! Las Antesterias se han terminado». En general, no sabemos quiénes eran estos espíritus ni por qué entraban en el mundo de los vivos durante las Antesterias. Sin embargo, un sacrificio específico se celebraba en los Chytros que puede ayudarnos a entender mejor la conexión entre el vino nuevo de la temporada y el apaciguamiento de los muertos. El último día de las Antesterias se ofrecía una comida a Erigone, la hija mitológica de Icario. Icario era el mortal célebre porque Dioniso le había dado el don del vino. Sin embargo, tras la muerte de Icario, Erigone se suicidó y de ahí el precedente mitológico de adorar conjuntamente el vino y a los muertos.
Conclusión
Las Antesterias no tenían procesiones y rituales públicos tan grandiosos como los de otras fiestas atenienses, como las Dionisias Urbanas o las Grandes Panateneas. Parece que gran parte del festival estaba relacionado con actividades personales o familiares, tales como beber en silencio y no compartir el vino o los sacrificios de gachas en cada casa. Detrás de las Antesterias se oculta la importancia del vino en la antigua Grecia. Aunque esta definición habla del festival ateniense, no hay que olvidar que las Antesterias se celebraban también en otras ciudades jónicas. El vino era tan importante que se celebraba a Dioniso cada año por la creación de vino nuevo. Es más, como los espíritus de los muertos vagaban por la ciudad en los días «nefastos», el 12 y el 13, el festival también nos recuerda que los atenienses, y los antiguos griegos en general, era muy supersticiosos.

