El antiguo Egipto se define como la civilización que floreció en el norte de África entre en torno a 6000-30 antes de Cristo, desde el periodo Predinástico en Egipto (en torno a 6000 - alrededor de 3150 antes de Cristo) hasta la Dinastía Ptolemaica (323-30 antes de Cristo), antes de que Egipto se convirtiera en una provincia de Roma. El Egipto romano (30 antes de Cristo- 646 después de Cristo) caería después a las invasiones de los árabes musulmanes.

Durante miles de años, la civilización egipcia fue una de las más importantes de la Antigüedad y sus reyes estaban considerados como los representantes encarnados de la divinidad en la tierra. El valor central de la cultura egipcia era el equilibrio, personificado por la diosa Ma'at, y esto dio lugar a una plataforma social estable desde la que la gente podía explorar el mundo y mejorar su comprensión de cómo vivir en él y, más aún, de lo que le esperaba en la vida después de la muerte.

Los antiguos egipcios desarrollaron una cultura muy sofisticada que hizo avances importantes en prácticas y procedimientos médicos, innovaciones arquitectónicas y de construcción, desarrolló motivos literarios en poesía y prosa, creencias religiosas y tradiciones y una visión de la otra vida que era más grandiosa y reconfortante que cualquier otra de la época.

A continuación, exponemos diez datos sobre Egipto, en respuesta a las preguntas más frecuentes:

Los antiguos egipcios no hicieron ninguna diferencia entre las eras de su civilización. Los acontecimientos se databan según el Gobierno de los reyes o según acontecimientos memorables, ya fueran naturales (como inundaciones, malas cosechas, cosechas especialmente buenas, o «señales» atribuidas a los dioses) o históricos, como una gran victoria militar o un proyecto arquitectónico. Los nombres de «imperio» o «reino» y «periodo intermedio» provienen de los expertos actuales, en un intento de facilitar el estudio de la inmensa amplitud de la civilización egipcia.

Por eso, la historia del antiguo Egipto se divide en diferentes épocas. A veces las fechas difieren según el sistema que decidan utilizar los expertos, pero las fechas comúnmente aceptadas son:

La diferencia entre «imperios» y «periodos intermedios» está relacionada con la centralización del Gobierno. Durante los imperios, había un monarca que gobernaba desde una ubicación central, la economía y la sociedad eran estables y se produjo un progreso cultural discernible.

Durante los periodos intermedios, el Gobierno egipcio estaba dividido en diferentes lugares, había menos estabilidad y los indicios muestran menos avances culturales. Aun así, los periodos intermedios no fueron ni de lejos tan caóticos como los interpretaron los expertos de los siglos XIX y XX.

El rey egipcio que se cita más a menudo como el faraón sin nombre del Éxodo es Ramsés II (el Grande, que reinó de 1279-1213 antes de Cristo) y el segundo más citado es Akenatón (que reinó de 1353-1336 antes de Cristo), aunque varios escritores a través de los años han dicho que son muchos otros. En realidad, no hay ninguna prueba histórica, textual o física de que los hebreos estuvieran esclavizados en Egipto en cualquier momento o en grandes cantidades.

Hay muchos indicios de que quienes construyeron las pirámides y otros grandes monumentos de Egipto eran egipcios, trabajadores cualificados o peones no cualificados, que se esperaba que dedicaran tiempo al servicio comunitario, como la construcción de obras públicas, en la época en la que el Nilo se desbordaba y la agricultura no era posible.

A pesar de las afirmaciones de muchos a través de los años, la historia del Éxodo es un mito cultural y no hubo ningún faraón real que esclavizara a los israelitas porque nunca estuvieron esclavizados en masa en Egipto. Había esclavos, y estos provenían de diferentes regiones tras las victorias militares o se compraban a comerciantes, y principalmente se empleaban en las minas o en servicio a la realeza. Puede que hubiera esclavos hebreos entre ellos, pero no en los números dados en la narración bíblica.

En el periodo del Imperio Antiguo de Egipto, el Ejército se componía de reclutas de varios distritos (nomos) dirigidos por un gobernador regional (nomarca). El nomarca organizaba a sus hombres y enviaba la compañía al rey. Durante el Primer Periodo Intermedio de Egipto, este sistema dejó de funcionar a medida que cada nomarca individual se iba haciendo con más poder con la caída del Gobierno central y utilizaba sus milicias para satisfacer sus intereses propios. En el Imperio Medio de Egipto, el rey Amenemhat I (que reinó en torno a 1991-1962 antes de Cristo) creó el primer Ejército permanente.

El ejército se mejoró durante el Segundo Periodo Intermedio de Egipto gracias a contribuciones de los hicsos, tales como el carro tirado por caballos, el arco compuesto, la cimitarra y la daga de bronce. Para la época del Imperio Nuevo de Egipto, el Ejército egipcio era una fuerza de combate profesional bien entrenada que ayudó a crear y mantener el imperio egipcio propiamente dicho.

El Ejército se organizaba en divisiones denominadas según deidades principales y cada una estaba compuesta de unos 5.000 hombres. Cada división tenía un oficial que supervisaba a 50 soldados e informaba a un superior a cargo de 250 que, a su vez, informaba a un capitán que estaba bajo un comandante de las tropas. El comandante de la tropa era responsable ante el supervisor de la tropa, que reportaba al supervisor de la fortificación (al mando de donde se estacionaban las tropas), que estaba bajo un teniente comandante que informaba a un general. El general estaba directamente bajo la supervisión del visir egipcio, que reportaba al faraón.

Las guerras egipcias nunca tuvieron como objetivo la conquista, sino más bien la defensa y la estabilidad. Incluso durante el ascenso del Imperio egipcio, los ejércitos se utilizaron para crear, y posteriormente mantener, una zona neutral alrededor de Egipto para prevenir las invasiones, pero nunca fueron más allá de lo necesario para mantener el orden. Esto se debía en parte a la religión egipcia y la creencia de que, si alguien muriese más allá de las fronteras de Egipto, a su alma le costaría más llegar al paraíso en el Campo de los Juncos.

La religión egipcia permeaba todos los aspectos de la vida cotidiana de la gente. Los dioses siempre estaban presentes y se creía que le habían dado a la humanidad el lugar más perfecto en el que vivir con todas las necesidades y lujos que se pudieran desear. Todo lo que los dioses pedían a cambio era que la gente los honrara a través de la adoración y que mantuviera el orden celestial conocido como ma’at, la armonía, que unía todas las cosas.

Para los antiguos egipcios, la vida en la tierra era solo una parte de un viaje mucho más grande hacia la felicidad eterna en una vida posterior, que era un reflejo de la vida en la tierra. Tras la muerte, conducían al alma al Salón de la Verdad donde el gran dios Osiris pesaba el corazón en una balanza contra la pluma blanca de la verdad de la diosa Ma’at. Si se establecía que el corazón pesaba menos que la pluma, entonces el alma continuaba hacia el Campo de los Juncos; si pesaba más, se arrojaba al suelo donde lo devoraría un monstruo y el alma dejaría de existir. El Libro de los muertos egipcio se escribió como una guía para el alma para ayudarla a evitar cualquier escollo en la otra vida y para que encontrara el camino al paraíso con seguridad.

Esta creencia influía en la vida cotidiana de los egipcios, porque entendían que la existencia no se limitaba al tiempo transcurrido entre el nacimiento y la muerte, sino que tenían un alma inmortal que viajaba por la tierra cierto tiempo; básicamente un ser eterno que algún día viviría entre los dioses en el paraíso en el que recuperaría todo lo que había perdido.

Los egipcios creían que el alma estaba compuesta de nueve partes distintas:

Había que preservar el cuerpo físico (khat) para que el ka y el ba pudieran reconocerse a sí mismos y el akh pudiera continuar hacia el Campo de los Juncos. En los ritos funerarios egipcios, se ponían bienes mortuorios en la tumba del difunto para que este los pudiera usar en la otra vida y estos solo servirían si el cuerpo seguía intacto.

Contrariamente a la creencia popular, los egipcios no estaban obsesionados con la muerte; disfrutaban tanto de la vida que nunca querían que terminara y esto dio lugar a la creencia en un reino eterno donde uno viviría para siempre, disfrutando de todo lo que había hecho en la vida, en presencia de los dioses.

No hay nada de cierto en la famosa maldición de los faraones que se hizo conocida después de que el arqueólogo Howard Carter abriera la tumba de Tutankamón en noviembre de 1922. De las 58 personas presentes cuando se abrieron la tumba y el sarcófago, solo ocho murieron en los siguientes doce años, y todas por causas razonables y racionales; nada que ver con la tumba.

El mito de la maldición de Tutankamón comenzó en 1923 cuando la escritora Marie Corelli (1855-1924) envió una carta a la revista New York World con una cita de un antiguo texto que decía poseer, que advertía de terribles consecuencias para cualquiera que perturbara las tumbas de los reyes de Egipto. Corelli era una novelista popular en aquella época y su carta recibió mucha atención.

Al mismo tiempo, Howard Carter se sentía cada vez más frustrado por la interferencia de más y más visitantes en su trabajo en la tumba de Tutankamón y la carta de Corelli, popularizada por la prensa, tuvo exactamente el efecto deseado al ahuyentar a la gente. Carter pudo proceder con las excavaciones y examinar la tumba sin más distracciones y por lo tanto nunca contradijo la afirmación de Corelli, aunque nunca se demostró que poseyera ningún texto de la Antigüedad ni hubo ninguna prueba de maldición alguna. Las películas de Hollywood popularizarían aún más la «maldición de la momia» haciendo que quedara grabada en la consciencia colectiva de la actualidad.

La dieta egipcia era principalmente vegetariana. No podían almacenar carne, ya que los egipcios no tenían sistemas de refrigeración, así que se comía al poco de la matanza en festivales y banquetes, y la clase alta comía también animales más grandes ya que disponía del tiempo para ir a cazar. Todas las clases sociales comían aves de corral y pescado.

Los alimentos básicos de la dieta egipcia eran el pan y la cerveza. Aunque también elaboraban vino, de uvas y otras frutas, en general era una bebida de la clase alta. La cerveza era la bebida más popular; se bebía con cada comida del día ya que se consideraba más saludable que beber del Nilo o los arroyos que podían estar contaminados y se creía que proporcionaba una ligereza de espíritu y un corazón contento. De hecho, los salarios de los trabajadores incluían una ración de cerveza y pan.

Las verduras y frutas constituían la mayor parte del resto de la dieta egipcia, incluidas cebollas, lentejas, puerros, ajo, aceitunas, granadas, uvas, dátiles e higos. Los egipcios ricos disfrutaban del coco, que era uno de los productos de importación de lujo más populares. Criaban vacas, cabras y ovejas para la leche, con la que también hacían nata, cuajada y suero, mientras que los toros, aparte del toro sagrado de Apis, se criaban para trabajar en la granja.

Los egipcios también disfrutaban de una amplia variedad de especias y aceites con la comida, incluido el sésamo, las semillas de lino, la canela, el comino y el rábano picante, que era el más popular. A menudo los médicos recetaban diferentes alimentos como remedios para enfermedades y dolencias, y en la medicina egipcia la dieta estaba reconocida como un factor importante de la salud.

La sociedad egipcia seguía una jerarquía que descendía desde la clase más alta hasta la más baja:

No se fomentaba la movilidad social porque creían que los dioses había decretado el orden social en consonancia con el ma’at y, por lo tanto, mantener este orden era vital para mantener la armonía y el equilibrio en la tierra. Era responsabilidad del rey asegurarse de que el ma’at se mantuviera en todos los niveles, pero, salvo raras excepciones, todo el mundo entendía su lugar y se comportaba en consecuencia.

La economía se basaba en la agricultura y la clase baja en su mayoría era agricultora. El día de un granjero comenzaba al amanecer cuando iba a los campos, a veces con su esposa e hijos, y terminaba al atardecer cuando volvía a casa para cenar. El comercio se realizaba mediante el sistema de trueque hasta alrededor de 525 antes de Cristo, cuando los persas introdujeron el sistema monetario. La unidad monetaria en vigor antes de eso era el deben, que era el valor establecido en un producto.

En su tiempo libre, la clase alta cazaba, hacía deporte, pescaba, jugaba a juegos de mesa y asistía a eventos deportivos y, excepto por la caza mayor, la clase baja disfrutaba de estos mismos pasatiempos, además de nadar y pasear en bote. Los egipcios disfrutaban de fiestas y festivales y los cumpleaños de los dioses y otros eventos se celebraban con fiestas nacionales, cuando se suspendía el trabajo y todos se reunían para beber, comer y bailar.

Cleopatra VII (69-30 antes de Cristo) es probablemente la reina egipcia más famosa. Era de etnia griega, como última monarca de la dinastía ptolemaica macedonia, pero culturalmente era egipcia. No obstante, hubo muchas otras grandes reinas egipcias a lo largo de la historia de la nación.

En el periodo Arcaico están Neithhotep de la Dinastía I (en torno a 3150 - alrededor de 2890 antes de Cristo) y Merneith (en torno a 2990 antes de Cristo). En el Imperio Antiguo, la reina Heterpheres I (esposa del rey Seneferu, que reinó en torno a 2613-2589 antes de Cristo) era la madre del rey Jufu (que reinó de 2589-2566 antes de Cristo), sobre quien ejerció una gran influencia. Una de las reinas más polémicas de este mismo periodo fue Nitocris (en torno a 2184-2181 antes de Cristo) de la cual se dice que vengó el asesinato de su hermano invitando a sus asesinos a un banquete en una cámara subterránea para ahogarlos. Sin embargo, cabe señalar que los estudiosos siguen debatiendo la veracidad de esta historia y si esta reina existió siquiera.

En el Imperio Medio encontramos a la reina Sobeknefru (en torno a 1807-1802 antes de Cristo), y este periodo también vio el desarrollo del título honorario de la Esposa del dios de Amón, que elevaría a las mujeres que lo ostentaran posteriormente a posiciones influyentes. La reina Ahhotep I (en torno a 1570-1530 antes de Cristo) es la primera mujer poderosa que se conoce que ostentara el título al principio del Imperio Nuevo, y se lo transmitió a su nuera Ahmosis-Nefertari (en torno a 1570-1544 antes de Cristo) que se lo otorgaría a otras.

Algunas de las reinas más conocidas e importantes provienen del periodo del Imperio Nuevo, como Hatshepsut (que reinó de 1479-1458 antes de Cristo), Tey (esposa de Amenhotep III, que reinó en torno a 1386-1353 antes de Cristo), y Nefertiti (en torno a 1370-1336 antes de Cristo), esposa de Akenatón, que asumió sus responsabilidades cuando este las abandonó para centrarse en su religión. También estaba Nefertari (en torno a 1255 antes de Cristo), esposa e inspiración de Ramsés el Grande, cuya representación en Abu Simbel es muy conocida.

En el Tercer Periodo Intermedio, algunas de las mujeres más poderosas tenían el título de la Esposa del dios de Amón, tales como Amenirdis I (en torno a 714-700 antes de Cristo) quien gobernó el Alto Egipto. Otra Esposa de Amón posterior, Nitokris I (también conocida como Neitiqert, en torno a 655-585 antes de Cristo), gobernó casi todo Egipto y fue la más rica de todas las esposas del Dios en la historia del título. Para cuando Cleopatra VII subió al trono, Egipto ya tenía una larga historia de mujeres poderosas en posiciones de autoridad.

El antiguo Egipto aportó una serie de invenciones e innovaciones que se utilizan regularmente en la actualidad. Los egipcios le daban mucho valor a la higiene personal, así que el baño diario, los peines, los cepillos, el maquillaje tanto para hombres como para mujeres y los perfumes fueron o bien inventados por ellos, o mejorados.

También inventaron el cepillo y la pasta de dientes, los caramelos para el aliento y el desodorante en forma de incienso. Los egipcios también desarrollaron la odontología, así como la práctica del médico de tomar el historial de un paciente a la hora de diagnosticar enfermedades. Tanto hombres como mujeres podían ejercer la medicina y algunas de las primeras clínicas y escuelas de medicina del mundo se establecieron en Egipto.

La arquitectura egipcia desarrolló la verdadera pirámide y el obelisco, así como las técnicas para crearlas y levantarlas. Aunque los ingenieros en la actualidad todavía no entienden cómo pudieron construir, mover y erigir la mayoría de sus grandes monumentos, estas estructuras inspiraron a las culturas posteriores a emular las formas.

En la agricultura, los egipcios aprendieron los métodos de riego de los hicsos y mejoraron el arado tirado por buey de calibre ligero y pesado. También desarrollaron los conceptos babilónicos de astronomía y astrología, el calendario y las matemáticas.

La literatura egipcia, especialmente del Imperio Medio, estableció la forma de la balada romántica y el diálogo literario/filosófico, que más tarde harían famoso las obras de Platón. Hace tiempo que se reconocen la religión y filosofía egipcias como una influencia de la filosofía griega, así como de las religiones posteriores como el cristianismo y el islam, especialmente a través de los conceptos de la vida eterna, del juicio después de la muerte y las recompensas y castigos en la otra vida.