El Creciente Fértil, a menudo llamado «cuna de la civilización», es la región de Oriente Medio que se curva, en forma de media luna, desde el golfo Pérsico, a través del actual sur de Irak, Siria, Líbano, Jordania, Israel y el norte de Egipto.

La región ha sido reconocida durante mucho tiempo por sus contribuciones esenciales a la cultura mundial derivadas de las civilizaciones de la antigua Mesopotamia, Egipto y el Levante, que incluyeron a los sumerios, los babilonios, los asirios, los egipcios y los fenicios, quienes en conjunto fueron responsables del desarrollo de la civilización.

Casi todas las áreas del conocimiento humano fueron desarrolladas por estos pueblos, entre ellas:

El término fue acuñado en 1916 por el egiptólogo James Henry Breasted en su obra Ancient Times: A History of the Early World (La Antigüedad: un historia del mundo primitivo) donde escribió:

Este creciente fértil es casi un semicírculo, con el lado abierto mirando hacia el sur, el extremo occidental en la esquina sureste del Mediterráneo, el centro da directamente al norte de Arabia y el extremo oriental está en el extremo norte del golfo Pérsico. (193-194)

Su frase circuló ampliamente en las publicaciones de la época convirtiéndose, finalmente, en la denominación común de esta región. El Creciente Fértil se asocia tradicionalmente, en las religiones judía, cristiana y musulmana con la ubicación terrenal del jardín del Edén. El área ocupa un lugar destacado en la Biblia y el Corán y varios sitios de la zona están asociados con narraciones de esas obras.

Conocido como la «cuna de la civilización», el Creciente Fértil se considera el lugar de origen de la agricultura, la urbanización, la escritura, el comercio, la ciencia, la historia y la religión organizada, y se pobló por primera vez alrededor del año 10000 antes de Cristo, cuando comenzaron en la región la agricultura y la domesticación de animales. Hacia el 9000 antes de Cristo, el cultivo de cereales y granos silvestres estaba muy extendido, y hacia el 5000 antes de Cristo, el riego de los cultivos agrícolas estaba plenamente desarrollado. Hacia el 4500 antes de Cristo, la cría de ovejas laneras se practicaba de forma generalizada.

La geografía y el clima de la región favorecían la agricultura, y las sociedades de cazadores-recolectores se convirtieron en comunidades sedentarias en la zona, al poder subsistir gracias a la tierra. El clima era semiárido, pero la humedad y la proximidad de los ríos Tigris y Éufrates (y, más al sur, del Nilo) favorecieron el cultivo de los campos. Las comunidades rurales se desarrollaron a la par que los avances tecnológicos en la agricultura y, una vez consolidadas estas, se produjo la domesticación de los animales.

Las primeras ciudades comenzaron a surgir en Mesopotamia, en la región de Sumeria. Eridu fue la primera, según los sumerios, en el 5400 antes de Cristo, seguida de Uruk y otras. Para el año 4500 antes de Cristo, el cultivo de trigo y cereales llevaba practicándose desde hacía mucho tiempo, además de una mayor domesticación de animales. Alrededor del 3500 antes de Cristo, la imagen de la raza de perro conocida como saluki aparecía regularmente en jarrones y otras cerámicas, así como en pinturas murales, junto con razas como el danés, el galgo y el mastín.

El suelo inusualmente fértil de la región favorecía el cultivo de trigo, así como el de centeno, cebada y legumbres, y algunas de las primeras cervezas del mundo se elaboraron en las grandes ciudades a lo largo de los ríos Tigris y Éufrates bajo los auspicios de la diosa Ninkasi. La cerveza se consideraba un regalo de los dioses y una fuente de nutrición diaria, además de ser una bebida alcohólica. Se utilizaba para pagar los salarios de la gente, pero las inscripciones también indican claramente que se elaboraba con fines festivos. El famoso himno a Ninkasi elogia esta bebida por ser capaz de alegrar el corazón.

Esta cerveza era bastante diferente a la actual, ya que era espesa y debía consumirse con una pajita para filtrar los residuos del proceso de fermentación. La elaboración de la cerveza probablemente evolucionó a partir del oficio de panadero, a medida que la cebada y el trigo almacenados se fermentaban. La evidencia más antigua de la elaboración de cerveza proviene del asentamiento sumerio de Godin Tepe en el actual Irán.

El trigo farro, la cebada, los garbanzos, las lentejas y muchos otros cultivos se plantaban, cosechaban y enviaban a los templos, donde se almacenaban los suministros de alimentos. Aproximadamente desde el año 3400 antes de Cristo, los sacerdotes del templo fueron los responsables de la distribución de alimentos y del cuidadoso control de los excedentes destinados para el comercio.

Las rutas comerciales crecieron hasta convertirse en viajes de larga distancia al reino de Saba en el sur de Arabia, Egipto y el reino de Kush en África. Con el tiempo, este comercio establecería las llamadas Rutas del incienso, que florecieron entre los siglos VII y VI antes de Cristo y el siglo II después de Cristo Las rutas del Incienso facilitaron el intercambio cultural ya que los comerciantes llevaban consigo innovaciones en diversas ramas del conocimiento junto con sus productos.

Hacia el año 2300 antes de Cristo, el jabón, elaborado con sebo y cenizas, se utilizaba ampliamente ya que la higiene personal se consideraba una parte importante de la reputación de una persona dentro de la comunidad y como un medio para honrar a los dioses. Se hacía énfasis en la atención a la higiene personal ya que se creía que los seres humanos habían sido creados para atender a los dioses y, por lo tanto, debían estar presentables en el desempeño de sus deberes.

Como en Egipto, el baño ritual y el aseo personal eran especialmente importantes para el clero. A quienes atendían a los dioses se les exigía un nivel aún más alto, pero incluso para el trabajador más común, la limpieza y el arreglo personal eran valores importantes. Los artefactos de la región así lo atestiguan: han aparecido espejos, frascos de cosméticos, peinetas, cepillos para el cabello y cepillos de dientes, así como representaciones artísticas de baños e inscripciones que enfatizan su importancia.

Los habitantes de la región vivían en ciudades-Estado separadas hasta el surgimiento del primer imperio multicultural del mundo: Acadia. Del 2334 al 2279 antes de Cristo, Sargón de Acadia (Sargón el Grande) gobernó Mesopotamia, lo que permitió el crecimiento de grandes proyectos de construcción, de obras de arte y de la literatura religiosa, como los himnos a Inanna escritos por la hija de Sargón, Enheduanna (en torno a 2300 antes de Cristo), la primera escritora en el mundo conocida por su nombre.

Hacia el año 2000 antes de Cristo, Babilonia controlaba el Creciente Fértil y la región vio avances en el derecho (el famoso código de Hammurabi), la literatura (la Epopeya de Gilgamesh, entre otras obras), la religión (el desarrollo del panteón de los dioses babilónicos), la ciencia (las mediciones astronómicas y los desarrollos tecnológicos) y las matemáticas.

Desde el 1900 hasta el 1400 antes de Cristo floreció el comercio con Europa, Egipto, Fenicia y el subcontinente indio, lo que dio lugar a la difusión de la alfabetización, la cultura y la religión en estas regiones. La diosa Nisaba, patrona de la escritura, los cereales, la alfabetización y la sabiduría, fue conocida y adorada incluso en regiones alejadas de su Sumeria natal. La cerveza mesopotámica era un bien preciado en el comercio y muchas de las deidades mesopotámicas más importantes viajaban a otras regiones a través de las rutas comerciales.

Se especula que en el 1900 o en el 1750 antes de Cristo, el patriarca bíblico Abraham abandonó su ciudad natal Ur hacia la «tierra prometida» de Canaán y llevó consigo los relatos y las leyendas de los dioses mesopotámicos, que con el tiempo aparecieron transformados en las narraciones bíblicas. Si en realidad no fue Abraham quien difundió los mitos y leyendas mesopotámicos, ciertamente fue alguien similar a él. Está claro que los paralelos entre historias como la del Atrahasis mesopotámico y el diluvio de Noé, y el Mito de Adapa y el relato de la caída del hombre del libro del Génesis, entre muchas otras, presentan similitudes significativas.

Antes de mediados del siglo XIX, la Biblia se consideraba el libro más antiguo del mundo y se pensaba que las historias que contenía eran piezas originales escritas por Dios o inspiradas por este. Sin embargo, después de las excavaciones arqueológicas en la región del Creciente Fértil y el descubrimiento de la civilización sumeria, quedó claro que las narrativas bíblicas derivaban de obras mesopotámicas anteriores. De hecho, la literatura y la religión mesopotámicas inspiraron y alimentaron a muchas otras culturas posteriores.

La región cambió de manos muchas veces a lo largo de los siglos. Hacia el año 912 antes de Cristo, los asirios controlaban el Creciente Fértil y desarrollaron su vasto imperio. El Imperio neoasirio estuvo gobernado por algunos de los reyes más conocidos de la Antigüedad, incluidos Tiglat-Pileser III (745-727 antes de Cristo), Sargón II (722-705 antes de Cristo), Senaquerib (705-681 antes de Cristo), Asarhaddón (681-669 antes de Cristo) y Asurbanipal (668-627 antes de Cristo). Este último valoraba mucho el conocimiento y ordenó copiar y almacenar todas las obras literarias de la región, guardadas en la gran biblioteca de Asurbanipal de Nínive.

Cuando cayó el Imperio neoasirio en el 612 antes de Cristo, las fuerzas invasoras prendieron fuego a las bibliotecas de las ciudades pero, como las obras estaban escritas en tablillas de arcilla, estas solo se cocieron y endurecieron en vez de destruirse. Los invasores, sin darse cuenta, fueron responsables de la preservación de la misma cultura que buscaban destruir.

Hacia el año 580 antes de Cristo, el Imperio caldeo neobabilónico bajo Nabucodonosor II (634-562 antes de Cristo) estaba en el poder y Babilonia floreció como la ciudad más grande de la tierra. Se supone que en este tiempo Nabucodonosor mandó crear los famosos Jardines colgantes de Babilonia para que su esposa pudiera recordar su tierra natal. En el 539 antes de Cristo, Babilonia cayó en manos de Ciro el Grande (fecha de muerte 530 antes de Cristo) después de la batalla de Opis y las tierras cayeron bajo el control del Imperio aqueménida, también conocido como el primer Imperio persa.

Alejandro Magno invadió la zona en el año 334 antes de Cristo y después de él, fue gobernada por los partos, entre otros, hasta la llegada de Roma en el año 116 después de Cristo Después de la breve anexión y ocupación romana, la región fue conquistada por los persas sasánidas (224-226 después de Cristo aproximadamente) y, finalmente, por los árabes musulmanes en el siglo VII después de Cristo

Por aquel entonces, los gloriosos logros de las primeras ciudades que se habían desarrollado a lo largo del Tigris y el Éufrates ya se habían difundido durante mucho tiempo por todo el mundo antiguo, pero aquellas ciudades estaban en su mayoría en ruinas debido a la destrucción causada por las numerosas conquistas militares en la región, así como por causas naturales como cambio climático, terremotos e incendios. La urbanización desenfrenada y el uso excesivo de la tierra también provocaron el declive y abandono de las ciudades del Creciente Fértil.

La ciudad de Eridu, considerada por los primeros mesopotámicos como la primera ciudad de la tierra, construida y habitada por los dioses, fue abandonada en el 600 antes de Cristo, Uruk, la ciudad de Gilgamesh, en el 630 después de Cristo y Babilonia, la ciudad conocida por su alta cultura, la escritura, el derecho, la ciencia y todo tipo de conocimiento en el mundo antiguo, no era más que una ruina desocupada para el siglo VII después de Cristo

El nombre de Babilonia siempre estaría vinculado al pecado y la corrupción por parte de los escribas hebreos posteriores que escribieron las narraciones bíblicas. Sin embargo, en su época, fue muy respetada como centro de aprendizaje y civilización.

En el año 2001, National Geographic News informó de que el Creciente Fértil era fértil solo de nombre ya que, debido al cambio climático y a las extensas represas de ríos, así como a un programa masivo de obras de drenaje iniciado en el sur de Irak desde la década de 1970, los fértiles pantanos que alguna vez cubrían entre 15.000 - 20.000 kilómetros cuadrados (5.800 - 7.700 millas cuadradas) se habían reducido a apenas 1.500 - 2.000 kilómetros cuadrados (entre 580 - 770 millas cuadradas).

A medida que los Gobiernos de Irak, Siria y Turquía ignoraban los llamados de grupos ambientalistas y agricultores de la región para que detuvieran los proyectos de represas y drenaje, la situación empeoró cada vez más, y hoy la región que alguna vez fue un paraíso exuberante y la cuna de la civilización, no es nada más que llanuras de arcilla secas y agrietadas cocidas por el sol. El cambio climático, aumentado por las emisiones de combustibles fósiles, no ha hecho más que empeorar esta situación.

Incluso después de que los Gobiernos de la región tomaran conciencia de las continuas amenazas a largo plazo para el medio ambiente, no se hicieron esfuerzos sustanciales para preservar la tierra o revertir el daño. Muchos académicos, historiadores, ambientalistas y escritores han observado que a lo largo de los siglos los seres humanos no aprenden de su pasado, ya sea individual o colectivamente.

El filósofo George Santayana señaló que «aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo» y este paradigma es tan cierto para el Creciente Fértil como para cualquier otra región del mundo hoy.