Las mujeres del antiguo Egipto tenían más derechos que en cualquier otra cultura y se las valoraba con más respeto. Esto es obvio no solo en las evidencias físicas y las inscripciones, sino también en la religión. Algunas de las deidades más poderosas e importantes del panteón egipcio eran femeninas y algunas versiones del propio mito de la creación presentan a la diosa Neit, no al dios Atum, como la creadora.
El cuento religioso más popular e influyente de Egipto es la historia de Osiris y cómo su hermana y esposa, Isis, lo devolvió a la vida. A pesar de que con el tiempo Osiris aparecería en muchas de las ceremonias religiosas, los símbolos y las creencias más importantes de la cultura egipcia, en realidad el personaje principal de la historia es Isis. Osiris tiene un papel bastante pasivo en toda la historia, mientras que Isis sale del país para encontrar el cuerpo de su marido y lo devuelve a la vida. Con el tiempo, el culto de Osiris se convertiría de hecho en el culto de Isis, la religión más popular en Egipto y más adelante en el Imperio romano hasta que se suprimió con el auge del cristianismo.
Por eso no es sorprendente que hubiera varias gobernantes importantes a lo largo de la historia de Egipto. Estas reinas o mujeres importantes que influyeron directamente en la política fueron:
- Neithhotep (Imperio Antiguo).
- Merneith (Imperio Antiguo).
- Heteferes I (Imperio Antiguo).
- Nitocris (Imperio Antiguo).
- Sobekneferu (Imperio Medio).
- Ahhotep I (Imperio Nuevo).
- Hatshepsut (Imperio Nuevo).
- Tey (Imperio Nuevo).
- Nefertiti (Imperio Nuevo).
- Nefertari (Imperio Nuevo).
- Amenirdis I (Tercer Periodo Intermedio).
- Nitocris I (Tercer Periodo Intermedio).
- Cleopatra VII (Periodo Ptolemaico).
El caso más célebre, por supuesto, es Cleopatra VII (en torno a 69-30 antes de Cristo), que de hecho no era egipcia, sino griega. Sin embargo, mucho antes de que ella ascendiera al trono, otras mujeres egipcias ya habían tenido puestos de regente e incluso de monarca en varias ocasiones
Hubo muchas reinas a lo largo de la historia de Egipto, pero algunas destacan por sus logros específicos, o por su influencia, mientras que otras destacan porque gobernaron solas, con autoridad propia. Las honorables mujeres de las que se habla aquí no deberían entenderse como una ínfima minoría de poderosas figuras femeninas en Egipto, sino como una puesta en relieve de aquellos reinados que destacaron entre los muchos que no dejaron inscripciones o que los escribas posteriores decidieron pasar por alto.
La primera reina, que puede que también gobernara sola, fue Neithhotep del periodo Arcaico de Egipto (en torno a 3150 - en torno a 2613 antes de Cristo). Es difícil establecer sus fechas, ya que no hay detalles de su vida, pero vivió durante la primera época de la dinastía I (en torno a 3150 - en torno a 2890 antes de Cristo). Fue la esposa del primer rey de Egipto, Narmer (también llamado Menes). Las afirmaciones recientes que dicen que en realidad era la esposa del segundo rey, Hor-Aha, ignoran la posibilidad de que Hor-Aha, también conocido como Menes, fuera la misma persona que Narmer.
En general, se considera que Neithhotep fue la madre de Hor-Aha y puede que gobernara por derecho propio tras la muerte de Narmer y antes de que Hor-Aha fuera lo suficientemente mayor como para acceder al trono. No queda ningún registro de su gobierno, pero su tumba en Naqada, descubierta en el siglo XIX después de Cristo, era tan grande que los arqueólogos la clasificaron como la de un rey y creyeron que Neithhotep era el sucesor de Narmer o, como mínimo, un rey cuyo nombre quedó excluido de la lista compuesta por Manetón en el siglo III antes de Cristo
Otras prueba de su importancia es que su nombre se ha encontrado escrito en un serej más de una vez. El serej era una representación en arcilla de la casa y el patio reales en los que se escribía el nombre del rey, antes del desarrollo de los más conocidos cartuchos.
Otra reina del mismo periodo, que puede que también gobernara sola, es Merneith (en torno a 2990 antes de Cristo), cuyo nombre también aparece en un serej. Era la mujer de Dyet y la madre del rey Den (en torno a 2990-2940 antes de Cristo). Merneith gobernó como regente tras la muerte de Dyet cuando Den todavía era pequeño, pero puede que también gobernara como rey, como demuestran los bienes en su tumba.
En la dinastía IV, que da comienzo al Imperio Antiguo de Egipto (en torno a 2613-2181 antes de Cristo), la reina Heteferes I era la esposa del rey Sneferu (en torno a 2613-2589 antes de Cristo), el primero en construir una verdadera pirámide en Egipto, y madre de Jufu, (2589-2566 antes de Cristo), que construyó la Gran Pirámide de Guiza. Heteferes I ejerció una importante influencia sobre su hijo, que hizo construir la famosa tumba de ella cerca de su complejo piramidal. Los detalles de su reinado y ascenso al poder no están claros. Puede que fuera la hija de Huni (en torno a 2630-2613 antes de Cristo), el último rey de la dinastía III y, de ser así, su matrimonio con Sneferu permitió una transición fácil entre las dos dinastías.
La reina más controvertida del Imperio Antiguo es Nitocris (2184-2181 antes de Cristo) porque los expertos siguen debatiendo si realmente existió o no. Manetón la menciona en su Lista de Reyes y también aparece en la Lista de Turín y en la Lista de Reyes de Abidos; también la menciona Eratóstenes de Cirene (276-194 antes de Cristo) en su lista de monarcas egipcios. Sin embargo, no dejó ninguna inscripción ni monumento, y no hay ninguna referencia posterior a ella en la historia egipcia. Su historia tan solo la cuenta el historiador griego Heródoto (484-425/413 antes de Cristo) en el Libro II.100 de sus Historias:
En todas estas generaciones hubo dieciocho reyes etíopes, y una reina, nativa del país; el resto fueron todos hombres egipcios. El nombre de la reina era el mismo que el de la princesa babilónica, Nitocris. Para vengar a su hermano, que era el rey de Egipto, que fue asesinado por sus súbditos que después le entregaron la soberanía a Nitocris, hizo matar a muchos egipcios por traición. Construyó una espaciosa cámara subterránea; después, con la excusa de inaugurarla, pero con una intención bien diferente en mente, dio un gran banquete e invitó a aquellos egipcios que sabía que habían tenido mayor complicidad en el asesinato de su hermano. Y mientras festejaban, dejó caer el río sobre ellos mediante un inmenso canal secreto. Esto es todo lo que los sacerdotes dijeron de ella, excepto que después de hacer esto se arrojó en una cámara llena de tizones, para evitar la venganza.
No se han encontrado fuentes de la Antigüedad para corroborar lo que dice Heródoto, y al no haber ningún registro egipcio sobre dicha reina, los expertos concluyeron que era un mito o el resultado de un error ortográfico de la Antigüedad. El egiptólogo Percy E. Newberry, en 1943 después de Cristo defendió su autenticidad, pero la mayoría de egiptólogos siguieron considerándola un mito hasta hace poco. A pesar de que el debate continúa, Nitocris está más aceptada hoy en día como la primera reina gobernante de Egipto.
El Primer Periodo Intermedio de Egipto (2181-2040 antes de Cristo) fue una época con un gobierno central débil tras el colapso del Imperio Antiguo. Los registros de esta época sobre los monarcas, así como otros aspectos de la historia, a menudo son confusos y no se estabilizan hasta el Imperio Medio (2040-1782 antes de Cristo). El Imperio Medio de Egipto se estableció con la dinastía XI, con el príncipe tebano Mentuhotep II (en torno a 2061-2010 antes de Cristo) que fue aclamado como un «segundo Menes» por unificar el país. La dinastía XI sentó las bases para la siguiente, que se considera uno de los periodos más grandes de la historia egipcia.
La dinastía XII de Egipto es famosa por su robusta literatura, su arte y sus monumentos inspiradores y por las campañas militares que ayudaron a fomentar una sociedad estable y próspera. También es conocida por su última monarca, la reina Sobeknefru (en torno a 1807-1802 antes de Cristo), la primera mujer que se conoce que gobernó Egipto desde Nitocris. Sobekneferu, a diferencia de la primera faraón Hatshepsut, (1479-1458 antes de Cristo), gobernó como una mujer con atuendo femenino.
Este aspecto de su reinado es especialmente interesante porque no hizo ningún esfuerzo por seguir con la tradición de tener un hombre en el trono y no hay indicios de que hubiera ninguna resistencia a que gobernara o a que lo hiciera como mujer. Sobekneferu construyó el templo de Sobek en la ciudad de Crocodilopolis o fundó la propia ciudad al sur de Hawara además de encargar otros proyectos de construcción siguiendo la tradición de los grandes monarcas anteriores. Murió sin un heredero y el gobierno pasó a Sobekhotep I (en torno a 1802-1800 antes de Cristo) que dio comienzo a la dinastía XIII.
La dinastía XIII era más débil que la XII y permitió que un pueblo extranjero, los hicsos, consiguieran poder en el Bajo Egipto y finalmente gobernaran una gran parte desde el Delta hacia el sur. Esta época se conoce como el Segundo Periodo Intermedio de Egipto (1782 - en torno a 1570 antes de Cristo) en la que el gobierno central fue otra vez débil y los hicsos ocuparon las regiones del norte mientras que nos nubios expandieron su control del sur. Tebas se encontraba entre estos dos y en en torno a 1570 antes de Cristo el príncipe tebano Ahmose I (o también Amosis I, en torno a 1570-1544 antes de Cristo) expulsó a los hicsos y los nubios de Egipto y reunificó el país bajo su gobierno, dando comienzo al periodo conocido como el Imperio Nuevo (en torno a 1570-1069 antes de Cristo). Los registros del Segundo Periodo Intermedio, al igual que con el final del Imperio Antiguo y el Primer Periodo Intermedio, son fragmentados y a menudo no están claros, y no se menciona ninguna mujer como gobernante importante.
El Imperio Nuevo de Egipto, sin embargo, vio a varias mujeres en puestos de poder desde el principio. La madre de Ahmose I, la reina Ahhotep I (en torno a 1570-1530 antes de Cristo) sofocó una rebelión de los simpatizantes de los hicsos, mientras que Ahmose I estaba de campaña contra los nubios en el sur. Inspiró mucho respeto del ejército y operó de manera independiente y con éxito, sin consultar con su hijo.
Ahhotep I tuvo el puesto de Esposa del Dios de Amón, un título honorario desde el Imperio Medio, que era principalmente ceremonial. Esta posición pasó de ella a la esposa de Ahmose I, Ahmose-Nefertari, bajo cuya autoridad se convirtió en uno de los cargos políticos y religiosos más poderosos del país. La Esposa del Dios de Amón era el equivalente femenino del sumo sacerdote, podía entrar en el santuario interior del dios y podía hacer sacrificios y participar en las procesiones sagradas. También recibía tierras libres de impuestos, oro, plata, sirvientes y las ofrendas hechas al templo. Ahmose-Nefertari, y muchas de las que tuvieron el cargo tras ella, ejercieron una gran influencia sobre el país y, en un caso famoso, llegaron a gobernar.
Hatshepsut (1479-1458 antes de Cristo) es una de las monarcas femeninas más conocidas de Egipto. Era la hija de Tutmosis I (1520-1492 antes de Cristo) que ascendió al trono como regente por Tutmosis III (1458-1425 antes de Cristo). También había sido la Esposa del Dios de Amón, pero le entregó el título a su hija Neferura poco después de asumir el gobierno. Hatshepsut se cuenta entre los personajes más poderosos y exitosos de la historia de Egipto. El país floreció bajo su reinado y fue responsable de un comercio exitoso (tal como la famosa expedición al país de Punt), de campañas militares y de grandes construcciones monumentales además de aumentar el templo de Amón en Karnak.
A diferencia de Sobekneferu, Hatshepsut eligió gobernar como hombre y se la representa sistemáticamente como un hombre durante la mayor parte de su reinado. No se sabe por qué eligió hacer esto, pero, tras su muerte, destruyeron sus monumentos y borraron sus inscripciones. La razón para ello tampoco está clara, pero se cree que se hizo para evitar que otras mujeres posteriores asumieran la posición de faraón y gobernaran como un hombre.
La reina Tey (1398-1338 antes de Cristo), esposa de Amenhotep III (en torno a 1386-1353 antes de Cristo), que gobernó durante una de las épocas más prósperas de la historia egipcia, no lo hizo directamente como un hombre, pero ciertamente tenía una gran autoridad. Tey ayudaba a menudo a su marido en asuntos de Estado, se reunía con diplomáticos y mantenía su propia correspondencia con otros líderes extranjeros. No solo era una formidable presencia en la corte de Amenhotep III, sino que continuó ejerciendo su influencia sobre su hijo, Akenatón (1353-1336 antes de Cristo), que tendría un importante impacto en la historia de Egipto.
Akenatón, conocido como el «rey hereje», abolió las prácticas religiosas tradicionales de Egipto y cerró los templos cuando impuso la adoración de un solo dios, Atón. También trasladó la capital a una ciudad nueva que construyó él, Aketatón, en la que se ocupó principalmente de sus propios asuntos y descuidó en gran medida el gobierno del país. Puede que lo hiciera no a raíz de un verdadero fervor religioso, sino para frenar el poder y la influencia de los sacerdotes de Amón, cuya riqueza había sido una constante amenaza al trono desde los tiempos del Imperio Antiguo. Tey habría reconocido antes este problema y puede que sugiriera la solución de Akenatón.
La esposa de Akenatón, Nefertiti, (en torno a 1370-1336 antes de Cristo) se hizo cargo de sus responsabilidades una vez que hubo trasladado la capital a su propia ciudad privada. Su participación en asuntos estatales queda reflejada en la cantidad de cartas que envió a dignatarios extranjeros. La imagen de Nefertiti es de las más famosas del antiguo Egipto gracias al busto que hiciera el escultor Tutmosis, hoy en día en el museo egipcio de Berlín. Cuando Akenatón se desentendió de su cargo como monarca, parece ser que Nefertiti fue quien estabilizó el gobierno y apaciguó a las potencias extranjeras en relación con Egipto.
En la dinastía XIX, Nefertari (en torno a 1255 antes de Cristo) era la reina de Ramsés II (1279-1213 antes de Cristo) y fue igual de influyente durante su administración. Nefertari, que también había sido Esposa del Dios de Amón, tenía una gran educación y participaba regularmente en los asuntos de la corte. Ramsés II construyó su famoso templo en Abu Simbel en su honor y es una de las reinas más conocidas de este periodo.
La dinastía XIX termina con el reinado de otra poderosa reina, Tausert, también conocida como Tawosret (1191-1190 antes de Cristo). Era la reina madre del niño rey Siptah, que murió con tan solo dieciséis años. Desde entonces Tausert gobernó Egipto hasta su muerte en 1190 antes de Cristo, cuando el poder pasó a manos de Setnajte (1190-1186 antes de Cristo) que fundó la dinastía XX, la última en gobernar antes de que el Imperio Nuevo se desintegrase en el Tercer Periodo Intermedio (en torno a 1069-525 antes de Cristo).
La época conocida como el Tercer Periodo Intermedio de Egipto a menudo se suele caracterizar como la desalentadora disolución de la cultura egipcia, principalmente porque no hay una época de esplendor posterior de un Egipto unido bajo un gobierno central robusto. Sin embargo, el periodo no fue tan caótico y sombrío como muchos expertos lo han presentado, y hubo varias mujeres que tuvieron un poder importante en esta época.
Entre las más impresionantes se encuentra la Esposa del Dios de Amón e hija del rey Kashta (en torno a 750 antes de Cristo), Amenirdis I (714-700 antes de Cristo). Amenirdis I controlaba Tebas gracias a su posición como Esposa del Dios de Amón y en la práctica gobernaba el Alto Egipto. Tenía tanto poder que pudo estabilizar el país para su hermano Shabaka (721-707 antes de Cristo) durante las campañas de este en el Bajo Egipto para reunificar el país.
Más tarde, otra Esposa del Dios, Nitocris I (también conocida como Netikeret y Shepenwepet III, 655-585 antes de Cristo), sería tan poderosa que llegó a gobernar siete distritos del Alto Egipto y cuatro del Bajo Egipto. Fue la más rica de todas las Esposas del Dios de Amón en la historia de este cargo, e inspiraba respeto, y recibía ofrendas, del clero y la realeza. Nitocris I también es una de las Esposas del Dios de Amón más famosas según las inscripciones en Karnak y otros sitios que relatan cómo se convirtió en la Esposa del Dios, la inmensa cantidad de tributos que recibía y las áreas que gobernaba. Su designación como «Nitocris I» puede que haya contribuido quizás a la opinión de algunos eruditos de que la Nitocris del Imperio Antiguo era mítica, pero esto son especulaciones.
La invasión persa de 525 antes de Cristo acabó con la posición de Esposa del Dios de Amón, y no hay registros de ninguna otra monarca o mujeres importantes en el gobierno hasta la dinastía ptolemaica (323-30 antes de Cristo) y el reinado de Cleopatra VII. Durante la última parte de la dinastía ptolemaica, Egipto estuvo en constante declive hasta que Cleopatra VII le dio la vuelta a esa tendencia. Al igual que Nefertari, Nefertiti y otras, también tenía una buena educación, hablaba varios idiomas y mostraba una gran habilidad y talento como política. Su perdición fue su adversario Octaviano (más tarde César Augusto, 27 antes de Cristo - 14 después de Cristo), que no era tan manejable como habían sido Julio César o Marco Antonio, sus dos anteriores amantes. Tras derrotar a Cleopatra y Antonio en la batalla de Accio, Octaviano se convertiría en el primer emperador de Roma y anexionaría Egipto, dando comienzo así al periodo romano del país.
Cleopatra VII dejó una importante huella en la historia y hoy en día es probablemente el primer nombre en el que piensa todo el mundo al mencionar una reina egipcia. Sin embargo, hubo muchas antes que ella que hicieron que su reinado fuera posible y muchas otras cuyos nombre se han perdido que sin duda tuvieron una contribución importante en la magnífica civilización del antiguo Egipto.